Estar enfermo es perder parte de la normal integridad física y/o mental. Morir es perder por completo la integridad física y mental. Ser un enfermo es aceptar dicha pérdida parcial, aceptar la carencia y el nuevo papel social que eso conlleva. Podemos, pues, estar enfermos (perder parcialmente la normal integridad) y no ser un enfermo (no aceptar, rechazar o ignorar el nuevo papel social a que nos confina la enfermedad).
En español se distingue bien el enfermar de la enfermedad. Los malos traductores de inglés dicen que es difícil encontrar la correspondencia a los términos sickness e illness. Pero no es cierto, el enfermar es la vivencia de la enfermedad (ese nuevo papel social) y la enfermedad es la pérdida de la normal integridad. Los pacientes lo expresan muy bien. Por ejemplo, ante una cifra alta de triglicéridos en sangre: "¿Eso es malo, doctor?". Si hay confianza, ante la respuesta negativa queda la pérdida de la normal integridad, pero no hay papel social alguno que adoptar. Si la respuesta es positiva, la pérdida parcial de la normal integridad se convierte en enfermar. Es decir, repercute en la vida del paciente, que pasa a ser un enfermo, a admitir cambios en su vida, en su relación con el sistema sanitario, en su alimentación, e incluso a medicarse.
Lo que sea normal integridad es parte de la cultura. Por ejemplo, en Alemania la hipotensión es enfermedad con enfermar, hasta el punto de ser causa de baja laboral, minusvalía social y justificación de incapacidad laboral permanente. En España la hipotensión puede ser enfermar en raros casos, pero no suele ser enfermedad, sino una variación de la normalidad.
La normalidad también tiene una interpretación personal, y son muchos los que teniendo minusvalías evidentes e importantes las superan hasta el punto de poder considerar, incluso, "anormales a los normales" (por no haber demostrado si serían capaces de afrontar tales pruebas).
Hay quien desea que todos seamos normales, hay quien desea la mejora de la raza. La teoría de la eugenesia llevó la normalidad a un imposible en que se justificó la barbarie de matar a los minusválidos físicos y psíquicos (incluyendo entre estos, además, a los judíos, homosexuales, republicanos españoles, gitanos y otros). Los sueños de la razón producen monstruos, como bien enunció Goya.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/suerazon.html
Eugenesia
Francis Galton se dio cuenta de que la sociedad eliminaba en gran parte la presión evolutiva. Es decir, percibió que la protección de los débiles disminuía las mejoras que conlleva la evolución natural. Tal idea es antigua, y en cierta manera las distintas civilizaciones han promovido de formas variadas la mejora de la especie humana. Pero Francis Galton aprovechó las ideas de su primo, Charles Darwin, para proponer una filosofía y política social de mejora de la raza humana. Primero en un artículo de 1865 sobre "Talento y personalidad hereditarios", y luego en un libro, en 1869, "El genio hereditario". En síntesis, si son hereditarias las mejores virtudes físicas e intelectuales, ¿por qué no introducir cambios que lleven a la selección artificial de dichas virtudes? Se trataba de promover la existencia de personas más sanas y de disminuir el sufrimiento y el coste de las enfermedades. Todo ello bien fundamentado en la estadística y en la biometría, para seleccionar lo mejor de lo normal.
Dicha selección artificial se logra en la actualidad con el consejo genético prenatal, el diagnóstico prenatal (y el aborto de los productos "anormales"), la selección in vitro de embriones y demás. Por ejemplo, en su extremo, en la India, permite eliminar los embriones femeninos, y en los países occidentales los síndromes de Down.
A lo largo del siglo XIX y XX la eugenesia ganó adeptos y llevó, por ejemplo, a la esterilización forzosa y la eliminación de las personas "anormales". Por supuesto, promovió conductas "sanas" hasta lograr, por ejemplo, que Hitler fuera el patrocinador del primer estudio del mundo en que se demostró que el fumar tabaco se asociaba a cáncer de pulmón (y ni Hitler, ni Franco, ni Mussolini fumaron). El nazismo se fundó en la eugenesia, pero conviene recordar que las esterilizaciones forzosas también se utilizaron en, por ejemplo, los EEUU y Suecia.
Entre las conductas "sanas" a promover e imponer, las vacunas.
Australia
La Ministra de Sanidad australiana ha sacado adelante una norma para intentar que se vacunen el 11% de los niños de 5 años mal vacunados en ese país. Los padres que no tengan completamente vacunados a sus hijos no tendrán derecho a un beneficio fiscal que se aplica a las familias con hijos y que puede alcanzar los 2.100 dólares australianos (1.500 euros) por niño. Esta medida entrará en vigor en julio de 2012.
Lo asombroso es que esto parezca muy bien a muchos médicos pro-vacunas, con el argumento de que los anti-vacunas deben ser forzados para vacunarse, tanto para que no tengan enfermedades infecciosas vacunables como para que no las transmitan.
En el mundo entero se está intentando cambiar el imponer por el convencer, por ejemplo en los cribados de cáncer
http://www.oxfordjournals.org/ourjournals/jnci/pressreleases/stefanekdjr474.pdf
Los pro-vacunas tendremos que tratar de convencer, y en último término ser solidarios con los anti-vacunas. Si pretendemos imponer las vacunas terminaremos rompiendo la tolerancia social que permite la convivencia.
La intolerancia es cara, como la eugenesia
En los EEUU hay mucho de ese exigir responsabilidad personal individual, y en sanidad se pretende que el que la haga la pague. Así se consigue el único país desarrollado que carece de sistema sanitario público de cobertura universal, el de mayor gasto en salud, y el de peores resultados en salud. Ser solidarios es más barato, y conveniente.
Las vacunas plantean problemas éticos que requieren respuesta prudente y pausada.
http://www.equipocesca.org/uso-apropiado-de-recursos/etica-y-vacunas-mas-alla-del-acto-clinico/
Si somos intolerantes con las "variaciones" frente a las vacunas, habría también que exigir responsabilidades individuales personales cuando surjan complicaciones, enfermedades y/o lesiones a:
No se trata, pues, ni de imponer ni de obligar. Más vale convencer, ya digo.
Es tarea de los que somos pro-vacunas, convencer a los anti-vacunas. No son irracionales, ni anti-vacunas sensu stricto, sino "pro-libertad de vacunación" y piden cosas sensatas, como vacunas de una en una (y no en inyecciones agrupadas en quintetos e indivisibles) y un seguro para daños que evite el oprobio de las niñas de Valencia, Murcia y Sevilla (con la vacuna contra el virus del papiloma humano) cuyos padres fueron pro-vacunas.
Una sociedad solidaria y tolerante es más sana. Aunque haya que convivir con quien sea imprudente, pues todos lo somos en algún grado.
No a la eugenesia, no a las vacunas obligatorias. Nos conviene a todos.
Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)
