El mirador El Mirador

La lucha contra las mamografías obligatorias y por los derechos humanos. Ana Rosengurtt, de Uruguay

Juan Gérvas

El autor, uno de los estudiosos implicados en la lucha de Ana Rosengurtt en contra de la legislación uruguaya que ni respeta la autonomía de los pacientes a pesar de que Uruguay ha ratificado los tratados internacionales en la materia, nos deleita con la entrevista realizada a quien, desde dentro, ha decidido luchar contra tal vulneración, no sólo porque se opone a los derechos humanos, sino porque se impone una práctica  cuyos beneficios  siguen sin haberse demostrado.

Los excesos en prevención suelen ser tan perjudiciales como los defectos.

En salud, hay una tendencia al exceso preventivo que puede llegar a imponerse al individuo mediante una verdadera persecución social y/o legal. Este exceso ha sido bien definido como “salud persecutoria” por Luis Castiel y Carlos Álvarez-Dardet
http://www.scielo.br/pdf/rsp/v41n3/6212.pdf
http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0034-9102007000300019&script=sci_arttext

El extremo y más doloroso ejemplo de salud persecutoria se da en Uruguay (oficialmente “República Oriental del Uruguay”), donde las mujeres tienen un “carnet de salud” que se ven obligadas a cumplimentar si quieren mantener su puesto de trabajo, tanto en el sector público como en el privado. Así, las uruguayas tienen que hacerse, sin que puedan oponerse y entre otras actividades preventivas, una mamografía de cribado cada dos años a partir de los 40. Tal norma se implantó en 2006 por la ordenanza 402/006 del Ministerio de Salud y por el decreto 571/006 siendo Tabaré Vázquez presidente de Uruguay.

La disposición legal de la obligatoriedad de la mamografía es un abuso que daña la autonomía, la dignidad, el empleo, la independencia personal, el pundonor, la autoestima y la libertad de las mujeres uruguayas pues viola derechos humanos básicos respecto al consentimiento informado recogidos en la legislación internacional apoyada por Uruguay y en las normas y procedimientos generales del propio Uruguay
http://www.filosofia.org/cod/c1997ast.htm
http://www.smu.org.uy/cartelera/consentimiento-informado121211.pdf

En España hemos tratado la dictadura preventiva institucional en Uruguay en la bitácora (blog) de Miguel Jara y en El Mirador
http://www.migueljara.com/2013/10/23/las-mujeres-de-estados-unidos-mueren-mas-jovenes-que-sus-madres/
http://www.actasanitaria.com/uruguay-presidente-excepcional-y-dictadura-preventiva-institucional/

La revista científica “British Medical Journal” ha tratado por dos veces dicha cuestión, dada su importancia respecto a ética médica y a derechos humanos
http://www.bmj.com/content/346/bmj.f1907
http://www.bmj.com/content/348/bmj.g390

La disposición legal de la obligatoriedad de la mamografía es un abuso… viola derechos humanos básicos respecto al consentimiento informado recogidos en la legislación internacional

Como no podía ser menos, en Uruguay surgió la oposición a esta barbarie preventiva. Y como casi siempre, por una afectada, no por los médicos clínicos y/o de salud pública.

Se trata de Ana Rosengurtt.

Entrevista a Ana Rosengurtt, realizada en febrero de 2014

PreguntaAna, por favor, ¿podría contarnos algo de su vida, antes de tratar del asunto de las mamografías obligatorias?

Respuesta: Tengo 53 años. Soy uruguaya; nací y vivo en Montevideo, la capital de Uruguay. Mi padre era judío, hijo de refugiados ucranianos que llegaron a Uruguay escapando de los pogromos zaristas antes de la Primera Guerra Mundial. Fue ingeniero agrónomo y, aunque su especialidad eran las gramíneas, heredé su afinidad por los cactus, que cultivo en el balcón de mi apartamento. Mi madre es católica, descendiente de vascos, tiene 87 años, está jubilada y fue micóloga. Del judío y de la católica, nació la atea. Del ucraniano y de la vasca, la rebelde libertaria.

Tengo un hermano menor que es ingeniero electrónico y hace 16 años emigró a Inglaterra. Vive en Brighton y todos los años escapa del invierno inglés para pasar sus vacaciones en Uruguay.

Mis abuelos paternos hablaban yiddish y ruso, pero no lo transmitieron a sus cuatro hijos. Yo ni los conocí; murieron mucho antes de nacer yo.
De niña fui al Lyceé Français de Montevideo. De adolescente estudié algo de alemán. Por razones profesionales, hablo el inglés y me desempeño bien en ese idioma.

En 1994 viví cuatro meses en Okinawa, Japón, en usufructo de una beca cuando tenía 33 años. Luego estudié griego en la Fundación Tsakos.
Tengo dos hijos varones ya grandes e independientes, de mi primer matrimonio. En 2001, cuando me divorcié, me dediqué a terminar la carrera de ingeniería en computación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República de Uruguay, interrumpida por el matrimonio y la maternidad. Cuando en 2005 estaba por dar el último examen, conocí a Jorge, mi compañero actual, quien me ha respaldado en esta quijotada para defender mi dignidad como mujer. En 2011 hice una maestría a distancia en Economía de Telecomunicaciones en la UNED de España y ahora estoy haciendo una especialización en Seguridad en la Facultad de Ingeniería de la República.

El día de mi cumpleaños siempre me lo tomo libre, porque vale la pena dedicarlo a reflexionar sobre la nueva vuelta alrededor del Sol que se comienza a recorrer montada sobre la Tierra, observando la inmensidad del universo disfrutable durante el tránsito de nuestro planeta por el espacio que tiene reservado en el sistema solar, cual carrusel espacial.

Mi familia actual se compone de mi compañero más una gata siamesa. Los fines de semana, y cuando el clima lo permite, con Jorge y la gata escapamos de Montevideo a una cabaña en la playa, donde también cultivamos cactus y otras especies. Allá no hay teléfono convencional y siempre cargo la tecnología móvil para seguir conectada al mundo.

He visitado Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Panamá y Perú. El último viaje fue a Panamá y Colombia. Disfruté mucho del Caribe. Pero el viaje que más me impactó fue cuando conocí Japón, porque su sociedad está formada por personas que tienen las neuronas cableadas de tal manera que, sin perder la individualidad, conviven con una conciencia de colectivo que admiro sobremanera.

Colecciono estampillas (sellos de correos), monedas y billetes, así como también las distintas traducciones de “El Principito”. Ese hobby me nació cuando por la tapa lo reconocí en una librería de Japón y me dije, “si no lo llevo ahora de acá, jamás lo voy a volver a ver”. Y por conocer la lengua “es una excelente guía para intentar aprender este idioma”. Luego en Japón mismo, en una librería para extranjeros, lo encontré en alemán y también lo compré. Era 1994 y Amazon no estaba ni en pañales. De modo que regresé a Uruguay con una colección de dos “principitos”. Ahora con Internet sería fácil descargarlos en formato digital y no juntarían polvo en la biblioteca junto con los 15 adicionales que tengo y que resultaron del aporte de gente conocedora de mi afición, que tuvieron oportunidad de viajar a otros lugares y que conservo con cariño.

Me gusta tejer con sólo una aguja (crochet o ganchillo) y andar en bicicleta, pero en Montevideo es muy peligroso. Hace 21 años que practico yoga en un centro de la organización internacional Sivananda.

Desde 1997 trabajo en la empresa estatal de telecomunicaciones de Uruguay, en el área de seguridad informática del equipamiento de red.

Soy apolítica porque soy sindicalista (de un sindicato de cuadros, como se les llama a las agrupaciones de profesionales y mandos) y si manifestara una preferencia política, polarizaría a mis representados.

Como fan incondicional de The Beatles, en la primera visita a Inglaterra con mis hijos, además de sacarnos la foto en la cebra de Abbey Road, “peregriné” hasta Liverpool para hacer la recorrida en el bus de The Magical Mistery Tour por Penny Lane, Strawberryfields, The Cavern, etc. Disfruto de espectáculos artísticos como el Cirque du Soleil y las diferentes reediciones de la ópera rock “Jesucristo Superstar”.

Para mantenerme informada leo la prensa local digital y un semanario en papel (“Búsqueda”) de reconocido prestigio nacional. Recibo un boletín diario con las noticias de la BBC. También escucho el programa de Emiliano Cotelo por radio “El Espectador” por la mañana. Gracias a Internet y a mi curiosidad, a partir de cualquier lectura informal de esas soy capaz de bucear en busca de más información hasta derivar en temas y sitios inicialmente insospechados por mí. Así me pasó con el cribado mamográfico, de cuya controversia en Europa y Norteamérica tuve noticia hace tiempo.”

PreguntaSu rebelión contra el “carnet de salud” tendría un momento inicial, ¿lo recuerda?

Respuesta: Perfectamente. El 29 de noviembre de 2011 fui al ginecólogo por el chequeo anual que acostumbraba a realizarme. El doctor tomó la muestra para el Papanicolau (citología de cuello de útero) y me indicó (prescribió) la realización de la mamografía. Yo le dije que aún tenía al día el carnet de salud laboral cuya vigencia máxima es por dos años y para el cual son obligatorios ambos estudios (Papanicolau y mamografía). Él me increpó diciendo “¿Así que usted se hace la mamografía sólo por el carnet de salud?. ¿Y si éste la requiriera por 3 años, usted se la haría cada 3 años?” Yo le contesté que efectivamente ese era mi criterio. Me insistió con que en poco tiempo (menos de 1 año) podía desarrollar un cáncer y por eso me la recomendaba en forma anual. Casi en un tono burlón me preguntó “¿Por qué no se la quiere hacer? ¿Porque le duele???”” Yo le recordé de la época de la abreugrafía (radiología torácica) obligatoria en el carnet de salud estudiantil durante la dictadura militar. La tuberculosis nunca se erradicó del Uruguay y sin embargo ya no se impone más en ningún carnet. Le pregunté porqué y me contestó que no habiendo síntomas, no se justificaba. Le repliqué que aplicara el mismo criterio para mi caso en relación con el cáncer de mama. Y que habiéndome realizado ya 3 con resultado negativo, consideraba innecesario un nuevo control. Él me insistió en que, aún sin síntomas y aún antes de él poder palpar algo, dicho estudio podía detectar un cáncer maligno invasivo incipiente. A mí me sorprendió que un médico asustara a una mujer grande de 50 años, al grado de intentar convertirme en hipocondríaca, ya que sólo los hipocondríacos se imaginan enfermedades sin tener síntomas ni motivos y sólo una hipocondríaca grave podía imaginarse padecer una enfermedad que ni el médico clínico pudiera detectar y necesitara de un estudio para ello. Le insistí que si se abandonó la abreugrafía, seguramente se iba a abandonar la mamografía en un futuro (como tantas otras modas de los médicos), por lo que yo prefería evitar seguir acumulando radiación en mi cuerpo. Él me reprochó diciendo: “Pero, ¡usted no puede comparar la tuberculosis con el cáncer!”. Le contesté que, efectivamente, de ninguna manera se podía comparar una enfermedad transmisible de la que mueren mujeres y hombres con una enfermedad no transmisible de la que mueren algunas mujeres. Finalmente, resignado aceptó que desechara su consejo. Me fui y nunca más he vuelto a visitar a un ginecólogo, ni para una citología anual.
Menos de una semana después, en el semanario “Búsqueda” se publicó una entrevista a un doctor uruguayo que ni conocía, Asadur Tchekmedyian, titulada “El riesgo de hacerse estudios innecesarios con radiación”. Y una frase me hizo estallar la mente: “Se calcula en Estados Unidos que de cada 200 tomografías en mujeres, una va a desarrollar un cáncer producto de esa tomografía y en hombres es de 600 a uno”. Esto es, cada 3 mujeres que desarrollan cáncer por una TAC, un hombre lo hará. Apenas unos días después de haber resistido a la presión del ginecólogo para mamografiarme en forma anual, me di cuenta que seguramente esa sería la explicación de la afirmación de Tchekmedyian: las mujeres se vuelven radiactivas con el cribado del cáncer de mama y cuando necesitan una TAC por otro problema, la dosis de la TAC acumulada a la de las mamografías, sobrepasa el umbral y desarrollan cáncer.

A partir de esta información empecé a leer sobre las posibles alternativas a la mamografía. A una amiga abogada, le pregunté cómo podía evitar ese chequeo en el carnet de salud obligatorio. Me indicó el procedimiento y me advirtió que ella no estaba de acuerdo con mi cuestionamiento, que no me sintiera obligada a encarar el proceso con ella y me dejaba libre para recurrir a otro profesional que fuera afín a mi posición, si yo consideraba que eso iba a pesar en la calidad de su trabajo. Acepté su asesoramiento profesional y armé mi caso con la información que yo misma había recabado. Durante el mes de enero la justicia uruguaya interrumpe su actividad por vacaciones de verano (austral) y aprovechamos ese tiempo para redactar la petición que inició todo este proceso.

Yo quería demostrar que una normativa fría, fija y rígida no podía acompañar la evolución científica ni el dinamismo de la tecnología y por lo tanto lo que podría haber sido una política acertada en un momento

En los primeros días de febrero de 2012 y a 9 meses del próximo vencimiento de mi carnet de salud, presenté ante el Ministerio de Salud Pública la petición de exoneración de mamografía para el carnet de salud. Mientras se tramitaba según el proceso esperado y previendo las diferentes instancias a las que me enfrentaría (en las cuales debería exponer mis razones), continué investigando incansablemente con el objetivo de obtener los últimos avances sobre el tema. Yo quería demostrar que una normativa fría, fija y rígida no podía acompañar la evolución científica ni el dinamismo de la tecnología y por lo tanto lo que podría haber sido una política acertada en un momento, ya no lo era al de mi solicitud.

Cuando encontraba información que me podía ser útil, establecía contacto con su autor. Algunos ni me contestaron, otros se excusaron y unos pocos se escandalizaron por la ausencia del consentimiento informado y me ofrecieron su ayuda incondicional, a veces enviándome material científico actualizado de primer nivel y en ocasiones facilitándome otros contactos que me podrían ayudar.”

Pregunta¿Cómo llegó hasta el British Medical Journal (BMJ) y logró la publicación de una nota sobre su lucha contra el abuso de las mamografías obligatorias en Uruguay?

Respuesta: Un año después de ser consciente del abuso, ya en noviembre de 2012, “encontré” en Internet y por sus publicaciones al Dr. Juan Gérvas, a quien envié un correo electrónico que respondió inmediatamente. Increíblemente, Gérvas tenía un vínculo profesional con Uruguay que le permitió verificar de inmediato mi situación. De hecho, escribió en su primer correo electrónico (luego ha habido más de 100 a lo largo de este año y medio, gratis et amore): “Para serle sincero he tenido que cercionarme por mí mismo de lo que decía pues me resultó increíble leerlo. Que yo sepa no hay país en el mundo en el que se haya llegado a ese extremo de salud persecutoria”.

Gérvas me ofreció su ayuda en lo nacional e internacional. Y remató ese primer correo-e con: “En el mundo desarrollado no cabe la menor duda de que se precisa el consentimiento informado y la participación voluntaria para realizar la mamografía. A nadie se le ha ocurrido tener que legislar sobre ello, como no se legisla sobre comer niños fritos, pues es algo inconcebible”.

Acepté la oferta, aunque poco convencida de que alguien de fuera pudiera lograr algo; pero después de todo, había tenido la iniciativa de buscarlo, aunque sólo para que me proveyera de información científica que en mi país no encontraba. Resultó que Gérvas no sólo estaba en contacto con Uruguay, sino que un par de semanas después de este intercambio inicial de correos electrónicos, iba a estar disertando sobre organización de servicios sanitarios en el Sindicato Médico del Uruguay ante sus pares locales de la Sociedad Uruguaya de Medicina Familiar y Comunitaria. Las cosas pasan por algo y me impuse llegar hasta él para saludarlo y presentarme como un ser real en este mundo virtual e instantáneo que con tan sólo un click nos permitió contactarnos y generar este mini-equipo y alianza estratégica a dos, o como se quiera denominar.

De regreso a su país, Gérvas me preguntó por correo electrónico si podía pasar mis datos al British Medical Journal (BMJ), pues había tomado contacto con el Comité Asesor de Atención Primaria (al que pertenece) y los de la revista tenían interés por ayudarme a resolver el problema. Accedí y al rato recibí un correo electrónico de la periodista Sophie Arie con una batería de preguntas. Después me llamó por teléfono y luego de una larga charla en inglés, intercambiamos algunos correos más.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, lancé una campaña en Avaaz, cuyo manifiesto redacté con la ayuda de Gérvas y de mi abogada actual (la Dra. Mónica Cardoso Díaz). Todavía entonces firmaba como Ana R., por precaución.

El 21 de febrero, Miguel Pizzanelli (uno de los contactos de Gérvas en Uruguay), médico rural activo en la Sociedad Uruguaya de Medicina Familiar y Comunitaria, publicó un comentario en su página (blog) sobre el problema de la obligatoriedad de la mamografía
http://estancambiandolostiempos.blogspot.com.es/2013/02/cribado-cancer-de-mama-un-poco-mas-de.html

La cuestión es más acuciante en Uruguay porque, como descubrí, los mamógrafos son de mala calidad y tienen pésimo mantenimiento
http://www2.msp.gub.uy/andocasociado.aspx?5218,23352

El 21 de marzo, el mismo Miguel Pizzanelli me sorprendió al enviarme por correo electrónico el artículo de Arie publicado ese día en el BMJ. Entré a la página electrónica de la revista y verifiqué que la noticia había merecido un titular de portada. Capturé una imagen de ella. Pensé: “¡Si tuviera acceso a edición impresa…! Me encantaría obtener una copia ahora mismo. ¡Uruguay escrachado en un revista médica de difusión mundial por discriminar a sus mujeres!”. Ese fue el momento más sublime de todo este proceso: que desde un medio prestigioso y especializado en medicina como el BMJ, la comunidad médica internacional se hubiera hecho eco de la situación de barbarie a la que estamos sometidas las trabajadoras uruguayas ya bien entrado el siglo veintiuno. Ese era el mejor reconocimiento a mi rebeldía e iniciativa emancipadora. Ese artículo fue mi carta de presentación en los todos correos electrónicos que escribí después. Servía para demostrar que yo no era una desquiciada encaprichada contra una imposición de mi país tercermundista sino que hasta el mundo desarrollado avalaba mi posición.

Ese fue el momento más sublime de todo este proceso: que desde un medio prestigioso y especializado en medicina como el BMJ, la comunidad médica internacional se hubiera hecho eco de la situación de barbarie a la que estamos sometidas las trabajadoras uruguayas ya bien entrado el siglo veintiuno.

En esos tiempos estábamos preparando con mi abogada la demanda contra el Ministerio de Salud Pública ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. El artículo del BMJ se transformó en prueba de la demanda porque es testimonio relevante de la situación única de Uruguay en el mundo.
En mayo, la noticia sobre la doble mastectomía de Angelina Jolie reavivó en los medios locales el marketing del miedo al cáncer de mama. El ex-presidente y oncólogo Tabaré Vázquez fue entrevistado en varios medios y declaró que el test de Myriad Genetics estaba disponible en Uruguay a un precio de 1.500 dólares estadounidenses y que los cirujanos uruguayos estaban capacitados y entrenados para realizar esa mutilación. Mi abogada me dijo: “Por qué no contactás a la periodista de la nota?”. Así llegué a Leticia Costa Delgado, periodista de El País (Uruguay). Por teléfono le dije que yo estaba en las antípodas de Jolie, demandando al Ministerio de Salud Pública para no hacerme la detección precoz del cáncer de mama impuesto por decreto. Se mostró interesada y sugirió una entrevista que fue publicada el domingo 27 de mayo a página entera del suplemento y citada por un titular en la portada del diario, tanto impreso como digital. El articulo incluía la entrevista a los Dres. Gustavo Febles y Enrique Barrios, así como también al Dr. Juan Gérvas, a la distancia. Algunos medios locales levantaron la noticia de El País y la ministra de Salud Publica, Dra. Susana Muñiz, fue entrevistada por la televisión para emitir opinión sobre el artículo del BMJ.”

PreguntaCon posterioridad, ¿cómo se han desarrollado los acontecimientos?

Respuesta: Me ha pasado de todo pero el año 2013 terminó con una triste propuesta aprobada por la Cámara de Diputados que refuerza la obligatoriedad del carnet de salud al imponer a todas las trabajadoras uruguayas y beneficiarias de subsidios del Estado mayores de 40 años la revisión anual (no cada dos años como hasta ahora) para la citología (Papanicolau) y la mamografía.

También hubo cosas buenas. Así, por ejemplo, encontré a Aliss Terpstra quien me informó de la existencia de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos aprobada en Oviedo en 2005 y me instó a verificar si Uruguay se había adherido a ella. Efectivamente, mi país tenía un compromiso firmado con la comunidad internacional para respetar dicha Declaración (que incluye el consentimiento informado para todas las pruebas médicas) desde el mismo año de su aprobación. Encontré en el propio sitio-portal de la Presidencia una crónica presentada por nuestro embajador ante la UNESCO, Dr. Héctor Gros Espiell.

En junio fui invitada por la Profesora Agregada Mariela Mautone de la Unidad Académica de Bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República a exponer mi caso durante dos horas a un equipo multidisciplinario de profesionales y estudiantes.

Unos días después me avisó una amiga de que en la revista Opción Médica número 36 había un artículo de 5 páginas sobre la mamografía, que debía leer. La revista publica artículos de diversas especialidades médicas. El de marras correspondía a oncología. Su autor es el Dr. Febles, del grupo del colaboradores de Tabaré Vázquez, coordinado por su hijo Álvaro Vázquez. Su título “La mamografía como test de screening del cáncer de mama: beneficios y controversias” resume un contenido que simulando presentar la cuestión en forma objetiva al informar sobre la controversia mundial en torno al cribado mamográfico, valora los pros sobre los contras y finaliza recordando positivamente que en nuestro país la mamografía es obligatoria. Es decir, que la detección precoz del cáncer de mama es obligatoria a través de la mamografía, la clave del diagnóstico precoz. Por eso no se admite ningún otro test de screening para detectar ese mal. El valor fundamental que tiene esta publicación es que se trata de la primera publicación especializada de acceso público en un sitio electrónico de Uruguay en que se reconocen los innegables riesgos (falsos negativos, falsos positivos y sobrediagnósticos) del cribado mamográfico, citando bibliografía de estudios realizados en países desarrollados. De todos modos peca de falta de ética al destacar que “no hay evidencia científica de ninguna mujer que haya desarrollado un cáncer de mama radioinducido como resultado de la realización de mamografías”, lo que es falso y, además, no menciona que en el mundo entero la mamografía se realiza sólo por invitación a participar libremente de programas de cribado y luego de firmar el consentimiento informado, por el cual se le traslada a la mujer toda la responsabilidad sobre los riesgos que pudieran devenir de ella. Y en el caso de las que manifiesten portar un implante, se les exige un segundo consentimiento. También menciona que las medidas sanitarias uruguayas fueron elogiadas en congresos internacionales de mastología, pero llama la atención que lo haga sin citar la fuente de referencia.

La periodista de El País me envió el correo electrónico de una mujer que quería contactar conmigo. Resultó ser una química farmacéutica de mi edad con la misma inquietud y preocupación por la mamografía. Así empecé a estar acompañada al tomar contacto telefónico y por correo electrónico con Karina Casinelli.

El 15 de octubre, cuando llegué a mi casa de trabajar y me conecté a Internet, donde encontré el mensaje de un amigo que trabaja en la Cámara de Diputados avisándome “poné el audio de la sesión de Diputados que están tratando el tema que vos decís, ya!”. Cuando llego al enlace-link, veo el final de las exposiciones y la votación: por unanimidad se aprueba el proyecto de ley para requerir en forma anual el Papanicolau y la mamografía a todas las trabajadoras uruguayas y beneficiarias de subsidios del Estado mayores de 40 años. Estaba sola en mi casa y la desazón que me agobió es inenarrable: si esto resultase posteriormente aprobado por los senadores, todo lo realizado no tendría sentido y habría que empezar de nuevo. Este fue el peor momento de todo este proceso.

Karina Casinelli me instó, a través de una de sus hijas, a ponerme en contacto con la ONG feminista Mujer Y Salud en Uruguay (MYSU), cuya misión es defender los derechos sanitarios, sexuales y reproductivos de las mujeres. Karina les consultó acerca de su posición respecto a la normativa en trámite parlamentario para modificar la periodicidad del cribado de los cánceres femeninos en el carnet de salud laboral. Su directora, Lilián Abracinskas, de inmediato se interesó por el tema y nos citó a una reunión para el 31 de noviembre. El día anterior nos reunimos con Karina para conocernos personalmente y preparar la reunión con Lilián. El mismo día de la reunión, el semanario “Búsqueda” publicó una carta que les dirigí a los senadores exponiendo algunas consideraciones que a mi juicio debían tener en cuenta a la hora de votar el nuevo e infame proyecto. Y ese fue el disparador del tibio debate público que el tema ha tenido hasta el momento en la sociedad uruguaya con cartas varias publicadas en “Búsqueda”. Seis han sido los protagonistas de ese debate:

Tres mujeres ajenas a la salud (Karina Cassinelli y la licenciada en comunicación social Laura Cerruti y yo, ya sin ningún anonimato) reivindicando el ejercicio de nuestros derechos individuales y rechazando la prepotencia contra nosotras.

Tres médicos varones en defensa del cuidado y control, profundamente machista, del Estado sobre todas las uruguayas que parecen estar promoviendo y protegiendo el gran negocio de las cascadas de actos médicos derivados de los falsos positivos y de los sobrediagnósticos que conlleva la mamogafía obligatoria.

A Laura no tenía el gusto de conocerla personalmente pero luego de su participación espontánea en el debate la contacté también por Internet y se manifestó dispuesta a colaborar.

Estudiando los antecedentes de este proyecto a contrapelo de las guías para el cribado del cáncer en el mundo desarrollado, descubrí que en 2012 había sido presentado el mismo, pero ¡para mujeres mayores de 18 años!. Es decir que proponían Papanicolau y mamografía anuales a todas las mujeres uruguayas mayores de 18 años. Sí, ¡mamografía anual a partir de los 18 años!. Pero en la Comisión de Salud de Diputados no fue aceptado y no llegó a consideración de la Cámara de Diputados. Un año después, tan solo con el cambio de la edad de comienzo (18 por 40) superó todas las etapas y fue aprobado con media sanción, pendiente en este momento de aprobación por los senadores.

Pregunta: ¿Desea añadir algo más, especialmente en lo que se refiere al impacto de la negativa en su vida laboral?

Respuesta: Sí, pues la historia es casi interminable y muy interesante. Por ejemplo, MYSU hizo suya la campaña contra la obligatoriedad de la mamografía y la lanzó desde su sitio y redes sociales con el enlace-link a Avaaz. En 2 semanas se duplicaron las adhesiones recibidas en los 9 meses anteriores. El mismo día de mi 53 cumpleaños, el Tribunal de lo Contencioso y Administrativo convocó las audiencias de los 4 testigos en el proceso de mi demanda contra el Ministerio de Salud Pública. Diciembre es un mes de cierre de muchas actividades, como la del Poder Judicial, que durante el mes de enero permanece inactivo. Yo me tomé un par de semanas de vacaciones lejos de Montevideo, pero con la tecnología a cuestas para permanecer conectada al mundo. Aproveché para descargar la versión en español de “Testing treatments” de Imogen Evans, Hazel Thornton, Iain Chalmers y Paul Glasziou. Me lo leí en una tarde y enseguida me puse en campaña para contactar con sus autores. Todos ellos me contestaron, en especial Hazel Thornton quien no es profesional de la salud pero en su calidad de usuaria de servicios de salud se identificó inmediatamente conmigo. El 21 de enero de 2014 escribió una carta al BMJ convocando a la comunidad internacional de médicos a apoyar mi campaña en Avaaz. La misma fue aceptada y publicada en su versión en papel, con lo cual el BMJ se adhirió a su alegato en favor de mi causa y se hizo eco de su convocatoria a firmar en Avaaz, lo que dio pie al apoyo de extranjeros del mundo entero.

Unos días después tomó contacto conmigo una abogada inglesa experta en Derechos Humanos, Elizabeth Prochaska (del bufete MatrixLaw). Me sugirió presentarme ante la ONU-Mujeres para hacer llegar una queja por incumplimiento de la Convención por la Eliminación de Toda Discriminación Contra la Mujer, firmado ya en 1989 por más de 100 países. Estudiando esa fuente en su página electrónica (sitio web), me cercioré de que Uruguay participa en ONU-Mujeres y en particular en dicha Convención. Además en la prensa de esos días se informó que la presidencia de ONU-Mujeres a partir de enero de 2014 es ocupada por el embajador uruguayo Gonzalo Koncke Pizzorno. Pero para sentar una denuncia contra mi país ante ese organismo, debo agotar antes todas las vías en Uruguay.

En lo personal y profesional la situación es agobiante, pues desde el vencimiento del carnet de salud en septiembre de 2012, he debido tramitarlo cada 6 meses ya que no presento uno de sus requisitos: la mamografía. Si antes de esos 6 meses la presentara, me lo extenderían por año y medio más, máximo 2 años. Tengo que cumplir el ritual, como si estuviera enferma de algo, y cada 6 meses debo presentarme con una muestra de orina y en ayunas para la extracción de sangre, control visual, odontológico, entrevista clínica, etc. Así, por ejemplo, cada 6 meses me determinan glucosa, creatinina, colesterol y VDRL (sífilis) en sangre. Y no puedo eludir este trámite porque en la intranet corporativa de mi trabajo, el enlace-link que me informa de la ficha personal me advierte del próximo vencimiento del carnet de salud desde 30 días y diariamente mostrando la cuenta regresiva hasta el mismo día del vencimiento. Ese día me advierte que venció y que dispongo de 60 días para presentar uno nuevo de lo contrario se me inhabilitará automáticamente el registro de marcas en el reloj de control de entradas (para fichar) y no podré acudir a trabajar lo cual generará inasistencias y los descuentos correspondientes. Además recibo un aviso automático con el mismo texto por correo electrónico. Mi jefe recibe el mismo aviso y preocupado me lo reenvía. También me sale impreso el mismo aviso en el recibo del sueldo de esos meses. Y luego durante los 60 días siguientes del vencimiento, en forma diaria me lo sigue recordando.

Es decir que durante 3 meses de cada 8, diariamente mi empleador me recuerda que mi carnet de salud no está en regla, a pesar de que hace 13 años que no falto a trabajar por enfermedad. Lejos de sentirme perseguida y volverme paranoica con tanta impertinencia, se renueva y acrecienta cada día mi rebeldía contra el sistema cuando me siento en mi puesto de trabajo.

Cada año en mi cumpleaños me vuelvo un año más vieja y sin embargo mantengo mi productividad como si recién hubiera ingresado a la empresa. Esto no hace más que verificar lo afirmado por Gérvas y Pérez Fernández en su libro “Sano y salvo” que con los años, el humano se va adaptando al medio y en vez de enfermar, se estabiliza en salud.

Habiendo comenzado con esto hace más de 2 años y sin saber cuándo va a terminar, la información y adhesiones que he obtenido hasta ahora no hacen más que reafirmarme que aunque parezca una ridícula “quijote” contra todo el Uruguay, estoy en lo cierto, no sólo desde el punto de vista científico sino también del legal. La normativa vigente en mi país me respalda, pero si la justicia falla en mi contra, los compromisos de mi país ante la comunidad internacional que Tersptra y Prochaska me enseñaron, iluminan mi camino hacia un objetivo correcto y exitoso.

No pretendo dirimir un juicio sobre un campo de conocimiento que no es mi especialidad. Sólo exijo el derecho a ejercer mi autonomía respecto de las modas de los médicos, quienes me han mutilado las amígdalas en una época que eso estaba fundado científicamente. 30 años después mis hijos se salvaron de ello. Ellos durmieron boca abajo como mandaba su pediatra. Si hoy criara nietos, la consigna es otra: “boca arriba”.

No pretendo desacreditar a los médicos uruguayos. Pero pongo en duda su adhesión al código de ética médica aprobado por ellos mismos en 2012 que les impone el respeto a los derechos humanos

No pretendo desacreditar a los médicos uruguayos. Pero pongo en duda su adhesión al código de ética médica aprobado por ellos mismos en 2012 que les impone el respeto a los derechos humanos. Desde que estoy tramitando el carnet de salud cada 6 meses, he manifestado mi voluntad a ejercer mi derecho a la autonomía por la ley 18335 y sin embargo ninguno de los médicos que me atendieron en esas instancias, respetaron dicha ley. En octubre pasado en un acto público con motivo del día internacional de lucha contra el cáncer de mama, a las mujeres mayores de 50 años nos fue comunicada con aclaración incluida, una versión sui géneris de nuestros derechos: “Tenemos que lograr la obligatoriedad de estos estudios, una vez al año, para las mujeres mayores de 50 años y esto, que quede claro, no es ir contra la libertad individual”. ¿Cómo que la obligatoriedad no va contra la libertad individual? Frente a este abuso y atropello totalitario contra las uruguayas no se puede permanecer indiferente o queda el camino expedito para que sobrevengan cosas peores.

Además de todos los mencionados, tengo el orgullo y el honor de haber podido contar con el invalorable aporte de: Peter Gøtzsche, Mercedes Pérez Fernández, Mario Augusto Bunge, Leticia Costa Delgado, Chris Gupta, Helke Ferrie, Laura Cerruti, Vinay Prasad, Alexandra Barratt, Imogen Evans, Susan Bewley, Margaret Mc Cartney, Miguel Jara, Iona Heath, Ernesto Spinak, Carina Gaggero, María Virginia Mautone, Cristina González Vainer, el equipo de AVAAZ y todas las firmas que se adhirieron a esta causa, a quienes desde aquí quiero expresar mi agradecimiento.

NOTA DEL ENTREVISTADOR

Quizá no parezca casual que Tabaré Vázquez sea oncólogo, en práctica privada con una clínica dedicada a oncología y a radioterapia. Al parecer se postula para volver a la Presidencia de Uruguay.

Lamentablemente, la “salud persecutoria” uruguaya no depende sólo de un individuo sino refleja un estado de tolerancia a la brutalidad por parte de médicos clínicos y de salud pública. Se ha establecido un paradigma y la ciencia no puede desplazarlo; tampoco la ética. Como excepción, cabe mencionar la actitud civilizada de la Sociedad Uruguaya de Medicina Familiar y Comunitaria.

La “salud persecutoria” avanza en Uruguay y mantiene sus imposiciones sin ciencia como la mamografía, pero también la re-vacunación cada 10 años contra el tétanos. Además, el carnet de salud laboral está en proceso de centralización en una base electrónica, lo que conllevará mayor “vigilancia” de su cumplimiento
http://www.agesic.gub.uy/innovaportal/v/3077/1/agesic/carne_de_salud_laboral_electronico.html

¡Pobres trabajadores de Uruguay y sobre todo pobres mujeres uruguayas!

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

25 Comentarios

  1. Gracias estimado Juan Gérvas por todo el apoyo. Conozco a mi compatriota Ana Rosengurtt y me he plegado a su campaña con total convicción ya que en ella he encontrado respuestas y respaldo a lo que yo misma estaba buscando.
    Muchas gracias por el desinteresado y solidario respaldo.

  2. Victor Manchego says:

    Me suscribo a la mocion de hacer frente a la legislacion castrante del respeto de lA aUtonomia de las mujeres uruguayas. Lo socializare en mi region. Un abrazo a la distancia desde Cusco Peru.

  3. Mónica Pérez. says:

    Gracias por la publicación del artículo. Conozo a Ana, fuimos compañeras de clase de griego moderno en la Fundación María Tsakos. Es una mujer inteligente y sumamente capaz. Respaldo su campaña, mi padre era médico y decía que un buen examen clínico no necesita exámenes paraclínicos. Era tisiólogo, por lo cual coincido plenamente con el comentario de Ana comparando la tuberculosis con el cáncer de mama. Muchas gracias por dar a conocer al mundo la dictadura sanitaria a la que estamos sometidas sin que se nos aclaren los riesgos que corremos. Hace dos años que no me hago mamografía. Papanicolau sí, puesto que me hago un chequeo anual pero por mi cuenta, no obligada por el Estado. Ana me mandó este material por correo que me propongo difundir.

  4. Vianney González says:

    Conozco a Ana, he sido compañera de Sindicato y se de su lucha que comparto totalmente. En algún momento estuve buscando alguna norma o protocolo para aplicar en la evaluación del riesgo beneficio de la práctica de este exámen. Me contacté con radiólogos y ellos me decían que, efectivamente , hay radiación pero que es mínima y no puede determinarse si, a la postre, su acumulación nos deja en una situación de vulnerabilidad. Me pregunto si la aparación de cáncer de mamas en edades de 50 y más años no pueda deberse a la acumulación de radiación. Porque si las mujeres venimos haciéndonos este estudio cada dos años, durante tan largo período, podría ser que ahí se estén dando las consecuencias. No lo se, no puedo afirmarlo, no soy entendida en esto, es solo un razonamiento de órden lógico que, por supuesto, puede estar equivocado.

  5. Manuel says:

    Estimados y estimadas todas:

    Soy médico de familia y comunidad de Uruguay, socio de la Sociedad Uruguaya de Medicina Familiar y comunitaria SUMEFAC, estudioso de la prevención cuaternaria y de todo esto sólo puedo parafrasear a Juan Gérvas: “Disculpad nuestro pasado de dictadura”… Esto muestra lo hondo que ha calado esa etapa en nuestra sociedad.

    Saludos, vaya mi apoyo (reafirmado en AVAAZ desde diciembre)

  6. Isabel Carmen Fillol says:

    Muy bien Ana!!!! Apoyo tu lucha!!!Lo que comentas de Tabaré Vazquez y su hijo hace pensar que se aseguró así un “negocio” por muchos años y con el consentimiento de los legisladores!!!!Realmente elegimos gobiernos a los que no les importa nada ni la salud y dignidad de nadie !No es el Presidente que dejó entrar a Botnia-UPM ???Contaminador e irradiador !No votarlo!

  7. Sumamente interesante.Siempre he tenido muchas dudas sobre el examen mamográfico Tengo 66 años y terror de contraer cáncer. Me interesa mucho este camino defendido por una mujer.
    Soy gestora cultural y trato permanentemente con jovenes mujeres a quien sería importante expresarles este importante tema, del cual no se habla. sino sólo se les empuja a sometrese permanentemente a la mamografía.

  8. Elena says:

    Dr. Gérvas: me he tomado el atrevimiento de enviarle un mail a su correo jgervasc@meditex.es que llegara a mi casilla con el comentario de esta entrevista y en él me explayo en mi situación similar a la de Ana, pero donde YO he decidido sobre mi cuerpo y no el Estado ni el gobierno.
    “En mi cuerpo mando yo”
    Espero pueda leerlo.
    Gracias.
    Elena.

  9. Juan Gérvas says:

    -gracias por los comentarios, Mónica, Vianney, Manuel, Isabel, Selva y Elena

    -Mónica: la citología de cuello de útero (Papanicolau), cada 3 años (es un cáncer de crecimiento ultralento, y no vale la pena hacer la citología en periodos más cortos); eche un ojo a http://equipocesca.org/ansia-femenina-de-mas-y-mas-citologias/

    -Vianney: efectivamente, cada mamografía irradia con 0,4 mSv (equivale a 4 radiografías simples de tórax) y eso conlleva aumento de la probabilidad de cáncer de mama, pero en cifras muy bajas
    http://www.radiologyinfo.org/sp/safety/index.cfm?pg=sfty_xray

    -Manuel: el peso de la dictadura es terrible pues el pensamiento y la conducta se “impregnan” como bien seguimos viviendo en España 40 años después del fin de la dictadura

    -Isabel: lamentablemente, la “salud persecutoria” en Uruguay no es el fruto de una mente delirante-negociante con las mamografías pues también se refiere a las citologías de cuello de útero (Papanicolau) y a la re-vacunación contra el tétanos cada 10 años; hay una “colusión” (colusión, no colisión) de intereses y mucha ignorancia de muchos profesionales, industriales, políticos y otros; una pena en un país con ciudadanos cultos y una sociedad desarrollada

    -Selva: sobre el absurdo de la mamografía y su uso innecesario puede leer en
    http://www.actasanitaria.com/en-5-palabras-la-mamografia-no-salva-vidas-tambien-en-5-palabras-dejad-las-tetas-en-paz/
    -hoy mismo ha publicado el British Medical Journal sobre la inutilidad de las mamografías, resultados de Canadá:
    Demasiadas mamografías. Es hora de abandonar una práctica sin fundamento.
    Mammograms have no value (or add nothing). Too much mammography. http://www.bmj.com/content/348/bmj.g1403

    En español, ¡en el ABC! (un diario conservador de España)
    Un estudio cuestiona la eficacia de las mamografías en términos de mortalidad.
    http://www.abc.es/salud/noticias/20140212/abci-cancer-mama-mamografia-201402112020.html

    Cribado cáncer mama, sin impacto. Estudio CNBSS, canadiense, 25 años seguimiento.
    Vast Study Casts Doubts on Value of Mammograms. A large, 25-year study of Canadian women aged 40 to 59 found no benefit for women who were randomly assigned to have mammograms.
    http://www.nytimes.com/2014/02/12/health/study-adds-new-doubts-about-value-of-mammograms.html?_r=0

    -Elena: me ha llegado el correo electrónico y lo he contestado; sobre vacuna contra el virus del papiloma humano he publicado
    http://equipocesca.org/vacuna-contra-el-virus-del-papiloma-humano-ciencia-y-ficcion/
    http://equipocesca.org/razones-para-el-no-o-para-la-moratoria-respecto-a-la-vacuna-contra-el-virus-del-papiloma-humano/

    -un saludo a todos
    -juan gérvas

  10. Pingback: La lucha contra las mamografías obligatorias y por los derechos humanos. Ana Rosengurtt, de Uruguay | Boletín Informativo de la Sanidad Pública

  11. Ramón Arellano says:

    Gracias de nuevo, Juan, por acercarnos a un problema del que muchos no teníamos ni idea. Me he tomado la libertad de difundirlo a mis familiares, amigos y compañeros de profesión, y he contactado para que se ponga el acceso en el blog de La Voz del HULP (http://lavozdelhulp.wordpress.com/), donde algunos intentamos contribuir a difundir información relacionada con la sanidad con una revista de prensa semanal. Espero que podamos hacer que mucha más gente conozca el problema y que firmen la petición de Ana.
    Saludos,
    Ramón Arellano
    Médico del Hospital de La Princesa – Madrid

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  15. Isabel says:

    Hola Ana, nos conocemos de épocas en que yo estaba en UTE y AUTE, he seguido desde hace mas de un año tus acciones. Pero la verdad es que -como solemos hacer los humanos, y asumo mea responsabilidad- me había implicado solo en la firma de la petición. Desde hace años he venido zafándole de un modo u otro. Y en eso estoy en este momento en que tengo que sacarme el carnet de salud. Pero con más trabas que hasta ahora. Y además con el sentimiento de ¿por qué tengo que andar diciendo cosas que no son o disfrazando situaciones para evitar la mamografía??? Si es mi cuerpo, y en última instancia, el cáncer no es contagioso… Por eso me puse a buscar cómo contactarte y ponerme a disposición para sumar y apoyar en lo que haga falta y yo pueda, para derogar la obligatoriedad de las mamografías. Un cálido abrazo y Gracias por tu Lucha en pos de los Derechos Humanos especialmente de la Mujer.

  16. Isabel says:

    nota: cuando digo zafándole es a la mamografía

  17. isabel d says:

    me sumo para derogar la obligatoriedad de las mamografías, conocí la lucha de Ana cuando fui hacer el carne de salud x salud publica en la calle Durazno, cundo llegue a la policlinica de la mujer me pidieron la mamografias, en ese momento expuse mi desagrado con la mamografias x el tema de la radiación en ese momento me comentan la lucha que llevaba una mujer que no me supieron decir su nombre, luego x Internet me encuentro con esto. Tengo una amiga 42 años que tiene antecedentes de cáncer en la flia. se hacia la mamografia cada 12 meses, la ultima se hizo y el resultado fue todo normal pero luego de un mes ella se hace el auto-examen y se encuentra un bulto, resulto ser un tumor maligno.

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  20. UNA PREGUNTA??? PORQUE LE NIEGAN HACER UNA MAMOGRAFIA A UNA MUJER DE 28 AÑOS,A LA CUAL LE DIAGNOSTICARON UN TUMOR DE MAMA. says:

    QUE HOSPITAL PUBLICO HACE UNA MAMOGRAFIA A UNA MUJER DE 28 AÑOS

  21. BEATRIZ says:

    Soy Beatriz, de Uruguay, se me ha vencido el carnet de S.P. !!! Cuando me hice la primera mamografía sentí que aquel aparato de frío metal era un monstruo que me quería arrancar las mamas. Una pesada plancha de hierro me aprisionó la mama con tal presión que sentí que me trituraba como a “carne para milanesa”; el dolor fue tan insoportable que no pude contener un quejido desgarrador, tanto que la pobre mujer que me atendía me miró con ojos desorbitados ! Cuando aquel “monstruo me soltó de sus fauces” se me caían las lágrimas…no solo por el dolor, sino por la impotencia de no poder decidir sobre mi propio cuerpo, por tener que estar obligada a un examen que además de inducirme a la radiación, me inducía a la tortura con un aparato totalmente obsoleto en condiciones inhumanas ! Siempre tuve la idea de armar un proyecto y presentar al parlamento, pero no me he hecho el tiempo para ello, ya que a pesar de mis 55 años me mantengo ocupadísima con mi numerosa familia, el trabajo y estudios de educadora social; así que por el momento voy a seguir el ejemplo de Ana, me haré el carnet cada 6 meses !!! Estoy a las órdenes, saludos cordiales.

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