El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas): (-)x(+)

Con este título a modo de incógnita el comentarista trata de responder a por qué en una sociedad como la norteamericana, la que más gasta en asistencia sanitaria, goza de menos salud que aquellas otras en las que la asistencia se mueve en torno a la Medicina General, mucho menos costosa.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

El disfrute de los sentidos está en el origen de los jardines. Es el disfrute olfativo, con las flores y sus olores, además de las plantas aromáticas y hasta las hojas pudriéndose en el otoño. Es el disfrute visual con los colores, desde el verde común al rojo de las hojas del arce otoñal, pasando por flores y troncos; también con la superficie acristalada de alguna pequeña laguna. Es el disfrute del tacto, con las piedras pulidas y las rugosas, naturales y artificiales. Es, también, el disfrute auditivo, con los sonidos de los pájaros, y el ruido cantarín de una fuente, o de una leve cascada. Es el disfrute gustativo, si uno saborea unas hojas masticables, de coca o de eucalipto, por ejemplo. ¡El jardín llega incluso a facilitar el disfrute sexual, si las sombras, el rincón recoleto y el momento lo permiten!

El jardín es creación artificial donde las haya. El jardín no es un pedazo de naturaleza, sino una creación humana. Por ello el jardín expresa una cultura, una forma de entender el mundo. No todo cabe en un jardín determinado. El jardinero sabe qué debe contener el jardín, y qué se debe evitar. Con ello el jardín tiene la armonía necesaria para permitir el disfrute de los sentidos. No es mejor jardín el jardín más grande. Es mejor jardín es el más armonioso. El jardinero “se contiene” incluso en el jardín barroco. Más no es mejor en jardinería. Puede haber más de un ambiente, más de una escenografía, pero al fin todo debe tener una armonía, un orden no siempre explícito. Ese es el toque del artista, del buen jardinero.

El jardín zen

Jardín es palabra que en francés significa huerto. Antiguamente los jardines recibían en español el nombre de “huertos de flor”. Pero hay jardines sin flor, pues las plantas pueden no ser necesarias en un jardín. Así, el jardín zen es un jardín seco (karesansui). Además, el jardín zen es una escena, un ambiente deliberadamente estructurado para facilitar la meditación.

En el jardín zen hay arena, grava y rocas (generalmente naturales); ocasionalmente puede tener ramas y musgo. La arena alude al mar, y se rastrilla a diario para evocar las olas.

Dicen que la imagen del jardín zen para la meditación es sólo una interpretación occidental. Dicen que el jardín zen no lo utilizan nunca los monjes para la meditación. Pero es cierto que los mejores jardines zen están en los monasterios; a destacar el de Ryoan-ji en Kyoto. En estos jardines hay una mezcla de simplicidad elegante y de belleza del vacío que facilita dejar la mente en blanco y el reflexionar abstraído.

Los jardines zen son siempre de tamaño limitado, máximo de 300 metros cuadrados. Un jardín zen no se mide por su tamaño, sino por su sencillez y armonía, por su poder evocador del subsconciente.

En el diseño urbano hubo también un intento a principios del siglo XX de construir ciudades armónicas, sintetizado en la “Ciudad Jardín del Mañana” (1902), de Ebenezer Howard, arquitecto inglés. Con esa aspiración de vida social plena y humana se diseñó y construyó en Málaga la “Ciudad Jardín, Proyecto de Casas Baratas” (1924), con proyecto del arquitecto Gonzalo Iglesias. De nuevo, en contra del daño que causan los excesos urbanísticos, donde más no es mejor.

Atún rojo

En julio de 2010 se vendió en la lonja de Tokio (el mercado de Tsukiji) un ejemplar de atún rojo de 456 kilos. Fue un ejemplar excepcional, pescado en aguas niponas, con excelente carne pese a la temporada veraniega. Se vendió a 64 euros el kilo, con un total de 28.000 euros el ejemplar. No había habido nada parecido desde abril de 1986, en que se subastó un atún rojo de 496 kilos.

De hecho, los atunes están desapareciendo. La sobrepesca hunde la pesca. Más es peor. Las antiguas almadrabas, de origen milenario, están desapareciendo pues no hay nada que pescar. Entre Cádiz y Barbate se pescan pocos atunes. La flota de cerco del Mediterráneo ha contribuido decisivamente a la casi extinción de la especie. En el verano de 2010, dicha flota tuvo que suspender sus operaciones una semana antes de lo previsto, para no esquilmar por completo la pesca.

Menos por más, en sanidad

En los EEUU la tercera causa de mortalidad es la intervención sanitaria. Es decir, el sistema sanitario, la actividad médica, se ha convertido en causa frecuente de muerte. Es un poco como con los atunes, ¡si se “pescan” muchos pacientes acaban desapareciendo! El exceso de intervención los mata.

La Medicina es tan artificial como el jardín. Por ello conviene la limitación y la búsqueda de la armonía. Por ejemplo, sabemos que los errores médicos aumentan con el número de profesionales. Es bien cierto el antiguo “un médico cura, dos dudan y tres muerte segura”. Así, en dos años, cuando es un solo médico el que atiende al paciente, los errores van de 12 en Australia y el Reino Unido a 15 en Canadá y 22 en los EEUU. Cuando los médicos pasan a cuatro, o más, los errores suben de 28 en el Reino Unido a los 49 en EEUU [los datos proceden de un artículo en Health Affairs, de 2005]. En todo, EEUU a la cabeza. Lo característico de EEUU es su atención fragmentada, de especialistas, con abundante tecnología, y pago predominante por acto que no se ofrece a toda la población (no hay un sistema sanitario público; es la excepción entre los países desarrollados). El resultado final es menos expectativa de vida, menos años de vida sin enfermedad ni minusvalía en EEUU.

Cometer tantos errores no es fácil. Es difícil lograr tan mal resultado en salud. Exige el trabajo enconado de cientos de miles de especialistas, con toda su tecnología generalmente innecesaria. Por ello el gasto sanitario en los EEUU es estratosférico. Gasta en salud más del 16% del Producto Interior Bruto, y unos 7.000 euros por persona. Con ello obtiene muchos peores resultados en salud que otros países (que gastan casi la mitad). No sirve consolarse pensando en el tabaquismo, la obesidad o la muerte por lesiones y accidentes. Lo han demostrado en un trabajo publicado en noviembre de 2010, también en Health Affairs. Se constata el mejor “rendimiento” del gasto sanitario en países como Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Francia, Holanda, Italia, Japón, Reino Unido, Suecia y Suiza.

Cada paciente es un jardín, una expresión cultural con sus escenas en busca de la armonía. Son escenas de salud y de enfermedad, de barroquismo y de sequedad. El cuidado sanitario ha de ser exquisito, guiado por un buen jardinero (un buen médico de cabecera). Los especialistas tienen su lugar cuando ofrecen cuidados necesarios y coordinados por el médico general. Tener un buen médico de cabecera es un tesoro (para el paciente). Tener una buena Medicina General es un tesoro (para la sociedad). Más no es mejor en sanidad. A veces se obtiene menos por más. Terrible.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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