El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas). Tavistock

El autor recurre al nombre de la localidad inglesa en donde se encuentra la sede de la Asociación Médica Británica (BMA) para ahondar sobre los ‘principios de Tavistock’ que, de alguna manera, encierran un modo de ver y de actuar en el campo de la ética profesional médica.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

La bioética es ciencia antigua, por más que la formalización sea reciente, de mediados del siglo XX. Es antigua la preocupación de los médicos sobre la atención que prestaban a sus pacientes, y los dilemas que se planteaban en cuestiones cruciales, como la asistencia al final de la vida y el empleo de medicamentos que estaban en el “filo de la navaja”. Sirva de ejemplo el principio médico básico, el primum non nocere, que se refiere a la no maleficencia, uno de los pilares de la bioética. Frente a este principio milenario, es principio ético de formalización tardía el de la autonomía del paciente, el reconocimiento de la libertad personal de decisión. De hecho, el respeto a la autonomía del paciente ha requerido y requiere un cambio de pensamiento, desde el paternalismo al consentimiento y participación informada, al verse el médico como medio de ayuda para la decisión individual. Por ejemplo, se desatiende mucho este principio en todo lo que se refiere a la prevención. Con aquello de “más vale prevenir que curar” se pasa de la prevención a la perversión, y se induce descaradamente la participación en actividades preventivas. O se obliga, casi, como en Alemania con el “castigo” a los que tienen cáncer de colon y no se han sometido al ritual de la colonoscopia de cribado (pareciera que la colonoscopia fuese “terapéutica” en sí misma; por cierto, muchas mujeres creen que la mamografía de cribado es también terapéutica).

Tavistock

Es Tavistock una localidad inglesa, en Devon, de origen prehistórico, pues ha sido asentamiento a lo largo de milenios. Pero su historia actual comienza con la construcción de una abadía, en 961 d.C., que fue destruida por los vikingos y vuelta a construir para desaparecer definitivamente en 1521, con la separación anglicana. Fue hijo ilustre de Tavistock Francis Drake, el primer inglés en dar la vuelta al mundo, héroe para los ingleses y pirata para los españoles. De Tavistock es también la familia Russell, que posee los títulos de duque de Bedford y marqués de Tavistock.

En tierras de Londres pertenecientes a la familia Bedford se diseñó a finales del siglo XIX una plaza ajardinada, en el actual Bloomsburry. Es la plaza de Tavistock, en la que en 1967 se plantó un cerezo en recuerdo de las víctimas de Hiroshima, y en 1968 se puso una estatua de Gandhi.

En la plaza de Tavistock está el edificio que pertenece a la British Medical Association (BMA), en cierta forma paralela a la Organización Médica Colegial (OMC) española, pero con desarrollo muy distinto. Sirva decir, por ejemplo, que la BMA edita el British Medical Journal. ¡Ojalá algún día la OMC tenga una revista científica de esa categoría! (no soy pesimista al respecto, dada la decidida mejora que ha tenido la OMC en los últimos años).

Principios de Tavistock

A finales de los noventa del siglo XX se constituyó en la sede de la BMA un grupo de bioética que elaboró una propuesta de principios básicos aplicables al sistema sanitario y a todos los profesionales. Es una propuesta adaptada a los tiempos “modernos”. Son los “principios de Tavistock”, en alusión a la plaza donde tiene su sede la BMA. Son seis dichos principios:

1. Cuando lo precisa, es un derecho del ser humano recibir atención sanitaria.

2. El centro de la atención sanitaria es el individuo, pero el sistema sanitario debe trabajar para mejorar la salud de la población.

3. Son fines del sistema sanitario el tratar las enfermedades, aliviar el sufrimiento y las minusvalías, y promover la salud.

4. Es esencial que quienes trabajan en el sistema sanitario colaboren entre sí, con los pacientes y las poblaciones y con otros servicios y sectores.

5. Los clínicos deben promover la mejora de la atención sanitaria.

6. Primum non nocere.

Exigencia profesional

Los principios de Tavistock han sido muy discutidos, sobre todo por sacar la bioética de la esfera puramente clínica, pero responden a una exigencia profesional en que el paciente presente no es el único paciente. Es decir, el médico se debe a su paciente, pero el paciente es el presente y los siguientes. En un ejemplo práctico, no podemos dedicar todo el tiempo de consulta a un solo paciente, pues la sala de espera está a rebosar habitualmente.

“Todo para el paciente” se opone a “todo para la organización”, y ambos extremos son perjudiciales y absurdos. Como médicos defendemos al paciente, pero no podemos destruir ni al sistema sanitario ni a la sociedad. El sistema sanitario precisa de la actuación de profesionales conscientes de la necesaria sostenibilidad del mismo. No podemos agotar hoy los recursos para ofrecer infinita atención a los pacientes presentes. Por cierto, además, esa infinita atención tiene peligros miles, y conllevaría al final más daños que beneficios. De ahí el quinto principio de Tavistock, el necesario compromiso de los clínicos con la mejora de la atención sanitaria. Es mejora en la propia actividad y exigencia profesional para la mejora general. Es decir, los médicos tenemos el compromiso ético de participar en actividades públicas o privadas que promuevan la mejora del rendimiento del sistema sanitario. Por ejemplo, no podemos pasar indiferentes ante la prevención convertida en perversión. Tenemos la obligación ética de intentar frenar las “locuras” sanitarias provengan de autoridades, expertos, medios de comunicación o de los propios pacientes. Es una exigencia este participar en aquello que determina la calidad de los servicios que ofrecemos; ésta depende muchas veces del entorno y por ello hay que participar en las dinámicas del entorno.

De la cultura de la queja a la de acción y participación

Podemos ver como tonterías muchas de las cosas que hacen y dicen los políticos sanitarios y los gerentes, y quejarnos de ello. Pero no deberíamos permanecer impasibles ante esas tonterías, ni ante nada de lo que hacen políticos y gerentes. Es cierto que lo nuestro es la clínica y en ello hay que dar el do de pecho, pero de vez en cuando hay que otear el horizonte. Otear el horizonte y exigir, por ejemplo, que los enfermos mentales no terminen en la cárcel (como tantos terminan), que las familias no estén solas con los pacientes recluidos a domicilio (por la falta de desarrollo de la Ley de Dependencia) y que la riqueza personal no determine la salud bucal (los pobres tienen bocas de tales). Es decir, hay que pasar de la queja a la acción (y participación): es una exigencia ética.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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