El mirador las crisis económicas pueden ser buenas para la salud

Buena alimentación y gran solidaridad logran mucha salud. La cartilla de racionamiento en UK

Las épocas de crisis pueden ser buenas para la salud como lo ponen de manifiesto los datos del Reino Unido (UK) durante la Segunda Guerra Mundial, pues se evitó la especulación con los alimentos y se registró una distribución solidaria de los mismos.

En tiempos de crisis, mejor salud

Se suele asociar peor salud a tiempos de crisis. Es decir, parece lógico esperar peor salud en tiempos de crisis económica, por haber menos ingresos y tener menos trabajo. Y es cierto para algún caso concreto, como respecto a suicidios en varones de edad media, que aumentan. O respecto a la salud a largo plazo de la infancia que sufre la crisis en forma de pobreza. En ambos casos se puede disminuir el impacto dañino a través de la solidaridad social de un sistema de bienestar que provea subsidios para salvar la situación.

Sin embargo, en general, las crisis económicas en los países desarrollados se acompañan de mejor salud. Es contraintuitivo pero cierto. Por consecuencia de la disminución de los ingresos se fuma poco y se consume menos alcohol, lo que tiene efecto directo positivo en la salud. Lo mismo sucede con el uso del automóvil privado, que disminuye, y ello lleva a mayor actividad física aunque sólo sea por el simple andar de los desplazamientos a pie o en transporte público. También se consumen menos alimentos innecesarios en exceso, como carne https://www.bmj.com/content/354/bmj.i4588   http://www.tinbergen.nl/wp-content/uploads/2015/07/crisis.pdf

Por ello resultó sorprendente un estudio atribuyendo a la reciente crisis económica la muerte de medio millón de personas en España https://ajph.aphapublications.org/doi/10.2105/AJPH.2018.304346

Como se pudo demostrar después, el cálculo fue erróneo, y probablemente la crisis no tenga tampoco en España impacto en la mortalidad global  https://ajph.aphapublications.org/doi/10.2105/AJPH.2018.304507  https://www.actasanitaria.com/dimes_y_diretes/los-efectos-de-la-crisis-economica-espanola-sobre-la-mortalidad/  https://elpais.com/elpais/2018/07/18/ciencia/1531909943_997080.html
http://www.gacetasanitaria.org/es/crisis-economica-al-inicio-del/articulo/S0213911114000144/

Ante las hambrunas, precio justo

Es contraintuitivo pero cierto que la mejor respuesta ante las hambrunas es regular el mercado para que no haya especulación

También es contraintuitivo pero cierto que la mejor respuesta ante las hambrunas no es donar comida sino regular el mercado para que no haya especulación. Se ha hecho en Kerala, un estado de la India llamativo por su enorme grado de alfabetización (casi el 100%), su larga historia de democracia con el partido comunista en el poder, su tolerancia religiosa con importantes minorías cristianas y musulmanas, y la buena salud de sus habitantes (mejor que la todos los países de similar pobreza y comparable a la de algunos desarrollados como EEUU) https://www.theatlantic.com/magazine/archive/1998/09/poor-but-prosperous/377206/
https://en.wikipedia.org/wiki/Kerala_model

En Kerala, durante las hambrunas por sequía, el Estado establece un monopolio y asegura el suministro de arroz a los comerciantes, a precio justo. Con ello evita la especulación y la consiguiente inflación con precios inasequibles, que es lo que lleva a muertes por hambre. También evita la destrucción de la cadena local de producción y venta de alimentos que conlleva la entrega gratuita del arroz de donantes internacionales. Además ayuda a conservar la estructura y relaciones sociales por evitar la perspectiva de la malnutrición y el hambre.

No es tanto lo que se tenga sino cómo se distribuya entre los que lo precisan (la solidaridad). Es un poco la interpretación de Leonardo Boff del milagro de los panes y los peces, cuando Jesús logra que todos compartan todo con todos, y sobra. No es el milagro de multiplicar los panes y los peces, sino el milagro de la solidaridad, mucho más difícil. Es una interpretación más humana, antisistema, del milagro de los panes y los peces.

La cartilla de racionamiento en el Reino Unido en tiempos de la Segunda Guerra Mundial

Antecedentes. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) se implantó una cartilla de racionamiento en el Reino Unido que no funcionó adecuadamente, pues en muchos casos no existían los alimentos que prometía la cartilla, y los precios fueron inasequibles, por la especulación (los precios de los alimentos crecieron el 130%). La implantación de la cartilla fue una necesidad dadas las inmensas colas para conseguir alimentos en las tiendas. Se creó un Ministerio de Víveres y se introdujo el racionamiento del azúcar en diciembre de 1917 y de carne y mantequilla en febrero de 1918. El Ministerio se eliminó tras el fin de la situación de guerra, en 1921.

Resumen. Durante la Segunda Guerra Mundial el Reino Unido restableció el Ministerio de Víveres (el 4 de febrero de 1939, al día siguiente de declarar la guerra a Alemania), implantó de nuevo las cartillas de racionamiento (el 8 de septiembre de 1939): siempre hubo alimentos en las tiendas para cumplir con los cupones de las mismas y los precios subieron apenas el 20%. Como resultado, la población aprendió a comer frugalmente alimentos nutritivos, la salud se mejoró como nunca y se pudieron dedicar ingentes recursos al esfuerzo de la propia guerra. El Ministerio se eliminó en 1955.

La cartilla de racionamiento. La cartilla, repartida una a cada persona fuera adulto o recién nacido (miembros de la realeza y políticos incluidos), no empezó a utilizarse hasta cuatro meses después por la oposición liderada por el periódico Daily Express que consideraba tal medida como una interferencia en la libertad individual. La cartilla daba derecho a la compra de determinadas cantidades de alimentos, a precio justo (algunos subvencionados, como los huevos). Por persona a la semana se podía comprar, por ejemplo, un huevo, 1,7 litros de leche, 113 gramos de tocino y jamón, 227 gramos de azúcar, 57 gramos de té, 57 gramos de mantequilla, etc. Los niños tenían complementos, como aceite de hígado de bacalao. Había que elegir una tienda que actuaba “de cabecera” añadiéndose a su “lista”; por ejemplo, una lechería, un colmado, etc en la que se compraban los alimentos a que daba derecho la cartilla. Por cada familia, una persona podía utilizar al tiempo la cartilla de todos sus miembros. Había cartillas con derechos especiales para embarazadas, pobres, enfermos, vegetarianos, judíos, musulmanes, etc. El gobierno aseguraba a las tiendas el suministro suficiente de las cantidades asignadas de los bienes racionados, de acuerdo con la población de su “lista” de consumidores. No se racionaron productos de producción variable como las frutas ni otros estacionales como el pescado pero, por ejemplo, si llegaban naranjas al mercado éstas sólo se podían vender para el consumo infantil y para embarazadas, y a precio justo. Tampoco se racionó nunca la sal, ni el café, ni el tabaco (que tenía por sí un precio exagerado y se convirtió en producto de lujo). Algunos productos no llegaron durante años, como los plátanos.

La organización. La cartilla tenía una “vida” de cuatro semanas y cada vez que se utilizaba el tendero sellaba el cupón correspondiente. Para facilitar las compras se estableció un sistema de puntos, al principio 14 para cada habitante y después 24, que permitía cierta flexibilidad para comprar conservas de carne, pescado, frutos secos y otros productos. Este sistema dio además poder para controlar la demanda: por ejemplo, se recibió carne envasada de EEUU, pero la población prefería el salmón envasado y para lograr el consumo popular la carne requirió sólo 8 puntos mientras el salmón 24. Puesto que se promovió el autoconsumo, se permitía el intercambio en el sentido de conseguir ventajas si se tenían gallinas en casa y no se precisaban huevos del racionamiento. En ese sentido se crearon, por ejemplo, grupos asociados de criadores populares de cerdos (Pig Clubs) en múltiples lugares, para disminuir la necesidad de productos racionados:también fue popularísima la cría doméstica de conejos. Casi cada jardín público y privado se transformó en huerta. Antes de la guerra, el 70% de los alimentos se importaba y al final de la misma el mismo porcentaje se producía localmente. Con ello se palió la estrategia alemana de hundir con submarinos los barcos de transporte de alimentos. El Ministerio de Víveres llegó a contar con 50.000 funcionarios en todo el Reino Unido y se dedicaban tanto a las labores administrativas y de almacenamiento y distribución de alimentos del sistema de cartilla como a las de propaganda de mejora de la nutrición, docencia en preparación y conservación de comidas apetecibles con los alimentos racionados y de huertos, programas instructivos y sencillos de radio, documentales cortos para proyectar en cines, artículos en periódicos, etc. El Ministerio de Víveres contó con nutricionistas, médicos y economistas que asesoraron en la toma de decisiones no sólo respecto a la cartilla de racionamiento sino también respecto al establecimiento de restaurantes populares (British Restaurants), cantinas en escuelas (comida gratuita), fábricas y zonas destruidas por bombardeos, procesamiento de alimentos, normas para restaurantes públicos, etc. El casi monopolio de alimentos permitió controlar los precios y explica la escasa inflación a lo largo de más de una década, sin destruir la estructura comercial local de producción y venta de los mismos. Dicho control tiene un efecto psicológico poderoso en el sentido de asegurar que no habrá muertes por hambre, ni problemas por malnutrición. https://www.cooksinfo.com/british-wartime-food/ https://www.independent.co.uk/life-style/health-and-families/features/75-years-on-from-rationing-what-did-we-learn-9963115.html https://www.nutrition.org.uk/nutritioninthenews/wartimefood/warnutrition.html https://en.wikipedia.org/wiki/Minister_of_Food https://en.wikipedia.org/wiki/Rationing_in_the_United_Kingdom

Síntesis

La cartilla de racionamiento implantada en el Reino Unido en 1940 duró hasta 1954 pues los problemas logísticos se extendieron mucho más allá del final de la guerra en 1945. Con la cartilla se logró poner en común lo poco que había, y a un precio justo. Por consecuencia, todo el mundo tuvo acceso a comida suficiente y nutritiva y la población británica nunca ha sido tan sana y fuerte como en la guerra y postguerra.

Conviene recordar que en aquellos tiempos no existían algunas vacunas esenciales tipo contra la polio, sarampión, paperas y rubéola, ni se habían identificado los antibióticos, ni se había organizado el Servicio Nacional de Salud y sin embargo la salud infantil logró unos niveles que no se han recuperado nunca. Se trata, pues, de un “experimento natural” que demuestra que la nutrición y la solidaridad son básicas para la buena salud.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

Deja un comentario