Punto de vista Apuntes de un boticario

El otoño del patriarca

Reflexión sobre lo efímero, cuando no perjudicial, que resultan determinadas aplicaciones de las nuevas tecnologías que tienen a algunos en un sinvivir y, en no pocos casos, en una sinrazón y que están llevando al patriarcado a la extinción. 

Puedo entender que los que siguen mis “Apuntes” crean que tengo una cierta obsesión con el tema de las nuevas tecnologías, pero no es así y por dos motivos. El primero es que, aún en el caso de que sea mi tema recurrente, servidor de ustedes está en su legítimo derecho, y siempre que mi Director me lo permita, en competir en cuanto a pesadez con ilustres periodistas, valga la muestra gratuita en un amplio vademecum, como Ignacio Camacho, que, al parecer, de un tiempo a esta parte, no tiene otra temática para su brillante pluma, que el asunto secesionista. El segundo es, y lo declaro en legítima defensa, que el tema “reticular”  lo creo tan importante, y quizás más, que el asunto político, puesto que  las llamadas redes sociales son un fenómeno que escapa de la ya importante alta tecnología para amenazar, aunque ya creo que es certeza, el modo de vida de nuestra sociedad.

La utilización de estos nuevos “vasos comunicantes”  es algo no regulado y para su uso no es necesaria ninguna cualificación, por lo que raro es el día en el que no aparecen noticias en  prensa escrita, radio y televisión, relacionadas con esta práctica en las que se hacen eco de cualquier insulto, chorrada o gilipollez que un imbécil, con menos papeles que una liebre, ha colgado en dichas redes.

La indiferencia como arma

Lo malo, por no decir lo peor, es que los receptores de estos mensajes lejos de aplicar la única arma que el ser humano no soporta, cual es la indiferencia, se indignan, contraatacan, por el mismo conducto, y les hacen el caldo gordo a estos idiotas, que es lo que en definitiva buscan, convirtiéndolos en “trending topic” por un rato, los célebres minutos de Andy Warhol pero a otro nivel.

No hay que olvidar otra “tendencia” actual de esta partida de memos cual es la de lanzar falsas noticias (“take news”, para no privarnos del anglicismo cotidiano), en la que, por ejemplo, el zote de turno que vuela con destino a París escribe  este mensaje textual:  “ba delante de mí y de incoñito Mesi y  les cuchao decir en su móvil q ba berse con el dueño del PSG” (todo sic).  Twiteado o whatsappeado tamaño “notición”, por el citado lerdo tecnológico, la cadena de estúpidos se encarga de lo demás.

Pedofilia internáutica

Todo lo escrito hasta ahora, siendo grave, queda en agua de borrajas si comprueban como la pedofilia internáutica va creciendo en proporciones alarmantes.  A esta fecha, son tres casos casi simultáneos en distintos puntos de España, en los que han sido localizados y detenidos varios depravados, empleando una benévola expresión, por esta incalificable práctica sexual.

Y a propósito de lo escrito, al calificar de peligroso un avance tecnológico no es mi intención alarmar, sino hacer hincapié en algo que percibo con preocupación y que está sucediendo en el ámbito infantil que me rodea.

Compruebo, y asumo mi parte de culpa, cómo, para que el  niño “deje de joder ya con la pelota”  (Serrat dixit cantando), se le facilita, y justifico puesto que ya no hay calles ni casas grandes donde darle patadas a un balón, un móvil, a ”fondo perdido”, para que jueguen en silencio, no den el cognazo y, en definitiva, se enganchen a la multitud de juegos que el artefacto les ofrece. De ahí a ser víctimas de estos perversos pedófilos, que antes denunciaba,  tan sólo hay un paso. ¡Qué horror!

Aplicación correcta

Descrita la parte negativa del invento, es lógico reconocer, ya que aún no he llegado a la estupidez absoluta, la importancia de estos avances siempre y cuando se apliquen debidamente. Hoy se puede diagnosticar a distancia desde una arritmia ventricular a un melanoma sin necesidad de esperar una cita médica que en algunos casos es, desgraciadamente, tardía e irreversible.

También es bueno hacer uso de Google o Wikipedia para consultar una duda, que debía ser lo habitual, pero no para “empoderar” al paciente imaginario e inculto, que cuando de verdad ha de acudir al médico lleva ya un prejuicio clínico que dificulta la labor del galeno.

El patriarca en extinción

Y ahora hablo de la vejez que, en definitiva, es a lo que iba. La figura del patriarca o la matriarca está en peligro de extinción e incluyo lo de “matriarca” no por la gilipollez, muy andaluza dicho sea de paso, de la “igualdad de género”, eso de telefonistas y telefonistos (esto lo he oído en el homenaje a una funcionaria de la extinta Telefónica), sino porque desde muy antiguo el matriarcado se ha asimilado a determinadas regiones como el país vasco, cuando, y vuelvo a mi región, (que parece una obra de Benet), para, haciendo un inciso, dejar claro que en Andalucía siempre ha existido el matriarcado, más en forma afectiva que en forma poderosa.

Los andaluces somos muy madreros y por tanto las madres son nuestras referencias, aunque los que partan el bacalao, y a veces el lomo de estas madres, sean los machos de la manada. Y que no se le dé a esta última palabra, por su actualidad, intención alguna, pues no es el meollo prístino de este artículo. Ejemplos andaluces al canto. ¿Les suena Paco de Lucía?. ¿Y el niño de Pura?. ¿Y el de la Matrona?. ¿Y José de la Tomasa?. Me he remitido sólo al mundo flamenco, pero, que yo sepa y admito sugerencias, no conozco a ningún pelotari de Lequeitio, que como saben frecuento mucho, al que apoden el “haur de Maitetxu”.

Referencia anecdótica

Hecha esta disquisición, como es costumbre de la casa, voy a la col y dejo atrás las hojitas de alrededor. Hoy en día la figura del abuelo Cebolleta ha dejado de ser una referencia anecdótica y jocosa del viejo coñazo, que también los hay por desgracia entre la juventud, para convertirse en triste y rabiosa realidad.

Hasta hace poco estos venerables reyes del clan eran los que relataban y NOTIFICABAN todo lo que fuese digno de ello e incluso a petición de sus jóvenes descendientes. Hoy hasta  a un viejo periodista tan vivido como mi admirado Tico Medina, me lo imagino dando en su casa la noticia de que la Preysler se ha roto un tobillo, y a un nieto diciendo: “¡uf abuelo!, esto que estás contando ya lo he leído yo en un whatsapps esta mañana”.

Solo quedan pues patriarcas y matriarcas de los de rompe y rasga, en la etnia gitana. Por lo que se preguntarán, ¿para que un viejo tenga voz y voto, y en definitiva prestigio y poderío ante  sus descendientes, hay que remitirse a una sociedad inculta?. Pues mire usted, a lo peor, sí. Aunque no diría tanto como inculta sino a gente que, desde la noche de los tiempos, tan sólo se fía de lo que dicen sus mayores. Tal es el caso de los frailes del medioevo que se lo tenían todo muy calladito y tan solo escribían para la posteridad sin esa premura satisfactoria de los que tienen hijos. Frailes a los que Gutemberg liquidó al igual que Gates ha hecho con los viejos cultos.

¡Que inventen ellos!

De ahí que recuerde lo de: “Que inventen ellos”. La frase que ha perseguido hasta después de la tumba al genial Miguel de Unamuno y que se ha repetido hasta la saciedad por científicos indignados ante la escasez de fondos para la investigación, el desarrollo y la innovación en España.  A mí, por el contrario, siempre me ha parecido certera y no desafortunada.

Mi admirado Don Miguel, al expresarla, no sólo se refería a los “cerebros” foráneos, sino a Don Eulalio Pérez, un señor de Valladolid vecino del ilustre colombroño del citado filósofo y llamado Delibes, queriendo decir con ello que Don Eulalio siguiese en lo suyo, investigar el quinto tiempo del motor de explosión y que el novelista siguiese “patentando” inventos como “Los santos inocentes” o “Cinco horas con Mario”.

Esta desdeñada cita de Don Miguel, además, no tiene vigencia hoy día  ya que España se encuentra actualmente entre los 10 países con mayor número de publicaciones científicas, a pesar de la falta de recursos económicos. Y  comprueben también, ¡que las escopetas las carga el diablo!, como Internet es obra de un extranjero mientras que los españoles, que también saben inventar, son los creadores del chupa-chups y la fregona. ¿Hay dos cosas más dulces, cómodas e inofensivas?

Pues como decía mi amigo, el viejo Garcilaso: al diablo se le ocurren unas cosas muy malas y….¡adiós muy buenas!

Hasta la próxima.

Nota del Autor: Lo escrito no quita para que, desde aquí, les envíe mis bendiciones a todos aquellos que tanto en twitter como en facebook me retwittean. Les “gusto” y hasta me “comparten”. ¿Verdad querida Paloma?. No obstante les recuerdo que también hay vida en el obsoleto correo electrónico. Aunque para el uso de éste hay que escribir decorosamente bien y, además, estar más tiempo bajo techo que en la calle.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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