El mirador

¿Quién teme al colesterol? Nueva Laputa

A partir de una disquisición diferencial entre realismo y empirismo, el autor pone en entredicho el trasvase de estudios, en referencia a los relacionados con el colesterol realizados en Nueva Laputa, a la hora de aplicarlos en otros países y que, a la hora de la verdad, se traducen en instrumentos de puro mercantilismo.

La ciencia avanzó y avanza con el empirismo, pero pocos médicos son empiristas. Los físicos, astrónomos y los químicos, por ejemplo, son empiristas.

 

En su mayor parte los médicos son realistas, impregnados de racionalismo. Por ello ponen énfasis en la razón y no en la experiencia. Es decir, por ejemplo, creen que la realidad existe, que hay un mundo real. No dudan de que los objetos, estructuras y mecanismos de este mundo real estimulan nuestros sentidos y nos hacen conocerlo. Este pensamiento realista es el predominante en el pensamiento médico contemporáneo, tanto en atención curativa como en atención preventiva.

 

Es raro encontrar médicos empiristas que no discuten la realidad del mundo, pero que creen que los fenómenos observados son la única fuente de conocimiento. Los empiristas, por ejemplo, no pierden el tiempo discutiendo si en este momento hay vacas en Canencia de la Sierra (Madrid), pues sólo lo afirman si lo observan.

 

El realismo tiene una imagen mental del hombre como suma de partes. El realismo ve al hombre como un «mecano». El realismo concibe un modelo mecánico, histológico, bioquímico y genético de la salud y de la enfermedad. Los seres humanos son organismos biológicos y la medicina es una rama de la biología. Las alteraciones mecánicas, histológicas, bioquímicas y genéticas explican las enfermedades. Por supuesto, los realistas creen que las enfermedades existen por sí mismas, como los factores de riesgo y las «pre-enfermedades». Enfermar es una modificación reparable del «buen diseño» de la especie, una alteración biológica

http://www.equipocesca.org/organizacion-de-servicios/enfermedad-ciencia-y-ficcion/

 

La visión realista lleva al médico a dejar de ser curador o sanador para ser científico, en el sentido de búsqueda de la alteración biológica que produce la enfermedad, sea un cambio mecánico, histológico, bioquímico y/o genético. Lo importante es comprender el mecanismo de la enfermedad para intervenir en consecuencia. Tal conocimiento permite la «reparación del mecano» y la vuelta a la normalidad. En la búsqueda de la alteración es clave la actuación precoz para cortar la evolución natural de la enfermedad. De científico el médico pasa a mago, al prometer tal cambio, y de ahí pasa a comerciante, para vender los «productos» que curan. El realismo lleva al mercantilismo de la medicina.

 

La historia natural de la enfermedad

 

El médico realista cree que existe una «historia natural de la enfermedad» de forma que hay una introducción (inicio), un nudo y un desenlace, al igual que en las obras de teatro clásicas. La cuestión de la calidad es puramente técnica, para lograr revertir o detener tal historia natural.

 

Para el médico empirista, por el contrario, no hay enfermedades sino enfermos. Por supuesto, hay un sustrato biológico en la enfermedad, pero su vivencia es característica de un momento dado, del paciente, de la sociedad y de la ciencia. Su lema es «no existen enfermedades sino enfermos» pues la salud y la enfermedad son estados cambiantes y mal definidos con un enorme componente cultural y social. La idea se expresa como «es más importante el paciente que la enfermedad»; es decir, cada paciente vive su propia enfermedad (su enfermar) y el buen médico sabe traducir el conocimiento general a la circunstancia particular. No existe una historia natural de la enfermedad sino tantas como enfermos. La ciencia de la medicina se somete al arte de la misma. No hay, pues, calidad sin calidez y el médico persiste principalmente como curador y sanador.

 

El médico empirista no cree en la «historia natural de la enfermedad», una entelequia sin sentido, una invención de la razón que no tiene fundamento. Las enfermedades no existen como tales, ni los factores de riesgo, ni las pre-enfermedades. Tales fenómenos son variables y mal definidos, observables sólo en los individuos únicos, en los pacientes.

 

¿Quién teme al colesterol?

 

Entre el lejano Pacífico y el cercano Atlántico hay una isla que levita por mecanismos magnéticos, Nueva Laputa. Sus habitantes son al tiempo realistas (racionales) y empiristas. Sus investigadores se dedican a definir categorías, clasificaciones, modelos y técnicas que permiten la realización de estudios extraordinariamente elaborados. Su máximo interés es producir conceptos, ideas y teorías que lleven a propuestas prácticas que mejoren la salud de los individuos (medida como expectativa de vida al nacer). Se trata de mejorar la salud de los individuos con capacidad de compra ya que tales productos son realistas y se venden como interpretaciones de la realidad. Se exportan al mundo entero, y logran transformar las vidas de las poblaciones (y engordar los bolsillos de negociantes y accionistas).

 

Nueva Laputa tiene una medicina mercantilista, sustentada por la visión realista predominante.

 

Se impone así una interpretación de la realidad que es la única posible y admisible, que lleva a un superioridad indisputable reconocida a través de la casi adoración reverente de lo que produce Nueva Laputa

http://jech.bmj.com/content/61/5/388.full

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En la práctica, esta alegoría de los brasileños Luis Castiel y Paulo Vaconcellos-Silva explica, por ejemplo, la teoría de los factores de riesgo cardiovascular y el uso innecesario de las estatinas.

 

Nueva Laputa en este caso es Framingham y sus alrededores (los EEUU y otros países anglosajones). Allí se generan conceptos, ideas y teorías que llevan a interpretaciones de la realidad en las que el hombre es un «mecano», un puro organismo biológico cuyas alteraciones mecánicas, histológicas, bioquímicas y genéticas explican las enfermedades.

 

Para intervenir sobre un fenómeno complejísimo como es el enfermar cardiovascular se elabora una teoría simple, de factores de riesgo cardiovascular. Tales factores sólo incluyen pura biología, nada de psicosocial, como nivel de educación o clase socioeconómica. Es absurdo, pues, por ejemplo el pertenecer a la clase baja multiplica por tres el riesgo de infarto en la hipertensión.

 

El modelo biológico es falso, además. Se produce en Nueva Laputa y se exporta al mundo entero. Pero, por ejemplo, la mortalidad por infarto de miocardio es cinco veces mayor en Minnesota (EEUU) que en Gerona (España). En la práctica, 193 mg/dl de colesterol en sangre en un estadounidense de Minnesota equivalen a 239 de un español. Las poblaciones mediterráneas tienen otra «historia natural» del enfermar cardiovascular, si existiera tal «historia natural».

 

La consecuencia es que en España se gastan al año 820 millones de euros en estatinas (535 en atorvastatina, con la rosuvastatina creciendo por más que lo indicado fuera la simvastatina). De esos 820 millones se puede estimar que se gastan en prevención secundaria, correctamente, unos 100 millones. El resto se tira en prevención primaria, en «sanos atemorizados por el colesterol» a los que se les hace daño transformándolos en falsos enfermos y medicándolos. El trabajo de los científicos de Nueva Laputa es muy beneficioso, pues, para negociantes y accionistas.

 

El fracaso de Nueva Laputa en Nueva Laputa

 

Los científicos de Nueva Laputa tienen éxito al inyectar miedo al colesterol en el mundo entero. De hecho, los científicos de la periferia, como Brasil y España por ejemplo, se dedican a producir estudios sin parar sobre dicha hipótesis lipídica, de gran elegancia interna y mayor irrelevancia externa (sin interés clínico ni social). Con ello los epidemiólogos, clínicos y salubristas investigadores están en la cresta de la ola y contribuyen al daño de crear miedo al colesterol y de producir millones de falsos enfermos (y miles de millones de euros en beneficios para los accionistas).

 

Pocos se fijan en los datos que publican las revistas, que demuestran el fracaso del modelo. Por ejemplo, el descenso de la tasa de muerte por isquemia coronaria fue similar en los EEUU y en Francia entre 1998 y 2007

http://content.healthaffairs.org/content/31/9/2114.abstract?sid=bcba961d-4984-40e9-9fec-b7af2815d92a

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Juan GérvasEs decir, el terrorismo sanitario en Nueva Laputa no ha logrado el éxito de la paradoja francesa (comer con abundancia grasa, desde foie-gras a mantequilla, comer pan y beber vino, y no padecer enfermedad coronaria).

 

En 2007 la tasa de muerte por isquemia coronaria en varones fue en Francia la mitad que en los EEUU (14 contra 37 por 1.000). Para las mujeres fue la quinta parte (3 contra 15 por 1.000).

 

Han pasado ya más de 50 años de Framingham (1948) y el fracaso de la teoría lipídica es completo, pero sigue viva y coleando.

 

Los científicos de Nueva Laputa (EEUU) son los que exportan la teoría lipídica, el miedo al colesterol y el consumo sin sentido de estatinas. Tienen acólitos («expertos») en las distintas naciones, que gobiernan las sociedades científicas (en realidad industriales) para difundir «la verdad», el miedo al colesterol. Son realistas, médicos magos y comerciantes, que reducen todo a pura biología y a gran negocio.

 

Las sociedades científicas no son tales, sino industriales.

 

¡Pobres médicos! ¡Pobres pacientes!

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

 

Acta Sanitaria