Punto de vista reflexión en torno a las compras compulsivas en la sociedad de consumo

‘Black Friday’ o la sensación de insatisfacción en la sociedad actual

La reciente celebración del denominado ‘Black Fraiday’ facilita una serie de reflexiones, con especial referencia a lo que encierran las compras compulsivas que promueve tal jornada, por más que no se sepa que se hay detrás de ellas.

Me recuerdo escuchando con asombro y admiración a mi “tercera abuela”, una tía muy querida, y gracias a mi amor por las historias y la Historia en general, se me quedó grabado un acontecimiento que me contaba y que me marcó. Me marcó bastante más que otros  muchos acontecimientos de la Guerra y la post Guerra… Un tiempo en que vivir día a día era un acontecimiento en sí, y no era un ir y venir de imágenes ajenas deslizadas con el índice. Ese día a día “líquido” de nuestros tiempos.

Pues bien, mi tía contaba que, acabada la contienda, que ella vivió en la ciudad de Barcelona,  llegaron varios furgones al centro que “venían a repartir patatas”, sacos de patatas… Ya no recuerdo si gratis o muy baratas… Ella vio cómo una muchacha, muy delgada, desnutrida probablemente, se adelantaba entre una multitud que se abalanzaba sobre la pirámide de sacos de patatas nada más haberlas descargado en la calle. Lamentablemente, la alegría se tornó rápidamente en desgracia y en una escena que se dibujaba algo patética: miró cómo se derrumbaba sobre la chica toda la torreta de sacos y, al fin, entre el griterío se hizo el silencio cuando la chica apareció muerta debajo de unos cuantos sacos.

‘Viernes negro’

La sociedad de consumo justifica su existencia con la promesa de satisfacer los deseos humanos como ninguna otra sociedad ha podido hacerlo

Me permito la licencia de compartir esto, porque quizá esté muy manido esto del consumismo, pero aún así, año tras año, los telediarios se hacen eco de hordas de personas que se abalanzan tras la subida de la persiana de un centro comercial, cayendo por el suelo, poniendo en juego su integridad y traspasando un sutil umbral de locura hacia la búsqueda de  algo “que no se puede dejar pasar”, menos incluso que un saco de patatas en pleno año 1939 en España.

El Black Friday significa “viernes negro” y hacía referencia al color de los números de los comercios, que pasaban de rojo a negro tras las ventas en masa en torno al Día de Acción de Gracias. Hemos heredado este envenenado regalo y además, con ingenio, lo hemos ampliado a black week, black month… ¿Les suena eso de poner las luces de Navidad casi cuando vuelven de la playa?.

Deseos insatisfechos

La sociedad de consumo justifica su existencia con la promesa de satisfacer los deseos humanos como ninguna otra sociedad ha podido hacerlo; pero esto sólo puede resultar seductor en el caso en que nuestros deseos estén insatisfechos… o “ no lo suficientemente satisfechos”.

El Black Friday se explica por aspectos como un sentimiento de soledad inmenso a pesar de no caber en el metro

Ejemplo: “necesito un móvil para comunicarme con los amigos y familiares. Ya lo tengo. Estoy satisfecho, tengo whats’app y puedo hacerlo. Estoy satisfecho, pero… ¿podría estar más satisfecho aún si pudiera mandarles videollamadas en directo? O hacer gifts con fotos? (Es que lo he visto en la tele y quizá mejore mi relación con fulanito…). ¿Me siento ahora entonces, insatisfecho? ¿Cómo no voy a aprovechar la oportunidad del Black Friday para conseguir un móvil con videollamada pudiendo satisfacer este deseo nuevo por menos precio? Si lo hiciera por 20 euros más, “sería tonto”, “yo mismo, valdría menos, me considerarían menos”. “¿Por qué no te compraste ese iPhone la semana del Black Friday. Si es que… no piensas, no aprovechas…”

Como dice Zygmunt Bauman,  “LA NO satisfacción de los deseos, y la firme y eterna creencia en que cada acto destinado a satisfacerlos deja mucho que desear y es mejorable, son el eje del motor de la economía orientada al consumidor. La sociedad del consumo consigue hacer permanente esa insatisfacción”.

Maquinaria perversa

Hoy día llegar a un estado de satisfacción con el que nos encontremos serenos y tranquilos, se ha convertido en prueba olímpica

¿Cómo podríamos “escapar” de esta maquinaria perversa? Hoy hay mucho otros aspectos “líquidos” en nuestra existencia rápida y exigente. El Black Friday se explica por aspectos como un sentimiento de soledad inmenso a pesar de no caber en el metro; un narcisismo patológico a pesar de que tenemos los dientes más perfectos que nunca; olemos mucho mejor que nuestros congéneres del medievo; sabemos de todo  o podemos relacionarnos con una persona al día si nos apetece gracias a las aplicaciones… Intolerancia al mínimo aburrimiento, malestar, frustración…

Dice el filósofo Byung-Chul Han que “quien se aburra al caminar y no tolere el hastío deambulará inquieto y agitado, o andará detrás de una u otra actividad, pero, en cambio, quien posea mayor tolerancia para el aburrimiento reconocerá, después de un rato, que quizás andar, como tal, lo aburre y, de este modo, se animará a probar un movimiento nuevo como bailar…

Pararse y pensar

Hoy día llegar a un estado de satisfacción con el que nos encontremos serenos y tranquilos, se ha convertido en prueba olímpica… Pero ese sería el objetivo: poder realizar, pertenecer, tener, relacionarse con cosas y gente que nos gusten, que nos llenen. PARARSE Y PENSAR ESTO, tener claro qué es lo que deseamos, cómo y cuánto necesitamos. Un mínimo como para que ello genere en nosotros un sentimiento de identidad y pertenencia a un mundo propio, firme, que haga que no tengamos que salir despavoridos a la calle Preciados a buscar nuestra felicidad satisfaciendo un deseo cada vez más hambriento o un deseo que ni siquiera sabemos en qué consiste.

Daniel Anadón Mateo

Psiquiatra. Clínica Nuestra Señora de la Paz de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

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