El mirador

La impactante y creciente mortalidad materna en Estados Unidos

La americanización de la vida española va más allá de la reciente fiesta de ‘halloween’, pues comienza a tomar cuerpo en los planteamientos políticos sobre la asistencia sanitaria, razón por la que el analista se detiene en una de sus consecuencias, la creciente mortalidad materna en Estados Unidos.

Corren tiempos de nacionalismo, como si volviera el romanticismo. Es posible ver en Flandes (Bélgica) las señales de tráfico en flamenco y en francés, pero con el texto francés embadurnado. Se reclama lo propio negando lo ajeno. En España también se cuecen habas a calderadas, con un Gobierno españolista que indulta dos veces a policías torturadores catalanes. Los indultan y vuelven al trabajo. No es posible creer que los necesiten como tales torturadores. Debe haber otras ocultas razones, pero evidentes para el Gobierno españolista de España y el Gobierno catalanista de Cataluña, pues la amnistía va incluso en contra del aviso de los jueces. Entre medias pierde un ojo Esther Quintana en Barcelona y los policías dicen aquello típico de los niños de «yo no he sido». Ni han sido ni se les puede identificar pues van sin placa, ni número, ni ningún atributo personal. Salen disfrazados hasta convertirse en fantoches anónimos, la mejor forma de fomentar la brutalidad, especialmente en los sádicos. No se entiende bien por qué se ocultan pues en todo caso serán indultados. Siempre irán de la mano los gobiernos nacionalistas, que se ladran frente a las cámaras pero se besan cuando se trata de controlar la libre expresión y la libertad democrática.

 

Con estos problemas, los que nos somos internacionalistas pedimos el derecho al autogobierno de todos los pueblos y naciones (también del Delta del Ebro y del Cantón de Cartagena). Autogobierno e independencia, pero sin insultar a la inteligencia. Da un poco de risa ese reclamar las virtudes de las lagartijas españolas frente a los vicios de las lagartijas francesas justo en la frontera pirenaica. Sobre todo, dada la dependencia cultural, económica y social de Estados Unidos, cuyas formas de vida se cuelan por las entretelas. Buen ejemplo es la fiesta de los muertos, con sus múltiples variaciones populares en toda España, convertida ahora en un vulgar «halloween». Si Julio Caro Baroja volviera a escribir de antropología se reiría bien a gusto con tanto papanatismo, tanto «jarabe yanqui», tanta comida basura a precio de oro en restaurantes gringos de comida rápida, tanto viaje a «disneyworld» y tanta mala copia de un pésimo original. Hay que viajar para conocer mundo y darse cuenta hasta qué punto somos «dependientes».

 

Julio Caro Baroja

 

Julio Caro Baroja fue escritor, antropólogo e historiador. Nació en Madrid y murió en 1995 en Vera de Bidasoa (Navarra). Se doctoró en Historia con una tesis sobre las fiestas que publicó posteriormente en una trilogía de fiestas de invierno (El Carnaval, 1965), de primavera (La estación del amor, 1979) y de verano (El estío festivo, 1984). Estudió y publicó ampliamente sobre la Inquisición y sobre los judíos españoles. Se le consideró en vida como un «sabio», y lo fue. Fue un sabio del siglo XIX en pleno siglo XX.

 

La clave del método es la persona, dijo Julio Caro Baroja. Al dar énfasis a la persona reconocía la importancia del carácter del investigador en el producto final, los resultados y las publicaciones. Detrás del método, las hipótesis y los estudios hay personas, con su carácter y formación, con su ideología y cultura. Pretendemos una ciencia neutral, pero eso es absurdo. Lo importante es conocer los sesgos de los investigadores, no el que los tengan.

 

Escribió Antonio Morales Moya de Julio Caro Baroja: «Crítico implacable de la modernidad, fustigó la «gigantomanía urbanística», esa enfermedad producida por la técnica y el capital; la «cultura audiovisual» con sus ruidos, movimientos, colores agrios, con su mezcla de «anuncios de desodorantes o helados mezclados con las miserias y horrores que ocurren en Palestina, los actos de terrorismo, las entrevistas con algunas personas»: ante todo ello, «por muy aficionados que seamos a las artes plásticas, algunos tenemos la tentación de hacernos mahometanos o de otra religión en la que la imagen esté prohibida». Le preocupaba la «cultura del gesto que no corresponde a la calidad», el «tufo de satisfacción satisfecha e irónica que ahora tanto se cultiva», el achabacanamiento que veía crecer en su entorno, la veneración al poder, al Estado, el «sentido reverencial del dinero»: «Da que pensar que en este año de 1989 haya muchos españoles que creen en la divinidad del dinero y lo reverencian siendo de izquierdas».

 

Julio Caro Baroja viajó. De hecho tuvo un enorme impacto en su vida la visita al Sahara, entonces bajo mandato español.

 

Himba

 

Los himba viven en el noroeste de Namibia. Son un pueblo de pastores semi-nómadas que ha conservado sus formas ancestrales de vida. Su relativa riqueza ganadera y su cohesión social han logrado algo tan increíble como una reducida tasa de SIDA. Por consecuencia, en un país con altísima tasa de infección y verdaderas masas de huérfanos por muerte de los padres por SIDA, los himba mantienen su estructura y cultura, sus costumbres (que destruimos «inocentemente» los turistas).

 

Los himba se visten poco, apenas un taparrabos, y sus mujeres lucen elegantes sus cuerpos y sus pechos, su piel teñida de un rojo hermoso por una mezcla de manteca, hierbas y ocre. Sus peinados son más que artísticos y sus collares, brazaletes y adornos preciosos. Los niños llevan dos trenzas; desde la pubertad las niñas llevan las trenzas sobre la cara. Los himbas son en general delgados y altos, de porte orgulloso, no se arredran por la cultura y las formas occidentales.

 

No son muchos los himbas, apenas 50.000. La mortalidad materna entre los himba es mucho menor que en Namibia. En Namibia la mortalidad materna es de 200 por 100.000 nacidos vivos.

 

Mortalidad materna

 

Llamamos mortalidad materna a la mortalidad de la mujer embarazada (hasta 42 días después del parto) por cualquier causa relacionada o agravada por dicho embarazo o por su atención. La tasa se calcula sobre 100.000 nacidos vivos. Los datos sobre mortalidad materna varían mucho. La mejor estimación para 2010 se publicó en un informe común (de 2012) por la OMS, UNICEF, UNFPA y el Banco Mundial, con ayuda de la Universidad de California (Berkeley)

http://whqlibdoc.who.int/publications/2012/9789241503631eng.pdf

 

Según dicha estimación, en España la mortalidad materna es de 6, como en Holanda e Irlanda. En Japón y Finlandia es de 5. En Italia y en Suecia, de 4. En Grecia de 3. Sube a 7 en Alemania y Noruega, a 8 en Francia y a 12 en Dinamarca y el Reino Unido. En Nueva Zelanda es de 15. En Turquía de 20. Y en Irán de 21.

 

Estados Unidos se gasta al año en atención hospitalaria al parto unos 96.000 millones de dólares anuales, una cifra astronómica incluso para Estados Unidos. Su mortalidad materna es de 21. Lo que es peor, es creciente. El mínimo lo tuvo en 1987, con 6,6. En 2003 subió a 12, y en 2007 a 15. La mortalidad materna en Estados Unidos se ha más que triplicado. Algo así, sin llegar a tanto, sólo ha pasado en Zimbabue. Lo normal es el descenso de las cifras, casi a la mitad en el mundo.

 

No es extraño que Amnistía Internacional publicara un informe en 2010 sobre esta cuestión titulado «Parto mortal. La crisis de la atención materna en Estados Unidos» y que lo considere un problema de derechos humanos

http://www.amnestyusa.org/sites/default/files/pdfs/deadlydelivery.pdf

 

En la misma forma se expresó en 2011 el editorialista de la revista «Contraception» al titular el texto al respecto como «Maternal mortality in the United States: a human rights failure»

http://www.arhp.org/publications-and-resources/contraception-journal/march-2011

 

Como era de esperar mueren más las mujeres negras (el cuádruple). En parte se debe a problemas en el acceso y en parte a defectuosa atención. Es decir, hay atención por defecto y atención defectuosa. Problemas de equidad y justicia y problemas de encarnizamiento obstétrico-ginecológico. Esta defectuosa atención, con el gasto sanitario citado, significa intervenciones de más que acaban matando a la mujer (y al niño). Es el riesgo de parir en el hospital y del brillo de la tecnología, de la violencia obstétrica.

 

Lo increíble es ver cómo se «afeitan» datos y resultados para que no se note demasiado lo de Estados Unidos. Por ejemplo, en una publicación en The Lancet, de 2010, se analizó la mortalidad materna en 181 países (con financiación de la Fundación Melinda Gates)

http://www.ossyr.org.ar/pdf/bibliografia/4.5.pdf

 

Las cifras exactas son distintas a las comentadas, pero resulta evidente el empeoramiento de Estados Unidos. En la «discusión» se menciona apenas el caso, se resuelve como un problema de cambio de forma de codificación y se engloba entre el empeoramiento en Dinamarca (de 7 a 9 entre 1980 y 2008), Noruega (de 7 a 8) y de Canadá (de 7 a 7). Además, se eligió como comparación con 2008 el año 1980 en lugar de 1987 (donde tuvo el mínimo Estados Unidos) para que dicha comparación fuera menos onerosa.

 

Estados Unidos coloniza España, y somos sus «dependientes». Su ejemplo sanitario envenena las mentes de los políticos que rigen el sistema sanitario (y obedecen a banqueros y a especuladores). Si han sido capaces de oponerse al cambio del desahucio durante dos legislaturas (PP, PSOE, CiU) ¿por qué se van a parar ante la mortalidad materna? El dinero es su único dios. Provocan y promueven más marginación y más exclusión y, para compensar, más privatización y más encarnizamiento. Igualito que en Estados Unidos.

 

Actúan con el lema de «!Viva el dinero, mueran las mujeres!».

 

Dios los maldiga.

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

Juan Gérvas 

Acta Sanitaria