El mirador

Vivir con cáncer

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A juicio del comentarista, la prevención se ha convertido en una especie de nueva fe cuyos creyentes comienzan a demonizar a quienes cuestionan su credo, por más que este no pase de una creencia no avalada por resultados. Pero es lo que tiene toda fe, que debe ser ciega y, además, contar con sus tribunales inquisitoriales para obligar a seguir sus mandatos.

Los humanos somos crédulos, por naturaleza. Nos encandilan con cuentos. Nos engañan con promesas. Somos temerosos y necesitamos sobrevivir. ¿Cómo hacerlo sin creer en algo? Tenemos, pues, necesidad de ser engañados. Y lo logran de mil maneras, con promesas incluso temerarias. Hay quien cree que vendrán los marcianos, y debemos prepararnos. Hay quien cree que nos reencarnaremos en un animal o cosa (y dicen que las mujeres buenas se reencarnarán en un estado superior, como varones). Hay quien cree en la resurrección de la carne. Hay quien está convencido de que sus ideas políticas librarán al mundo del mal. Hay quien tiene un gurú que le guía en la travesía del desierto de la vida. Hay quien encuentra en la filosofía el sentido a su vida y la de la Humanidad. Hay, por supuesto, los que hacen de la salud y de la prevención una vida, una religión.

 

Ya digo, precisamos creer, ser engañados, tener una fe (aunque esa fe sea no tener ninguna, pero en esto de negar cualesquiera fe también ponen un empeño de zelotes sus muy tercos practicantes).

 

Hay quien cree en pulseras mágicas y quizá por ello deviene Ministra de Sanidad. No es raro elegir a una creyente en pulseras mágicas si se trata de dirigir una Sanidad entregada a la religión de la salud y de la prevención verdadera. Además, la Ministra de Sanidad previa creyó en la gestión de la pandemia de gripe A de 2009 con todos sus santos, desde antivirales a vacunas (gripe estacional y gripe A, dos por falta de una en la misma temporada). Hubo traspaso de poder entre creyentes en la magia (y en la salud y la prevención verdadera).

 

La religión de la salud y la prevención verdadera

 

Los creyentes de la religión verdadera son capaces de cortar la cabeza a los que discrepan, y sobre todo a los que, teniendo otra fe, creen que su religión es la verdaderamente verdadera.

 

Por ejemplo, los creyentes de la religión de la salud y la prevención verdadera son capaces de negar todo a los que se les oponen.

 

Sean los creyentes pro-vacunas ante los anti-vacunas, siendo los creyentes de la religión más verdadera los pro-vacunas, sin dudarlo. Estos claman contra aquellos y piden excluir del sistema sanitario público a los que no se vacunan (de hecho, pedirían que les desterrase a otro país, o a una reserva en el desierto, o a los hielos eternos). Los anti-vacunas no pretenden que los pro-vacunas sean desterrados, fusilados o encerrados en prisiones o manicomios, o que se les prohíba vacunarse, sino sólo aspiran a poder elegir qué vacunas ponerse, si alguna. ¡Ay de los anti-vacunas el día en que algunos zelotes pro-vacunas conquisten el poder!

 

Pero los creyentes de la religión de la salud y la prevención verdadera no se contentan con amenazar a los anti-vacunas. Amenazan, también, a los que se oponen a los cribados y en general a cualquier medida preventiva, por loca que sea ésta. Por ejemplo, en Alemania tienes que someterte al cribado del cáncer de colon, sí o sí (como dicen en la Argentina). En caso de tener cáncer de colon y no haberte hecho las colonoscopias procedentes pasas a ser “castigado”, y a pagar el tratamiento (pierdes en parte la cobertura sanitaria pública). En Japón hay también normas de esta “salud persecutoria”, que analizaron Cardiel y Álvarez-Dardet.

 

Otra cosa es que el cribado del cáncer de colon tenga fundamento científico. Tiene el mismo fundamento que la vacunación contra la gripe. Ninguno. Pero escribir (y leer) esto es anatema, y sólo por ello uno merecería pena de cárcel o extrañamiento. No todavía, pero llegará. La religión de la salud y de la prevención verdadera es religión muy rigurosa.

 

¿Qué rayos será eso que llamamos cáncer?

 

Cáncer es cáncer, diría el creyente de la religión de la salud y la prevención verdadera. Cáncer es una causa frecuente de muerte. Cáncer es palabra horrible, expresión verbal de una imagen dantesca, un siniestro cangrejo de células creciendo sin control e invadiendo hasta el último rincón del cuerpo. Dices cáncer y la audiencia se horripila. Sobre todo, los creyentes que tienen por dogma: “cuanto antes se diagnostique, mejor”. Hay que decirlo con voz untuosa, para sacralizar la expresión, remarcando cada sílaba, del estilo de cuan-to an-tes se diag-nos-ti-que me-jor. También hay que decirlo mirando a los ojos al interlocutor, con expresión de: “no tienes ninguna duda, ¿verdad?”.

 

Sabemos poco sobre el cáncer, y en general sobre la mitosis celular. Existe un límite, el de Hayflick, que determina el número de veces que se reproduce una célula normal. El índice de Hayflick es variable, según la especie. En los humanos está en torno a las 60 divisiones. Cuando las células se aproximan a ese límite producen una proteína, la P16INK4A, que destruye la materia viva (afecta a la célula concreta, pero también a las cercanas). Suponemos que en la célula cancerosa se anulan estos mecanismos y otros, de forma que la división no tiene fin.

 

Lo que desconocemos del cáncer es su historia natural.

 

Índice kappa

 

En el diagnóstico de cáncer el Rey es el anatomopatólogo (en el tratamiento del cáncer, no; el Rey es el oncólogo). El diagnóstico anatomopatológico es el “patrón oro”, cada vez más con marcadores genéticos y otros biológicos como complemento.

 

Como es natural, el Rey se equivoca.

 

Pero no hay forma de discutirlo. La palabra del Rey es sagrada. Los escépticos demuestran los errores, pero la vida sigue. Por ejemplo, demostrado en los EEUU y en Italia, el diagnóstico de melanoma es una cuestión de azar. Sí, sí, la coincidencia entre anatomopatólogos al respecto es moderada, algo por encima del azar (el índice kappa permite asegurarlo). Se pidió a los mejores anatomopatólogos del país que mandaran muestras “típicas” (de las que no plantean dudas) de melanomas (cáncer, maligno) y de nevus (simples cambios de coloración, benignos). Se mezclaron todas las muestras recibidas, y después se devolvieron, algunas al azar, a los anatomopatólogos, una vez barajadas. Cuando las analizaron, la concordancia en el diagnóstico era moderada, algo por encima del azar. Es decir, la extirpación de una pierna, un brazo o un buen pedazo de carne dependen del día que tenga el anatomopatólogo. ¡Pobres pacientes!

 

Cánceres agresivos que regresan solos

 

Los creyentes en la religión de la salud y de la prevención verdadera suelen recomendar eso de la revisión de los nevus (para que los anatomopatólogos practiquen el juego del azar).

 

Además, en Alemania y en Japón se implantó el cribado del neuroblastoma, el cáncer infantil extracraneal más común. El objetivo fue, evidentemente, el diagnóstico precoz (“cuanto antes se diagnostique mejor”) en los millones de niños cribados. Es muy fácil, con muestras de orina en niños menores de un año, para determinar la presencia de catecolaminas. A menor edad del niño, mejor pronóstico.

 

Pues bien, entre los verdaderos positivos (aquellos niños que tenían realmente un neuroblastoma) y operados, el sobrediagnóstico fue del 66%. Es decir, que el cáncer hubiera desaparecido solo, por sí mismo, y las intervenciones fueron innecesarias en el 66% de los niños.

 

Resultado final, mortalidad en el grupo control (sin cribado) 1,2 por 100.000. Mortalidad en el grupo de intervención (cribado) 1,3 por 100.000.

 

Hay cribados que matan.

 

Y cánceres agresivos que desaparecen solos. ¡Se puede vivir con cáncer!

 

Desconocemos la historia natural de eso que llamamos cáncer (en nuestra ignorancia).

 

Con el cáncer de mama y el cáncer de próstata pasa igual. En el primer caso el sobrediagnóstico llega casi al 40%; en el segundo al 60%. Sobrediagnóstico de cánceres indolentes que nunca hubieran dado metástasis, y de cánceres agresivos que regresan solos.

 

Son cribados que matan, mutilan, quitan calidad de vida, dejan impotencias e incontinencias, edemas y deformidades. Todo para eliminar cánceres que no progresarían o regresarían espontáneamente, y que en todo caso es mejor diagnosticar y tratar “a su tiempo” (sin cribado).

 

¡Pobres mujeres! ¡Pobres varones! ¡Todos sacrificados en el altar de nuestra ignorancia de la historia natural del cáncer!

 

AVISO: Ante la prevención, precaución.

 

Estos zelotes nos cortan cualquier cosa, con aquello de “cuanto antes mejor”

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Juan Gérvas

Acta Sanitaria

1 Comentario

  1. Rabia says:

    Sigo de cerca tus opiniones, te hablo de tu, no por falta de respeto. Me molesta la actitud paternalista de médicos llamando “venga Dolores” fulanito…a sus pacientes con un tono – que aunque parezca cercanía- es de superioridad para con esos “pobres viejos pesados “y enfermos y que son tan abundantes y latosos en sus cupos.
    Querría saber tu opinión, ante un adenocarcinoma de pulmón con metástasis cerebral múltiple. Después de tres tandas de químio, radio y ahora otras 3 tandas más de quimio ya que el CÁNCER sigue adelante. ¿Vale finalmente decírselo al paciente, que parece no quere ver? ¿Hay que parar al REY y repetirle que ante su prónostico de un año de vida con medicación, quieres una muerte digna? “No lo vas a dejar sin tratamiento dijo, es muy joven” Gracias.

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