Punto de vista han convertido la atención primaria en una nueva beneficencia

Com-Pasión por la Atención Primaria

Con motivo del Día de la Atención Primaria, Juan Simó, médico dedicado a ella, ha difundido en su blog el siguiente comentario que es una denuncia contra las instituciones que han degradado tal asistencia.

Vicente Ortún, reputado economista de la salud, lleva muchos años diciendo que en el ámbito sanitario hay que hacer individualmente atractivo lo socialmente conveniente. La primera vez que se lo leí fue hace 12 años en este artículo (aquí) sobre incentivos.; la última, en este artículo (aquí), de este mismo año, sobre las reformas pendientes en la organización sanitaria. Pues bien, a nuestra atención primaria le ha faltado, precisamente, eso: nadie ha hecho prácticamente nada en las últimas dos décadas para que individualmente sea más atractiva siendo, como es, socialmente muy conveniente. ¿Y a quién le corresponde hacerla atractiva? Evidentemente, al mundo de las instituciones. Desde las políticas hasta las estrictamente sanitarias, pasando por las académicas. En esto, los curritos de trinchera poco podemos hacer, salvo señalarlo. Y a eso voy.

Nadie ha hecho prácticamente nada en las últimas dos décadas para que individualmente la Atención Primaria sea más atractiva siendo, como es, socialmente muy conveniente

Bajo el lema “Pasión por la Primaria” se celebra este jueves, 11 de abril, el día de la Atención Primaria; pero su crítica situación, nada accidental como se podrá comprobar, despierta ya más compasión que pasión.  El crónico deterioro institucional es el causante. Cuando las instituciones no son capaces de hacer individualmente atractivo lo socialmente conveniente pierden legitimidad y, en el extremo, se corrompen cuando, en vez del bien común, procuran el suyo propio.

Deterioro de las instituciones

Las instituciones en España no parecen atravesar su mejor momento. La crisis ha desvelado su deterioro aunque pocos se atrevan a señalar, como en el cuento, la desnudez del emperador. En el ámbito político sanitario también. Quizá el asunto tenga que ver con los orígenes totalitarios de nuestra sanidad pública. Con estos orígenes se pretendió romper mediante la Ley General de Sanidad de 1986. Pero, por puro interés de unas élites influyentes, esta ley se ha incumplido durante décadas y todavía hoy persisten subsistemas de aseguramiento público originados en los estertores del franquismo y, en cualquier caso, preconstitucionales, como Muface, Isfas y Mugeju. Otros subsistemas de idéntico origen, como las Empresas Colaboradoras, terminaron hace apenas 10 años y sus beneficiarios pasaron al SNS.

La Ley General de Sanidad se ha incumplido durante décadas y todavía hoy persisten subsistemas de aseguramiento público originados en los estertores del franquismo y, en cualquier caso, preconstitucionales

Por tanto, el genotipo del sistema sanitario público ha cambiado poco. La esencia sigue siendo la misma y permanece prácticamente igual que hace 40 años. Lo que sí ha cambiado, y mucho, es el fenotipo, la apariencia. De hecho, tenemos 17 fenotipos. Esta profusión fenotípica con su autobombo propagandístico hace que la esencia del sistema parezca lo que no es: universal, igual para todos, basado en la Atención Primaria y el médico de familia como «figura fundamental» (aquí). Pero no, no es así. Y cada año que pasa el espejismo se agranda. ¿Por qué? Porque la Atención Primaria no está en el genotipo del sistema. Ausente del núcleo del mismo, la Atención Primaria y, con ella, el médico de familia, flotan en el citoplasma del sistema como lo hacía hasta 1989 aquella Beneficencia para pobres que es, prácticamente, en lo que ha degenerado ya nuestra atención primaria.

Seguros frente a la parte ambulatoria del sistema

Más de 10 millones de españoles (sin contar los 2 millones de mutualistas ni los más de 4 millones con pólizas dentales) tienen algún tipo de seguro médico privado que no compran, precisamente, para cubrir la eventualidad del ingreso hospitalario. No, no, no. Para eso ya está el hospital público. Lo compran para evitar la parte ambulatoria del sistema, para evitar tener que acudir a un médico de familia al que ven como un mero obstáculo a sortear para acceder a los «verdaderos» especialistas. Y así, es privado sólo el 7% del gasto sanitario hospitalario en España, mientras que es privado el 50% del gasto en atención ambulatoria (que incluye la Atención Primaria) (aquí).

¿Qué indica esto? Sencillamente que el hospital público es universal en la teoría y en la práctica, efectivamente universal, aceptado y utilizado por todas las clase sociales. Algo que no le pasa a la Atención Primaria que se ha convertido ya en una especie de beneficencia «ampliada» evitada por casi todo el que puede.

Engaño manifiesto

La Atención Primaria se ha convertido ya en una especie de beneficencia «ampliada» evitada por casi todo el que puede

Los recortes han servido para que quienes deciden se quitaran la careta definitivamente. Se tuvieron que retratar y se retrataron. Los que deciden dónde va el dinero no han querido nunca, jamás de los jamases, a la Atención Primaria. Sólo la han considerado como una especie de dique de contención y como una asistencia de bajo nivel para «la gente», no para ellos.

Incumplieron reiteradamente, año tras año durante más de tres décadas, la Ley General de Sanidad no incluyendo el Mutualismo Administrativo (Muface, Isfas y Mugeju) en el Sistema Nacional de Salud. Mantuvieron los beneficios fiscales a la compra de seguros médicos privados cuyo coste fiscal estimado (dinero que se deja de ingresar por impuestos) es de 1.000 millones de euros anuales (aquí), una cifra similar al gasto en Atención Primaria de una Comunidad como Andalucía. Y por si todo esto fuera poco, pusieron en marcha hace muchos años las “regalías” sanitarias mediante las cuales se regalan seguros médicos privados a miembros o empleados (y familiares) de instituciones, empresas u organismos públicos (Banco de España, Televisión Española, Ayuntamientos, Cabildos, Diputaciones, etc.) pese a tener todos ellos derecho al SNS y su Atención Primaria (aquí).

Objetivo conseguido

¿Cómo van a querer la atención primaria si hasta Muface presume de tener un Gobierno de funcionarios? (aquí). ¿Cómo van a querer a la atención primaria si gran parte de Sus Señorías en la Carrera de San Jerónimo son funcionarios (e increscendo)? (aquí y aquí). También en los parlamentos autonómicos (aquí). ¿Alguien se extraña, pues, de que el Mutualismo no haya sufrido recorte alguno durante la crisis (aquí) y los seguros médicos privados estén viviendo ahora los mejores años de su historia (aquí)? En fin, que lo que se buscaba se ha conseguido: que los sectores sociales con mayor influencia sobre la opinión y el poder públicos tuvieran una vía de “escape”, pagada o incentivada con dinero público, como alternativa a la Atención Primaria: el descremado sociológico de la misma (aquí). Un descremado promovido y soportado por instituciones públicas diversas y soportado con dinero público de todos.

Las encuestas de salud dicen que es de clase media-baja el 70% de los que sólo tienen la sanidad del SNS. Mientras que es de clase media-alta el 87% de los mutualistas y el 68% de quienes compran un seguro médico privado (aquí).  Estos dos últimos grupos (los que compran seguros y los mutualistas) son más jóvenes, sanos, ilustrados y ricos que los que únicamente tienen la sanidad del SNS. Pese a esto, los mutualistas y quienes tienen un seguro médico privado consultan más al especialista y menos al médico de familia que los que sólo tienen SNS (aquíaquí y aquí).

Deterioro manifiesto de la AP

El deterioro institucional ha favorecido que la atención primaria nunca tuviera, o perdiera si alguna vez tuvo, el estímulo más potente de mejora representado por los ciudadanos más informados, formados, exigentes e influyentes

Esta es la principal causa de que no tengamos una Atención Primaria fuerte desde el principio. La Atención Primaria no es utilizada por aquellos sectores sociales con mayor capacidad de influencia sobre la opinión y el poder públicos. El deterioro institucional ha favorecido que la atención primaria nunca tuviera, o perdiera si alguna vez tuvo, el estímulo más potente de mejora representado por los ciudadanos más informados, formados, exigentes e influyentes. El mismo deterioro nos avergüenza de ser, junto con Italia, los únicos países europeos que todavía a estas alturas del siglo XXI no tienen ningún departamento universitario de Medicina de Familia o de Atención Primaria (aquí). Pese a ello, los estudiantes de Medicina valoran mucho sus prácticas en los centros de salud, más incluso que las que hacen en el hospital (aquí), pero al elegir especialidad prefieren el hospital al centro de salud (aquí).

La Atención Primaria flota a la deriva, abandonada a su suerte, en el citoplasma sanitario, cada vez más débil y sólo valorada por quienes la utilizan y quienes en ella trabajan (y no todos) y por la investigación internacional comparada en servicios sanitarios (aquí). La Atención Primaria es desde 2009 la única parte del sistema que no ha visto incrementado su número de profesionales sanitarios. Total, para lo que hacen y para atender a «la gente», ya les vale con lo que hay -piensan los que deciden.

El número de profesionales sólo aumenta en las otras partes del sistema (aquí), las universalmente utilizadas por los españoles de todo extracto social (urgencias hospitalarias y especializada). La beneficencia «ampliada» no necesita más recursos, total… ¿para qué? ¿para atender a «la gente»? Acababa esta entrevista para Salud 2000 (aquí) con esta frase: “La atención primaria ha de ser para todos o nunca será”. Pues eso, como la Atención Primaria no ha sido “para todos” está empezando ya a “no ser”.

El progresivo «no ser» de la AP

El Sistema padece un auténtico TDAH, un Trastorno por Déficit de Atención (Primaria) con Hiperactividad (Hospitalaria)

El progresivo «no ser» de la Atención Primaria alimenta en el sistema la fragmentación asistencial, la intensidad diagnóstica y terapéutica, las cascadas iatrogénicas tras irrelevantes hallazgos de imagen y laboratorio, etc. Todo ello por el insuficiente contrapeso de la función integradora y de abogacía del paciente, incluida la prevención cuaternaria, de la atención primaria. La medicina de excesos con su sobrediagnóstico y sobretratamiento intoxica cada vez más nuestra sanidad pública, pero el efecto antídoto que proporciona una atención primaria más invisible, impotente y despreciada por la ineptocracia político-gestora que nunca, es cada vez menor (aquí).

El tóxico resiste al antídoto y las urgencias hospitalarias se convierten en «la otra» Atención Primaria, auténtica puerta de entrada al sistema, mientras la «verdadera» agoniza en atronador silencio. El disparate se agranda y Saturno, esplendoroso, nos devora (aquí). El Sistema padece un auténtico TDAH, un Trastorno por Déficit de Atención (Primaria) con Hiperactividad (Hospitalaria).

Médicos de los pobres

Los médicos de familia de los centros de salud deberíamos darnos cuenta de que progresivamente hemos llegado a ser poco más que los médicos «de los pobres». Por ello, ahora más que nunca hemos de defender la Atención Primaria, pues un ataque a ella es un ataque directísimo a la salud de los más desfavorecidos. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido durante la crisis: el mayor deterioro de la parte más débil del sistema, aquella que atiende, precisamente, a los más débiles de la sociedad.

Para prevenir la recurrencia de los «recortes» sanitarios debemos exigir que el sistema tipo Muface sea para todos, para todos los ciudadanos no sólo para los 2 millones de mutualistas. Una de dos: o mutualismo para todos o Atención Primaria para todos. Debemos exigir que no se deje de ingresar ni un sólo euro más por la incentivación fiscal del gasto sanitario privado, ni en seguros médicos ni mediante pago directo (algunas CCAA siguen ofreciendo desgravación fiscal por el gasto de bolsillo en consultas médicas). Y por supuesto, que se prohíban por ley las “regalías sanitarias” que han crecido como la espuma durante las últimas décadas. ¿Por qué tenemos que pagar de nuestro bolsillo un seguro médico privado a todos los empleados y familiares del Banco de España, de Televisión Española, de cualquier ayuntamiento, diputación o cabildo? ¿Cómo no vamos a tener así elmejorsistemasanitariodelmundo? Con mi dinero, no.

Y termino como he empezado, con unas palabras de Ortún (aquí): «El sistema sanitario afronta dos grandes retos: lograr su deseabilidad por los importantes grupos de ciudadanos aún desafectos (los que votan con los pies, rehuyendo su cobertura, tanto con financiación privada como con la privilegiada pública con capacidad de elección) y garantizar su solvencia, concepto más relevante que la macerada “sostenibilidad”. Ambas exigen proveedores más autónomos, que permitan el desarrollo de una competencia por comparación y el pago por resultados sobre una base de financiación poblacional, estimuladora de la continuidad asistencial y la integración, real o virtual, entre niveles asistenciales, con el criterio guía de atender cada circunstancia en el lugar y por el profesional con mejor capacidad resolutiva«.

Para ello, urgen ya medidas que hagan individualmente atractiva la Atención Primaria, no sólo para los ciudadanos también para los profesionales, pues socialmente ha demostrado de sobra su conveniencia en términos de equidad, resultados en salud y en eficiencia para el sistema y la población.

 

Juan Simó Miñana

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