El mirador la realidad vista en sketchs

Quien corta uñas une corazones

Juan Gervas_Sep 17 Lima 1

El autor recurre a una serie de sketchs para ofrecer un elemento de unión entre personas, como puede ser cortar las uñas.

La madre, al hijo

[Padres primerizos, tras bañar al bebé]

-Eres mi linda niña, recién nacida y ya te arañas…
-Grrrghghg
-¡Déjame esta manita, que te voy a hacer daño!
-Yo te ayudo.
-Jghhhrrrghafn
-¡Sujétale la otra mano, que le voy a cortar el dedo, no la uña!
-¡Qué pequeña es! Me la como a besitos…
-¡Menos besitos y más sujetarla…! No hay quien pueda con esta pequeña bestia que he parido.
-¡Mujer, no seas bruta…apenas tiene quince días!
-Frrghaññejjkk
-Le han quedado muy bien. Se las voy a limar.
-¿Le puedo cortar yo las uñas de los pies?
-Vale. Recuerda lo que nos dijo la matrona: ¡relájate!
-Relajado estoy. ¡Huy! ¡Si casi no le han crecido!
-Pues límaselas, ahora que está tranquila.
-Kjkjgttrehasssptzo
-¡Qué maravilla de cachorro…!
-Sí, hemos tenido una hija preciosa. Te quiero, mi amor.

La vestidora de muertos, al muerto

[Faustino ha muerto en su casa, en un pueblo de La Mancha de cuyo nombre no me acuerdo. Ha venido la “vestidora de muertos” que en estos pueblos suele ser una persona respetada, de sexo femenino, discreta, considerada como persona buena y suele tener buena relación con la mayoría de los vecinos]

-Está guapísimo, casi como cuando era joven. Este traje de las bodas le queda fenomenal. Y haberle alegrado un poco las mejillas le da “vida”.
-¡Mujer, no exageres! Lo que le notas es la relajación de los músculos, que Faustino fue siempre un hombre en tensión.
-No creas. Mi tío tenía su genio y era un duro en la calle, no cabe duda, pero luego en casa era un bendito. Ya sabes, solterón y gruñón, pero sensible y generoso. Siempre ha ayudado a la familia y a los amigos.
-Sí, es verdad. Por favor, busca los zapatos y los calcetines buenos, que estos pies ya están limpios y listos.
-Aquí los tienes. ¿Le has cortado las uñas?
-No. La de los pies las tiene bien. Creo que vino el podólogo hace quince días. Hizo un buen trabajo. Ahora me ayudarás a cortarle las de las manos.
-Vale. Le quedan muy bien estos zapatos. Les he sacado brillo, que él era muy cuidadoso en esto.
-Hay que darle un poco de masaje con crema hidratante, así es más fácil trabajar las manos y que queden naturales. A todos los muertos dicen que les crecen las uñas, pero es falso. Lo que pasa es que se ven mejor y parecen más largas porque se retrae la piel al resecarse. Tu tío las tenía también cortadas de hace dos semanas, como la de los pies, pero se las voy a arreglar un poco, y a limarlas.
-Te quedan unas manos preciosas, las suyas de siempre. Las mismas con las que acariciaba mis mejillas cuando me veía llorar de niña. Fue buena persona. Me alegra que haya muerto en casa y que lo podamos tener aquí hasta llevarlo al cementerio. No me gustan las “burbujas” en que los meten en los tanatorios. Gracias, Manuela, tú también eres una bella y buena persona y este trabajo que haces es de lo más bonito que se puede hacer por nadie. Cuenta conmigo y con toda la familia para cualquier cosa que necesites. Te queremos.

La esposa, al esposo

[Dos compañeras de trabajo mientras toman un café juntas al terminar su turno]

-Que sí, Ana, que le corto el pelo y las uñas a mi marido desde que nos hicimos novios. Dejó de hacerlo mi suegra y pasé a hacerlo yo. Fue como tomar posesión de su cuerpo, más que el follar.
-¡Es que no me lo puedo creer…! ¡Es lo más clásico que me han contado nunca! Parece una historia de horror de diván de psiquiatra. ¡Sólo faltaba que también pasara de follar a su madre a follarte a ti!
-¡Pero qué bruta eres! Ya sabes lo inútil que es Paco. Alguna vez se las ha cortado él mismo y es un sufrimiento. Me las clava al rascarme la espalda, y al acariciarme el coño. Prefiero ser práctica, la verdad. Con las uñas bien cortadas es un hombre maravilloso, lo mismo rascando ese clítoris inmenso que tengo y se llama espalda como el clítoris propiamente dicho.
-Lo dices para darme envidia. Sólo falta que me cuentes que te sirve cada ocho horas…
-No tengas fantasías. Al cabo de veinte años de relación, ni cada ocho horas ni ocho seguidos sin sacarla. Pero me da lo que quiero y más. Soy una mujer sexualmente satisfecha.
-Rara avis. ¿También le cortas las uñas de los pies?
-No, claro. Se las corta él solito. Pero no te puedes hacer idea de lo bien que me las ha cortado a mí durante los meses que estuve con la cadera mal, que esto de la artritis reumatoide a veces me deja inválida y entonces Paco se convierte en una maravilla, casi un esclavo por amor que me mima y cuida sin quejarse ni cansarse.
-La verdad es que hacéis una buena pareja. Casi me da envidia.
-No todo es perfecto, pero lo de cortarle las uñas es para mí simbólico. Le quiero.

La médica, a la residente en un asilo

[En una residencia de ancianos, en Cáceres]

-Y ahora, doña Julia, le voy a cortar las uñas.
-¡Pero cómo va a hacerlo, doctora…!
-Porque no puedo más, doña Julia. La directora no está dispuesta a pagar al podólogo más de una vez al mes, y sus uñas son las que más crecen en esta residencia.
-No diga residencia, doctora. Esto es un puto asilo.
-¡Doña Julia! ¡Esa boca!
-No me engaño, estoy en un asilo y la directora es una cabrona.
-Si sigue así, doña Julia, tendrá que salir de mi consulta.
-¡Vale! Me callo pero sepa que lo sigo pensando.
-Es usted injusta, doña Julia. El asilo no es una maravilla pero los hay mucho peores. Y la directora tiene que administrar el presupuesto, cada vez más escaso con esto de los recortes.
-De acuerdo, pero este asilo no se sostendría sin usted, doctora. La quiero.

El vagabundo, a la vagabunda

[En un cajero automático, en Valencia, sobre los cartones puestos en el suelo para dormir]

-Hoy te voy a cortar las uñas, Manuela.
-¡Ni hablar, la última vez me hiciste sangre…!
-Sí. Pero esta vez tengo todo lo necesario. Me lo ha dejado Elsa, la voluntaria del “buen samaritano”.
-¿Qué es todo? Te temo.
-Me ha dejado crema hidratante, para que se reblandezcan las uñas de los pies. Y unas tijeras de pedicura especiales para uñas gruesas. También lima, para rematar. Te voy a dejar como una diosa.
-Sí, claro, y luego me pedirás que te la chupe.
-No, hoy no, que parecería que lo haces para pagarme. Hoy es el primer día del Año Nuevo y quiero que sepas que te quiero. Nada más.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

Deja un comentario