El mirador escenificación de una consulta en urgencias

Caleidoscopio clínico/familiar

La visita a urgencias de un abuelo acompañado de su familia ofrece al autor todos los elementos para el desarrollo de una actuación médica digna del mejor dramaturgo.

-¡Hola, Pedro! Buenas tardes ¿Qué le trae a usted por aquí? -pregunta la R-3 de familia, sentada al otro lado de la mesa, sin presentarse, ni levantarse, ni dar la mano al paciente ni a la acompañante.

[Sin que les invite, el paciente se sienta en la única silla y la acompañante a su lado, en un taburete]

-Me duele aquí [se lleva la mano derecha a la zona lumbar correspondiente] pero ya se lo he explicado a la enfermera.

-Siento que me lo tenga que repetir, pero querría saber cuánto le duele.

-No me importa repetirlo, me importa que me diga otra vez que “cuánto me duele”, y tener que responder otra vez con una escala.

-Es el protocolo.

-Es el protoculo, que diría Millás en El País.

-¿Cómo dice?

-No le haga caso – interviene la hija, Leandra- mi padre está sufriendo mucho.

-Ya me imagino, ¡si ha venido a urgencias…!

-¿Insinúa que no me estoy muriendo y que estoy utilizando mal sus servicios?

-¡No, no! ¡De ninguna manera! Perdone si me expresado mal. Es lo contrario, que su presencia en urgencias es expresión de su preocupación.

-No estoy preocupado. Estoy dolorido. Muy dolorido. Francamente, estoy jodido.

-¿Desde cuándo le duele? -pregunta la residente, aparentemente sin haber oído la soez expresión del paciente.

-Ya se lo he contado a la enfermera, ¿no está apuntado ahí? [señala a la pantalla del ordenador/computadora]

-Como ha visto estoy rehaciendo la historia, por si hubiera alguna clave importante, para que no se nos escape nada.

-Es que soy un puro dolor. Es que no puedo más. Es que llevo así desde que murió mi mujer. Es un sinvivir. Y cuando ando todavía me duele más.

-Antes, ¿no le había dolido?

-Mire, a todo el mundo le duele la espalda alguna vez en la vida, y a mí también. Pero nunca como ahora.

-¿Hace mucho que murió su esposa?

[El paciente va a contestar, pero de pronto se le nubla la vista, se encoge, agacha la cara y rompe a llorar desconsoladamente. La residente no sabe qué hacer, mira con desamparo alternativamente a Pedro y a Leandra. Rompe la situación la hija]

-Mire, si no le importa vamos a salir a la sala de espera, que están mi marido y mi hija, para que se tranquilice un poco mi padre.

-No, no, no hace falta. Si quiere, que pasen y lo acompañen mientras usted me va contando.

-Vale [Leandra se levanta, entreabre la puerta y susurra] Luis, Clara, por favor pasad.

[Entran el marido y la hija que se sorprenden a ver a Pedro llorando desconsoladamente. Luis se agacha y lo abraza con familiaridad extraña entre suegro y yerno. Clara le besa tiernamente en la frente y pone una mano sobre su calva. Pedro se va calmando]

-Mire, doctora, lo de mi padre no sé lo que será, pero se ha agravado mucho desde que murió mi madre, hace cuatro meses. Bueno, cuatro meses menos un día, que los cumplirá mañana. No nos lo esperábamos. Fue muy duro y sorprendente. Se suicidó tomando salfumán. Horrible. Peor imposible. No había ningún problema, no entendemos qué pasó por su cabeza.

-Lo siento, nunca había oído nada igual. Lo siento mucho -y la cara de la residente y todo su lenguaje no verbal expresa conmoción y simpatía.

-Fue mi padre el que la encontró por la tarde al volver de jugar a la petanca.

Desde entonces no ha levantado cabeza y ese dolor lo tiene descompuesto.

-¿Es distinto el dolor del que me contaba que había tenido alguna vez?

-Sí. De siempre le ha dolido la espalda, pero sólo de vez en cuando y se le pasaba con cualquier cosa, incluso una simple aspirina. Es cierto que le dolía más y con más frecuencia cuando había problemas en el trabajo, como cuando cerró la fabrica. Ahora le duele más al andar, como le ha dicho él mismo.

-¿En qué trabaja su padre?

-Está a punto de jubilarse, ha cambiado de empresa, pero es tornero en una fábrica que trabaja para Seat. Ahora está de baja.

-En el trabajo, ¿sabe si hay algún tóxico, o algo contaminante, o algo que pueda hacerle daño?

-No sé [y dirigiéndose al padre, que ha dejado de llorar pero está descompuesto, con angustia que le desfigura la cara] Papá, ¿en el trabajo hay algo que te empeore la espalda, o que sea tóxico?

-El cabrón del jefe del taller. Lo sabes.

-No papá, no me refiero a eso, sino a algo químico en el ambiente, o algo en tu puesto de trabajo.

-Los de Comisiones se ocupan de esas cosas, y no tengo quejas. Pero el jefe del taller…

-Que sí, papá, que esa es otra cuestión. No, doctora, no parece que el trabajo en sí tenga que ver con el dolor de espalda

-Pero Pedro no aguanta al jefe del taller, y el dolor de espalda se le ponía peor si tenía bronca con él -apostilla Luis, el yerno- Lo suyo tiene mucho que ver con las preocupaciones.

-¿Está usted de acuerdo? – le pregunta la residente a Pedro.

-Sí. Desde luego. Mi espalda ha sido siempre mi punto débil. Pero no he sufrido mucho porque he sido siempre fuerte, y no me he hundido por nada. Ahora lo que no entiendo es porqué este dolor no se pasa, está siempre ahí. Es como un peso.

-En el análisis que le hemos hecho hay algo de anemia, tiene la hemoglobina baja, y la velocidad de sedimentación alta. ¿Le han hecho algún análisis últimamente?

-En la empresa, justo antes de lo de mi esposa – contesta Pedro y vuelve a llorar desconsoladamente.

-Que yo sepa fue normal. Desde entonces mi padre se ha negado a ir al médico, ni a venir a urgencias. Ahora lo hemos convencido porque ya no puede más con el dolor, y porque se nota con fiebre.

-Sí. Ya he visto que se lo dijeron a la enfermera, y efectivamente tiene casi 38ºC.

[Pedro se vuelve a calmar. Clara le ayuda a secarse las lágrimas y vuelve a besarle en la frente]

-Abuelo, que tú eres muy fuerte, ya verás como todo se te pasa.

-La verdad es que ha perdido fuerzas y que está cogiendo aspecto de enfermo. Lo achacábamos todo a lo de mi madre, pero ahora no sé.

-Por favor, súbase a la camilla y desabróchese el pantalón, que quiero explorarle la tripa.

[Pedro obedece: se sube a la camilla de exploración y se tumba. Le duele cuando la residente palpa el abdomen, lado derecho, fosa iliaca, sin localizar bien el punto del dolor. El dolor aumenta con la extensión, tras la flexión del muslo. La residente también explora las piernas y tobillos]

-¿Se habían dado cuenta de que su padre tiene la pierna derecha un poco hinchada?

-No, para nada. ¿La tiene muy hinchada? -pregunta la hija.

-Un poco. Fíjese cómo deja marca, cómo se hunde y hace fóvea mi dedo al apretar el tobillo derecho.

[La hija se ha levantado y mira asombrada la fóvea, efectivamente muy llamativa]

-Quien no sabe es como quien no ve. Siempre lo repite el abuelo -dice Clara como para sí misma.

-Ya está. Puede vestirse y arreglarse- dice la residente mientras se sienta y por primera vez emplea el teclado para escribir.

-Mire, le voy a pedir un scanner, una TAC.

-¿Cree que puede ser grave? -pregunta con preocupación Luis- Me parecía que todo era psicológico…

-Hay un viejo dicho, muy bruto pero muy directo, que dice: “un paciente puede tener al tiempo las enfermedades que le dé la gana”. Es decir, que sobre el problema del dolor de espalda inespecífico como “dolor de alma” se puede sumar cualquier otro problema y en este caso podría ser una infección.
-¿¡¡Una infección!!? -exclaman e interrogan al tiempo Leandra y Luis.

-No está claro, pero justo el otro día di una sesión clínica sobre ello, y el cuadro de su padre lo sugiere.

-¿Sobre qué? -pregunta la hija.

-Sobre el abceso del psoas, una infección en un músculo que va en la parte de atrás del abdomen desde la columna vertebral al fémur. Sirve para flexionar el muslo, la cadera.

-¡Así le dolía…!

-Ahora, por favor, salgan y esperen. Voy a hablar con los radiólogos para que no se retrasen -dice la residente mientras se levanta y da la mano a los varones y un beso a las mujeres- . Siento las emociones que he hecho surgir. La vida es muy dura a veces. Si me necesitan mientras hacemos todo, soy la residente de medicina de familia de guardia, me llamo Rocío García.

[La TAC confirmó el abceso del psoas derecho, que requirió intervención quirúrgica y antibioterapia, con un ingreso de quince días en total]

Síntesis

Se atribuye a Hickam el dicho de que “un paciente puede tener al tiempo las enfermedades que le dé la gana”. Los problemas de salud mental no excluyen ni los biológicos ni los sociales. Los humanos somos seres complejos, también para enfermar y sufrir.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

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