El mirador en defensa de la lactancia materna

Dar de mamar: teoría y práctica

Juan Gervas

El autor recurre al género epistolar para dar a conocer las ventajas de la lactancia natural, dar de mamar, para lo que se requiere un tiempo específico no sometido a la tiranía del horario laboral, por lo que aboga para conseguirlo. 

Querida Lourdes:

Eres la mejor amiga que tengo pero ahora ¡tan lejos!

Lo que me cuentas de Suecia me cuesta creerlo. ¡Dos años con tiempo para dar de mamar…! Eso es tener en cuenta las necesidades de las madres y apoyarlas en lo social y en lo personal (¡hasta facilitar con permisos legales obligatorios el apoyo de la pareja!).

Ser madre no debería ser heroico, sino parte de una elección personal factible de toda mujer, desde los dieciocho años hasta la menopausia, sin que sus expectativas educativas, laborales y personales se vieran afectadas hasta convertirlo en un acto heroico, como sucede en España.

Ahora estoy con mi trabajo en Blangadesh, ya sabes, promoviendo la lactancia materna.

La presión para pasar a los biberones es casi imposible de frenar.

Dar de mamar es maravilloso, yo tengo mi propia experiencia, lo sabes, con mis dos retoños.

He podido darles de mamar hasta el año, en España, pero porque tenía un trabajo que podía hacer desde casa, lo de difundir conocimiento práctico sobre las ventajas del dar de mamar.

En otro caso, en España, es casi imposible. En cuanto te pones a trabajar entras en una vorágine que te impide de hecho tener tranquilidad y tiempo para dar de mamar con placer.

El fomento de la lactancia natural es una actividad de prevención primaria. La lactancia natural es parte de la alimentación del humano en sus primeros días de existencia

Me siento una privilegiada por eso, por haber podido disfrutar del placer de no tener que tener un ritmo forzado siempre pendiente del reloj, por no verme obligada a utilizar el sacaleches y andar trasteando con la leche y el frigorífico y, sobretodo, por haber sentido durante tanto tiempo ese impulso animal de la leche brotando con fuerza del pecho cuando el bebé busca el pezón y estimula la secreción.

Lo había visto de pequeña en el pueblo, con “el trago” que le venía la cerda que siempre tenía la tía Crescencia. Se tumbaba en el suelo, los cerditos le topaban los pezones, casi jugando pero hambrientos, y de pronto todo se paralizaba cuando le empezaba a bajar la leche y los animalitos mamaban y mamaban electrizados, casi como máquinas: “el trago”. ¡Qué placer experimentaba la cerda, y qué terrible era ver cómo los cerditos más fuertes desplazaban a sus hermanos de las mejores tetas condenándolos a ser siempre más pequeños y débiles! Luego la tía Crescencia les hacía a estos cerditos débiles una especie de biberón con el suero que sobraba de la leche de cabra, al hacer queso, y así lograba que no se le muriese ni uno. [Es imposible buscar en Internet sobre “trago” y “cerdas” pues todo lo que te sale es pornografía]

Aquí, en Bagladesh, es como en todos sitios. El fomento de la lactancia natural es una actividad de prevención primaria. La lactancia natural es parte de la alimentación del humano en sus primeros días de existencia (en los días que van desde el parto al segundo cumpleaños), y en los países en desarrollo podría evitar millones de muertes.

En los países desarrollados, y siempre, ayuda a que los niños sean más sanos sin engordar en exceso. Es decir, los niños criados al pecho derrochan bienestar sin ser rechonchos.

Lamentablemente, la gordura del niño se interpreta todavía a veces como signo de salud, y en este sentido ganan los niños criados con leche en polvo («piensos compuestos, artificiales»); por ello, para fomentar la lactancia natural hay que reforzar a la madre respecto al efecto comparativo a favor del peso (no de la salud) entre niños criados al pecho y niños criados con leches artificiales.
No sé porqué te insisto en todo esto, porque ya lo sabes, pero me gusta sintetizar lo que trato de explicar.

En los países desarrollados, y siempre, ayuda a que los niños sean más sanos sin engordar en exceso. Es decir, los niños criados al pecho derrochan bienestar sin ser rechonchos.

En todo caso, la lactancia natural es buena para el lactante, pues satisface su instinto de mamar al tiempo que le une a la madre, le aporta anticuerpos, hierro y ácidos grasos de cadena larga (fundamentales para la maduración cerebral), está siempre a la temperatura ideal, tiene variedad en el gusto dependiendo de las comidas y bebidas de la fuente, es de uso reservado y exclusivo, hay «barra libre», es muy digestible, hay «dos por falta de una», la succión ayuda al desarrollo dental sano y su consumo se asocia a menor incidencia de estreñimiento y de muerte súbita en el presente, y en el futuro a menor incidencia de enfermedades varias, como asma y otras.

La lactancia natural es buena para la madre, ya que crea fuertes vínculos con el bebé, es placentera y gratuita, se transporta sin coste adicional, se «prepara» al instante, en su punto y sin cacharro alguno que llevar ni limpiar, es compatible con otras actividades (televisión, cine, teatro, disfrute del aire libre y más), genera orgullo y autoestima de «madre», produce admiración en los varones, ayuda a recuperar el peso previo al embarazo, mejora la involución del útero, frena la ovulación (lo que ayuda al disfrute de la sexualidad sin temor a embarazo), provoca respeto y envidia en las mujeres (hasta cierto punto) y conlleva menor incidencia de anemia en el presente y menor incidencia en el futuro de problemas varios de salud, cáncer de mama incluido.

Para fomentar la lactancia materna se precisa de un enfoque intersectorial que aúne los esfuerzos del sistema sanitario con medidas que faciliten su práctica, como permisos y licencias laborales, adecuación de locales, tolerancia social…

Aunque me adapto al mundo local, de mujeres jóvenes que trabajan como mulas en las maquiladoras, esas fábricas donde se elabora la ropa de Zara y otras tantas marcas que enriquecen a pocos y visten a millones, no deja de ser cierta una mirada global.

Para fomentar la lactancia materna se precisa de un enfoque intersectorial que aúne los esfuerzos del sistema sanitario con medidas que faciliten su práctica, como permisos y licencias laborales, adecuación de locales, tolerancia social (en algunas sociedades desarrolladas se rechaza la visión del pecho que amamanta, según una interpretación rigorista, pervertida y extremista de la sexualidad), entre otras. A la sociedad le conviene la lactancia natural, pues produce salud en lactantes y madres, además de favorecer el medio ambiente y la ecología (no hay que obtener, ni controlar, ni envasar, ni transportar, ni comercializar ningún producto) y de disminuir el coste de la crianza.

Por otra parte, sobran las vitaminas como complemento de la dieta del lactante, sea lactancia natural o artificial; lo que conviene es sacar al bebé de paseo a diario. Así mismo, la introducción de los diversos alimentos debería regirse por la cultura y los gustos de la familia, con la lógica prudente que poco tiene que ver con las estrictas normas que muchas veces se recomiendan.

En Blangadesh la alimentación artificial, con biberones de leche en polvo, se complica por los problemas del agua que la disuelve pues su calidad es muy baja en general, tanto química como bacteriológica. Por ejemplo, el cólera sigue siendo un problema grave, pese al éxito de la vacuna.
Por ello estoy en este proyecto de ayuda a las mujeres trabajadoras para que puedan mantener la lactancia materna.

Como ya sabes, la baja laboral en las maquiladoras es de cuatro meses. Y la mayoría de los hogares carecen de frigoríficos (y de electricidad). Por ello se impone la lactancia artificial en el caso de las trabajadoras, con todos los riesgos que conlleva, además del coste.

A la sociedad le conviene la lactancia natural, pues produce salud en lactantes y madres, además de favorecer el medio ambiente y la ecología y de disminuir el coste de la crianza.

Mientras tomaban un café en Dhaka, a Sabrina Rasheed, nutricionista del International Centre for Diarrhoeal Disease Research, en Bangladesh, se le ocurrió pedirle a tres canadienses que estudiasen cómo poder conservar la leche con algún mecanismo de bajo coste y fácil mantenimiento para facilitar que los familiares (generalmente la abuela y otras mujeres de la familia) se la pudieran dar mientras la madre estaba trabajando. Dos de las canadienses son ingenieras (Scott Genin y Jayesh Srivastava) y una es residente de medicina, Micaela Langille-Colins.

Su solución fue dar la vuelta a la tortilla. Es decir, en vez de enfriar la leche para facilitar su estabilidad, calentarla para pasteurizarla.

Adoptaron para tal proceso las máquinas de calentar que tienen en los bares y cantinas, de forma que se extrae la leche con un sacaleches y se introduce en un recipiente simple (bolsas de nylon siliconadas), se calienta hasta 72,5º C durante 15 segundos, y una alarma avisa del final y detiene el proceso. La leche pasteurizada es estable unas ocho horas a la temperatura ambiente típica de Bangladesh.

Las máquinas están en lugares acogedores en la propia maquiladora, y antes de empezar a trabajar las madres lactantes recogen la leche, que después retiran los familiares.

Es una “mala solución” en el sentido de que no da respuesta al fondo del problema, la necesidad de una baja laboral maternal de dos años.

Pero si eso es un sueño en España, ¿te puedes imaginar lo que es en Bangladesh?

El sistema se probó en una maquiladora al norte de Dhaka, la Interfab Shirt Manufacturing, y fue un éxito tras un periodo de rechazo suspicaz, vencido por la lógica, conveniencia y ventajas del mismo.

Las madres están contentas, ahorran dinero, se sienten orgullosas, pueden seguir trabajando, no se duelen de “abandonar” a sus bebés y trabajan sin preocupación y sin molestias por el acúmulo de leche en los pechos.

Los bebés conservan la alimentación natural, crecen sanos y no padecen cólera.

Los empresarios están encantados; las bajas laborales de las trabajadoras lactantes han bajado de cinco a un día al mes, de media y, sobre todo, no pierden a trabajadoras expertas por tener que optar entre trabajar y dar de mamar.

En fin. No sé si todo esto te interesará, pero a mí me tiene entusiasmada.

De mi vida, ya te contaré.

Besos. Margarita

Síntesis

Dar de mamar tiene ventajas miles, para madres y bebés, pero precisa tiempo específico. La tiranía del trabajo por cuenta ajena implica generalmente un ritmo forzado siempre pendiente del reloj. Entre Suecia y España, hay soluciones como la de Bangladesh, que expresa simbólicamente que los pasos intermedios pueden ser radicales para fomentar y permitir la lactancia natural.

Bibliografía

Gérvas J, Pérez-Fernández M. Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias). Barcelona. Libros del Lince. 2013.

Working mothers. A pasteurisation machine for breast milk. It will help Bangladeshi mothers who work in factories. https://www.economist.com/news/science-and-technology/21741542-it-will-help-bangladeshi-mothers-who-work-factories-pasteurisation-machine

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

Deja un comentario