Punto de vista

PUNTO DE VISTA: CONTRA LA SUSTITUCIÓN INFORMÁTICA DE LA PRESCRIPCIÓN MÉDICA

En su blog ‘El Supositorio’, Vicente Baos Vicente, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria, después de enjuiciar las políticas de algunas Comunidades Autónomas a favor de los medicamentos genéricos, reclama una política más clara a nivel estatal y, sobre todo, sin injerencias externas (vía informática) en el quehacer del médico. Por su interés, reproducimos su comentario.

Vicente Baos

Vicente Baos

En los últimos meses, varias comunidades autónomas han decidido usar, por su cuenta y sin consultar a los médicos, un sistema automático de sustitución informático de un cierto número de medicamentos que, al ser recetados como marcas comerciales pasan directamente a la receta impresa o electrónica como principio activo y, por ello, las oficinas de farmacia deberán dispensar un medicamento genérico. Hasta ahora, es decir desde el año 1997, la política habitual para el fomento del uso de los genéricos ha sido la persuasión, el ruego y la valoración en los indicadores de los EAP. De esta manera, mediante el porcentaje de uso de cada médico se calculaban los incentivos económicos directos. Desde el principio, muchos médicos consideramos que, tras la evaluación de la bioequivalencia por parte de la Agencia Española de Medicamento y Productos Sanitarios, la opción de uso de los genéricos suponía un ahorro directo de costes y una homologación con otros países del mundo (EEUU, Reino Unido, Alemania) donde su uso era mayoritario.

A favor de la ‘bioapariencia’

No es lugar para extenderme en la argumentación a favor del medicamento genérico cuando ya existe en el mercado, pero sí para destacar que el principal enemigo del genérico es la gran cantidad de ellos que existen por principio activo. Al tener la oficina de farmacia la posibilidad de sustituir los genéricos entre sí de distintos fabricantes en su propio beneficio (descuento pronto-pago y otras promociones), los pacientes se ven atrapados en un baile continuo de envases diferentes que induce a la confusión en muchos de ellos. Los fármacos serán bioequivalentes, pero los envases no lo son en absoluto. En distintas ocasiones he promulgado el concepto de “bioapariencia”, es decir, que los envases sean homogéneos en su aspecto y sólo cambie la letra pequeña del fabricante. De esta manera, el paciente no tendría confusiones. Algo tan sencillo como homogeneizar los envases de los genéricos parece imposible, dada la respuesta de distintos responsables ministeriales.

Resistencias al cambio

El uso de genéricos ha ido creciendo lentamente, pero mucho menos que su potencial total. A pesar de salir al mercado, las marcas siguen conservando una buena parte de sus ventas. ¿Qué razones hay para ello? Las principales son la inercia de los médicos y la resistencia de muchos pacientes al cambio. Cuanto más consolidada está una marca después de muchos años de uso y publicidad, más difícil es convencer a un paciente o a un médico resistente de las ventajas de usar un genérico más económico. Las apelaciones al gasto público, al bien común, al buen uso de los impuestos que entre todos pagamos, son argumentos banales desde una perspectiva egoísta de alguien que quiere “lo mejor”, no un medicamento de “mercadillo”. Después de muchos años intentando convencer y no imponer, parece que algunas administraciones han decidido “imponer”.

Contra la sustitución informática

Una medida de este calibre no debería hacerse mediante la “sustitución informática” de lo que un médico escribe en la historia clínica de un paciente. No solamente supone una intromisión, sino una descalificación profesional. Si las administraciones quieren tomar medidas drásticas que eviten el uso de medicamentos de marca cuando un genérico esté disponible y siempre que haya un ahorro económico, la solución es fácil: solo se financia lo que cueste el genérico más competitivo. De esta manera, el medicamento de marca o bien baja el precio o no se dispensa ni uno, dado que el paciente tendrá que elegir entre pagar un precio reducido en un activo o nada en un pensionista, a pagar todo su precio si elige la marca. Rápidamente todos los pacientes remisos al cambio y todos los médicos reticentes se verían obligados, por fuerza mayor, a aceptar el uso de genéricos. Ya se sabe que mientras paguen otros (o sea todos los pagadores de impuestos), no pasa nada. El dinero público debe usarse para buscar la eficiencia y no para contentar convicciones de médicos o de pacientes. El problema es que estas decisiones exceden el ámbito autonómico. Para conseguir un ahorro significativo mediante el uso de genéricos se debe forzar su uso mediante decisiones al más alto nivel, y de esta manera evitar que haya que esperar a que se vayan convenciendo poco a poco todos los médicos y todos los pacientes. ¿Cuántos años harían falta?. Mientras tanto, la sustitución automática electrónica parece un parche de mal gusto y de escasos resultados globales.

Un gestor sanitario debe velar por el uso adecuado de los fondos públicos, pero debe enfocar sus esfuerzos teniendo en cuenta a los propios profesionales. Entre convencer individualmente e imponer a todos por igual deberían tomarse medidas globales que clarifiquen de una manera definitiva qué medicamentos se financian en España y bajo qué condiciones. Para toda España por igual, con claridad y valentía.

Vicente Baos, Médico de Atención Primaria

Acta Sanitaria

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