El mirador

Sanguijuelas

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En esa visión de las contradicciones con que el comentarista suele presentar la realidad, vuelve a poner de manifiesto, una vez más, cómo los defensores de la liberalización/privatización no cuestionan el que se rescaten los bancos con dinero público, al tiempo que lamenta que, por mor de tales principios, se impongan nuevas cargas, el copago en sanidad, a los ciudadanos.

Los médicos llevamos milenios intentando cambiar el curso del enfermar. Si podemos, lo evitamos por completo (prevenir); si no podemos prevenir, intentamos restablecer la normalidad (curar); y, si no podemos prevenir ni curar, intentamos recuperar (rehabilitar). En todo caso, con o sin prevención, con o sin curación, con o sin rehabilitación, siempre podemos consolar, comprender, ayudar, cuidar y aliviar. De ahí, por ejemplo, las drogas contra el dolor. De ahí la poderosa sensación peligrosa de ser pequeños dioses al manejar medicamentos y métodos potentes, desde la anestesia a la hipnosis, desde la escucha terapéutica a la morfina, desde el somnífero a la biopsia, desde el antibiótico a la manipulación vertebral.

 

En ese largo camino de prevenir, curar, rehabilitar, consolar, ayudar, comprender, cuidar y aliviar hemos utilizado de todo, desde la palabra al masaje, desde la planta al animal, desde el agua al mineral. Se incluyen, claro, las sanguijuelas, gusanos depredadores donde los haya.

 

Hirudo medicinalis

 

Las sanguijuelas son anélidos hirudíneos. Las sanguijuelas se alimentan de otros anélidos, renacuajos, caracoles, crustáceos, alevines y demás, como buenas depredadoras. Respiran a través de la piel, y tienen organización metamérica. Disponen de ojos en el dorso, por pares, sin párpados. Tienen reproducción sexual, y son hermafroditas perfectos, con varios pares de testículos y 1 par de ovarios. Durante el coito, cada animal fecunda a su pareja, y es fecundado simultáneamente por ésta, generalmente con doble penetración (pene en vagina ajena), pero en algunos casos por simple frotación.

 

La sanguijuela medicinal es de origen europeo, y popularmente se conoce por sangonera. Se ha utilizado en Medicina desde hace 3.500 años, al menos. Se aplicaba para todo tipo de problemas, desde edemas a neumonía, y su popularidad en los siglos XVIII y XIX la convirtió en peligrosa, por el exceso.

 

La sanguijuela medicinal, Hirudo medicinalis, se alimenta de sangre. Tiene una ventosa bucal, con 3 mandíbulas, cada una con unos 100 dientes. Perfora la piel y deja una cicatriz en estrella de 3 puntas. Segrega un anticoagulante, un anestésico y un vasodilatador, de forma que no provoca molestias, pero cuando se desprende persiste la hemorragia. Si tiene oportunidad, extrae hasta 15 cc de sangre, a razón de 1 cc cada 10 minutos. El volumen extraído no es mucho para una persona, pero para el animal supone multiplicar su tamaño entre 5 y 10 veces. La sanguijuela puede comer dos o tres veces al año, y la sangre se mantiene sin coagular en el interior de su cuerpo, mientras la metaboliza.

 

La sanguijuela medicinal tiene por bacteria simbionte a Aeromona hydrophila que le ayuda en la tarea de digerir la sangre. Emplea exopeptidasas para la descomposición de las proteínas.

 

En la actualidad se siguen empleando las sanguijuelas en terapéutica médica. Por ejemplo, en microcirugía y en cirugía reconstructiva, tras re-implantar un miembro o similar. Ayudan a evacuar los hematomas sin provocar traumas sobreañadidos.

 

En Europa han casi desaparecido en el campo las sanguijuelas medicinales, por la destrucción del medio ambiente, las charcas, pantanos y demás.

 

Lesjé

 

Es leyenda admitida la estricta y simple eugenesia de Esparta (Grecia). Cuentan las crónicas que los recién nacidos eran examinados por un tribunal de ancianos en el Pórtico (Lesjé) y en caso de malformación o minusvalía terminaban en el monte Taigeto, abandonados o despeñados.

 

La educación era estricta y rígida, y dependía de lo público, pero sólo se ofrecía a los espartanos de casta. Se intentaba formar hoplitas, soldados entregados a los intereses de la ciudad. Los niños vivían con otros niños, agrupados para esta educación cruel, basada en la obediencia ciega, el hambre, el dolor, el embrutecimiento y el sometimiento.

 

Después, tras el declinar griego, con los romanos, Esparta se convirtió en un lugar de turismo, a donde se viajaba para disfrutar del espectáculo de la crueldad convertida en circo, dimastígosis. Es algo que atraía y atrae a los sadomasoquistas, torturadores y público en general, capaz de disfrutar entonces al ver un niño azotado hasta la muerte, posteriormente en la Edad Media y Moderna de una ejecución en la hoguera de brujas, o de herejes, y en la Edad Contemporánea de los programas de realidad en la televisión, rellenos de angustia y sufrimiento ajeno.

 

En todas estas formas de disfrute hay degeneración, hay degradación y hay depravación. No es la brutalidad depredadora natural de la sanguijuela, que nos extrae sangre como forma de sobrevivir y cumplir su ciclo vital. El disfrute con el espectáculo del dolor ajeno es perverso en cuanto el disfrutador se siente a salvo, seguro de sí, simple espectador que se conmueve pero no resuelve. El humano se convierte en sanguijuela degradada.

 

Más público, por favor

 

La crisis económica se está convirtiendo en un espectáculo depravado en el que los causantes del mal parecen disfrutar convirtiendo a las víctimas en culpables. Por todos lados se nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Por todos lados se exigen sacrificios y se anuncian dolorosas intervenciones para hacer los deberes. Por todos lados se hacen recortes y congelaciones. Parece que estamos en Esparta, y que se nos quiere dar un repaso espartano, una buena dosis de obediencia ciega, hambre, embrutecimiento, dolor y sometimiento.

 

Por todos lados se difama lo público y se enaltece lo privado. Todo se privatiza, y el Estado se adelgaza. Pareciera que lo público es causante de la crisis financiera que nos azota. Sin embargo, la crisis tiene su origen en la des-regulación de los mercados, en la creencia de aquel lema neo-liberal de extrema derecha, el laisse faire et laissez passer, le monde va de lui même. Según esta teoría, la mano invisible sería capaz de organizar los mercados. En la Irlanda del siglo XIX la aplicación estricta de esta teoría provocó una hambruna con millones de muertos y emigrantes. En el siglo XXI esta teoría ha permitido la venta con engaño de hipotecas tóxicas, bien empaquetadas y calificadas, para servir a la codicia del que espera comprar engañando para enriquecerse.

 

Lo público ha tenido que salvar a lo privado, con billones (billones) de euros. Ahora se discute el rescate de Grecia, pero no el segundo rescate de los bancos europeos. Da vergüenza.

 

Los políticos que nos gobiernan parecen disfrutar con el espectáculo. Sienten la poderosa sensación peligrosa de ser pequeños dioses. Para la extrema derecha es la ocasión perfecta de debilitar lo público, en contra de toda lógica, pues lo público está salvando lo privado (y por eso el Estado queda anémico).

 

La población ofrece un moderno dimastígosis, con casi 5 millones de parados, 300.000 familias desahuciadas y un ejército de jóvenes frustrados. El espectáculo es sangriento, y empeorará pues se puede proponer cualquier medida y llevar a cabo cualquier propuesta.

 

Ninguna como la del Gobierno de Baleares. La Consejera de Salud, Familia y Bienestar Social ha ordenado que a partir de noviembre se dejen de dispensar en los centros de salud los pañales a los discapacitados menores de 21 años. Tendrán que recetarse, y comprarse en la farmacia con el habitual copago del 40%. Es una forma brutal de introducir el copago, en un colectivo minoritario y débil.

 

No necesitamos medidas y propuestas de políticos cuya conducta semeja la de sanguijuelas depravadas, sino estadistas que potencien lo público, que ayuden a generar cohesión social y que fomenten la solidaridad.

  

La especie humana es piadosa entre sí.

 

Los colectivos minoritarios y débiles merecen la protección de un sistema sanitario público, que sea cada vez más público.

 

 

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

Acta Sanitaria

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