El mirador

De sano a enfermo, por arte de magia médica (excepto si eres un insignificante)

No pasa día sin que, normalmente desde alguna sociedad científica, no se ofrezcan datos sobre el gran número de personas enfermas sin saberlo. El comentarista se detiene en esa especie de caza de posibles enfermos, que conforman un nuevo negocio, y critica especialmente que tal actuación deje sin atender a quienes realmente lo necesitan.

La salud es vivir sin pensar en ella (en la salud). Uno está sano sin percibirlo. La salud no se nota. Suele pasar también con la felicidad, que se disfruta sin sentir. En el común de los mortales, salud y felicidad se suelen quebrar al reflexionar sobre ellas.

 

A este respecto es mejor mantener la virginidad, y no pensar ni en la salud, ni en la felicidad. Los elegidos por los dioses para estar sanos y ser felices no hablan de estas cosas. Los elegidos aceptan como normal lo que es casi excepcional pues, por desgracia, son mayoría los que tienen preocupación por la salud y los que no son felices. Muchos pierden la salud y la felicidad por causa médica, infectados por los insanos deseos de mantener la salud. Es tal el ímpetu y la sinrazón de la promoción de la salud y de la prevención de la enfermedad que nos llevan a perder la salud y a enfermar. No es un retruécano, sino la constatación de un hecho.

 

Tenemos las poblaciones más sanas y longevas de la historia de la Humanidad. Pero nos empeñamos en repartir a diestra y siniestra “factores de riesgo”, “pre-enfermedades” y “otros” y logramos que no quede un sano-sano. Los epidemiólogos, salubristas, investigadores, vendedores y publicistas, se empeñan en demostrar porcentajes casi imposibles de personas con hipertensión, ansiedad, hipercolesterolemia, insomnio, obesidad, osteoporosis, depresión, fibromialgia, colon irritable, asma, cáncer (de mama, de próstata y otros), escoliosis, gingivitis, alopecia, celiaca, deseo sexual hipoactivo, diabetes, sarcopenia, disfunción sexual, EPOC, alergias alimentarias, “piernas inquietas”, “cervicales y lumbares”, pre-Alzheimer, y demás. No se salvan ni los niños, transformados en enfermos mentales, bien depresivos, bien (más frecuentemente) hiperactivos. Por supuesto, también se nos “vacuna” contra todo, sin ningún fundamento científico en muchos casos. Se nos vacuna, en realidad, para atemorizarnos, como el principal exponente de “biopolítica”, de control del cuerpo por el poder establecido. No hay mejor ejemplo que la vacuna anual contra la gripe, una inútil vacuna “terminator“, que hay que renovar “sí o sí”, aunque se repitan las cepas

http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2011/09/vacuna-gripe-terminator-2011.pdf

 

Sanos, sanos preocupados, sanos estigmatizados y enfermos (reales o imaginarios)

 

Con esta agresiva promoción de la salud y de la prevención de la enfermedad todos terminamos con una colección surtida de problemas de salud. Todo el mundo vive angustiado, con citas y recitas con el médico, la enfermera, el especialista, los análisis y las pruebas, sometidos a tratamientos farmacológicos de por vida, con el comportamiento de enfermos por más que en general se pretenda “mantener la salud y evitar la enfermedad”. Los extremos se tocan y tanta salud deviene en enfermar.

 

Los médicos tenemos ahora el poder de definir salud, sumado al antiguo poder de definir enfermedad. Hemos descubierto y explotado el mundo de los factores de riesgo, lo que nos permite manipular a toda la población

http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2009/01/uso-y-abuso-gaceta-2006.pdf

 

Encontramos sanos, pero son pocos y suelen serlo por evitar el contacto con el sistema sanitario. Por ello están sanos, por haber evitado el contagio con tanto deseo insano de promocionar la salud y de evitar la enfermedad. Son sanos porque desconocen que lo son.

 

Encontramos millones de sanos preocupados, los atemorizados con los distintos factores de riesgo y con las posibilidades de la enfermedad. Hoy es el “diagnóstico precoz” del Alzheimer, mañana el del cáncer de próstata, pasado el de la depresión, después el índice cintura-tobillo, luego el nivel de testosterona en sangre, la cifra de tensión arterial que está en “el límite”, las muchas horas que van a la playa, el fumar, el beber, el follar (con perdón) imprudente, un ECG no-normal y lo que se tercie. Los sanos preocupados entran en los circuitos sanitarios y de hecho se comportan como pacientes, no como sanos (han perdido la virginidad al respecto).

 

Encontramos los sanos estigmatizados, que en general provienen del subconjunto de los sanos preocupados, cuando ¡por fin! se confirman las sospechas. Los sanos estigmatizados son esos que siendo sanos ya les han puesto una etiqueta, los que son hipertensos, tienen osteoporosis, han “sobrevivido” a un cáncer (de próstata, de mama, de colon…), tienen alto el colesterol (o la PCR), les han diagnosticado pre-diabetes, en una ecografía ha salido la cabeza del feto “un poco grande” o tienen “diabetes gestacional”, etc. Los sanos estigmatizados son verdaderos pacientes estando sanos y cumplen todos los rituales, medicación incluida.

 

Encontramos los enfermos, que pueden ser imaginarios (“no enfermos”) o reales (verdaderos enfermos). Muchos pacientes hipertensos creen tener una enfermedad, como les sucede a los que se diagnostican de osteoporosis, o de sarcopenia, o de “cáncer de mama”, y demás. Algunos están realmente enfermos, y para ellos no suele haber tiempo, pues esos al final son los menos interesantes para los comerciantes (se incluyen entre estos muchos médicos de los que generan alianzas, algoritmos, guías, ligas, protocolos y consensos). Todos ellos colaboran con la “biopolítica”, para atemorizarnos y controlarnos con sus normas y reglas de normalidad (y moralidad).

 

Problema de salud

 

El problema de salud lo define el profesional sanitario, a partir de la razón de consulta y de la necesidad del paciente y de la población.

 

El paciente tiene vivencias, sensaciones, síntomas, signos y quejas que interpreta según su personalidad, historia y cultura; en algún momento todo ello se transforma en una razón de consulta, en un motivo para tomar contacto con el sistema sanitario.

 

En general, para consultar, el paciente tiene que 1/ percibir alguna “anormalidad” y pensar que tiene cierta importancia, 2/ creer que el profesional sanitario le puede aportar algo para remediarla y 3/ tener acceso a un profesional sanitario. A conseguir las dos primeras cosas se dedican profesionalmente los mercaderes citados, los que colaboran con la “biopolítica”, para que los pacientes consulten y se transformen, a ser posible, en sanos estigmatizados o en enfermos.

 

Ante las “variaciones de la normalidad” uno puede sentirse feliz, y otro morir. Uno puede sentirse sano y otro sentirse enfermo. Todos tenemos un sensor interno, que nos lleva a valorar lo que nos sucede en algunos casos como “anormal” e “importante” y “merecedor de consulta con un profesional”. Por ejemplo, uno puede “manchar” de sangre el papel higiénico, y ni darle la menor importancia. Otro puede aterrorizarse y consultar a urgencias.

 

La población sabe manejar esas situaciones. Por ejemplo, se demuestra con la citada rectorragia, que se asocia a cáncer de recto/sigma en el 1 (uno) por mil de quienes la tienen y no consultan, y en el 20 (veinte) por mil de los que consultan con su médico general

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1238932/

 

La decisión de consultar es muy acertada, pues.

 

Por supuesto, según el Código Europeo contra el Cáncer todos los pacientes con rectorragia tendrían que consultar con su médico

https://www.aecc.es/SobreElCancer/Prevencion/codigoeuropeocontraelcancer/Paginas/codigoeuropeocontraelcancer.aspx

 

Este Código es un conjunto de despropósitos, como se demuestra en este caso concreto de la rectorragia. Tales códigos y normas asustan y dejan a la población sin criterios propios para tomar la decisión de consultar.

 

¿Qué puede llevar a un vagabundo a consultar a urgencias? ¿Y a un drogadicto que vive en una infame chabola? ¿Y a un esquizofrénico “alojado” bajo un puente? ¿Y a un inmigrante sin papeles legales, hacinado en un “piso-patera”? ¿Por qué no tienen acceso a “su médico de cabecera”? Porque son marginados e “insignificantes”, y porque poco les preocupan los estigmas que enferman las conductas de los sanos. Piden ayuda tarde, y en urgencias, y reciben cuidados de poca calidad. Sobreviven en medio de este mundo hostil que creamos con nuestra tolerancia a las definiciones de normalidad, y a los “mercados” y a los mercaderes que practican la biopolítica, a los que les interesa el negocio y no la justicia.

 

Puedes hacer desaparecer de Bankia 24.000 millones de euros, que se habrán perdido en los bolsillos de unos amigos (¡eso es ser anti-sistema de verdad!). Si no quemas un cajero automático, no pasa nada. Aquí el peligro es cruzar la Plaza de Cataluña, Barcelona, por un sitio equivocado y ejercer resistencia pacífica frente a la policía. Lo demás no importa.

 

¡Qué canallas!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Juan Gérvas

Acta Sanitaria