El mirador

EL MIRADOR (de Juan Gérvas): UNO Y MÁS

La pretensión de muchos de los políticos que gestionan la sanidad de buscar la uniformidad de la asistencia sanitaria a través de guías y protocolos, solivianta a nuestro comentarista que parte del principio de que todo acto médico es uno y único.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Dicen, y dicen bien, que el todo es más que la suma de las partes. Por ejemplo, vemos en la carnicería el conjunto de las partes de una vaca, pero difícilmente nos podríamos hacer idea a partir de esos restos de lo que es el animal en su conjunto. Es decir, una vaca en el campo es más que la suma de sus despojos. Por ejemplo, examinando las partes que se exhiben en el matadero es imposible imaginar el mugido del animal al separarle de su cría. Cuando asistes a esa operación en el campo, cuando se separan hembras y crías, el aire retiembla de mugidos dolorosos que nos conmueven pues, por animales que sean, no dejan de tener mucho en común con el alarido y el dolor humano de la separación brutal del niño de su madre. Por supuesto, tampoco dicen nada los despojos de ese afán reproductor del macho, del toro que ansía “servir” a la hembra y escarba pozos profundos para intentar pasar al otro lado de la alambrada donde se encuentran las hembras en celo. Las partes pueden dar idea del conjunto, pero sólo eso, una idea.

La especialización es un fenómeno complejo que lleva a concentrarse en un “nicho”, en un campo discreto, en “las partes”. La especialización hace imposible en la actualidad a un Leonardo da Vinci, pues existe un rechazo cultural al ideal del Renacimiento, a lograr ese hombre completo en la ciencia y en el arte. En aquel entonces era un polo positivo, una meta; ahora es un polo negativo, un imposible. Nada hay más imposible que lo que se considera tal. Por eso es importante que haya hombres que rechacen los estereotipos, los convenios y los paradigmas culturales y científicos y que se atrevan con “el todo”. Sin ellos seguiríamos en la pura animalidad o nos convertiríamos en robots “especializados”. La especialización limita en mucho las posibilidades de la Humanidad, si se acompaña del rechazo cultural al dominio de varias ramas de las ciencias y de las artes.

Punto de Curie

Todos los átomos tienen capacidad de atracción/repulsión. El material tiene propiedades magnéticas cuando los átomos se alinean en forma que suman esta capacidad. Son los imanes. También el magnetismo es parte de las propiedades de las radiaciones electromagnéticas, como la misma luz visible y otras.

Generalmente se habla de polos positivos y de polos negativos para describir los fenómenos de atracción y de repulsión. Curiosamente, el magnetismo es un estado transitorio de la materia, por más que haya imanes “permanentes”. Estos lo son sólo a determinadas temperaturas. Existe un punto, una temperatura, a partir de la cual desaparece el magnetismo. Es el punto de Curie, la temperatura de Curie. Esta temperatura es característica de cada material. Por ejemplo, el imán de hierro pierde su magnetismo a partir de los 770º C. Conforme aumenta la temperatura, por ejemplo, desde la del medio ambiente, el imán de hierro va perdiendo fuerza magnética, que se hace cero a los 770º C. A mayor temperatura el hierro deja de comportarse como un material ferromagnético y pasa a ser un material paramagnético.

El material paramagnético tiene una permeabilidad magnética similar a la del vacío. Son materiales que responden a los campos magnéticos pero que no cambian su estructura y al dejar de ser expuestos al campo magnético recuperan su estado original. Es decir, en el material paramagnético hay dipolos magnéticos que se orientan al azar, que no interaccionan entre ellos en ausencia de un campo magnético. La exposición a dicho campo logra el alineamiento temporal de los dipolos, pero al cesar su presencia la entropía destruye el alineamiento, y los dipolos vuelven a su estado original, a su falta de alineación y a su orientación al azar. Sin campo magnético, cada dipolo “va a su aire”.

Si el material se enfría, el hierro recupera su magnetismo cuando baja la temperatura de los 770º C.

Todo ello lo estudiaron los hermanos Pierre y Jacques Curie. Pierre se casó luego con la polaca Marie Curie, y cambió su campo de trabajo del magnetismo a la radioactividad (donde ella hizo la tesis doctoral). Ambos recibieron el Premio Nobel de Física, y ella además, en otra ocasión, el Premio Nobel de Química. Pierre murió atropellado por un coche de caballos en París, en 1906. Marie murió en 1934, por anemia aplásica.

Langostas

Las langostas son vulgares saltamontes, es decir, acrídidos. Las langostas pueden agruparse y convertirse en plaga.

Sin el agrupamiento cada saltamontes “va a su aire”. Generalmente el saltamontes vuela poco, pese a tener alas. Sus músculos tibiales son mil veces más potentes que los del hombre, y es capaz de elevarse hasta diez veces su longitud corporal, y puede adelantar de un salto hasta veinte veces dicha longitud. Pero cuando las langostas se agrupan en masa liberan feromonas que refuerzan su comportamiento gregario, alargan y potencian sus alas, y favorecen el vuelo. En forma de plaga, las langostas se desplazan andando, hasta medio kilómetro al día. Al desplazarse arrasan literalmente el suelo e incluso se comen entre ellas (la langosta que no se mueve o que no mantiene el ritmo es comida por las que le siguen). Ocasionalmente cambian el rumbo de la marcha, en bloque y al tiempo, sin que se sepa la causa. Cuando vuelan agitan sus alas hasta veinte veces por segundo y son capaces de recorrer cien kilómetros en un día.

Todavía en el siglo XXI es cuestión sin resolver el control de las plagas de langostas, sobre todo porque no comprendemos su transformación de unidad en masa. Parece que la conducta de un saltamontes no tiene nada que ver con la de la masa, pero la conducta grupal se impone hasta tal punto que la langosta “discrepante”, que se detiene para “pensar” por ejemplo, es comida si no sigue dicha conducta gregaria.

El médico y el paciente, encuentro único e irrepetible

En la consulta médica, en el encuentro entre un médico y un paciente (y su familia, en muchas ocasiones), hay conductas, instantes, luces, conexiones, decisiones sentimientos y conocimientos que son únicos. Es singular e irrepetible una visita a domicilio, una consulta en el despacho, una entrevista en un box de urgencias o una visita en la habitación del hospital. Hay médicos, pacientes y familiares que ignoran este hecho. Hay políticos y gerentes que pretenden uniformar estos hechos. Hay quienes imponen una polarización que pretenden permanente; quisieran que no hubiera médicos y pacientes más allá del punto de Curie; querrían médicos y pacientes que se movieran uniforme y predeciblemente. Nos quieren robot “especializados”. Buscan que los protocolos, las guías, las normas, los consensos, los planes y los dogmas nos conviertan en meras piezas de un engranaje, aquí devotos de “lo crónico” (como en el País Vasco) allá fervientes creyentes de los chequeos (como en Andalucía).

El todo es más que las partes, la masa más que los individuos, pero la Medicina con mayúsculas es un servicio personal, la atención mediante encuentros irrepetibles y singulares a quien sufre, en actos cuya intimidad hay que proteger y promocionar. Mantengamos, pues, como mínimo los 770º C en la actividad clínica, hagamos que se quemen los que pretenden uniformarnos sin ciencia y sin piedad, seamos médicos y pacientes dipolos sin más alineamiento que el que lleva a la mejor decisión posible. Por más que el peligro sea ser comido por los que se mueven en masa sin criterio.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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