Punto de vista

PUNTO DE VISTA: ‘COPAGO’ Y LIMITACIONES ASISTENCIALES

En el fondo, el debate abierto sobre el copago supone un intento de limitar las prestaciones asistenciales en un sistema sanitario que carece de límites y que cada día cuenta con presupuestos más limitados.

Carlos Nicolás

Carlos Nicolás

La gran contradicción de nuestro magnífico Sistema Nacional de Salud (SNS) radica, desde su concepción (la Ley General de Sanidad), en su indefinición, aspecto puesto magníficamente de relieve por Javier Rey del Castillo en su reciente tesis doctoral y que, para que no haya dudas sobre ello, queda patente en el hecho de que todavía está por cerrar uno de los puntos esenciales del sistema, si no el fundamental, su universalización. En otras palabras, se trata de un sistema inacabado y, por tanto, sin una definición concreta de sus límites que, de alguna manera y a través de la implantación del copago, se pretende que sean los ciudadanos quienes los establezcan, según puedan o no pagarlos, lo que entra en abierta contradicción con otros de los principios inspiradores del sistema, la equidad. A no ser, claro está, que se determinen las prestaciones que cubre el sistema.

A favor y en contra del copago

No estoy en contra del copago, siempre que se fijen los límites del sistema. Pero esto no es tarea de los ciudadanos, sino de los gestores que deben asumir su responsabilidad. Porque la sostenibilidad del sistema pasa por una de estas dos opciones: o se adecúan las prestaciones al presupuesto o, por el contrario, éste debe hacer posible el acceso a todas ellas en tiempo y forma.

De todos modos, he de decir también que estoy en contra del copago que padecemos, por injusto, pues no trata igual a todos los ciudadanos y, como es conocido, facilita que quienes pueden recurran a la fórmula menos onerosa para ellos. No abogo por un copago del 40 por ciento para todos, sino por una participación mínima e igual para todos que, entre otros problemas, hubiera evitado el alto coste que comporta el desvío de recetas de activos a pensionistas. No estoy proponiendo fórmulas, sino criticando un modelo fracasado, pues de otro modo no estaríamos hablando de recurrir al copago como si no existiera tal fórmula.

Está claro que me preocupa el copago, pero me inquieta mucho más el observar cómo los responsables de la gestión sanitaria pública pretenden compaginar dos realidades contradictorias, la limitación de los presupuestos con la falta de límites de las prestaciones. Sin duda, un tema para otro debate.

Carlos Nicolás

Acta Sanitaria

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