Punto de vista

PUNTO DE VISTA: FUMAR EN LUGARES CERRADOS O EL NEGOCIO DE LA FABRICACIÓN DE ENFERMOS

Como defensor del derecho a la salud y, en consecuencia, del derecho a su protección y a una asistencia adecuada, me siento decepcionado por quienes, en nombre del derecho a la libertad, no dudan en arremeter contra la legislación que restringe definitivamente el consumo de tabaco en lugares públicos cerrados.

Carlos Nicolás Ortiz

Carlos Nicolás Ortiz

Al igual que muchos de quienes, para atacar la nueva ley sobre el consumo de tabaco, suelen comenzar asegurando que no son ni han sido fumadores, quiero dejar constancia de mi asunción inequívoca del derecho a la libertad personal pues, de otro modo, la vida dejaría de tener sentido. De ahí que, en primer lugar, me llame la atención que, entre los principales detractores de la nueva ley antitabaco, aparezcan personas y organizaciones que niegan la libertad para la eutanasia o que cada día arremeten y condenan a quienes no piensan como ellos o, simplemente, no siguen sus dictador. Es decir, que consideran que su libertad es distinta y está por encima de la de los demás.

Engaño a la libertad y a la verdad

Quienes desde la defensa del derecho a la libertad personal atacan la limitación del consumo de tabaco en lugares públicos están haciendo un flaco favor a la libertad y, sobre todo, a la verdad. Porque no es cierto que se haya prohibido fumar y, por tanto, negado la libertad de hacerlo. Lo que se ha prohibido es que, en una colisión de derechos, prevalezca el mejor para el ciudadano, que nadie atente contra su derecho a la salud, vulnerado por quienes le obligan a fumar aunque no quiera.

Es verdad que, como se dice, el que no quiera respirar el humo de los demás, que no vaya a los lugares en donde se fuma. A sentido contrario, cabría decir lo mismo de los fumadores, que no vayan a los sitios en donde no se puede fumar.

Derecho a la salud

De haberse prohibido totalmente el consumo del tabaco, hubiera sido el primero en manifestar mi protesta, partiendo del principio de la libertad personal. No lo hago con las medidas actuales porque lo que se trata de impedir es que haya personas que, considerándose por encima de la ley, pretendan crear enfermos para que quienes se ocultan detrás de las protestas puedan seguir lucrándose a costa de la salud de quienes rehuyen los malos humos para evitar la enfermedad.

En este contexto, debo afirmar que las resistencias públicas y declaradas responden, por encima de cualesquiera otra consideración, a que el Gobierno ha dado con la tecla acertada y que, de alguna manera, se le debe desacreditar. Aunque para ello deba recurrirse a un principio, el de la libertad, en el que no cree la mayoría de sus detractores.

Carlos Nicolás

Acta Sanitaria

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