Punto de vista Apuntes de un boticario

A los palacios subí y a las cabañas bajé

El aspecto externo de la oficina de farmacia no tiene que ver con su objetivo, por más que aquél presente, como pone de manifiesto el comentario, contrastes más que llamativos y diferenciales.

Lo que les doy a leer no es un chiste. Se trata de un simpático suceso que viví hace ya muchos años cuando, durante algún tiempo, viví en Madrid. Era la época en que, paradójicamente, los “enfants terribles”, críticos con los americanos y sus bases, visitábamos asiduamente cafeterías o pubs cuyos nombres eran sustancialmente estadounidenses. Así: “Nebraska”, “California”, “Albany” y muchos más se habían convertido en mis diarios puntos de encuentro.

Dada mi tendencia a intimar con camareros, encargados y/o incluso dueños de estos establecimientos, algo que me abría las puertas, no sólo al ligoteo, sino para tener “crédito” y poder decir esta frase de doble filo por su peligro resacoso, cual es: “Antonio. Mañana hablamos”, llegué a intimar con muchos de ellos.

En el caso que me ocupa, el tal Antonio, encargado de postín, decidió volar por cuenta propia e instalar una cafetería a la que, siguiendo otra moda, la llamó: “Tony´s”. Desde que la abrió al público se convirtió en mi segunda morada, siempre como es lógico refiriéndome a mis horas de ocio y quizás otras, y a las que llevé, con gratitud por parte de Antonio, a muchos amigos y amigas. Este nuevo empresario, en mi opinión, se pasó de rodada y puso el bar con una decoración, “art decó”, tan aséptica que más que un bar de copas parecía una clínica.

Situación jocosa

Aún así, y como su ambiente era nocturno y de público “selecto”, tuvo éxito. Y es aquí donde viene el hecho jocoso.

Una noche, y antes del cierre,  tan sólo quedábamos en el bar Antonio y yo sentados en una mesa un tanto escondida, en la que mi amigo cuadraba la caja y Mario, un camarero de barra, recogiendo vasos y platos. Es momento de advertir al lector que si los tonos blancos del local eran impolutos también lo eran las chaquetas de los camareros, un a modo de smoking blanco que cerraba una camiseta, del mismo color, ajustada hasta el cuello.

En esta situación hizo entrada un tiarrón con una cogorza de mucho cuidado. Con voz estropajosa, pero que amagaba agresividad etílica, se dirigió a Mario autoritariamente:

“Oye tú…marchando, y prontito, un whisky doble pal menda”

Mario sin inmutarse le replicó:

-“Creo que está usted equivocado porque esto es una Farmacia de guardia”

-“Usted perdone” contestó el borracho, un tanto confundido, hasta el punto que diose la vuelta y no hubo nada.

Saco a colación esta vivencia personal por lo que he leído sobre una Farmacia nueva abierta en Madrid que hace ratificarme en que “el hábito SÍ hace al monje”.

Nueva farmacia

Esta Farmacia está ubicada concretamente en pleno “corazón empresarial de Azca” y su  estilo decorativo es más bien industrial. El reportero dice que en ella los “productos” (el entrecomillado es mío) están expuestos de forma ordenada y selecta. Sofá para sentarse. Una gran mesa central, con los puntos de venta incorporados y un robot que muestra el medicamento a través de un cristal. El concepto de farmacia 23/46 es totalmente glamuroso e invita a adentrarse en ella.

La salud y el bienestar de sus clientes es su máximo objetivo. Éstos pueden disfrutar en 105 metros cuadrados de local, destinados todos a sala de ventas, de una experiencia de compra inmersiva. Pueden abrir su mente a adquirir productos y servicios para los cuales “no estaban predispuestos” (las comillas siguen siendo mías) dentro de una farmacia.

Declara en el reportaje su propietario:

«Yo venía observando durante años que la gente pasa por delante de las farmacias y que no le apetece entrar. Trasladamos un mensaje de enfermedad y teníamos que trasladar un mensaje de salud, un mensaje glamuroso. Es decir, un `quiero disfrutar de la vida. Es como un restaurante de lujo en el sentido de que tú estás viendo al cocinero, estás viendo la mercancía, que todo está en perfectas condiciones y que todo el mundo está operativo».

Y agrega: “Yo insto a los farmacéuticos a no ser «esclavos» de la Seguridad Social de tal forma que de mi facturación, sólo el 10% corresponde a Seguridad Social.

Visiones contrapuestas

La noticia es más amplia, pero para el caso que me ocupa creo que basta y sobra con lo que han leído. Sé que en este momento, si siguen estos “Apuntes”,  pasarán a considerar que mi comentario será negativo; pero les anticipo que se equivocan, pues solo me remito a sacar de este hecho el concepto de lo que son las visiones extremistas de la llamada Farmacia Comunitaria que en ambos casos, como leerán más adelante, yo respeto aunque no esté de acuerdo.

Y para que se me entienda mejor voy a relatar otro tipo de Farmacia que constituye el omega de la reseñada y que creo demuestra que aquellos polvos trajeron estos lodos. Marchando por tanto un “feed back” en la moviola histórica de la botica.

Discurrían los primeros años sesenta del pasado siglo, bastante antes de mis tiempos madrileños, y Sevilla, mi ciudad, se vio asolada por una riada histórica, el desbordamiento del afluente Tamarguillo, (“chiquito pero matón”, apodo jocoso que, a pesar de sus desgracias, le puso el pueblo llano) que arrasó casi la totalidad de algunos barrios del casco antiguo.

Como suele pasar la desgracia se cebó con los más pobres y así en estos barrios humildes proliferaban los llamados, en mi tierra, “corrales de vecinos” que eran, no todos, antiguas casas señoriales o solariegas (de aquí lo de solar) en las que se alojaban las clases menestrales, fundamentalmente del grupo ancilar, que servían o habían servido a los señores propietarios de estas mansiones. Señores que habían “emigrado” a barrios periféricos pero más nuevos y modernos.

Estas “viviendas”, los corrales de vecinos, las conformaban un gran patio en el que se encontraba un pozo, una cocina, un lavadero, y unas letrinas, todos “comunitarios”. El piso superior lo constituían las habitaciones, alcobas en lenguaje sevillano, individuales en las que “vivían”, en algunos casos, un matrimonio y dos hijos.

Fue tal la tragedia (¿recuerdan la “Operación Clavel?, a Boby Deglané y el accidente de la avioneta?…¡uf!) que hubo que habilitar sobre la marcha refugio inmediato a miles de personas en la mayor indefensión que se pueda pensar.

Barrio provisional

Pasadas las primeras fechas de este suceso terrible, las autoridades intentaron paliar tamaña desgracia creando residencias eventuales que, si no definitivas, fuesen al menos mínimamente habitables.

Entre ellas se hizo popular una “barriada” que, mientras existió, se dio en llamar las “Las casitas bajas” pues consistía en  casas prefabricadas provisionales imitando a lo que sería un pisito con su pequeño “hall”, salita y una o dos mínimas habitaciones. En esta barriada pudieron “convivir” durante unos años algo más de dos mil personas, población que superaba y supera a la de muchos pueblos de la provincia.

Pues bien, y matizando que escribo un tanto de memoria, ya que en estas fechas yo no vivía en Sevilla y además en esta ciudad ilustres escritores y periodistas pueden dar y han dado mejor cumplida nota del asunto, lo cierto es que durante una visita social que realicé al citado barrio “provisional” me señalaron un a modo de lo que hoy se denominaría una “caracola” diciéndome que se trataba de la “Farmacia” del barrio. Entré, por curiosidad, con la excusa de adquirir un analgésico y se me cayó el alma a los pies. Sólo como detalle nefasto puedo decir que, en el mínimo “despacho al público”, aparecía plegada una pequeña cama, sin cubrir, por lo que se veía el colchón y las sábanas, utilizada, supongo, para que cuando le tocase al boticario guardia de noche, éste pudiese dar una cabezada. Esta farmacia “facturaba” una notable cantidad mensual a la Seguridad Social, y que, como me dijeron posteriormente, estabilizó e incluso potenció la vida profesional de su titular, aunque ésta no sea la conclusión a la que quiero llegar puesto que, como comprobarán si me siguen leyendo, no es mi intención, en los dos casos reseñados, hacer  valoraciones personales. Sí, por el contrario, manifestar la brutal diferencia estructural de dos centros sanitarios privados de atención pública.

Se me dirá que eran otros tiempos. ¡Sí!. Pero hablamos en todo caso de medio siglo de diferencia en la trayectoria de una profesión muy vieja en la que 50 años es la meada de un gato.

Una profesión, como la  farmacéutica, aunque  por causas obvias o a su pesar, no debería haber llegado a esta situación de alfa y omega o blanco y negro, porque los radicalismos no van a ningún sitio y deparan un futuro si no incierto al menos desunido,

¿Les suena eso tan manido, que se suele recitar de memoria en momentos críticos, de “remar todos en la misma dirección”?.

¿Les suena?. Pues eso.

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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