Punto de vista Apuntes de un boticario

Cuidar al cuidador

La situación por la que atraviesan muchas farmacias, víctimas de los bajos precios de los medicamentos, lleva al autor a reclamar la atención sobre los titulares de las mismas para que centren su atención en el papel sanitario de las mismas y dejen tener que poner su atención sobre los aspectos económicos para mantener su actividad.

Esta pasada Semana Santa viajé con una amiga al cercano litoral. María comparte su afición viajera  con una cabeza en la que no entra la previsión. Nefasta cualidad que  hace de ella (como de tantos pertinaces excursionistas) la perfecta excursionista porque ante cualquier olvido, aun recriminado, siempre contesta: “Dios proveerá”. En el caso que voy a comentar, como exordio de estos “Apuntes”, su “dios” fue una boticaria rural y verán por qué. Les cuento.

Como el viaje no requería horas prefijadas, paramos durante el camino para comer en un lugar que yo conocía y que no defraudó a mi amiga. Tan es así que tras degustar platos típicos de la costa, en este caso onubense, mi afectuoso amigo Julio, dueño y alma mater de tan atractivo restorán, nos invitó a unas copas que hizo que la velada se alargase más de la cuenta.

Fármacos asequibles

El 20% de las farmacias en España están en el umbral de la rentabilidad

Yo, que controlo bien, me puse de nuevo al volante para reiniciar el camino aunque el lubricán ya campaba a sus anchas. En estas mi amiga me pide, en la seguridad de yo tenerlo (no sé por qué, a muchos, el que uno sea boticario les hace pensar que llevo encima un botiquín) algún comprimido analgésico ya que, aparte copas, ella sufre de habituales cefaleas lo que no impide el que, ante mi cabreo y como ya he dicho, no prevea llevar algún fármaco en su amplio bolso. Mi negativa por su carencia no la alteró sino que por el contrario reclinó el asiento y se entregó en manos del mejor amante del mundo: el llamado Morfeo.

La consideración oficial de farmacia de viabilidad económica comprometida (VEC) puede suponer una ayuda, sin duda, que no resuelve a largo plazo el problema

Pasada media hora y ribeteando la periferia de un pueblecito marinero, avisté el inconfundible neón de la cruz verde farmacéutica, en este caso, encendido. Hasta que no estuve cerca no pude creer que, efectivamente, hubiese una botica abierta, eran ya las diez de la noche, en tan pequeña población y situada en un lugar donde el titular solo puede ver desde su puerta, (así lo comprobé antes de volver al coche), una meseta blanca que es la salinera del pueblo, riqueza principal, con la pesca de bajura,  de tan pequeña población.

Entré, solicité una caja de paracetamol, pedí por favor un vaso de agua para que mi amiga trasegase el comprimido, dí las gracias y solicité el importe: “Son, dijo la joven farmacéutica, 1,40 euros”.

A mí que soy  boticario sin botica y no estoy muy al tanto de los precios de algunos medicamentos se me cayeron los palos del sombrajo y, por vergüenza ajena, acepté el cambio del billete de 10 euros que entregué, abortando el impulso, por no ofenderla, de decirle: “Quédese el cambio”.

Inviabilidad económica

Este mínimo suceso, ya de vuelta el lunes de Pascua, me lo” ha puesto en valor” algo que he leído sobre cómo en muchas farmacias rurales (y de la periferia de las ciudades con población escasa) el único empleado de la farmacia es el farmacéutico titular. Hombres y mujeres que, tras cursar una dura carrera universitaria, han realizado una inversión por la llamada de una convocatoria de nuevas farmacias, o por un cálculo esperanzador de una cobertura poblacional en un desarrollo urbanístico que no ha llegado. El impacto negativo es igual, pero puede variar la cantidad: de ser una mala inversión a ser una ruina. Hay más ejemplos: pueblos en un medio rural en el que ya sólo quedan ancianos, que merecen una atención que lleva a cabo, ¡cómo no!, el profesional farmacéutico.

Estamos hablando del 20% de las farmacias en España, que están en el umbral de la rentabilidad, si consideramos el salario bruto del convenio farmacéutico. La consideración oficial de farmacia de viabilidad económica comprometida (VEC) puede suponer una ayuda, sin duda, que no resuelve a largo plazo el problema.

Las medidas que deben recuperar parte de la rentabilidad perdida en las crisis de la década de los 2000 alcanzarían al 40% de las farmacias (VEC y muchas otras) que sin tener dicha calificación se mueven en rentabilidades entre bajas y mediocres. Preservar el modelo es apoyar su viabilidad.

De las finanzas menguantes de las farmacias

Si no cuidamos a quienes nos cuidan, el actual modelo farmacéutico español se puede hacer trizas

Estas consideraciones pecuniarias, que no son precisamente mi especialidad, corren además el peligro de ser el árbol comercial del boticario, que impide otear el bosque de su prístina razón de ser sanitaria. El farmacéutico es un importante profesional en el ámbito de la salud y no lo digo yo sino, y valga como ejemplo, el  informe elaborado por Fundamed participado por expertos de diez sociedades científicas, en el que ha quedado claro que los nuevos tratamientos antimicrobianos de vida media prolongada facilitan la adherencia terapéutica por su novedosa posología. Y en el que hacen especial hincapié que, para combatir este tipo de infecciones, es fundamental la intervención de los equipos multidisciplinares, en los que han de participar infectólogos, microbiólogos y ¡farmacéuticos!

Pero si volvemos al tema económico, que las malas lenguas pueden utilizar como intereses “comerciales”, (que viene de comercio),  no sólo hay que hablar de la crisis de las llamadas VEC sino, en general, del panorama farmacéutico actual y, como soy un apasionado de la objetividad y detesto el corporativismo visceral, utilizo una vez más otra voz, que en este caso es la de la Asesoría Aspime que dice que los farmacéuticos actualmente tienen, dada la crisis, que dedicar una parte sustancial de su tiempo a vigilar sus finanzas y hacer juegos malabares para cuadrar cuentas y la balanza entre ingresos y costes.

Situación complicada

Esta es la situación que, en mayor o menor medida, podrían estar viviendo en la actualidad en torno al 20 por ciento de oficinas de farmacia españolas, porque, como  sigue añadiendo el informe de Aspime: “Existe un modelo de farmacia en España que representa aproximadamente un 18 por ciento, que vertebra y sostiene el modelo sanitario español por un instinto profesional y vocacional, por encima de razonamientos economicistas o empresariales, y que cubren la asistencia a una gran área de la geografía del Estado con dificultades competitivas y de subsistencia muy poco valoradas ni conocidas”.

Si no cuidamos a quienes nos cuidan, el actual modelo farmacéutico español se puede hacer trizas

La línea roja de la rentabilidad que marca Aspime es aquella por la cual los beneficios netos de la farmacia apenas cubren, o no lo hacen, los costes directos ligados a la actividad. Esta irrentabilidad (¿vendrá de aquí lo de la “irritabilidad” permanente que sufrimos los “tiesos”?) también impide realizar inversiones, ¡ojo! al dato, (que diría José María García).

Si nos paramos a reflexionar sobre las opiniones y argumentos de dos entidades como Fundamed y Aspime es fácil llegar a la conclusión de la dicotomía a la que ha de enfrentarse, desde la noche de los tiempos, el farmacéutico entre su faceta sanitaria y su faceta empresarial. Tampoco es complicado comprobar que la crisis actual de una gran parte de la farmacia española genere que el titular haya de hacer “horas extraordinarias mercantiles” para poder evitar la bancarrota de su negocio sin dejar de realizar su labor de sanitario que la sociedad le demanda y que él mismo, por necesidad perentoria, ha de ampliar con la controvertida Atención Farmacéutica que hasta la fecha, y al margen de las ayudas externas a determinadas VEC, no se le está pagando por parte de nadie y a la que tiene merecimiento.

Horas mercantiles y sanitarias

De ahí el ejemplo/relato que he puesto al principio sobre mi aventura viajera. ¿Ha de subsistir la joven compañera que me “vendió” el paracetamol con el margen comercial que le dejaron los 1,48 euros?. ¿Cuántos paracetamoles ha de vender esa noche de guardia para que las horas extraordinarias le salgan a la par con el más bajo salario mínimo de un convenio laboral?. Y en esta tesitura creo, y es un tema que me desagrada, que existen ciertos atenuantes para que el farmacéutico actual, mientras no se le reconozca su derecho a percibir un salario, público o privado, por su labor asistencial, tenga que salir del paso, dentro de su deontología personal, dispensando otros productos no necesariamente farmacológicos.

En este dilema es fácil comprender que los que no quieren ver con buenos ojos a mis compañeros de mostrador les acusen de tenderos sin aplicar un atenuante tan básico como el de la supervivencia. Otra cosa es que yo denoste, en este caso con razón, a los que traspasan “la raya de picadores” y venden hasta viseritas para el sol a los turistas. A estos no los considero compañeros. Son, si acaso, gente con las que comparto, por desgracia, el mismo título académico.

Y no olviden, queridos lectores y potenciales usuarios, (q. D. g.), que si no cuidamos a quienes nos cuidan, el actual modelo farmacéutico español se puede hacer trizas con el perjuicio que significaría para la población entre la que se encuentra  mi amiga la olvidadiza sufridora de cefalea crónica, pero perfecta aficionada a los viajes.

Porque, en definitiva como dice el vate: “se canta o se llora lo que se pierde”.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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