Punto de vista sobre la polémica introducción de "GP at hand" en el NHS

Consulta cara a cara con un médico de familia: despreciada hoy, pero… ¿un lujo mañana?

En el último comentario de su página web, el analista pone de manifiesto cómo los más pudientes y formados, que suelen ensalzar inicialmente las nuevas tecnologías y generan seguidores, comienzan a abandonarlas a la vista de algunos de sus resultados, como sucede en el campo de aplicación en la relación con el médico en primaria.

Se confirma que el cociente intelectual de los europeos desciende paulatinamente (aquí). La cosa empezó con los nacidos a mediados de los 70 y desciende generación tras generación (aquí y aquí). Las hipótesis explicativas van desde el calentamiento global hasta el uso mayoritario de los teléfonos inteligentes. Paradógica denominación, por cierto, para unos aparatos que podrían reducir la inteligencia de sus usuarios. ¿Significa esto que las tecnologías de los nuevos tiempos limitan las capacidades de nuestra mente?

Algo tendrá el agua cuando la bendicen

Algo habrá cuando los directivos de las grandes empresas tecnológicas crían y educan a sus hijos sin pantallas. En Silicon Valley proliferan los colegios sin tabletas ni ordenadores y las niñeras tienen prohibido por contrato usar el móvil. Es decir, los adultos que mejor comprenden la tecnología de los móviles, tabletas y aplicaciones quieren a sus hijos lejos de ella (aquí).

Sin embargo, en España nos estamos dejando una pasta gansa en dotar de ordenadores y tabletas los centros educativos públicos y privados desde la más tierna educación. Por ejemplo, el departamento navarro del ramo multiplicó por 10 su inversión en 2018 para facilitar el uso del portátil en clase (aquí y aquí). También compramos un móvil cada vez más pronto a nuestros hijos y ya casi está normalizando como regalo estrella en la primera comunión, como antaño lo fue la bicicleta (aquí). Desde hace algunos años, y pese a la crisis, España ocupa la primera posición europea en uso de smartphones (aquí). La ocupábamos ya en el verano de 2012 con el país a punto de ser intervenido (aquí). Pues bien, si estas tecnologías causan declive intelectual, vamos derechos a la idiocia.

¿Se preferirá en unos años la pizarra y la tiza de toda la vida?

Quizá deberíamos empezar a preguntarnos cuántas familias trabajadoras pueden permitirse el lujo de alejar a sus hijos completamente de las pantallas. Unos artefactos que, en la escala entre los caramelos y el crack, algunos pensamos que están más cerca del crack que de los caramelos. Además, si haces un círculo perfecto con un ordenador, ¿para qué esforzarse muchas veces para lograr esa perfección a mano? Tras muchos millones invertidos en tecnología, sí parece que nuestros hijos sepan más sobre dicha tecnología, lo que no es tan evidente es que sepan más lengua o matemáticas gracias a ella. El cambio de preferencia ha comenzado entre los altos directivos de Silicon Valley. ¿Llegará este cambio al resto de los mortales?

¿Llegará, especialmente, a las clases altas que son las que fijan en la agenda de los políticos las «preferencias» sociales? ¿Empezaremos a preferir los padres que a nuestros hijos les eduquen en la escuela sin tanta tecnología y que se vuelva a la pizarra y la tiza de toda la vida? Hasta que los ricos no lo prefieran, no lo preferirá el resto. Los directivos de Apple, Google, Cisco, Oracle, Yahoo y otros gigantes tecnológicos, los mejor informados sobre dichas tecnologías, ya lo prefieren.

¿Cambiarán también las preferencias en sanidad?

Los responsables de la sanidad de las CCAA más ricas prefieren y priorizan la inversión en atención especializada y en médicos de hospital que en atención primaria y médicos de familia

Del mismo modo, quizá lo que hoy se desprecia en sanidad por los más pudientes puede que en un futuro no muy lejano se convierta en un auténtico lujo. En este blog se ha mostrado del derecho y de revés, por activa y por pasiva, que los más pudientes prefieren evitar la atención primaria y su médico de familia. A los más pudientes les pone mucho más el acceso directo al médico especialista y el brillo de la tecnología asociada al mismo. En el fondo, piensan que el médico de familia es para la gente, no para ellos. Incluso los responsables de la sanidad de las CCAA más ricas prefieren y priorizan la inversión en atención especializada y en médicos de hospital que en atención primaria y médicos de familia. Pues, mucho ojo, no vaya a ser que en no demasiados años empecemos a arrepentirnos de haber tomando durante tanto tiempo decisiones basadas en prioridades y preferencias equivocadas, tanto en el ámbito individual como en el institucional.

¿Hay que hacer en sanidad todo lo que la tecnología permite?

Por supuesto que la tecnología ha venido para quedarse. Y por supuesto que nos está cambiando la vida para bien. Aunque no está claro que todo lo que permita hacer vaya a ser bueno por el mero hecho de que se pueda hacer. Quizá hoy no podamos ni imaginar lo que nuestros ojos, aun siendo viejos médicos de familia jubilados, todavía verán en el mundo sanitario. Por ejemplo, ya es perfectamente posible una consulta de vídeo a través del móvil con un médico, en menos de dos horas tras la solicitud, en cualquier momento y lugar. El invento se llama «GP at hand» (médico a mano) y empezó hace pocos años en Londres.

Adjunto tenemos un anuncio de «GP at hand» en el metro de Londres bajo el logotipo del National Health Service (NHS). «GP at hand» es de Babylon, una compañía inglesa que provee servicios de salud por suscripción mediante consultas remotas con médicos y profesionales de la salud a través de mensajes de texto y vídeo mediante su aplicación de móvil del mismo nombre (aquí). Babylon es una app de inteligencia artificial que ofrece a los pacientes un primer asesoramiento sobre sus problemas de salud (aquí). Su dueño y creador, Ali Parsa, afirma que Babylon «es el principio del fin de la manera anticuada en que usamos la atención médica» y que «dentro de unos años los ordenadores funcionarán mejor que los médicos para hacer diagnósticos». Dice haber gastado millones en construir el «cerebro del doctor más grande del mundo» (aquí).

Parsa, ingeniero, empresario y ex-ejecutivo de Goldman Sachs, debió convencer a los responsables del NHS, pues desde 2017 éste se ha convertido en uno de los clientes de Babylon a través de su servicio «GP at hand» en una zona de Londres (no situada precisamente en los suburbios). Unas 50.000 personas se registraron en los primeros meses, entre ellos el propio ministro de Salud de Reino Unido, Matt Hancock (aquí). Para ello debían antes darse de baja de su GP de su centro de salud habitual. El NHS ofrece (aquí y aquí) información al respecto.

La introducción de «GP at hand» en el NHS fue polémica desde el primer minuto. El sindicato médico se posicionó en contra por la posible selección de riesgos: de los centros de salud tradicionales se darían de baja para apuntarse a «GP at hand» los pacientes más jóvenes y más sanos. Los responsables de Babylon argumentaban que los pacientes tenían derecho a elegir proveedor de atención primaria siguiendo la normativa del NHS y que «GP at hand» era un servicio del NHS pagado por el NHS (aquí). Además, metían el dedo en la llaga que más dolía cuando esgrimían que el tiempo promedio de espera para una cita «GP at hand» era de unos 40 minutos mientras que la espera para una cita normal en los centros de salud tradicionales era de una semana o más.

Evaluación oficial independiente de «GP at hand»

Hace apenas un mes se publicó la esperada evaluación oficial independiente de la introducción de «GP at hand» en el NHS. El informe está colgado en la web de la zona sanitaria de Londres (Hammersmith y Fulham) donde está adscrito «GP at hand» (aquí). Un resumen del mismo también se acaba de publicar en el BMJ (aquí y aquí). En resumidas cuentas, se comprueba que se mejora la accesibilidad (aunque quizás habría que llamarla inmediatez, que no es lo mismo) y que los GP de los centros de salud tradicionales tenían razón, pues se confirma la selección de riesgos y un uso de «GP at hand» por los pacientes que lo eligen superior a lo que se esperaría dada su edad y estado de salud.

El informe afirma que los pacientes de «GP at hand» son más jóvenes y ricos que el promedio de los que utilizan los centros de salud tradicionales tanto de Londres como a nivel nacional. Los pacientes utilizaban los servicios de urgencias y el NHS111 más que el promedio antes de registrarse en «GP at hand» y la comodidad y el acceso más fácil fueron lo que más les impulsó a registrarse. El informe añade que «GP at hand» no se utiliza por un gran número de personas mayores, pacientes con necesidades de salud más complejas o aquellos que no se sienten cómodos usando un teléfono inteligente. Todo esto cuestiona la cápita que recibe Babylon por cada paciente registrado que, se sugiere, debería revisarse a la baja. Además, el hecho de que el 28% de los pacientes se den de baja de «GP at hand» durante los dos meses siguientes a su registro cuestiona la coincidencia entre promesas, expectativas y la cruda realidad. Eso sí, los GP que trabajan para «GP at hand» lo hacen con menos prisas y estrés y el modelo de práctica les permitía una mejor conciliación con la vida familiar. La satisfacción general del paciente fue alta y comparable a la de quienes utilizan los centros de salud convencionales. Sorprendentemente, coincidiendo con la publicación del informe, el NHS expande «GP at hand» a una zona de Birmingham (aquí).

El genio de los negocios y el pringao pagafantas

El encuentro cara a cara con un médico de familia, ahora despreciado por los ricos, puede que, en no muchos años, se convierta en un auténtico lujo al alcance sólo de ricos bien informados

Ali Parsa ha creado una máquina perfecta que descrema de los mejores riesgos a los centros de salud convencionales. El NHS le compró el invento hace unos años y lo introdujo en una zona de alto nivel socioeconómico de Londres. Pese a lo publicado en el informe de evaluación, el NHS lo introduce ahora en un zona sanitaria de Birmingham, segunda ciudad de Inglaterra.

El invento, pues, se ha convertido en una seria amenaza, un virus autoinyectado por el propio NHS, a la superviviencia económica de los centros de salud convencionales que pierden la cápita que reciben por los pacientes que se dan de baja para apuntarse a «GP at hand». Reciben, por tanto, menos recursos para atender a pacientes que son, descremado tras descremado, proporcionalmente cada vez más complejos y con peor salud y que precisan, por ello, más recursos per cápita. Esto se agrava con un segundo descremado: el de aquellos pacientes que tras estar unos meses en «GP at hand» deciden abandonar el invento de Parsa para volver a sus centros de salud convencionales de origen. Evidentemente, los que regresan a sus centros de salud convencionales tras haber probado unos meses «GP at hand» es más probable que tengan peor salud que los que permanecen en el invento de Ali Parsa y no vuelven a sus centros.

Ali Parsa es un genio de los negocios, no en vano fue ejecutivo de Goldman Sachs y ya sabemos cómo se las gasta este banco de inversión cuando habla de rentabilidad en sanidad (aquí). Sin embargo, el NHS es un pringao pagafantas que pone en riesgo la supervivencia de su atención primaria por el simple hecho de dar satisfacción al «rico sano y preocupado» seducido por las pantallas y la inmediatez. Y para dar ejemplo, el propio ministro de salud británico se apuntó corriendo a «GP at hand». Probablemente, su GP de su centro de salud convencional descansaría al quedarse sin tan notable paciente.

Cara a cara con

A esta marcha, el encuentro cara a cara con un médico de familia, ahora despreciado por los ricos, puede que, en no muchos años, se convierta en un auténtico lujo al alcance sólo de ricos bien informados que no babeen por la tecnología y no quieran pantallas ni para sus hijos ni para ellos mismos. ¿Se apuestan algo? A veces, sólo valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos.

Sólo es necesario que el rico se informe bien y descubra el riesgo para su salud derivado del acceso directo a los especialistas sin que nada de lo que le ocurre en el transcurso de sus viajes por el sistema sanitario sea conocido y coordinado por un médico de familia personal que actúe, además, de «abogado» del paciente y le proteja del sobrediagnóstico y sobretratamiento cada vez más frecuentes en una sanidad pública (y privada) cada vez más fragmentadas. Esta es la asignatura pendiente de la atención primaria y medicina de familia en España. En cuanto la aprobemos, la cosa cambiará. Para ello, hemos de identificar, denunciar y eliminar nuestro propio y particular descremado (aquí).

No estoy sugiriendo que el modelo de atención primaria deba ser idéntico, milímitro a milímetro, para todos los pacientes. Pero si la tecnología digital va a transformar la atención sanitaria tanto como algunos como Parsa afirman, se tendrá que hacer de un modo que cubra a una población mucho más amplia (idealmente toda) y, sobre todo, que vaya más allá del «rico sano y preocupado» y no parasite al resto de la atención primaria detrayéndole los mejores riesgos y la convierta en una atención primaria para pobres y, por tanto, en una pobre atención primaria.

 

Juan Simó Miñana

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