El mirador cuidar es esencial para la vida

Nos cuidamos, cuidamos y nos cuidan

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“Las monjas vendieron el edificio del asilo y se fueron con los ancianos a uno nuevo, en las afueras. Los obreros empezaron la demolición por el tejado, por el inmenso palomar. Las palomas permanecieron días en los alrededores, esperando que todo volviera a la normalidad para retornar a sus nidos y a sus pichones. Nunca volvió la normalidad y las palomas acabaron abandonando el lugar”

Lucía y su madre

-¡Hola! ¿Cómo estás mamá? Hoy no te he llamado a mediodía porque he tenido un día complicado en el trabajo. Desde que me ascendieron es el no parar.

-Estoy bien. No tienes que llamarme todos los días, hija. Me arreglo muy bien y ten por seguro que te llamaría si alguna vez te necesitara.

-Vale, pero me gusta hablar contigo todos los días un rato a mediodía. Me quedo más tranquila. ¿Has salido con la lluvia?

-No, no he salido. Bueno, llegué a arreglarme y a salir hasta el portal, armada con el paraguas, pero la lluvia me echó para atrás pues caía con tanta fuerza que empezó a entrar agua en cuanto abrí la puerta.

-¿Tenías pan? ¿Pudiste cocinar? ¿Qué has cenado?

-Estaba cansada. He dormido mal. Ya sabes, desde que murió tu padre dormir no es lo mismo, siento frío toda la noche. No tenía ganas de cocinar y me he arreglado con las sobras de ayer, lentejas y un poco de comtessa que tengo en la nevera.

-¡Madre, por favor! Mañana pasaré a mediodía para comer contigo y me pongo ahora mismo a hacer unas albóndigas, que sé que te gustan. Te llevaré también naranjas y mandarinas.

-¡Ni se te ocurra! Cuida a tus hijos, y conque vengas el domingo ya es suficiente. ¡No vayas a tener problemas con el trabajo ahora, justo ahora!

-Estoy muy bien en el trabajo, no te puedes imaginar cómo se están portando los compañeros.. Muchos piensan que me tenía que haber divorciado antes.

-Ya sabes que es lo mismo que pienso yo. No sé qué le viste a Fernando.

-Vale, mamá. Lo dejamos. Cuenta conmigo mañana para comer, sobre las dos de la tarde. Llevaré hechas las albóndigas y en un momento las terminamos de preparar.

-¡Qué “grandona” eres, que diría tu padre! Parece que siempre te sobran el tiempo y el dinero.

-¿Para qué los quiero, mamá? ¿Hay algo más importante que disfrutarlo con la familia y los amigos?

-Serás siempre igual. Te espero mañana. Que pases buena noche.

-Hasta mañana, mamá. Que duermas bien. Un beso.

Daniel y Lucía

-¿No estás acostada?

-No, no te preocupes.

-Al final te quedaste como siempre a cerrar la oficina. ¡Todos tenemos que irnos a las cinco menos tú, que te vas cuando te da la gana…!

-He llegado a casa con tiempo y he preparado una cena rica. Los niños están ya muy mayores y han recogido todo y puesto el lavaplatos. Siguen siendo infantiles, y más ahora con la ausencia permanente de su padre, así que hemos disfrutado echándonos un parchís. Ahora ya está dormido Fernando y Bea está chateando con sus amigas, pero desde la cama. He aprovechado la tranquilidad para hacer unas albóndigas con una carne picada deliciosa que acababa de comprar esta tarde, para llevárselas a mi madre mañana y comer con ella. En este momento me iba a poner a darle una vuelta al informe sobre el edificio en Oviedo.

-Me asombra la energía que tienes.

-No hay elección, es la vida la que me arrastra. Fui feliz con Fernando y estoy intentando serlo sin él.

-Hay que ser idiota para dejarte…

-No lo creas, tengo mi carácter. No es lo mismo en el trabajo que en casa. Comprendo que se haya ido con Clara, mucho más joven que yo, y sin compromisos…Ha sido siempre un inmaduro. ¡Al menos cumple el acuerdo del divorcio…!

-Ya sabes que tienes a todo el Departamento a tu lado, lo que necesites. No hemos tenido jefe como tú nunca. ¡Como si te quieres quedar a pasar la tarde con tu madre! Cuenta con todos nosotros. Es una mala temporada para ti. Y cuenta conmigo…

-Ya sabes, Daniel, que te tengo en mucho. El tiempo irá diciendo. ¿Quieres venir a cenar a casa el viernes? A los niños les encanta estar contigo.

-¡Encantado! Pero con la condición de que sea yo quien cocine. Esta vez salmón asado, que tengo una receta nueva deliciosa.

-Me gusta que te guste cocinar. A mí también me gusta. Me encanta ensayar nuevas recetas. Algún día sacaré tiempo para ir a una escuela de cocina y aprender alguna cosa en serio.

-¿No estarás pensando en cambiar de profesión?

-¡No, no! ¡De ninguna manera! Ahora me siento plenamente integrada en la empresa, dando lo mejor de mí, ya con experiencia y siempre aprendiendo. Me siento feliz en el trabajo.

-No puedo decir lo mismo. A mí me gustaría dedicarme a la enseñanza, ya lo sabes. Esto de los negocios no me va, siempre casi sin tiempo para pensar, siempre sólo con cosas prácticas…¡Me encantaría hacer la tesis doctoral!

-A lo mejor si se arreglase lo de tu padre…

-Lo de mi padre no tiene arreglo, Lucía. Cada día va peor. Mantiene la cabeza pero sus piernas no lo mantienen, cada vez va a peor el dolor con la claudicación intermitente. Ahora me arreglo porque lo cuida muy bien Luisa Fernanda, la colombiana que está interna en casa. Es una mujer mayor, calmada y serena. Estoy encantado. Pero tengo que ganar dinero, no me podría permitir el lujo de dejar la oficina.

– Dejarla no, pero a lo mejor te conviene un contrato a tiempo parcial, y así liberar la tarde para que puedas dedicarte a lo académico. Ya lo hablaremos.

-Podría ser una opción. Entonces ¿me admites a cenar el viernes y llevo y cocino el salmón?

-Vale, sí. Hasta mañana.

-Hasta mañana, que descanses.

Luisa Fernanda y Daniel

-Me voy a acostar. ¿Quiere algo especial para mañana, señor?

-No me llames señor, Luisa, soy simplemente Daniel.

-Me sale así, señor. Llevo ya más de veinte años en España pero no me termino de acostumbrar a su tuteo. Además, en todos mis otros trabajos me pedían justo lo contrario. ¡No puedo cambiar cada día!

-No es cada día. Llevas cuidando a mi padre desde hace ya cuatro años.

-Es verdad. También es verdad que es la primera vez que tengo tantos derechos. ¡Me parecen privilegios!

-Son los mismos que tengo yo en el trabajo, Luisa. Además de por ley, te los mereces por trabajadora y buen persona. Decías de mañana, sí, por favor. Querría que te acercases a la farmacia, a ver si han traído ese nuevo medicamento para mi padre.

-Allí iré. Pero está yendo bien. ¿Cree que hay que cambiar el tratamiento?

-Es lo que ha dicho el especialista, y el médico de cabecera está de acuerdo.

-No sé. Su padre va muy bien. No ha empeorado y de ánimo está fenomenal.

-¿No crees que vaya a peor? Yo lo veo peor de ánimo, más gruñón y con mayores dificultades para moverse.

-¡Eso es con usted! Se ve que nunca se han llevado bien y que su padre preferiría que lo cuidara su hermana, pero no ha empeorado, no. Conmigo es hasta alegre. ¡Le encanta hacer los crucigramas juntos! Y ver la televisión, y que le lea el periódico, y que le saque al parque en la silla de rueda, andar por el pasillo agarrado a mi brazo,…

-Lo de mi hermana no tiene nombre. Su casa es más grande y más cómoda que la mía, pero nunca ha querido tener a mi padre. Dice que no puede con él, que le saca de sus casillas.

-Mi hermana, María Camila, que también esté interna, pero mucho peor que yo, dice que en su casa todo es justo al revés, la hija se ha llevado a la madre a su casa y el hijo vive su vida sin querer saber nada, disfrutando de la casa familiar. Y la madre se lleva muy mal con la hija, de forma que echa de menos todo el día al hijo.

-Cosas de la vida, Luisa. Por cierto, el viernes iré a cenar fuera. ¿Podrías volver pronto, sobre las ocho de la noche?

-Encantada, me imagino que es para ir a casa de Lucía…

-¡Luisa, no debes oír mis conversaciones!

-No las oigo, ellas me llegan a mi oídos sin querer. Además, que lo sepa, me gusta Lucía. Hacen ustedes buena pareja.

-Vale, vale, Luisa. ¡Es usted una casamentera y una cotilla…!

-No tanto, pero tengo mi arte. Hasta mañana, cuente conque iré a la farmacia por la mañana y que el viernes volveré pronto a casa.

-Hasta mañana, Luisa, que descanses.

Síntesis

Cuidar se suele ejercer en femenino y como tal suele ser actividad invisible. Sin embargo, cuidar es esencial para la vida, sobre todo para que la vida valga la pena ser vivida.

Nos cuidamos, cuidamos y nos cuidan. Es un círculo virtuoso que conlleva paz y bienestar social.

Hay que organizar la sociedad para que podamos cuidar sin sacrificarnos en un extremo y en el otro sin tener que ser como las palomas que ven impotentes la destrucción de sus nidos y la muerte de sus crías.

NOTA

Este texto debe mucho a las ideas vertidas en los debates virtuales y presenciales del Seminario de Innovación en Atención Primaria sobre “Cuidados y salud: cultura, género, profesión, sociedad y valores”, celebrado en su reunión presencial en Lleida los pasados 10 y 11 de noviembre de 2017.
Hubo 236 inscripciones, de 165 mujeres, 71 hombres. 159 inscritos en virtual y presencial y 77 sólo en virtual.

Por profesiones: 8 trabajadoras sociales, 1 integrador social, 2 educadores sociales, 1 terapeuta ocupacional, 1 socióloga y politóloga, 1 estudiante enfermería, 8 residentes de enfermería comunitaria, 20 enfermeras, 1 estudiante de nutrición, 14 estudiantes de medicina, 1 residente de salud pública, 61 residentes de medicina de familia, 93 médicos de familia, 2 médicos gestores, 3 médicos generales, 4 pediatras, 2 psiquiatras, 1 reumatólogo, 1 ginecóloga, 1 estudiante de psicología, 1 psicólogo, 1 psicólogo y educador social, 1 psicólogo y sociólogo, 1 psicóloga y residente de medicina de familia, una profesora de secundaria, 1 mediadora cultural, 1 gerente, 1 filóloga, 1 cuidadora y 1 antropóloga.

Países de residencia: 2 Brasil, 2 Chile, 2 Cuba, 2 Ecuador, 1 Francia, 2 Luxemburgo, 8 Perú, 3 Portugal,1 Rep Dominicana, 1 Suiza, resto España.

Fueron 12,5 horas de docencia (sesión de fotografías incluida) y 1 hora de cafés; se excluyen los 15 min añadidos de cortesía (de empezar 5 min antes cada sesión)

En el encuentro presencial hubo 4,63 horas para ponencias y para debate hubo 7,86 horas. Hubo 21 ponentes, 15 mujeres y 6 varones que fueron 1 estudiante, 2 legos, 7 residentes y 11 profesionales de sanidad. Aparte de las ponencias, hubo un total de 202 intervenciones (incluye las respuestas de ponentes; de los asistentes fueron 121), 130 de mujeres y 72 de varones; han sido 4 de estudiantes, 17 de legos, 33 de residentes y 148 de profesionales.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

1 Comentario

  1. Yasmin says:

    Precioso 🙂 <3

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