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¡Solidaridad! Menos donaciones y más obligaciones

Juan Gervas

En pleno debate público sobre las donaciones al sistema sanitario, el autor se manifiesta abiertamente en contra pues, además de distanciarse de la solidaridad que debe sustentar la asistencia pública, marca objetivos a cubrir que, normalmente, comportan peores resultados para la salud y nuevos gastos para el sistema.

Los sistemas sanitarios públicos de cobertura universal se fundan en la solidaridad

La evolución humana se caracteriza por nuestra capacidad de cooperar y de transmitir cultura. Es decir, los humanos no podemos sobrevivir por nosotros mismos, sino en grupo. Lo demuestran los casos de “niños lobo” que, habiendo sobrevivido en bosques con animales y sin contacto humano, son incapaces de incorporarse a la sociedad.

La solidaridad ha llevado a todos los países desarrollados del mundo a establecer sistemas sanitarios públicos de cobertura universal

Entre los humanos, nada más sano que el “hoy por ti y mañana por mí”; lo que se llama solidaridad y que no es más que una forma refinada de egoísmo inteligente. La solidaridad puede llevar a morir por salvar a otros, lo que es inusual pero no extraño. En su justa medida, la solidaridad ha llevado a todos los países desarrollados del mundo a establecer sistemas sanitarios públicos de cobertura universal para 1/ evitar la bancarrota por enfermedad y 2/ asegurar la equidad (atención igual para los que necesitan lo mismo, y más atención para los que más lo precisan).

Dichos sistemas se sostienen mediante impuestos y cotizaciones sociales aprobados democráticamente con un sentido de justicia: “a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad”. Se trata del respeto mutuo inteligente, de cuidarnos todos entendiendo que la salud y la enfermedad son fenómenos sociales y tal ha de ser la respuesta.

Donde hay mucha caridad hay poca salud

Estados Unidos es el único país del mundo desarrollado en que la solidaridad se expresa en mucho como caridad (filantropía) y no con un sistema sanitario público de cobertura universal. La idea estadounidense es que “cada cual cargue con las consecuencias de su enfermedad”, como si fuera cierto aquello de la Biblia ante el enfermo de “¿quién pecó, él o su padre?”. Por ello cabe la donación discrecional privada de la caridad como expresión individual de una actitud comprensiva con la desgracia humana personal. No se pretende una respuesta social que busque la equidad y repare la injusticia, sino sólo paliar en algún campo concreto las consecuencias de una sociedad insolidaria.

No cabe duda, la solidaridad es mejor compañera para la salud que la caridad

Como dijo Eduardo Galeano: “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba hacia abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder: en el mejor de los casos, alguna vez habrá justicia, pero en el alto cielo. Aquí en la tierra, la caridad no perturba la injusticia. Sólo se propone  disimularla”. Sin solidaridad, la caridad envilece.

Como consecuencia de la insolidaridad, Estados Unidos es el país del mundo desarrollado que tiene peor salud y gasta más en salud. Por ejemplo, es el único país del mundo desarrollado en que la mortalidad materna se ha cuadriplicado http://www.nogracias.eu/2016/08/26/estados-unidos-no-es-el-ejemplo-a-seguir-en-politica-sanitaria-como-demuestra-su-creciente-mortalidad-materna/

No cabe duda, la solidaridad es mejor compañera para la salud que la caridad.

Nada es gratis; la filantropía tampoco

Dice el refrán que “el que regala bien vende si el que recibe lo entiende”, de forma que no son donaciones sino obligaciones pues imponen agendas y marcan prioridades: “doy, pero obligo si aceptan”. Con tales obligaciones se solidifican las situaciones de poder y se justifica una organización social insolidaria. Al aceptar las donaciones se legitima su origen y, en cierta forma, se interpreta inconsciente y socialmente como la penitencia que lleva al perdón sin discusión sobre la legitimidad y ética de los procedimientos que dieron lugar al acúmulo de capital. No se justifica con una donación de 300 millones un sistema que permite una estafa de 60.000 millones de euros (dinero para la crisis financiera que se paga con el sufrimiento que conllevan los recortes en sanidad, educación, dependencia, desempleo, etc).

Las mega-donaciones permiten cambiar la dinámica democrática señalando el camino por el que debe discurrir la sociedad

La filantropía no es gratis (“nada es gratis”, dicen los economistas) y bien se lo cobra la Gran Filantropía que facilita el neo-liberalismo con la acumulación de capital en pocas manos. Las mega-donaciones permiten cambiar la dinámica democrática señalando el camino por el que debe discurrir la sociedad. Se introduce una filosofía que mantiene la insolidaridad y la injusticia y que justifica ideológicamente el afán de lucro (codicia) con nula o escasa regulación democrática. La caridad envenena la solidaridad, que languidece sin vigor y más cuanto mayor sea la cantidad donada. Finalmente, la filantropía sostenida puede llegar al chantaje en las decisiones democráticas, por las necesidades que generan en campos concretos que morirían sin las donaciones.

Con la envergadura apabullante de las mega-donaciones cambia incluso la capacidad crítica de quienes rechazan el “dame pan y llámame perro”, pues se llegan a preguntar “¿cuán fuerte se puede morder la mano que nos alimenta?” http://scholar.princeton.edu/sites/default/files/snkatz/files/istrstockholmlecture.pdf

La ideología filantrópica lleva a exigir que los profesionales estén también dispuestos a trabajar gratis, “donando su tiempo”

Las donaciones debilitan la democracia y su mejor expresión, la implantación de sistemas fiscales justos y la persecución del delito fiscal. Además, en el sector sanitario confirman la filosofía de la corrupción médica con las industrias pues, “si el sistema sanitario acepta donaciones de filántropos, ¿por qué yo, médico, no voy a aceptar las donaciones de las industrias?”. En su extremo, tal ideología llegaría a justificar la donación de los propios pacientes y familiares a sus propios médicos, una dinámica que no es extraña en sistemas sanitarios europeos como en Grecia, Hungría y Polonia. Además, las donaciones dan alas a la “filantropía popular” de maratones televisivos y de colectas individuales en casos singulares, de una Medicina Basada en la Sensiblería. Y, por otra parte y en su extremo, la ideología filantrópica lleva a exigir que los profesionales estén también dispuestos a trabajar gratis, “donando su tiempo”.

La ideología biológica y técnica de la filantropía en el sistema sanitario

Las donaciones no se hacen al azar sino dentro de estrategias de imagen e ideológicas muy cuidadas y por ello predomina lo biológico y técnico, con su aparente efectividad

Las causas de las enfermedades son complejas, incluso en los casos más “simples” como las enfermedades infecciosas. De hecho, en muchos problemas de salud desconocemos las complejas relaciones que llevan al enfermar y al sufrimiento, como en las enfermedades mentales. Por ello, la medicina suele dar una respuesta bio-psico-social que, bien entendida, abarca incluso a la política. Por ejemplo, ¿cómo dar respuesta a la epidemia de muertes por cáncer de pulmón sin establecer políticas frente al tabaco?.

La ideología filantrópica se suele ceñir a lo biológico y “vistoso”; por ejemplo, a las vacunas contra las enfermedades infecciosas, o a la tecnología contra el cáncer. Las donaciones no se hacen al azar sino dentro de estrategias de imagen e ideológicas muy cuidadas y por ello predomina lo biológico y técnico, con su aparente efectividad. De hecho, se juega con la sociedad; por ejemplo, con las donaciones para tecnología diagnóstica del cáncer pues sabemos que más gasto sólo provoca más daño, bien demostrado al comparar el incremento del gasto y de diagnósticos de cáncer de mama, próstata, tiroides y melanoma sin impacto en su mortalidad http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp1615069

Además, cada filántropo quiere que su donación se emplee en “su” programa. Nada lo ilustra mejor que la eficaz organización contra el SIDA en Namibia, financiada por filantropía, que llega hasta el último rincón del país. Tener SIDA se convierte en una bendición, pues se tiene atención. Si “sólo” se tiene diabetes tipo 1, se puede morir por falta de insulina, ya que no hay donaciones para ello. La filantropía va contra la equidad.
Las donaciones llevan, pues, a programas verticales que debilitan la estructura sanitaria (y social).

La donación como propaganda barata

En una España de restricciones sin sentido, con el sistema sanitario público mermado en recursos decrecientes materiales y personales, las donaciones resultan insultantes

Dice la Biblia: “pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. Los filántropos están bien lejos de este ideal de sencillez pues lo que exhiben es su superioridad moral, el “soy rico, me he hecho a mí mismo, y como prueba de mi indulgencia aquí está mi generosidad”. Lavan con ello la imagen, esa de “cuando veas a un rico pregúntate quién robó, si él o su padre”.

El acúmulo de riqueza que lleva a una desigualdad insultante en el mundo del siglo XXI, y al filantrocapitalismo, no se basa en el sano trabajo y la inversión respetuosa sino en la manipulación del mercado. Es decir, a la insolidaridad. Los políticos elaboran la legislación y ejecutan las políticas que marcan los filántropos y como propina reciben donaciones visibles y espectaculares que “lavan la cara” a la injusticia y a la explotación de la población. En una España de restricciones sin sentido, con el sistema sanitario público mermado en recursos decrecientes materiales y personales, las donaciones resultan insultantes. Menos donaciones y más obligaciones.

A los filántropos les tendría que servir de ejemplo la sencillez anónima de las miles de donaciones de órganos en España. ¿O vale más el dinero que el corazón/riñón/etc?

¿Cuál es el principal problema de salud de este país [España]? [Rafa Cofiño]
  • Mercedes Pérez-Fernández.- La desigualdad social. Ser pobre es una condena a vivir y morir con/por enfermedades y problemas de salud “médica y socialmente evitables”. Ser pobre conlleva sufrir en vivo y en directo la Ley de Cuidados Inversos.
  • Juan Gérvas.- La falta de democracia, que se expresa bien con la debilidad del Estado frente al delito y el fraude fiscal. La falta de democracia mata más que el cáncer o los problemas cardiovasculares al hacer frágiles las estructuras y organizaciones públicas que deberían “defender” a las minorías (y a todos) contra los abusos de los poderosos (que en su afán de recorrer con rapidez el camino de la codicia dejan un rastro literal de enfermos, minusválidos y muertos).
    https://saludcomunitaria.wordpress.com/2013/10/04/mercedesyjuan/
En síntesis

La sociedad se basa en la solidaridad, no en la caridad. La solidaridad sostiene el sistema sanitario público de cobertura universal, que se debilita con la caridad. Menos donaciones y más obligaciones.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

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