El mirador la salud no puede ser acreditada por los médicos

Normalidad y salud sin médicos

Juan Gervas

El autor cuestiona el proceder de quienes, en la actuación médica, pretenden definir lo que es salud; es decir, poner límites (factores de riesgo) para poder calificar a uno de sano o de enfermo, algo muy distinto al sentirse sano, que tiene poco que ver con el médico.

El poder médico de definir salud y enfermedad, y normalidad

El médico es el profesional y el experto en el que la sociedad delega el poder de definir la “normalidad” vital y con ello le permite definir salud y enfermedad, pues lo que sea normal equivale a salud y lo demás a enfermedad.

La salud es personal e intransferible; es una vivencia de normalidad que no necesita de médicos para ser acreditada

Este poder de definir salud es muy reciente ya que el médico ha sido durante milenios sólo el experto en enfermedades y la salud era más una cuestión cultural y social que facilitaba el disfrute de la vida sin tener que consultar a ningún profesional de la enfermedad. Con todo, al definir la normalidad, el médico puede ser de gran ayuda al “sano preocupado”, al paciente que no sabe si el síntoma o signo que percibe es sólo un cambio dentro de la variabilidad esperable.

Por otro lado, al definir enfermedad el médico ayuda a quienes se pueden beneficiar de las actividades sanitarias y también a la sociedad. Por ejemplo, al identificar casos de pacientes en una epidemia, o al facilitar las ayudas para pacientes “dependientes”, con minusvalías varias.

La salud es personal e intransferible; es una vivencia de normalidad que no necesita de médicos para ser acreditada http://elasombrario.com/inapetentes-contra-la-medicalizacion-de-nuestra-vida/

La normalidad desde el punto de vista cultural

La normalidad se puede definir desde el punto de vista cultural, que es cambiante y legitimador de valores sociales. Así, en otros tiempos, la consideración por los psiquiatras de la homosexualidad como enfermedad o “desviación” de la normalidad.

La normalidad desde el punto de vista cultural puede llevar a la confusión entre ideales de salud y de virtud, cuyo más cruel ejemplo se encuentra en la búsqueda de la raza perfecta (oposición al tabaquismo, eugenesia, etc.) de los nazis alemanes, pero que ha llegado a nuestros días con la valoración social de lo “bueno” y lo “malo”, de lo “peor” y lo “mejor”, por ejemplo respecto al mismo tabaco, o a la obesidad, o al consumo de drogas ilegales, o a la participación en campañas de cribado de cáncer.

Este punto de vista cultural es el que “justifica” tanta agresión cosmética contra la mujer, por ejemplo para conseguir un peso “ideal”, unos pechos “apropiados”, unas nalgas “perfectas” o una vagina “rejuvenecida”. La mujer se siente sana sólo en el margen estrecho que marca la sociedad.

La normalidad desde el punto de vista del riesgo de enfermar

Es irónico que el factor de riesgo ni sea necesario ni sea suficiente para que se desarrolle la enfermedad

Desde el punto de vista del riesgo de enfermar la normalidad implica la ausencia de una característica determinada (factor de riesgo) que conlleva el incremento de la probabilidad de enfermar.

Esta visión se asocia, en general, a una intervención preventiva, que busca atenuar o eliminar el “factor de riesgo” para suprimir la probabilidad de enfermar. El sano deja de serlo al etiquetarlo como “de riesgo”. Es irónico que el factor de riesgo ni sea necesario ni sea suficiente para que se desarrolle la enfermedad y, además, en muchos casos es un continuo sin un punto de corte definido https://pss17.files.wordpress.com/2009/01/friesgo_fm.pdf

Por ejemplo, la tensión arterial es expresión de la dinámica de fluidos que moviliza la sangre, aunque a partir de una cierta cifra se asocia a mayor frecuencia de insuficiencia cardíaca e ictus cerebrales. La hipertensión ni es enfermedad, ni es necesaria ni suficiente para enfermar.

La normalidad se define con cifras y el factor de riesgo es una “interpretación” médica de unos valores (tensión arterial, glucosa, peso, colesterol en sangre, cuestionario, etc) que definen lo que es “normal” y sano.

La normalidad desde el punto de vista del pronóstico

Desde el punto de vista del pronóstico (de evolución desfavorable probable), se define anormalidad cuando se asocia una situación/estado a un probable mal resultado en salud, a deficiencia, incapacidad, minusvalía y sufrimiento. Es el punto de vista que predomina respecto al enfermar en las sociedades occidentales, y hace que el paciente asocie la etiqueta de anormalidad con la de enfermedad, daño y sufrimiento.

En 2011 se provocó una epidemia local de pánico en España, con la “gripe A”, para vender vacunas y antivirales en una situación de absoluta normalidad

La anormalidad supone un futuro “negro”. Así, tener gripe es una enfermedad cuyo pronóstico suele ser leve, salvo complicaciones. Pero en el caso de la “pandemia de gripe A” de 2009-10, el pronóstico se tornó “negro” en verdad y lo que era normal (tener gripe en invierno) se transformó en grave anormalidad, con riesgo de muerte. De hecho, en 2011 se provocó una epidemia local de pánico en España, con la “gripe A”, para vender vacunas y antivirales en una situación de absoluta normalidad. Se resucitó el fantasma “A”, como si fuera algo anormal, con un futuro “negro”, por más que la gripe A haya pasado a ser parte de la normalidad de la gripe de todos los años.

El pronóstico no se refiere sólo al individuo y puede afectar a la población. En el ejemplo de la “pandemia de gripe A” de 2009-10, hubo una epidemia de pánico social pues el sentido de “pandemia” incluía hasta ese año la idea de daño, de gran morbilidad y mortalidad (de mal pronóstico). Al cambiar la definición y referirse en exclusiva a su difusión geográfica, las poblaciones interpretaron la pandemia en el sentido previo, de amenaza, de gripe con mal pronóstico.

La normalidad desde el punto de vista de la respuesta al tratamiento

La normalidad se puede definir desde el punto de vista de respuesta a un tratamiento (del beneficio con la instauración de un tratamiento). Es decir, lo anormal es aquello para lo que existe un tratamiento. El tratamiento puede llegar a justificar el enfermar, como por ejemplo al transformar en enfermedad variaciones de la normalidad de la erección del pene (lo que llaman “disfunción eréctil”).

Esta visión es una visión pragmática ligada en general a la medicina como negocio y lleva desde el etiquetaje a la acción con fácil manipulación, como se puede hacer al definir nuevos puntos de corte que exigen tratamiento, por ejemplo en la hipertensión o en la diabetes. Así, los intereses comerciales hacen cada vez más difícil tener la tensión normal, o una cifra de glucosa en sangre normal, pues se aplican tratamientos a situaciones que se definen como “pre” (pre-hipertensión, pre-diabetes).

A veces, la existencia de un nuevo tratamiento conlleva el aumento del interés de los médicos por el diagnóstico; buen ejemplo fue el repentino interés por el “colon irritable”, a comienzos del siglo XXI, coincidente con la comercialización de nuevos medicamentos para su tratamiento. En este ejemplo, es colon irritable el conjunto de síntomas “anormales” que responden al tratamiento. Ello con independencia de que tales síntomas sean en realidad una sana variación de la normalidad con la que expresa el cuerpo algunas dificultades mentales y sociales.

La normalidad desde el punto de vista estadístico

Desde el punto de vista estadístico la normalidad depende de la frecuencia en torno a la media, o similar. Es una normalidad gaussiana, en la que los valores próximos a la media se consideran normales.

Esta definición lleva al absurdo, pues atribuye la misma prevalencia a todas las enfermedades, en torno al 5%, y tiene por corolario el que no haya sanos, sino enfermos insuficientemente estudiados (la probabilidad de ser calificado como enfermo depende del número de pruebas realizadas).

Además, la distribución estadística “normal” no se cumple siempre. Por ejemplo, en el hipotiroidismo subclínico hasta el 40% de los pacientes se salen del recorrido “normal” de los valores de hormona tirotropa, y pueden ser clasificados erróneamente como hipotiroideos aunque tengan valores normales de auto-anticuerpos y carezcan de historia de enfermedades tiroideas.

En muchos casos la normalidad cultural se forma a través de la poderosa influencia de los médicos y de sus métodos estadísticos. Buen ejemplo es el de las madres debatiendo acerca de los “percentiles” infantiles. Hay que señalar que es extraño este poder si tenemos en cuenta el frecuentísimo analfabetismo estadístico de los médicos http://www.bbc.com/news/magazine-28166019 http://d-nb.info/111274438X/34

Síntesis

Si se siente sano suele tener mayor probabilidad de vivir con salud que si un médico le examina y certifica dicha salud. Cuando responde a intereses comerciales, es maligno el empleo del poder médico de definir normalidad para convencer de que está enfermo al que se siente sano
https://www.researchgate.net/profile/Yael_Benyamini/publication/14118775_Self-Rated_Health_and_Mortality_A_Review_of_Twenty-Seven_Community_Studies/links/00b7d52629f13524e1000000/Self-Rated-Health-and-Mortality-A-Review-of-Twenty-Seven-Community-Studies.pdf
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3855002/

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

1 Comentario

  1. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    MUY BUENAS REFLEXIONES.
    Me parecen unas ideas muy acertadas y que nos sirven para todos los profesionales de la salud.
    Gracias por aportar aire puro al ámbito sanitario. Por hacer que pensemos sobre muchas prácticas que realizamos cada día. Por mostrarnos un camino diferente para humanizar la atención sanitaria. Por compartir sus valiosas experiencias… Y por hacerlo de una forma tan didáctica y natural.
    Es un honor para mi leer sus reflexiones, pues creo que me aportan mucho..

Deja un comentario