El mirador

Noli me tangere

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En ciencia no hay nada sagrado, intocable (noli me tangere); de ahí que el autor se vea sorprendido por los profesionales, médicos y enfermeras, que no admiten que se cuestione su labor asistencial, por más que ésta no dé los resultados previstos, aunque se haya aumentado el número de efectivos para hacer frente a los problemas.

Hay consultas sagradas. Por ejemplo, aquellas en las que el paciente llora. O con/sin llorar, las consultas tras la muerte de un familiar cercano. O tras el parto. O tras el aborto. O antes de irse el paciente a un asilo. O en las que reconoce un error el médico. Al cabo del día, todos los médicos tenemos más de una consulta sagrada, una consulta en la que el tiempo se interrumpe y el paciente merece el máximo de atención. Por supuesto, toda consulta es sagrada por ser irrepetible, por poner en contacto sufrimiento con ciencia, anhelo de curación con respuesta profesional. Pero en la consulta sagrada, por ejemplo, es esencial el contacto físico con el paciente. En la consulta sagrada tienes oportunidad de acercarte al paciente, para sentarte a su lado, para tocarlo, para que sienta el contacto terapéutico de la mano sobre su hombro o su codo; si es oportuno, para recoger sus manos en las tuyas.

 

En ciencia no hay nada sagrado. Toda hipótesis existe para ser negada, para intentar demostrar su falsedad. Creer que en ciencia hay algo sagrado es ir contra la ciencia. Por ello en la parte de la Medicina que es ciencia no hay nada sagrado. En ciencia todo es transitorio, perdura mientras no haya alternativa mejor.

 

La forma de trabajo de los profesionales sanitarios y el contenido de su práctica clínica son opciones transitorias. Nadie puede permanecer ajeno a la crítica, y a las propuestas de mejora. Nadie que se pretenda científico reclamará el noli me tangere.

 

José Rizal

 

Fue José Rizal médico filipino. Fue José Rizal ciudadano español, fusilado injustamente. Fue fusilado el 31 de diciembre de 1896 por haber promovido la independencia de Filipinas. Reclamó libertad de reunión y de expresión. Pidió el mismo trato para españoles y malayos. José Rizal era mulato, con mezcla de español, chino y malayo. Estudió en Manila, y terminó Medicina en Madrid. Se especializó en oftalmología, y trabajó en Francia y Alemania. Escribió dos novelas; la primera, Noli me tangere. En ella reclama la cultura tagala y denuncia a las órdenes religiosas en Filipinas. El libro fue prohibido en Filipinas, obviamente, y el autor tuvo problemas para volver a Manila. La primera edición se publicó en Berlín, en 1891.

 

Se llamó noli me tangere a una úlcera maligna cuya evolución era más favorable cuanto menos se tocara. Hay cosas que es mejor no menear. Una úlcera maligna, por ejemplo, que no se tocaba si no era para hacer una intervención radical.

 

En ciencia se toca todo, desde una úlcera maligna a la forma de trabajo de los profesionales sanitarios y el contenido de su práctica clínica. Nada es sagrado en ciencia.

 

Noli me tangere

 

En el Evangelio de Juan, capítulo 20, versículo 17, se relata la visita de María Magdalena al huerto en que estaba el sepulcro de Jesús. Encuentra vacía la tumba, ve a dos ángeles, se vuelve y descubre al hortelano, que resulta ser Jesús resucitado. Lo abraza (o intenta abrazarlo) y Jesús emplea la locución noli me tangere. Se suele traducir por no me toques, o no me quieras tocar, pero parece más correcto lo de no me retengas, que alude a que María Magdalena logró ese abrazo de despedida.

 

Incluso, pues, se toca y abraza algo tan sagrado como el Cristo resucitado. Es lógico, al tocar se establece un contacto curativo, una calma que no logran las palabras. Uno puede callar y calmar al paciente moribundo, sencillamente tomando su mano, y dejando que apriete la nuestra.

 

Hay que echar los demonios. Hay que ser capaz de vernos en los espejos. Es importante que otros nos vean y nos toquen. Hay que criticar la forma de trabajo de los profesionales sanitarios y el contenido de su práctica clínica. Nadie puede reclamar el noli me tangere.

 

Servicios sanitarios para dar respuesta a las necesidades de los pacientes, sin noli me tangere

 

Los servicios sanitarios responden a las necesidades de los pacientes con el mejor uso de los recursos (materiales, humanos, financieros, conocimiento). En el mundo entero los servicios sanitarios se han convertido en un problema, por su rendimiento marginal. Así, el aumento de los recursos no se traducen en mejor respuesta. En algunos casos, incluso, el aumento de los recursos conlleva peor salud de pacientes y poblaciones. Hay que criticar la forma de trabajo de los profesionales sanitarios y el contenido de su práctica clínica. Ya lo hacemos con los médicos, de continuo y en todos los campos, pero las enfermeras parecen reclamar el noli me tangere, con sus escandalosas reacciones ante el menor comentario y/o crítica.

 

Sin embargo, en España, ahora tenemos enfermeras con consultas de enfermería en Atención Primaria, muy centradas en la hipertensión, pero tales consultas no se asocian a mejores resultados en el seguimiento de los pacientes con hipertensión. Seguimos como siempre, con más recursos, pero sin mejorar. Habrá que mejorar, cambiar y criticar lo que se hace por médicos y por enfermeras.

 

En España, por ejemplo, la insuficiencia cardíaca sigue siendo causa frecuente de re-ingreso, sufrimiento y muerte. Lo clave para mejorar la situación es visitar al paciente a domicilio, enseñar a los familiares normas de cuidado, y ofrecer acceso fácil cuando se precise. Son aspectos que cumplen bien las enfermeras, pero tras 25 años de reforma de la Atención Primaria las cosas no van a mejor. Se está supliendo con Unidades de Insuficiencia Cardíaca, hospitalarias. Habrá que cambiar y criticar lo que hacen médicos y enfermeras.

 

En España, las amputaciones de extremidades inferiores en diabéticos son casi el doble que en los países de la OCDE (26,5 por 100.000 pacientes contra 14,5; el mejor resultado, en Austria, 6,6). Las consultas de enfermería se centran mucho en hipertensión y en diabetes, pero parece que su efecto es escaso, o nulo, por más que cumplan protocolos y normas sin parar (reciben incentivos por ello, además). Habrá que criticar y cambiar lo que hacen médicos y enfermeras.

 

En España, el control del dolor hospitalario es claramente defectuoso, y el problema no es sólo médico. En España, el seguimiento de los pacientes con SIDA en hospital y en Atención Primaria es manifiestamente mejorable, y el problema no es sólo médico. Lo intentan mejorar con enfermeras de casos, o con enfermeras de enlaces (enfermera sobre enfermera), pero antes habrá que criticar lo que hacen médicos y enfermeras.

 

En España, formar a un médico para que trabaje en Atención Primaria exige 4 años (de residente de Medicina de Familia). Pero las enfermeras pueden pasar por miles (miles) del hospital a la Atención Primaria sin exigencia de formación específica científica y profesional alguna. Nadie osa poner en duda una potencialidad y capacidad que se niega a los médicos. ¿Cómo es posible que una enfermera de quirófano, por ejemplo, pase al día siguiente a enfrentarse a consultas complejas y difíciles sin formación específica en Atención Primaria? O son omnipotentes o es imposible, y puede explicar los resultados previos a través de una cascada de incompetencias, que se refleja bien en un déficit curativo (turnos, por ejemplo, para cura de úlceras crónicas) y en el horror a la incertidumbre (cumplimiento estricto de protocolos y programas, la mayoría de ellos sin fundamento científico).

 

Las enfermeras son víctimas de un sistema sanitario que las ha empleado en el juego político contra el poder médico. Pero eso no justifica el noli me tangere que parecen reclamar.

 

Hay que echar los demonios, hay que mirarse en el espejo, hay que ser mirados y tocados por los compañeros.

 

Noli me tangere para nada ni para nadie en ciencia, ni en la organización sanitaria.

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Juan Gervás

Acta Sanitaria

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