Punto de vista Punto de vista

Mal de ojo con fecha de caducidad

El ‘informe Abril’ fue un análisis en el que se juzgaba y evaluaba el sistema sanitario público español, con una serie de recomendaciones para su planificación posterior. Redactado en 1991 por una comisión presidida por Fernando Abril Martorell, apellido del que tomó su denominación, el informe estuvo terminado y entregado al ministro el 25 de julio de 1991 y fue presentado en el Congreso de los Diputados por Abril Martorell el 25 de septiembre, siendo presidente del Gobierno Felipe González Márquez. En él se consideraba que existía «un cierto agotamiento del sistema sanitario». Este informe fue muy criticado en su momento y quedó relegado aparentemente en el olvido. En marzo de ese mismo año se había producido el relevo en el ministro de Sanidad de Julián García Vargas, impulsor del informe, que fue sustituido por Julián García Valverde. Sin embargo muchas de las recomendaciones del mismo se han ido adoptando en la primera década del siglo XXI por el Estado y las Comunidades Autónomas.

El diario “EL País” escribía un editorial el 29 de septiembre de 1991 que decía, entre otras cosas: ”una especie de mal de ojo parece haber gafado el informe sobre la reforma de la sanidad pública elaborado por la comisión de expertos coordinada por el ex vicepresidente Fernando Abril Martorell. Víctima de todas las demagogias (las de algunos sindicatos que amenazaban con paros y huelgas ¡ante la mera existencia del informe!; las de ciertos partidos, como el PP, que lo descalificaron íntegramente desde la ignorancia más supina; las del poder, que se ha metido en el agujero y mira para otro lado como si no fuese el Gobierno el más interesado en un estudio con soluciones), el informe Abril tiene la verosimilitud de estar escrito sin interferencias, como si sus autores fuesen libres y pudieran hacer con la sanidad española lo mejor que estiman. Y se ha topado con la dura realidad y un espectáculo vergonzoso. Antes de discutirse en el Congreso de Diputados, instancia que aprobó su realización y que es, por tanto, su principal destinatario, todos le han dado la espalda. Ni siquiera es seguro ahora que un debate parlamentario digno de tal nombre se produzca y que, si tiene lugar, sirva ya para algo. Y, sin embargo, merece mejor suerte un valioso material de trabajo que, al margen de que se esté o no de acuerdo con todas sus conclusiones, constituye una radiografía de la verdadera situación de la sanidad pública española realizada por.expertos y tras un exhaustivo trabajo.

Muchas de las recomendaciones del ‘Informe Abril’ se han ido adoptando en la primera década del siglo XXI por el Estado y las Comunidades Autónomas.

 

«La forma en que se dieron a conocer a la opinión pública los resultados del informe en julio pasado no pudo ser más desafortunada. Abril Martorell la calificó de Iamentable y catastrófica». Una apreciación que también comparten los portavoces del PP, de IU y del PSOE. Un informe que aborda cuestiones tan trascendentales para la población corno la mejor gestión, organización y financiación de la sanidad pública (un entramado que engulle más de tres billones de pesetas al año) no puede quedar poco menos que secuestrado en un despacho oficial por la falta de valentía de los responsables políticos ante lo descarnado de algunos de los remedios que propone.

«Ocultar el informe y, consecuentemente, coartar la posibilidad de un debate sereno en la sociedad sobre sus efectos no implica superar los problemas que señala. Simplemente los aplaza. Son cuestiones impopulares, ciertamente, pero la honestidad de quienes conocen los problemas y la responsabilidad de quienes tienen la obligación de administrar los medios públicos para cubrir los objetivos de bienestar de sus ciudadanos deben prevalecer sobre la rentabilidad electoral inmediata. La sanidad pública plantea tal cúmulo de problemas y rémoras en el contexto socíoeconómico español que no enfrentarse seriamente a ellos es dilatar y empeorar sus perspectivas.

«Sería lamentable, en todo caso, que no se profundizase más en el análisis del informe y todo el mundo -responsables públicos, colectivos profesionales y sociedad- se diera por satisfecho con el debate superficial que se ha producido hasta la fecha. La sanidad pública es un problema que no admite demoras”.

El ‘Informe Abril’ nunca propuso como solución un carnet por puntos para el paciente; ni se le ocurrió.

Era 1991. Los periodistas ya lo contábamos y ningún Gobierno ha querido escuchar a Abril Martorell… ni a nosotros. La última semana de marzo el secretario de un parlamentario europeo del grupo socialista me comentaba que quieren volver a presentar el informe que nos ocupa como una de las pocas soluciones que tiene la Sanidad Pública en España y en países similares al nuestro en Europa. Los PIGS. Retocado, actualizado y citando fuente y origen lo quieren volver a utilizar como base para sus planteamientos de Sanidad Pública. Pasará en función al resultado de las elecciones de mayo.

Por cierto, el ‘Informe Abril‘ también hablaba de los servicios de urgencias y comentaba que “… los servicios de urgencias se utilizan por tres grupos de pacientes: Un 3-5% por urgencias vitales; un 35-40% por la que son percibidas por el paciente angustiado que, salvo excepciones, no lo son de forma clínica; y un 50-60% que lo emplea como cortocircuito del Sistema, que es el que masifica los servicios de urgencias y colapsa la actividad hospitalaria”. Nunca propuso como solución un carnet por puntos para el paciente. Ni se les ocurrió.

 

José Santos

Experto en periodismo sanitario (pepsan50@hotmail.com)

Deja un comentario