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¿Camas de media-larga estancia? ¡Sí, Gracias!. Pero sin destruir las de agudos

La ocurrencia de la Consejería de Sanidad de Madrid, de convertir camas de agudos en camas de media y larga estancia, ha suscitado una fuerte polémica, en especial por lo que se refiere al Hospital de Móstoles; sin embargo, conviene, como lo hace el analista, entrar en el fondo de la situación para evitar los engaños que encierra tal planteamiento.

La propuesta del Consejero de Sanidad de Madrid de dedicar camas de determinados hospitales a la modalidad de media-larga estancia ha recibido una gélida bienvenida; quizás porque evoca otras propuestas extravagantes y malintencionadas, como aquella de convertir el Hospital de la Princesa en una especie de ‘Geriátrico de Alta Especialización’ y que tanto contribuyó a desencadenar la ‘Marea Blanca’.

Panorama de situación

Sin entrar en demasiados detalles locales, sería necesario aclarar algunos elementos para clarificar el panorama general.

La familia española es la que ha compensado la carencia de cobertura institucional, tanto de los cuidados a la convalecencia, como de la atención a la discapacidad y merma de la autonomía

1- España es campeona europea en pocas camas: en 2014, EU-28 países 5,21 por mil, y ESPAÑA 2,97 por mil. Siempre ha sido así… Por eso, cuando otros países reconvertían hospitales en centros socio-sanitarios, nosotros mirábamos boquiabiertos porque, aunque no teníamos camas residenciales, nuestro parque de camas hospitalarias era exiguo.

2- Y, lógicamente, somos campeones galácticos en escasez de camas de media-larga estancia. Según Eurostat 2014, las camas no de agudos (totales menos curativas) eran de un 1,25 por mil, mientras que en España apenas llegaban a 0,6.

3- La familia española (sobre todo las mujeres como madres, cónyuges e hijas) es la que ha compensado esta carencia de cobertura institucional, tanto de los cuidados a la convalecencia, como de la atención a la discapacidad y merma de la autonomía. Los poderes públicos españoles, salvo el espejismo decepcionante del sistema de ayuda a la dependencia, parece que ni están ni se les espera para ayudar con esta enorme carga de esfuerzo y coste.

4- Teniendo muy justas las camas hospitalarias (sobre todo de agudos), la burbuja del ladrillo sanitario de los años 2000 se dedicó a expandir la red sanitaria pública, sobre todo con un modelo de ‘hospitales de proximidad’ que, a veces, estaban bien planificados, otras veces no, y siempre eran bienvenidos por alcaldes y vecinos; hospitales hechos con el patrón de ‘mini-hospital general’, clonando características del hospital de agudos (con la necesaria jibarización). Los pacientes convalecientes, frágiles o terminales, que precisaban otro tipo de hospital, siguieron pendientes de que llegara su momento…

La burbuja del ladrillo sanitario de los años 2000 se dedicó a expandir la red sanitaria pública, sobre todo con un modelo de ‘hospitales de proximidad’, hechos con el patrón de ‘mini-hospital general’…

5- Pero la burbuja tenía más querencia por los metros cuadrados construidos que por el personal necesario para dotarlo, de manera que se comienza un lento proceso de migración de plantillas de los grandes transatlánticos a las lanchas rápidas recién abiertas: bien pasiva (amortizo plantilla en un sitio y voy creando empleo en otro), o bien activa (redistribuciones de efectivos facilitados con garantías jurídicas y convocatorias que bombean interinos y precarios).

6- El resultado del modelo español de expansión de la red fue que en una parte del sistema fue cerrando camas y adelgazando servicios (a veces había grasa, pero en otras ocasiones se provocó anorexia), mientras que en otra parte se iba creciendo, o al menos no se disminuía.

7- Una forma (imperfecta) de visualizar este fenómeno es la diferencia entre camas instaladas y camas en funcionamiento. En la siguiente tabla vemos que, en los hospitales financiados por el SNS habría una reserva potencial de expansión interna de un 12%, y en Madrid, donde la burbuja sanitaria tuvo un dinamismo espectacular, sube al 21%.

Recordemos que las camas instaladas se definen como las que constituyen la dotación fija del centro, aunque no estén en servicio por falta de personal o equipamiento, por obras o por no ser necesarias en función de la demanda asistencial.

Tabla Repullo

8- Lo anterior significa que se pueden aumentar sin grandes cambios estructurales (ni largas demoras o importantes costes de adaptación) las camas de media larga estancia por ‘expansión interna’. Solución que tiene pros y contras: pros porque, al estar dentro de un hospital general, comparten servicios clínicos, centrales y generales; y contras porque, al estar bajo un mismo techo, es difícil diferenciar el tipo de cuidados y las políticas de ingreso y alta. Y, además, porque al andar estrechos de camas de agudos, es fácil que el hospital general invada al hospital de media-larga estancia virtual que hemos creado como camas específicas empotradas en aquel.

9- ¿Existe una solución peor?. Sí, aunque hay que ser muy atrevido, inconsciente o doctrinario para ensayarla: seguir comiéndose camas de agudos para crear camas de media-larga-estancia; desvestir a un santo para vestir a otro. Si además llueve sobre mojado (se transforman selectivamente en hospitales ideológicamente antipáticos para el poder, y se dejan tranquilos a los centros amigos) la posibilidad de deterioro de la sanidad pública aumenta exponencialmente.

10- ¿Solución… o apaño puntual? Si tanto preocupa la falta de recursos de Media y Larga Estancia, se puede jugar a una expansión interna A MÁS A MÁS (como dicen los catalanes «a més a més»).

Y de paso, hay que recordar que planificar un poquito no duele tanto y ahorra muchos dolores de cabeza para el futuro… ¿Por qué no se hace un buen plan de instalaciones sanitarias y socio-sanitarias para atención de media-larga estancia y cuidados de pacientes frágiles y terminales.

José Ramón Repullo

Profesor de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad, y director técnico de la Fundación para la Formación de la OMC

1 Comentario

  1. Teresa says:

    José Ramón Repullo fue nuestro primer director cuando se abrió el entonces Hospital General de Móstoles. No sé si habrá escrito este artículo pensando en este centro pero, como casi siempre, da en el clavo.

    Ahora, la Consejería de Sanidad hace un “plan a diez años vista” para el Hospital Universitario de Móstoles, pero ¿desde cuándo los consejeros de sanidad de la Comunidad de Madrid han hecho planes de futuro? Desde luego, cuando construyeron de golpe 7 hospitales de agudos no pensaban en las necesidades sanitarias de la población a largo plazo, sino en el negocio inmediato de las empresas constructoras ¿Y en las comisiones que recibirían?