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Covid19: tres veces más casos y muertos en España que en Europa

De nuevo, y a la vista de la evolución de los datos registrados de la epidemia de Covid19, el autor vuelve a llamar la atención en su blog, que recogemos, que de no tomar medidas podemos llegar a Navidad con una situación peor a la vivida en el inicio de la pandemia.

El 23 de septiembre, el ministro Illa nos decía que “la situación epidemiológica es dinámica y cambiante” y que “debemos estar preparados para todos los escenarios” (aquí). Pocos días antes, el 11 de septiembre, en una entrevista televisiva presumía Illa de que España tenía una tasa de letalidad por Covid19 de las más bajas de Europa (aquí). En dos entradas en este blog, una del 3 de agosto (aquí) y otra de 16 el mismo mes (aquí), apuntaba yo como posible explicación al mayor crecimiento de la tasa de casos en España respecto de Europa ocurrida durante el verano a un mayor y más efectivo cribado. Sostenía la hipótesis en que mientras España tenía entonces tres veces más casos por millón de habitantes que Europa, los fallecidos por millón de habitantes estaban en la media europea. Pues bueno, esto ya no es así y, como dice Illa, la situación epidemiológica en España ha cambiado y lo ha hecho a peor. Veámoslo.

SITUACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DINÁMICA Y CAMBIANTE… A PEOR

Lo cierto es que en una epidemia en curso la situación epidemiológica será siempre, por definición, “dinámica y cambiante”. Si no fuera así, no nos encontraríamos inmersos en una epidemia. Y también es una obviedad decir que “tenemos que estar preparados para todos los escenarios”, ¡pues sólo faltaba! Y, sobre  todo, tenemos que estar preparados para el peor de los escenarios.

¿Y en qué ha cambiado la situación epidemiológica en España respecto de Europa? Pues en que claramente estamos mucho peor que Europa. A mediados de agosto teníamos tres veces más casos por millón de habitantes que el conjunto de los países europeos pero la misma tasa de mortalidad que Europa (aquí). Ahora, sin embargo, seguimos teniendo tres veces más casos (aquí) pero los muertos por millón de habitantes también son tres veces más que en Europa (aquí). Es decir, el mayor número de casos diagnosticados en España respecto de Europa ya no es, si alguna vez lo fue, debido a un mayor o más efectivo cribado y estudio de contactos. De hecho, la transmisión en la mayor parte de nuestro país (quizá con la excepción de Asturias) ya no es fundamentalmente debida a la aparición de múltiples brotes aislados e inconexos sino mayoritariamente comunitaria.

 

Sin embargo, que la transmisión en España ya sea fundamentalmente comunitaria no impide que puedan sobreañadirse brotes de mayor o menor tamaño en el ámbito laboral, educativo o residencial (residencias de ancianos), en eventos sociales de diversa índole (bodas, bautizos, comuniones, botellones, chokos, reuniones familiares, “no fiestas”, etc.) sin olvidarnos del transporte público con el metro como evidente principal riesgo. Por cierto, hay quien afirma, con tanta seguridad como poca vergüenza, que no se ha detectado ni un sólo contagio o brote en el metro (aquí). Aun disponiendo de un óptimo sistema de rastreo, sería prácticamente imposible detectar contagios o brotes en el metro.

¿MENOR LETALIDAD QUE EN EUROPA?

Dice Illa que desde el fin del estado de alarma la letalidad en España ha sido de las más bajas de Europa. Sin embargo, según los datos del CDC Europeo, nuestra letalidad (Case Fatality Rate -CFR-) desde el fin del estado de alarma ha sido siempre claramente superior a la media europea y ha ido aproximándose a ella hasta igualarla a partir de mediados del mes de septiembre (aquí).

Pese a las dificultades que entraña la letalidad (CFR) para estimar el riesgo de morir por Covid19 en el paciente individual (aquí), su evolución en un país determinado puede ayudar a perfilar la situación epidemiológica junto con otros indicadores. Veámoslo en el caso de España.

EVOLUCIÓN DE LA LETALIDAD (Y OTROS INDICADORES) EN ESPAÑA

La figura 1 muestra la evolución del porcentaje de casos hospitalizados, ingresados en UCI y fallecidos desde el 1 de julio hasta hoy (30 de septiembre) según las actualizaciones del Ministerio de Sanidad (datos referidos a los últimos 7 días) (aquí). El porcentaje de casos que acaban hospitalizados (línea azul) se lee en el eje de la izquierda mientras que el porcentaje casos que ingresan en UCI (línea roja) y el porcentaje de casos que fallecen (letalidad, línea verde) se leen en el eje de la derecha.

Como vemos, los tres indicadores “tocan suelo” el 27 de julio. Hasta ese día los tres indicadores fueron decreciendo pero a partir de ese día vuelven a aumentar progresivamente hasta hoy.

La figura 2 muestra la evolución del porcentaje de casos ingresados en UCI respecto del total de casos hospitalizados y el porcentaje de fallecidos respecto del total de hospitalizados. También “tocan suelo” sobre el 27-28 de julio y desde entonces aumentan progresivamente hasta hoy.


INDICADORES EN LA PRIMERA Y EN LA SEGUNDA OLEADA

En el pico de la primera oleada (finales de marzo-primeros de abril) el porcentaje de casos hospitalizados era del 50%, el porcentaje de casos que ingresaban en UCI era del 6%, el porcentaje de casos que fallecía (letalidad) era del 9%, el porcentaje de casos ingresados en UCI respecto del total de casos hospitalizados era del 11% y el porcentaje de fallecidos respecto del total de casos hospitalizados era del 17%. La tabla siguiente compara estos datos con lo que ocurre ahora mismo.

Que la letalidad sea ahora muchísimo menor que en la primera ola no significa que el virus sea menos letal. El virus sigue siendo igual de patogénico. Por estudio de seroprevalencia sabemos que los casos confirmados en primera ola representaron tan sólo el 10% de los que realmente hubieron. Entonces sólo se hacía la PCR a los casos más graves en los que había que dilucidar su ingreso hospitalario. Nada que ver con lo que ocurre ahora. Según el Ministerio, ahora estamos diagnosticando alrededor de un 70% de los casos reales. De todo ello, hablará detalladamente Ángel Ruíz Téllez en una próxima entrada en la que con un uso juicioso de los datos comparará la situación actual con la de la primera ola.

¿QUÉ INDICAN ESTOS INDICADORES?

Que la letalidad aumente es una mala y preocupante señal. De los mínimos del 0,05% del 27 de julio hemos pasado progresivamente al 0,86 del 30 de septiembre. ¡Se ha multiplicado por 17 en ocho semanas! Y se va acercando a la de los primeros días de julio que llegó a superar el 1% y que representaba los últimos coletazos de la primera ola.

¿Qué indica el hecho de que la letalidad aumente progresivamente en un contexto de no saturación hospitalaria generalizada? Evidentemente que los casos, en general, son cada vez más graves y complicados. Probablemente, porque esté aumentando la edad media de los pacientes que ingresan en los hospitales. Aunque también podría indicar un aumento de fallecimientos en pacientes de mayor edad que no llegan necesariamente a ingresar en el hospital o en la UCI (ancianos pluripatológicos en residencias o en domicilios, por ejemplo). Los datos sugieren que las dos posibilidades contribuyen al aumento de la letalidad. ¿Por qué las dos?

Por un lado, el hecho de que también aumente progresivamente el porcentaje de casos que ingresan en las UCI habla a favor de la primera opción, pues indicaría que los casos que ingresan en el hospital son cada vez más graves y complicados Y en un contexto de no saturación hospitalaria generalizada, esto ocurriría por aumento progresivo de la edad media y la comorbilidad asociada de los casos que ingresan en el hospital. Su crecimiento indica que la cosa se nos estaría yendo de las manos y el virus estaría extendiendo su contagio desde las franjas de edad más jóvenes a las de mayor edad como sugiere el último boletín epidemiológico de Navarra (aquí): en la última semana (la 38) la incidencia se reduce en las franjas de edad más jóvenes (entre 0 y 34 años) pero aumenta en las de mayor edad (≥ 35 años).

Por otro lado, y más preocupante que lo anterior, es que el porcentaje de casos que fallecen (“letalidad”) es mayor que el porcentaje de casos que ingresan en UCI y la diferencia entre ambos es progresivamente mayor (Figura 1). La línea verde supera cada vez más (crece más rápido) que la línea roja. Esto sugiere que es cada vez mayor el número de personas que fallecen por Covid19 SIN INGRESAR en la UCI o, incluso, SIN INGRESAR en el hospital (ancianos comórbidos en residencias o en domicilio, por ejemplo). También es un indicador de que la cosa se nos está yendo de las manos.

El aumento de casos sería menos preocupante si la línea verde (letalidad) se mantuviera por debajo de la línea roja (porcentaje de casos que ingresan en UCI). Esto ocurrió durante lo que podríamos llamar el periodo de “luna de miel” entre el 13 de julio y el 7 de agosto, lo que indicaba que en ese periodo lo “normal” era que los pacientes fallecieran tras pasar por la UCI, lo que nos hacía pensar que el asunto estaba bajo control en lo relativo a la propagación del contagio en los mayores vulnerables.

El leve, aunque progresivo, incremento del porcentaje de casos ingresados en UCI respecto del total de casos hospitalizados y el mucho más intenso crecimiento del porcentaje de casos fallecidos respecto del total de hospitalizados apuntarían también al progresivo mayor contagio entre las franjas poblacionales de mayor edad (Figura 2).

CONCLUSIÓN

Los datos actuales no invitan para nada al optimismo. Ahora mismo, tanto en casos como en mortalidad estamos tres veces peor que Europa. No sólo por el incremento de casos, que nos sitúa como principal país europeo afectado, también por cómo se mueven estos indicadores cuya evolución nos avisa del avance progresivo de contagios en las franjas de mayor edad con lo que ello significa: aumento progresivo de la mortalidad, de la letalidad, del número de días de ingreso en el hospital (en planta y en UCI).

Por cierto, los políticos nos dicen otra obviedad: que la situación actual nada tiene que ver con lo ocurrido en la primera ola. ¡Pues claro! Es que la primera ola fue una auténtica catástrofe y no es nada tranquilizador que la segunda en la que estamos inmersos no sea [todavía] como la primera. Tenemos por delante las consecuencias de la reciente vuelta a las aulas y al trabajo, la gripe, los catarros, la Navidad, etc. Si seguimos como vamos, sólo es cuestión de tiempo que pueda llegar a serlo. Y nos queda mucho tiempo por delante: seis meses de otoño e invierno con mayor tendencia y necesidad de compartir espacios cerrados.

Hemos visto que la letalidad se ha multiplicado por 17 en ocho semanas. Si en las próximas ocho semanas se multiplica también por 17 nos situaremos a las puertas de la Navidad con una letalidad del 14%, claramente superior a la que teníamos en el pico de la primera ola. Será muy improbable que esto ocurra, pero nadie nos garantiza que sea imposible. Todo dependerá de si la letalidad crezca de modo lineal o exponencial.

En cualquier caso, de seguir como vamos, que nos situemos al borde de la catástrofe es sólo cuestión de tiempo. Si algo tiene un virus que ha venido para quedarse es tiempo. Y, desde luego, para evitar la catástrofe no podemos permitirnos otro confinamiento tan brutal como el de la primera ola. Los políticos deben seguir haciendo su trabajo y, francamente, tienen mucho margen de mejora. Pero parece que ya no dan más de sí y sólo nos queda la responsabilidad individual para salvarnos de una nueva catástrofe en los próximos meses. Ejerzámosla, pues, todos.

Juan Simó Miñana