Industria farmacéutica Vuelven los desayunos de Pfizer con especialistas en terapias de vanguardia

España es la décima potencia mundial en terapia génica

Especialistas del Centro de Investigaciones, Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y el ICO han situado a España como décima potencia mundial en terapia génica, una disciplina, terapia innovadora como las celulares y tisulares, que fue actualizada este miércoles, 27 de septiembre, en una cita con periodistas organizada por la compañía farmacéutica Pfizer, dentro de su ciclo de encuentros denominados ‘Un café con…‘ la ciencia, los pacientes, las nuevas tecnologías, la innovación y otros temas de interés científico y social.

Concha Serrano

Concha Serrano

La directora de Relaciones Institucionales, Acceso y Comunicación de Pfizer, Concha Serrano, transmitió a los informadores su satisfacción por poder contar en el encuentro con los especialistas Bueren y Alemany, de cara a poder fijar conceptos clave de las terapias génicas. Una satisfacción doble, según sus palabras, al coincidir el evento informativo con la reanudación oficial de los conocidos desayunos de Pfizer.

Tras resumir los extensos historiales profesionales e investigadores de los dos profesionales invitados, Serrano mostró su curiosidad por saber si las empresas de capital riesgo que financian proyectos de investigación en otros países, también lo hacen en España. Una cuestión que fue resumida por los ponentes al afirmar que ese tipo de fondos buscan una alta rentabilidad a corto plazo, característica que todavía no ofrece la terapia génica de manera suficiente, dentro o fuera de nuestro país.

Patentar o no patentar

De igual forma, la directiva farmacéutica también acertó al introducir la problemática de las patentes, un tema en el que la conclusión del encuentro fue recomendar no patentar, si lo que se quiere proteger no es un tratamiento específico y si no está aún lo suficientemente maduro. Por lo que también, el consejo fue dirigido a proteger los datos según se obtienen.

Juan Bueren

Juan Bueren

Genes al taller

El jefe de la división de terapias innovadoras hematopoyéticas del CIEMAT, el farmacéutico Juan Bueren, introdujo a los periodistas en el terreno de la terapia génica con una referencia a las proteínas recombinantes que se empezaron a utilizar en los factores sanguíneos de la hemofilia.

Seguidamente, Bueren afirmó que cuando se conoce un gen que condiciona la variación de una proteína la terapia génica consiste en hacer un cultivo celular que se introduce en un biorreactor, con plena seguridad para el paciente. El también jefe del Centro de Investigación Biomédica de Enfermedades Raras (CIBERER) habló entonces de dos posibilidades, trabajar “ex vivo”, es decir fuera del paciente, o “in vivo”.

En el segundo caso, se recurre a vectores virales, naturales (virus modificados) y no virales. Dichos virus ofrecen un alto grado de penetrabilidad en humanos, “infectan bien”, gracias a sus millones de años de evolución, siendo inocuos una vez que son anulados sus rasgos patogénicos en el laboratorio, mediante un proceso de higienización.

Con ello, Bueren explicó que, una vez eliminadas las secuencias patológicas de los vectores virales, se procede al rellenado con material genético compuesto por proteínas terapéuticas. De forma que es posible disponer de un tratamiento recombinante que será necesario mantener de forma vitalicia.

Niños burbujas

Buena parte de la intervención del farmacéutico se destinó a combatir el titular periodístico que hace años afirmó que “la terapia génica causa cáncer”. Para ello Bueren, que además es coordinador de la unidad de terapias avanzadas CIEMAT/ISS de la Fundación Jiménez Díaz,  explicó que esa aseveración tuvo lugar en relación con el tratamiento de pacientes pediátricos con una inmunodeficiencia y conocidos popularmente como niños “burbuja”. Al no tener estos enfermos células defensivas en su sangre, debían vivir en aislamiento profiláctico. Su única opción era recibir un trasplante de médula ósea, si disponían de hermanos y aun así los riesgos de la intervención suponía considerables riesgos.

Atención a los oncogenes

Por ello se procedió a extraer células madre de los pacientes, a las que se les añadía una gama de retrovirus ex vivo, de modo que una vez reintroducidas en el organismo, los niños adquirían la capacidad de generar leucocitos con lo que podían salir de su aislamiento. Sin embargo, a los cuatro o cinco años, estos pacientes empezaron a desarrollar leucemias. Esto se debió a que, con la curación del problema inicial, también se activaron regiones patogénicas de oncogenes lindantes, en el genoma de los pacientes.

Entonces, la reacción social e institucional no se hizo esperar. Las agencias públicas dejaron de financiar estas terapias y el caso se agravó cuando se volvió a dar una situación similar en Alemania con el síndrome de Wiskott-Aldrich en diez niños. De forma que, en el país centroeuropeo, la terapia génica fue declara casi proscrita.

Alternativa a los trasplantes de médula

No obstante, Bueren afirmó que el escándalo no estuvo justificado, dado que el riesgo de trasplante de médula ósea siguió siendo superior a las terapias génicas empleadas y dicho trasplante todavía tiene un coste situado entre los 300.000 y los 500.000 dólares por pacientes. En su opinión, los lentivirus utilizados entonces y ahora son los más seguros que existen. Como acreditan los trabajos de Nathalie Cartier en París, donde la seguridad ya ha sido probada en 200 pacientes con una década de seguimiento en algunos casos.

Además de mencionar la colaboración de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) en los destacables ensayos clínicos que desarrolla el ponente en anemia de Fanconi, éste informó que la terapia génica ya es una terapia plenamente alternativa al trasplante, aunque falte por cuantificar los costes de amortización de los equipos de investigación y de desarrollo de nuevos tratamientos. Así se mostró confiado en que se verán nuevos fármacos en el plazo de un lustro, junto a los tratamientos que ya se realizan con linfocitos CAR-T en determinadas enfermedades sanguíneas.

Concluyó Bueren con la afirmación de que España ya se sitúa en la décima posición investigadora en terapia génica, a pesar de los recursos que puede dedicar a ello. Un extremo que fue confirmado por el segundo ponente.

Ramón Alemany

Ramón Alemany

Éxitos en enfermedades monogénicas

El jefe del Grupo de Terapia Génica y Viral del Cáncer, Laboratorio de Investigación Traslacional del Instituto Catalán de Oncología (ICO-IBIDELL), el doctor Ramón Alemany, trató sobre el material genético, ADN o ARN, utilizado como base para hacer fármacos. Dentro de la terapia génica entendida como la acción de añadir o reparar genes defectuosos, o de añadir copias de los genes mutados.

Como punto de partida, Alemany concedió mayores éxitos de la terapia génica en enfermedades monogénicas (un solo gen) hereditarias recesivas, al tener una diana mejor identificada. Fundamentalmente habló de enfermedades raras, aunque abrió la puerta a tratar deficiencias inmunes y metabólicas, hemofilias, retinopatías, distrofias musculares, fibrosis quísticas e infartos de miocardio, entre otras.

Lentivirus y vectores adenoasociados

Alemany, que también es presidente de la Sociedad Española de Terapia Génica y Celular (SETGyC), se remotó al año de la definición del ADN como depositario de la herencia biológica (1944) y a las posibilidades que J. Lederberg otorgó a los virus con alteraciones genéticas en 1955. Luego vinieron los años 80 del siglo pasado, con la biología molecular, en una explosión tecnológica que, en su opinión, no estuvo exenta de algunos médicos fronterizos con los límites de la ética.

Como vectores más adecuados, Alemany citó los lentivirus, del virus del sida manipulado ex vivo, y los vectores adenoasociados, capaces estos últimos de acompañar a las células en su división natural (in vivo).

Sequía desarrolladora

Citó el ponente los principales medicamentos de terapia génica aprobados en Europa, Strimvelis, de GSK, cuyo éxito terapéutico no fue acompañado por el comercial, por falta de pacientes. Algo parecido a lo que pasó a su predecesor Glybera, el denominado por algunos como el medicamento más caro del mundo, actualmente aprobado en Europa, pero no en Estados Unidos. Un fármaco capaz de reducir el exceso de ácidos grasos en niños con resultado de pancreatitis, en una patología denominada ultra rara, con un paciente por cada 10.000 habitantes. De forma que sólo pudieron tratarse 28 pacientes durante el ensayo clínico y, una vez aprobado, sólo pudo ser administrado a un paciente, porque su coste por tratamiento fue de un millón de euros. Un alto precio que no liberó sin embargo al paciente de la obligación de continuar con su dieta.

El factor Ética

Concluyó el oncólogo con la afirmación de que la terapia génica es una realidad que ha venido para quedarse, pero que también tiene un difícil encaje con el cáncer, porque los tumores malignos son multigénicos. Así mismo, Alemany introdujo algunas cuestiones de calado ético, como el riesgo-beneficio de las terapias, la necesidad de los seguimientos de por vida, el coste, el acceso, el efecto germinal sobre las generaciones futuras y los posibles excesos que se pueden producir. En ese aspecto citó el caso de una mujer sana que se recombinó a sí misma por partida doble, para detener su envejecimiento y para ganar fortaleza muscular.