Apunte del día

De la reprobación del consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid

La decisión del Grupo Parlamentario Socialista (PSM) en la Asamblea de Madrid, de presentar una reprobación contra el consejero de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, por no haber respetado el acuerdo parlamentario para los nombramientos de gestores de los centros sanitarios del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), que fue aprobado por unanimidad de los cuatro grupos presentes en la Asamblea, pone de manifiesto el desprecio del gobierno autonómico (del Partido Popular) por el principal órgano de representación ciudadana. Actúa como si, en función del  cargo y de acuerdo con los principios que rigen las dictaduras, sólo tuvieran que dar cuenta de sus actos ante dios y ante la historia.

Aparte de la consideración de los principios que deben regir la democracia, no faltan quienes, como en el caso que nos ocupa, aprovechan su cargo para, sin someterse a lo acordado, beneficiar a sus amigos y premiar a sus correligionarios. Es lo que, por todos los indicios, ha ocurrido con el nombramiento de seis gerentes para otros tantos hospitales del Sermas. Una decisión que no sólo provocó la recusación anunciada por los socialistas, sino la crítica severa de quienes, como los integrantes del Grupo Parlamentario Ciudadanos, se habían sentido engañados por el consejero de Sanidad.

Las justificaciones ofrecidas por el consejero Sánchez Martos en su respuesta a quienes, en el Pleno de la Asamblea del pasado jueves, 12 de mayo, quisieron saber la razón de su despótica decisión, fueron tan inanes que provocan la hilaridad. No es de recibo afirmar que no fue una decisión suya, sino del Consejo de Administración del SERMAS, como si éste fuera un ente independiente y que no tuviera que rendir cuentas ante nadie; máxime cuando su composición fue diseñada a principio de la legislatura por el propio consejero. O advertir, como lo hizo, que la ley que debe plasmar el acuerdo sobre los nombramientos todavía no está aprobada. Y otras simplezas del mismo tenor.

Todo parece indicar que el consejero se apunta a los acuerdos parlamentarios unánimes con tal de que, en principio, lo dejen tranquilo. Lo malo es cuando tiene que cumplirlos. Ahí ya no parece imperar la unanimidad, sino los intereses personales o los de sus amigos y correligionarios.

Carlos Nicolás

Director Editorial de Acta Sanitaria