El mirador

Longitudinalidad

El cambio de médico que van a sufrir muchos ciudadanos madrileños comporta la pérdida de la longitudinalidad que conforma la relación médico/paciente al cabo de los años, algo que el comentarista analiza desde el concepto de la huella, que no es más que la memoria que llena la vida de toda persona.

Juan GérvasSomos un puñado de huellas. Huellas que dejamos. Huellas que nos dejan. Nos reconocemos por las huellas que forman la memoria. Nos reconocen los demás por las huellas que en ellos dejamos. Reconocemos a los demás por las huellas que en nosotros dejan. Sin esas huellas seríamos perfectamente desconocidos para nosotros mismos, seríamos unos perfectos desconocidos para los demás, y ellos serían desconocidos para nosotros. Llamamos memoria a esas huellas que resuenan.

 

Cuando un humano muere se lleva consigo una historia propia, y la historia de muchos más. El muerto sigue viviendo en la memoria de los que lo conocieron, y su huella se va desvaneciendo con el paso del tiempo, según mueren los conocidos. Finalmente, nadie recuerda a nadie. 

¡Pobre del que muere cuando ya no queda nadie de los que se recordaron entre sí! Gritará sin eco. 

Formamos grupo por las huellas que compartimos. Compartimos genes, pero sobre todo, memoria y cultura. Ningún grupo tan humano como la familia, donde se comparten momentos (a veces secretos) que dejan huella. Esa huella infantil que forma el núcleo de lo que seremos y somos para toda la vida. Ecos de ternura inocente. 

Ningún grupo como la tribu, familias relacionadas, espacios similares, historias compartidas, lazos genéticos y amistosos, a veces encuentros y otras veces desencuentros. Humanos unidos por una forma armónica de vibrar, por ecos compartidos.

La Humanidad no es más que una gran tribu, una tribu global con sus variaciones locales. Puesto que la Historia la escriben los poderosos, pareciera que son ellos sus protagonistas. Pero todos somos protagonistas, pues cada uno deja huella entre sus familiares y amigos y la Humanidad sigue su marcha cuando todos nos movemos. Todos dejamos huellas que se borran como las de los poderosos, por mucho que las de estos queden en letras de molde, o en obras de arte. Las huellas de los más son apenas ecos sonoros inaudibles por la distancia temporal y geográfica. 

Los médicos dedicamos nuestra vida profesional a la recolección de huellas de los que sufren y mueren. ¿Qué otra cosa es ser médico sino dedicarte a escuchar con respeto a los demás? ¿No somos sepulcros de tantos miedos y temores como nos traen los pacientes, en la esperanza de consuelo? ¿Acaso no es nuestra escucha profesional sino un cuadrar la huella del caso y situación con las huellas de casos y situaciones previas? ¿No somos nosotros mismos poco más que ecos modulados por el conocimiento y las técnicas que dominamos? Nuestros pacientes narran vidas y nosotros las interpretamos, con la intención de ayudar. 

Eco 

Entre las ninfas, Eco. 

Eco entretuvo con sus narraciones a Hera mientras su esposo, Zeus, se dedicaba a sus devaneos. La ira de Hera arrancó la voz a Eco, en el futuro limitada sólo a repetir lo escuchado. El encuentro de Eco con Narciso fue expresión de la limitación del que ama y no se puede expresar, de quien pierde los papeles emocionado, capaz sólo de repetir lo escuchado. Narciso respondió con desdén al amor de Eco, y ella se dejó morir en lo profundo del bosque, en su cueva. Desde entonces sólo pervive su voz, que suena y resuena sin argumentar, hueca en el discurso, emocionante en su vibrar. Se vengó Némesis, provocando en Narciso sed tal que le llevó a beber donde pudo ver reflejada su imagen, y murió cumpliendo la profecía, al verse tan bello como para enamorarse de sí mismo, zambullirse y ahogarse.

John William Waterhouse pintó el encuentro entre Eco y Narciso, en un cuadro estilo pre-rafaelista. De esta corriente hay mucho en la Tate Gallery, en Londres. En ella se encuentra el cuadro más conocido de John William Waterhouse, La dama de Shalot. 

Fundaron la Hermandad Prerrafaelita (Pre-Raphaelite Brotherhood) en 1848 varios pintores, poetas y críticos ingleses, con el deseo de expresarse como lo mejor de los artistas de antes de Rafael, del Renacimiento temprano, del Quattrochento y del Trecento. Particularmente trabajados son expresiones y ojos, además del ropaje de los héroes y villanos de leyendas medievales. Sus modelos sufrieron esa necesidad de reflejar, por ejemplo, la mirada vacua de La dama de Shalot, o la expresión de Ofelia flotando muerta en el río. En sus cuadros, los pre-rafaelistas narran historias visuales que nos conmueven. Dejan huella, provocan eco. 

Mirar a los ojos  

Mirar a los ojos demuestra interés por lo que narra el otro. Si la mirada se mantiene descarada y desafiante puede interpretarse como agobiante. De hecho, en los EEUU se define cuántos segundos se puede mantener fija la mirada por un hombre a los ojos de una mujer para no pasar a ser molesto ni agresivo, y por tanto denunciable cuando se excede, por maltrato. En la consulta conviene la mirada franca y directa a los ojos, como forma de mostrar interés, por más que la pantalla del ordenador convierta a muchos médicos en cuellos torcidos de mirada aviesa. 

Los pacientes cuentan historias vitales que nos conmueven. Puesto que las enfermedades no existen, son los pacientes los que las construyen con sus vivencias. Narran vidas y se convierten en libros abiertos. Dejan huella que vibra y se acopla con otras huellas teóricas y prácticas, y, a partir de la experiencia, piedad y respeto, nuestro conocimiento permite ofrecer alivio a sus miedos y sufrimientos. 

El paciente conocido es completamente distinto al paciente nuevo. Idem la familia conocida y la familia nueva. Otrosí, la comunidad y puesto de trabajo. En Medicina conocer al paciente, la familia, la comunidad y el puesto de trabajo es un plus. Para el médico general/de familia es esencial ese conocimiento pues le permite decidir con rapidez las probabilidades post-prueba de muchos diagnósticos alternativos. Técnicamente hablamos de longitudinalidad, la prestación de servicios variados a lo largo de los años por el mismo profesional para distintos problemas del paciente/familia. 

Se ha demostrado que cuando hay longitudinalidad, cuando el médico de cabecera conoce a su paciente, se hace mejor uso del tiempo clínico, de las pruebas diagnósticas y terapéuticas y del seguimiento. Son estudios sobre todo de Per Hjortdahl, del Departamento de Medicina General de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oslo, con los que presentó su tesis doctoral en 1993, y que ha continuado con posterioridad.

Pues bien, en la Comunidad de Madrid están moviéndose 1.500 médicos de Atención Primaria, la gran mayoría médicos generales/de familia. Con el cambio, la longitudinalidad baja a cero. Con el cambio se pierden las historias secretas que acumulamos de pacientes y familias. Con el cambio desaparecen huellas y ecos, todo es nuevo, desaparecen en el vacío memorias y recuerdos.

Cero en longitudinalidad es un lujo que multiplica el gasto del sistema sanitario y, simultáneamente, el sufrimiento de pacientes y familiares.

Hablan de libre elección, pero asignan médicos nuevos. ¡Pobres pacientes, sin atención longitudinal!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

 

Acta Sanitaria

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