El mirador

Abuso de antibióticos (ignorantes, imprudentes y arrogantes)

La defensa de lo común, cuando de lo común participan todos y además lo advierten, se traduce en mejoras sociales y ambientales de las que el comentarista saca a la luz algunos ejemplos próximos. Sin embargo, en la utilización de los antibióticos, uno de los grandes bienes comunes, se registra un abuso que repercute negativamente sobre el principal bien a defender, la salud. (A partir de hoy, Juan Gérvas ha decidido introducir los links a los trabajos en los que sustenta sus comentarios).

 Hay una prueba muy simple para localizar a los más tontos. Basta preguntar en una reunión por el más inteligente, y los más tontos serán quienes levanten la mano para responder afirmativamente. Con un mínimo de inteligencia se sabe lo muy ignorante que somos todos en cualquier cosa. La prueba también sirve para determinar quién domina menos una cuestión; basta preguntar quién es experto en un campo determinado, y serán los más ignorantes los que levanten la mano para responder afirmativamente. Con un mínimo de conocimiento en seguida se sabe lo mucho que desconocemos en cualquier campo.

 

Los ignorantes suelen ser, pues, arrogantes. “No hay nada más atrevido que la ignorancia”. Los expertos suelen ser, también, muy arrogantes. “Sé valiente”, anima el experto en esquizofrenia o en hipertensión. Ya se entiende, valiente para emplear el último medicamento de moda, que suele ser el más caro y sobre el que más cosas desconocemos. Sucede igual con la recomendación respecto a pautas preventivas (vacuna nueva, cribado al alza, por ejemplo). O sobre tratamientos rehabilitadores (dispositivo nuevo, masaje innovador, como ejemplos).

 

“Sé valiente” dicen sin completar la frase, “…pues tu valentía será mi triunfo, en lo económico”. Tienen intereses que les ofuscan. Van a lo suyo. Transmiten consignas en una organización piramidal que suele ir desde lo más alto en la Tierra, desde las cátedras y servicios de hospitales en Alemania o los EEUU, hasta los “grupos de expertos” de las sociedades mal llamadas científicas, pasando por catedráticos y jefes de servicio locales. Tienen conflictos de interés monumentales, ignorancia culpable y arrogancia extrema. Tienen malicia sanitaria.

http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2009/02/malicia-sanitaria-pdf-2007.pdf

 

La tragedia de los comunes

 

Dicen que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Es una alusión a la colusión de intereses individuales que lleva a daños irreversibles de terceros. No hay que inventar ninguna conspiración, sirven la ignorancia avariciosa, la imprudencia temeraria y la arrogancia presuntuosa de varios. En el conflicto entre necesidad, libertad y responsabilidad los ignorantes, imprudentes y arrogantes logran matar el bien común. En términos económicos lo describió bien Hardin en 1968, en la revista Science. Es la tragedia de los comunes.

http://www.eumed.net/cursecon/textos/hardin-tragedia.htm

 

Hardin tuvo un pensamiento maltusiano en general, y terminó suicidándose a los 88 años, junto a su esposa de 81, afectada de esclerosis lateral amiotrófica. Hardin describió como tragedia el hecho de que los individuos puedan tomar decisiones individuales que les favorezcan personalmente a costa del bien de la sociedad, que pierde. El ejemplo clásico es el uso de bienes comunales como pastos para ganaderos. Cada ganadero puede lograr llevar más animales de los que le corresponden en buena lógica, y entre todos acabar con el pasto, y perjudicarse.

 

El dilema se expresa bien en las actuales prácticas pesqueras enfrente de las costas de Somalia, donde los pesqueros españoles (entre otros), con banderas de conveniencia, arrasan las reservas y empobrecen a los pescadores locales. La libertad que invocan los pesqueros se defiende con la fuerza de los ejércitos de la Unión Europea, sin responsabilidad corporativa, y fundada más en la codicia que en la necesidad.

 

Hay mucho de lo que ya describió Aristóteles, del expolio de lo común cuando nadie tiene quien le frene. O de la mejor explotación de lo que pertenece al individuo frente a lo de propiedad común, de Luis de Molina.

 

“De lo que no cuesta se llena la cesta”, dice el refrán. Se llena hasta agotar el recurso, incluso en contra de los intereses finales de los arrasadores, con aquello de “tonto el último”.

 

La Sierra del Rincón y los Pinares de Urbión

 

 La UNESCO premia con la designación de “Reserva de la Biosfera” aquellos ejemplos de desarrollo sostenible, de convivencia armoniosa entre los humanos y la Naturaleza. La Sierra del Rincón pertenece a Madrid, e incluye pueblos preciosos, como La Hiruela, Horcajuelo, Montejo, Prádena y la Puebla. Sus moradores supieron explotar con lógica los bienes comunes, durante siglos, y hoy han logrado preservar lo mejor de los bosques, de su flora y fauna, de forma que podemos disfrutarlos al tiempo que honramos a quienes evitaron, justamente, la tragedia de los comunes. No siempre los avariciosos rompen el saco. No siempre los ignorantes imponen su arrogancia e imprudencia. No siempre se explota mejor lo individual que lo comunal.

 

Lo demostró el Premio Nobel de Economía de 2009, Ostrom, la primera mujer en conseguirlo. Existen situaciones en las que los bienes comunes se utilizan racionalmente, en favor de la colectividad. Quienes utilizan los bienes comunes pueden emplear mecanismos de decisión y explotación que mejoran los rendimientos colectivos y favorecen a los individuos. La tragedia de los comunes es, muchas veces, sólo la interpretación interesada de una visión maltusiana de la sociedad humana.

 

El mayor bosque español no ha tenido en cien años ni un solo incendio de importancia. Pertenece a 35 municipios de Soria y Burgos, entre los que destacan Covaleda y Duruelo. Los vecinos han explotado durante siglos la madera y otros recursos de los pinares de la Sierra de Urbión. La gestión sostenible del bien común se ha logrado con normas y acuerdos que preservaron y mantienen los Pinares de Urbión a costa de favorecer los intereses individuales sin perjudicar los comunales.

 

En tiempos modernos se puede aplicar el Teorema de Coase (Premio Nobel de Economía de 1991) para introducir tasas por externalidades negativas. Es externalidad negativa el daño que sufre un tercero por consecuencia del beneficio de otro. Dicho beneficio se disfruta sin hacerse cargo de todos los costes (incluyendo la externalidad negativa). Por ejemplo, las actividades industriales que producen anhídrido carbónico e incrementan el calentamiento de la Tierra. Coase propuso para dichas actividades el pago de un impuesto que compensara a terceros por dicho daño. Así se incorpora al precio del producto el daño (que se puede compensar con mecanismos varios) y se da respuesta a la externalidad negativa.

 

Azitromicina, 8mg/kg y día, 3 meses

 

Entre las modas, la actual de tratar el asma infantil con azitromicina, por su poder anti-inflamatorio (dicen los expertos). La azitromicina en el asma es una moda sin fundamento científico, basada en el puro peligro de “mi experiencia personal”. Y en los intereses de los que la promueven (ignorantes, imprudentes y arrogantes).

 

El uso y abuso de los antibióticos es un problema de salud pública, con externalidad negativa tal que provoca miles de muertos anuales. El beneficio individual, si alguno, se paga con un daño social (la tragedia de los comunes, en este caso por las resistencias bacterianas). Tenemos un tesoro, los antibióticos, y su empleo indiscriminado representa un claro ejemplo del dilema entre el beneficio individual y el social.

http://www.plosmedicine.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pmed.0030029

 

Por el mal uso de antibióticos se justifica la necesidad de una vacuna como la anti-neumococos, cada vez más “valente”. En lugar de racionalizar una pauta se matan a cañonazos los neumocosos que “alimentamos” con antibióticos innecesarios.

 

Los antibióticos no se precisan, en general, ni en las otitis, ni en las sinusitis, ni en las faringitis, ni en las bronquitis, ni en las cistitis, ni (quizá) en las amigdalitis. El vulgar ibuprofeno puede resolver la mayoría de los casos. Tampoco se precisan antibióticos en la profilaxis de las endocarditis, pues su uso provoca más daños que beneficios.

 

http://www.equipocesca.org/organizacion-de-servicios/los-danos-provocados-por-la-prevencion-y-las-actividades-preventivas/

 

Sabemos que prevenir es mejor que curar cuando prevenir hace menos daño que curar. A veces curar, con antibióticos, hace mucho daño social sin beneficio individual. En el abuso de los antibióticos, para curar y para profilaxis, pasamos de la tragedia de los comunes a la conjura de los necios, ignorantes, imprudentes, y arrogantes.

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

 Juan Gervás

Acta Sanitaria