El mirador

Parto a domicilio, seguro y cubierto por el Seguro

image__IMGP3999_39558

A juicio del analista existe un abuso del parto en el hospital, cuando éste debería quedar circunscrito al parto patológico o de alto riesgo. Y en defensa de su planteamiento trae a colación lo que se está haciendo la canadiense Columbia Británica.

Nacemos entre heces y orina (“inter faeces et urinam nascimus”), dijo Agustín de Hipona como si ello fuera un problema. En el mismo sentido el semen sale por la uretra, que conduce habitualmente la orina. Y la saliva en el sexo oral une la entrada del aparato digestivo con las “salidas” genitales y del propio aparato digestivo. Y el sudor une los cuerpos ardientes de sexo y lujuria. Y en la relación homosexual entre machos (de variadas especies) la salida del aparato digestivo sirve de entrada al aparato propiamente dicho. Todo ello es lógico, por el desarrollo genitourinario en los vertebrados y por la actividad sexual gozosa, que además ha ayudado a reproducirnos durante milenios. No debe estar tan mal diseñado todo esto del sexo, la sexualidad y la reproducción. La mezcla funciona. Ya lo dijo otro clérigo, el Arcipreste de Hita: “Incita a la mujer con gran delicadeza pero si responde al fin guárdate de fineza”. El sexo tiene belleza en su aparente bajeza y conviene no andarse con remilgos si se trata de gozar y de hacer gozar. Al cabo no somos ni ángeles ni demonios, sino sencillamente humanos. Y de humanos es nacer entre heces y orina, y follar en relación con la saliva, el sudor y demás. Somos materia, somos polvo y en polvo nos convertiremos. ¿Qué hay de malo en ello?

 

El Estrecho de Anián

 

Marco Polo describió una parte del este de China como Ania, y en los mapas se representó como el Reino de Anián. Cuando se descubrió América y más tarde el dificultoso paso del sur (por Magallanes) se supuso que en el norte, en los límites del Reino de Anián, había un estrecho separando Asia de América que permitía el paso entre los océanos Atlántico y Pacífico. En su búsqueda se movilizó la Corona de Castilla desde la costa pacífica de Méjico. Empleó, por ejemplo, al portugués Juan Rodríguez Cabrillo, quien murió en el empeño, frente a las costas de California. Más tarde fue un griego el enviado, Juan de Fucas, quien aseguró haber descubierto el Estrecho de Anián. Hubo más expediciones españolas, pero todas fracasaron. Por el otro lado, por la costa atlántica de América, buscaron el estrecho al servicio del Reino de Inglaterra Herny Hudson y William Baffin, entre otros. Como ahora sabemos, tal estrecho estaba cubierto por hielo, y es lo que llamamos en la actualidad el Paso del Noroeste.

 

Se denomina Columbia Británica a la provincia más al oeste de Canadá. Su capital es Victoria y su ciudad más poblada (casi dos millones de habitantes) es Vancouver. A Vancouver llegaron navegantes españoles en busca del Estrecho de Asián antes que ingleses y rusos en busca de tierras. Columbia Británica limita al norte con Alaska (Estados Unidos) y al sur con los estados norteamericanos de Washington, Idaho y Montana. Su límite oeste es el océano Pacífico y al este limita con la provincia canadiense de Alberta.

 

La actual ministra de salud de Columbia Británica es médico, Margaret McDiarmid. Desde que tomó posesión de su cargo ha impulsado el parto a domicilio, ya incluido en las prestaciones públicas desde 2009. Su razonamiento es que el hospital no añade nada bueno al parto de bajo riesgo, y por ello vale la pena cubrir los gastos de la atención del parto a domicilio. Es un parto seguro, que respeta los deseos de quienes prefieren el ámbito doméstico para actos transcendentales como alumbrar a un nuevo ser humano

http://www.timescolonist.com/health/Health+minister+encourages+home+births+risk+cases/7481232/story.html

 

Los partos a domicilio son atendidos por matronas. El sistema público paga 1.014 dólares canadienses (unos 800 euros) a la matrona, quien ahora puede tener un auxiliar con cargo al presupuesto público (350 dólares canadienses), además de poder cargar hasta 150 más por gastos en medicamentos. Se está debatiendo el pago al médico que atienda partos a domicilio, actividad muy restringida por la oposición de los obstetras y ginecólogos. Estos médicos parecen seguir buscando en el siglo XXI el Estrecho de Anián de un parto “limpio”, sin atender a la ciencia que demuestra las ventajas del parto en casa y del parto atendido por matronas

http://www.time.com/time/health/article/0,8599,1898316,00.html

 

Nacer en casa

 

Cada vez es más difícil nacer y morir en casa. Para ambas situaciones es más frecuente el hospital. Incluso cuando se pretende nacer y morir sanamente. Es decir, el hospital que sirve para la grave enfermedad y los grandes traumatismos sirve también para los nacimientos y las muertes “normales”. Resulta absurdo. Tan absurdo que, por ejemplo, cuando la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) estudia las hospitalizaciones en Europa se excluyen las debidas a los partos de niños sanos. Estas hospitalizaciones no se justifican de ninguna manera y por eso se excluyen, aunque representan entre el 3 y el 7% del total

http://ec.europa.eu/health/reports/docs/healthglance2012en.pdf

 

El hogar es el lugar para nacer y la tecnología y el desarrollo deberían llevar a facilitarlo, en lugar de obstruirlo. En la casa se vive y se ama, y en casa se puede dar a luz. Los hechos demuestran reiteradamente que es una opción saludable y ventajosa. Desde luego, el embarazo y el parto necesitan poco de los médicos, y cuando es de bajo riesgo la presencia de obstetras y ginecólogos complica la situación. El parto normal es el parto vaginal, y en los partos normales lo lógico es el parto en casa atendido por una matrona. Esto es todavía más cierto para mujeres no primíparas. Lo ha vuelto a demostrar el “UK Place of Birth Study” en el que se han seguido a 80.000 mujeres

http://www.nhsconfed.org/Publications/Documents/birthplace-england130612.pdf

 

La atención en el hospital no compensa para las multíparas pues, a igualdad de situación, ser atendida en primera opción por un médico en el hospital significa el doble de cesáreas, multiplicar por cuatro las episiotomías, por cinco los partos inducidos, etc.

 

En casa se logra un parto “normal”, en el que la parturienta puede moverse en el periodo de dilatación, sin estar encamada en un potro de tortura, inmovilizada, pinchada en la espalda, con un ritmo artificial de contracciones por la oxitocina y con la amenaza de una cesárea que muchas veces “se justifica” por el uso innecesario de la monitorización fetal. Como expresión final, el parto en el hospital se sigue con menor frecuencia de lactancia natural. El parto en el hospital es el símbolo extremo del encarnizamiento contra las mujeres, de la medicalización de la vida y del uso abusivo y peligroso de la tecnología (lo que es bueno en algunos casos es agresivo y perjudicial si se aplica en general)

 

El parto en el hospital debería reservarse para el parto patológico, o el de alto riesgo. Amenazan, claro, con las temidas complicaciones, y siempre sacan a relucir algún parto a domicilio que terminó mal. Es decir, para estos profesionales que claman por el parto en el hospital no existen las complicaciones del propio parto en el hospital.

 

Muchos obstetras y ginecólogos llegan a creer que el parto por cesárea es más saludable que el parto vaginal. Todo con tal de “controlar” todo y de tener un parto “limpio” (“el niño sale como pasa la luz por un cristal”). Lamentablemente a igualdad de situación la cesárea tiene mucho peor resultado a corto plazo (por ejemplo, hemorragias y embolias)

http://www.cmaj.ca/content/176/4/455.full.pdf+html?sid=0391c9f7-2d8c-4ea6-ad2d-27c70b5c5f58

 

y a largo plazo, como depresión, estrés postraumático, y en posteriores embarazos placenta previa, rotura de útero y menor libertad de elección entre parto vaginal y parto por cesárea, por ejemplo. Ni siquiera la cesárea presenta ventajas respecto a la incontinencia anal

http://summaries.cochrane.org/CD006756/no-benefit-could-be-demonstrated-for-cesarian-delivery-over-vaginal-delivery-in-the-preservation-of-anal-incontinence

 

Juan GérvasNo es extraño que en Harvard (Estados Unidos) los estudiantes de medicina estén yendo con matronas a atender partos normales en hospital y en domicilio, frente a la enseñanza exclusiva del abuso hospitalario de intervenciones innecesarias

http://harvardmagazine.com/2012/11/labor-interrupted

 

En este debate hay ideología a mares. Una ideología que busca la asepsia y limpieza del hospital, que considera el sexo como algo “sucio”, que aspira a un parto “limpio” y aséptico, y que no valora que incluso la contaminación en el canal vaginal da una flora intestinal en el bebé de mejor calidad que cuando se emplea la cesárea. Una ideología contra la mujer y su vida plena en el sexo y en la reproducción, y contra la mujer dueña de su destino y de sus vivencias. Una ideología a la que le repugna el sexo y el parto.

 

El parto en casa es seguro y saludable, mucho más que en el hospital. Lo lógico sería copiar a Columbia Británica y pagarlo con cargo al presupuesto público. ¿O seguiremos acompañando el encarnizamiento de los obstetras y ginecólogos empeñados en el siglo XXI en la búsqueda del Estrecho de Anián y de un parto “limpio” y aséptico?

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

Acta Sanitaria