Punto de vista APUNTES DE UN BOTICARIO

De sacristanes y dioses

Me decía un viejo cura que los sacristanes, cuando entran por primera vez a la iglesia, temen a Dios. Al año siguiente le pierden el miedo y, cuando llevan ya algún tiempo, es Dios quien tiene miedo a ellos.

Estoy convencido de que el batiburrillo social que estamos sufriendo, en el que se ha perdido el equilibrio emocional del saber y de la categoría de cada ser humano, es debido en parte a las nuevas tecnologías y al avance tanto cualitativo como cuantitativo de las mismas.

Es un progreso desmedido que se nos está yendo de las manos y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Ya no es que todo el mundo sea un potencial “Premio World Press Photo” por la espontaneidad y espectacularidad de la instantánea premiada (“el reportero estaba allí”), sino informador sin formación (oxímoron) y, por supuesto, buscador del palabro más gilipolla que vengo escribiendo desde hace algún tiempo: ser “influencer”.

‘Influencer’ de profesión

Cuando abogo por el “prohibir” algunas aplicaciones de los móviles, se me mira con la condescendencia que se le da a los orates

Valga que un servidor, acusado de cavernícola tecnológico, acepte que a esta “profesión”, sigo hablando de los “influencers”, se llegue con una mínima edad, digamos la que se pide para el carnet de conducir, y una cierta “preparación”, pero que niños que hace poco han dejado el biberón, conste que lo he visto y leído, tengan millones de seguidores en las redes con el consiguiente ingreso de la misma cantidad en euros,  es algo infumable a lo que hay que poner coto. Lo que en “roman paladino” se llama prohibir, término que ya usan hasta los supervivientes del Mayo del 68. ¿Les suena un tal Alfonso Guerra?.

No es de recibo que a un viejo profesor Premio Príncipe de Asturias le preguntara un sagaz y joven reportero tras una mesa redonda:

-“¿Qué opina de los nuevos medios de comunicación?”

-“¡Qué me va a decir a mí, que hice el doctorado en Alemania y cuando volvía a España me encontraba que para llegar desde Madrid a mi pueblo tardaba en aquellos viejos ferrocarriles cerca de un día!”

Y que el reportero con una ironía, apoyada por veladas risas, le replicase que quizás no se había explicado bien pues le preguntaba sobre las redes sociales.

Yo que viví este suceso salí apenado. Pues bien este es el presente.

Porque el futuro inmediato es el de los jóvenes padres que no saben qué hacer con los inofensivos móviles, aplicaciones jugueteras aparte, que ya son causa de hechos delictivos. Y hablo de los móviles como ejemplo del primer artefacto que despertó a la bestia, dado que hoy desde cualquier sitio, hora y lugar puede “atacar” con sus múltiples aplicaciones.

Prohibir aplicaciones

Cuando abogo por el “prohibir” algunas aplicaciones de los móviles, se me mira con la condescendencia que se le da a los orates, al tiempo que me replican: “Lo que usted propone es imposible”. En mi ignorancia pienso que a lo peor estoy equivocado.

Por ello me reconforta leer una noticia publicada en “El Global” el 18 del pasado Diciembre firmada por Alberto Cornejo, relacionada con mi mundo farmacéutico, que copio literalmente y que reza así:

” El Ministerio de Sanidad ha requerido a Youtube que proceda a la retirada o “hacer imposible el acceso a los mismos, de contenidos relativos a la promoción de diversos medicamentos de uso humano autorizados en España, tanto de prescripción como de no prescripción” realizado por influencers y publicitados en esta plataforma. Todo ello independientemente de que la recomendación atienda a la indicación expresa del fármaco o no.

Cabe recordar que desde la profesión farmacéutica se viene constatando y denunciando la existencia de vídeos en plataformas como Youtube en la que personas que no son profesionales sanitarios, pero con un gran número de seguidores, realizan ‘videoconsejos’ en los que a menudo se incluyen recomendaciones sobre el uso de medicamentos. Por ejemplo, cabe recordar un reciente y polémico ejemplo en el que una influencer del mundo de la moda —con más de un millón de seguidores en estas plataformas— recomendaba la aplicación de un medicamento de obligatoria venta con receta que contiene un antibiótico (eritromicina) para tratar el acné. Un video que llegó a superar las 270.000 visualizaciones en Youtube.

Casos así llevaron al Consejo General de Farmacéuticos a comunicar y denunciar estas intervenciones a la Dirección General de Cartera Básica de Servicios del SNS y Farmacia. La decisión ha sido ahora ordenar la retirada de estos contenidos o imposibilitar su acceso.

No obstante, EG ha podido comprobar que si bien el video antes mencionado cuya polémica saltó a la opinión pública ha sido ya eliminado, existen numerosos otros aún disponibles para su visualización recomendando el mismo medicamento para el mismo remedio. En todos ellos, obviando su necesaria adquisición con receta, entre otras banalizaciones de su composición y alusiones a sus “precios chollo”. El gran número de videos así (muchos de ellos recopilados por el tuitero @Farmaenfurecida) que aún circulan por Youtube —y de todo tipo de medicamentos— invita a pensar en la dificultad que supone identificar —sin denuncia previa— todo este tipo de contenidos.

Precisamente, en la reciente jornada MásDermo 2019 que reunió a más de 500 farmacéuticos expertos en dermocosmética, ya se puso de manifiesto los riesgos de que no sanitarios estuviesen liderando la información sobre salud en Internet, animando a que fuesen los farmacéuticos los que aportasen información rigurosa y veraz en la Red y fuesen así ellos los verdaderos ‘influencers’ en Garantía de suministro: ¿Debe la UE exigir por ley capacidad de producción de reserva?”

En este texto el Ministerio, que no soy yo, pide hacer imposible el acceso a los mismos (en este caso a los informes sanitarios que dan los influencers) luego es posible ponerle puertas al campo.

Poner puertas al campo

Pongámonos pues a la labor. ¿Que Borjita se va de acampada y quiere un teléfono móvil?. ¡Aquí lo tienes mi vida “sólo” para que llames desde él a tus papás, a tu monitor, a la policía o a los bomberos!. Pero si quieres hacer un “selfie” de tu pilila para mandársela a Tamarita, te las avías de mayorcito para hacérselo en vivo y en directo si es que tienes valor y ella no te larga antes dos guantazos.

Y si me dicen en la recepción de un hotel que debo acceder a mi habitación sin tarjeta ni llave pues puedo hacerlo, más fácilmente, con la aplicación de mi móvil, cojo mi maleta y me voy a otro. El problema es que de aquí a muy poco no habrá “otros”.

¿Qué es imposible limitar estas aplicaciones?. ¿Han visto como no?

Porque el problema no está sólo aquí, sino en el meollo social que quiero resaltar en estos “Apuntes”

Si una persona mayor que acumula estudios concretados en más de dos carreras universitarias, doctorados, idiomas, un acervo viajero cuantioso y demás currículas de gran valor profesional (recuérdese lo reseñado más arriba sobre el profesor premiado con el Príncipe de Asturias) ha de recurrir con frecuencia, vive solo, a su asistenta de hogar para que le ayude a desbloquear un artículo que está escribiendo en Internet y a los dos días le pide ayuda porque éste le está produciendo problemas y al mes es la que llama a la compañía para que siga las instrucciones que una voz mecánica le va dando para restablecer el servicio, la moral del culto señor se va minando al mismo tiempo que, en progresión geométrica, va subiendo la de “El Sirviente”.

Esfuerzo vital

He escrito entrecomillado lo último para recordarles una novela con este título debida a Robin Maugham publicada en 1948 y que ha sido escenificada teatralmente en multitud de ocasiones y ciudades. En 1963 fue llevada al cine por Joseph Losey con guión de Harold Pinter y en ella se puede ver cómo Tony va cayendo progresivamente bajo la influencia de su nuevo y extraño mayordomo, Barrett. Tony rompe sus vínculos con toda su vida anterior y con sus amistades, y pronto parece dominado por ese nuevo personaje siniestro. La obra desvela una situación alarmante en la que se han desintegrado en un oscuro flujo las barreras sociales y sexuales. El mundo convencional acaba precipitándose en un torbellino imparable y en una pesadilla sombría.

Pues bien, al margen de esta disquisición cultural, que visto lo visto no sirve para nada, y de sus connotaciones sociales y sexuales, esta obra es una premonición, tipo Orwell, de cómo alguien preparado, predestinado a dirigir y, valga la expresión, a mandar, termina sojuzgado, impotente e indefenso.

Pasado a la actualidad. Un chiquilicuatre sin estudios se hace no sólo el dueño de la situación sino que ingresa en un año lo que el viejo profesor no ha podido ganar en toda una vida de esfuerzo.

Y si esto se pasa al entorno más próximo, ni les cuento. Lo dicho: Dios acojonado por los sacristanes.

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos [email protected] Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Manual García says:

    Autentico y real. Los que hemos tenido que hacer todo a goma y lápiz no entendemos como se ganan la vida la gente con un móvil.

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