El mirador

La arruga es bella; la osteoporosis, también. (Evite las caídas y los medicamentos que las producen)

La osteoporosis es una parte más del llegar a viejo y el autor se detiene en los estudios que ponen de manifiesto cómo hay fármacos que, en vez de prevenirla, la provocan.

Hay olores y olores. Entre los olores agradables, el del bebé “en su jugo”, en el cogote, tras una noche de sueño relajado y después de haber mamado.

 

Hay pieles y pieles. Entre las pieles agradables, la del bebé recién bañado, ya seco e hidratado y todavía desnudo y risueño a quien uno se comería a besitos paternales, desde los deditos de los pies hasta la nuca.

 

Por supuesto, hay otros olores y otras pieles. El olor de mujer cuando un hombre tiene “hambre” y la mujer se ofrece ansiosa. La piel de un varón piloso y sudoroso pero limpio, cuando la mujer siente cosquilleo en la entrepierna y el corazón agitado. Esos olores de la nuca de la mujer amada (o del varón amado), esa piel tras las orejas, esos pezones ardientes, esas ingles y sus partes protegidas, esa fina piel del pene, esos licores exudados en la agitación sexual, esa maravilla de hueco y relleno, de calor y ardor, esa piel que pide el roce con otra piel, ese querer y poder dar y recibir placer, esa vida sexual y amorosa tan rica, desde la juventud a la vejez.

 

Olores y pieles sobre músculos y huesos.

 

La piel masculina es más grasa y gruesa que la femenina, menos cálida y flexible, por el efecto de los andrógenos. La piel fina se encuentra en los párpados y en los genitales, es piel más sensible. Los receptores del tacto se localizan preferentemente en la piel sin pelos, en labios, punta de lengua, pezones, pene y clítoris. La piel es un complicado órgano aplanado que ocupa unos dos metros cuadrados y pesa unos cinco kilogramos. La epidermis está en continua renovación, sus células se renuevan a la velocidad del rayo y sin embargo se equivocan raramente, y degeneran infrecuentemente. Con todo, los cánceres humanos más frecuentes son los de la piel, tanto por su mitosis frenética como por la agresión continua a que se somete esa “frontera del cuerpo”. La piel recubre el cuerpo todo y sólo se interrumpe para transformarse en mucosa en la boca, nariz, ano, salida de uretra y entrada de vagina.

 

El alma también tiene fronteras. Nuestro profundo “yo” se esconde hasta el punto de ser un desconocido incluso para nosotros mismos. En las fronteras del alma nos conocemos todos, en el “yo” casi nadie. Hay amigos y amantes que cruzan esa frontera y nos ayudan a entendernos a nosotros mismos. Hay drogas y experiencias intensas que también permiten la introspección; hay olores y pieles que llegan directamente al rinencéfalo y evocan mundos primitivos y previos y nos llevan en un viaje sagrado al interior del “yo” y más allá.

 

Los médicos cruzamos las fronteras de la piel y del alma casi sin darnos cuenta. A veces sólo vemos músculos, huesos y “casquería” y sin embargo son personas doloridas, que buscan ayuda.

 

Sorgo rojo

 

En 1988 le dieron el Oso de Oro en el Festival Internacional de Berlín a “Sorgo rojo”. Era la primera película del director Zhang Yimou, la primera aparición de la actriz Gong Li y se basaba en los primeros textos de Mo Yan. El escritor logró el Premio Nobel de Literatura en 2012. El cine chino es desde entonces un cine más en nuestro acervo cinematográfico.

 

En “Sorgo rojo” hay amor y violencia, guerra y paz, sutileza y brutalidad. La protagonista se tiene que casar con un bodeguero viejo, rico y leproso. Pero se enamora de uno de sus jóvenes sirvientes. Piel vieja contra piel joven, piel sana contra piel enferma.

 

La lepra es una enfermedad infecciosa de la piel, poco contagiosa. En España es una rareza, con una incidencia de apenas dos casos autóctonos anuales. La cifra sube a 25 si se añaden los casos en inmigrantes. En el mundo la lepra sigue siendo un problema, especialmente en Brasil, India, Nepal, Mozambique, Madagascar y otros países africanos y de la Polinesia. Su tratamiento es curativo, pero requiere el diagnóstico y lograr superar el estigma social que conlleva. Tenemos lepra entre nosotros probablemente hace más de 4.000 años y por mucho tiempo fue temible, dada la segregación que conllevaba por la ausencia de tratamiento y el espanto ante el contagio.

 

En España tuvo gran impacto la película “Molokai, la isla maldita”, de 1959, dirigida por Luis Lucía y protagonizada por Javier Escrivá. Se basa en hechos reales, en la reclusión a perpetuidad de los leprosos de Hawaii en la isla de Molokai, y en la historia del sacerdote belga, Damián Veuster que en 1873 decidió irse a vivir con estos excluidos. Hay sacerdotes, gurús y otros líderes religiosos y filosóficos que también cruzan las fronteras del cuerpo y del alma y nos ayudan a ver que somos algo más que huesos y músculos, y “casquería”.

 

Envejecer

 

Los humanos nacemos y morimos, como toda la materia viva. Si nos reproducimos logramos una aproximación a la “inmortalidad” pues nuestros genes pervivirán en generaciones futuras, como perviven en nosotros los de generaciones pasadas.

 

Envejecer es cumplir con los tiempos marcados por millones de años de evolución. Envejecer es un proceso, una suma de cambios sutiles y continuos. Eres bebé inconsciente, pasas a niño y a joven despreocupado, llegas a adulto consciente y maduro y embocas la vejez espléndida, sin darte cuenta y en todo caso sin que te puedas “oponer”. ¿O sí?

 

Nos venden “juventud eterna” como si la juventud fuera el estado ideal y la arruga careciera de belleza. Gran error pues la arruga no se consigue fácilmente, sino que es el producto de muchos años de entrañable convivir de las fronteras del cuerpo y del alma. Las arrugas son el traje visible que el tiempo concede a nuestro “yo” más interior. Quien nos ama gozará las arrugas de nuestra piel pues son expresión del amor correspondido, de la belleza de nuestro interior que revelamos inconscientemente.

 

La piel del bebé, esa piel tierna y entrañable, la piel del joven tersa y ardiente, la piel del adulto que cumple su función más que ser atracción, la piel del anciano rugosa y “manchada por mariposas de la edad”, la piel del muerto, tensa y sin arrugas, descansando al final “en pie”. Son pieles siempre fronteras y siempre puerto. Pieles que abrigan a uno mismo, y al otro si hay amor. Piel que amamos apasionadamente, hoy y siempre.

 

Los huesos también envejecen, como la piel y como todos los órganos y tejidos, desde la sangre al cerebro. Los huesos son órganos vivos, y los huesos que vemos en cementerios y salas de anatomía son sólo el esqueleto del esqueleto, la parte ósea mineral de los huesos. El componente no óseo facilita la remodelación del hueso que se “reconstruye” de continuo, como la piel. Así el hueso se adapta a los cambios de tensiones y de pesos, a las influencias de la gravedad y de los movimientos.

 

Son huesos sanos los que remodelan sus líneas de carga por la actividad y que tienen un equilibrio (homeostasis) entre la formación y la reabsorción de la materia ósea. Se habla de osteoporosis cuando el hueso pierde densidad (deterioro en cantidad) y el remodelado óseo se enlentece (deterioro en calidad). Es decir, se habla de osteoporosis cuando el hueso es “más poroso”, y de ahí el término.

 

La osteoporosis no es una enfermedad (salvo en los casos de osteoporosis secundaria). La osteoporosis es signo de envejecimiento, como las arrugas de la piel. La osteoporosis es bella, en el sentido de señal exitosa del paso del tiempo (sólo los que llegan a viejos tienen osteoporosis, y arrugas).

 

Sin caída, sin traumatismo, no hay fracturas (salvo en las fracturas espontáneas, rarísimas, por ejemplo en metástasis óseas).

 

La caída es clave para la fractura. La fractura se asocia a minusvalía de desplazamiento por artrosis, obesidad, enfermedades neurológicas y psiquiátricas, sedentarismo, disminución o pérdida de la agudeza visual, toma de determinados medicamentos y otros factores. En las fracturas de cadera lo clave es la caída. Y la edad. En España se produce el 81% de las fracturas de cadera en mayores de 75 años.

 

Los médicos se empeñan en tratar la osteoporosis como si fuera una enfermedad, con medicamentos que carecen de eficacia, sobre todo en la prevención primaria (sin fracturas previas) y en mujeres jóvenes (menores de 75 años).

 

Se llegan a producir fracturas “atípicas” con tales tratamientos, osteonecrosis de la mandíbula a veces, cánceres en algunos casos, tromboembolismo en otros, infartos de miocardio en tomadores de calcio y demás. Todo ello por consecuencia de tratamientos innecesarios. Por ejemplo, se dan dosis brutales de calcio, que no se pueden absorber y se indican inútilmente “alimentos fortificados con calcio”. En España somos líderes mundiales en el uso de medicamentos para la osteoporosis, pero las fracturas de cadera aumentan año tras años; habrá que deducir que tales medicamentos “producen” fracturas, en lugar de evitarlas.

 

Juan GérvasTodo se justifica con la “densitometría”, método diagnóstico que carece de valor pronóstico y de fundamento científico

http://www.bmj.com/content/323/7316/795

y que se sobreutiliza especialmente en las menores de 75 años, como bien se ha demostrado en el estudio ESOSVAL, en Valencia (España)

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22618269

 

Sobre todo, se trata inútilmente y en exceso “contra” la osteoporosis y al tiempo se medica a los pacientes añosos y ancianos con fármacos que incrementan la probabilidad de caída (y de fractura de cadera, con una mortalidad del 20% en el año siguiente). Los médicos se sienten “inocentes” de estas muertes, con las tareas bien hechas recetando inútilmente contra la osteoporosis mientras mezclan en los pobres pacientes medicamentos varios que aumentan la probabilidad de caídas y fracturas

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22550966

 

Nada como la peligrosa mezcla de los anticolinérgicos con los anticolinesterasa, que se da en un tercio de los ancianos ingresados en asilos (“residencias”) lo que produce deterioro cognitivo y caídas

http://www.slideshare.net/egavilan/de-la-polimedicacin-a-la-deprescripcin-conceptos-efectos-adversos-cascadas-viciosas-e-interacciones

 

La arruga es bella, el envejecer una oportunidad para llevar las fronteras del alma a las del cuerpo, y la osteoporosis sólo una expresión más del proceso general de llegar a viejo. Conviene la moderación en el uso de medicamentos que se asocian a caídas y dejar a las mujeres jóvenes (menores de 75 años) en paz. Así sea.

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

Acta Sanitaria

4 Comentarios

  1. Ale Font says:

    Hermoso, calido, claro y preciso articulo, que emociona. Muchas gracias!!

  2. Pingback: El paciente en el laberinto sanitario ("Elija con prudencia", Choosing wisely) - Acta Sanitaria

  3. Pingback: El paciente en el laberinto sanitario (“Elija con prudencia”, Choosing wisely) | Boletín Informativo de la Sanidad Pública

  4. Sara Connor says:

    Y para hablar de la osteoporosis hay que recurrir a detalladas descripciones sobre “cuerpos hambrientos de sexo”?
    Que asco me has dado, macho…..

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