El mirador

EL MIRADOR (de Juan Gérvas). SEGURIDAD (EN SERIO)

La preocupación por la seguridad en la sanidad lleva, en ocasiones, a que se adopten medidas que van en contra de ella, como el someter a pruebas técnicas innecesarias a la población, como sucede con la obligatoriedad de realizarse una TAC coronaria cada cierto tiempo.

Juan Gérvas (<a href="mailto:jgervasc" mce_href="mailto:jgervasc"

Juan Gérvas (

Podemos asegurar todo, la voz, las piernas, las joyas, los relojes, el coche, la casa, etc. Por tener, tenemos hasta seguros de vida. No es que prometan la vida eterna, claro, sino que le dan a los herederos una compensación previamente pactada. Es decir, propiamente los seguros de vida son seguros de muerte. No aseguran la muerte, no, sino sirven para estar seguros de que tras la muerte del asegurado algo quedará para sus herederos. Ese algo puede ser, incluso, algo para que cuiden de los animales de compañía. De ellos cuidarán, aunque el muerto al hoyo y el vivo al bollo, como resume cruelmente el refrán.

Todos parecemos importantes, pero la muerte demuestra que esa idea de importancia es sólo una fantasía más de las que nos ayudan a vivir. Por supuesto, además a los que recordamos les da igual tal recuerdo. Por ejemplo, Aristóteles no creo que se inmute por ser citado u olvidado. Item más, Einstein. Vivimos a hombros de gigantes vivos y muertos mantenidos en pie por un ejército de enanos (pertenecemos a ese ejército la mayoría de los humanos, sin saberlo). Entre los enanos los hay corruptos, de esos que piden por mover un dedo cien mil euros y un Rolex. Lo del Rolex es cosa mágica, un icono, pues hay muchas marcas de relojes de lujo, tipo Hublot, Patek Phillipe, Cartier, Omega, TAG Heuer y demás. Al hortera rico se le nota enseguida por el peluco que le adorna. Al corrupto también se le nota, por pedir como poco los cien mil euros y el Rolex.

Varón de 45 años, no fumador, 160 cm de altura, 50 kg de peso…

Esta es el resumen de la historia clínica de un paciente en el que se tardó diez años en diagnosticar la causa de muerte. Fueron lesiones que llevaron tanto a pérdida hemorrágica brusca por herida incisa escapular izquierda como a rotura de base de cráneo por contusión con objeto romo. El asesinado se defendió de los agresores pues hay restos de sangre ajena, de cuatro individuos distintos, en su cuchillo, su capa y en las puntas de sus flechas.

Murió hace más de cinco mil años. Fue encontrado en 1991 y hasta 2001 pasó desapercibida la lesión mortal en la espalda, por flecha (de la que permanece la punta en el cuerpo del paciente; alguien intentó recuperarla, sin éxito). De mejor factura eran las 12 flechas que portaba en el carcaj pues pudo conservar íntegras las dos con ADN de sus enemigos.

El paciente se ha llamado Ötzi ya que apareció en el valle de Ötz, en los Alpes italianos. Resistió las fuerzas del glaciar por estar enterrado en la nieve en una especie de cazoleta rocosa que le libró del arrastre y de la presión.

Es una inmensa suerte que se haya conservado momificado y húmedo, con todo su atuendo y armamento. Su estudio ha confirmado mucho de lo que sabíamos del Neolítico, de la Edad de Bronce, aunque asombra la perfección de todo lo que parece era habitual en ese momento y localización geográfica (para su clase social, probablemente alta). Desde un inmenso arco (a medio terminar) a unos zapatos impermeables pasando por equipamiento farmacológico y por supuesto por los útiles necesarios para encender fuego, un hacha de cobre, un cuchillo de piedra y ropa apropiada para la nieve. Se ha podido estudiar incluso su última comida, conservada en el intestino. También se ha demostrado que padecía infestación intestinal y artrosis. Tiene multitud de tatuajes, muy simples, realizados tras hacer una herida para rellenar con carbón vegetal, que podrían haber sido parte de un tratamiento tipo moxibustión y acupuntura. Hay tatuajes de este tipo por todo el cuerpo, incluyendo la espalda.

Parece, pues, que le dolía la espalda, como a casi todos los humanos.

No llevaba un Rolex.

Mujer de 55 años, no fumadora, se fractura la cadera al hacerse una TAC coronaria…

La seguridad del paciente se está convirtiendo en una exigencia social, probablemente por mayor sensibilidad respecto a calidad, por mayor conocimiento y por la lógica reacción ante el incremento de los errores. Así, resulta inadmisible que una mujer se caiga en el curso de una TAC coronaria y se rompa la cadera. Por supuesto, es un evento infrecuente pero se produce y hay que intentar evitarlo.

En un plan de seguridad del departamento de radiología la preocupación no es sólo administrar radiación en dosis mínimas y necesarias, con protección de partes sensibles (ovarios, mamas, testículos y demás) sino cuidar de todo el proceso, desde la información al paciente hasta la calidad de los informes. Y evitar las caídas y las fracturas, por supuesto. De hecho, la propia seguridad radiológica es de las más necesarias pues las dosis se van acumulando; es decir, si la paciente no se cae, ya no se puede romper la cadera (en el ejemplo) pero la dosis de radiación se la lleva puesta hagamos lo que hagamos. Como en muchas cosas, no hay un umbral sin daño.

En otro ejemplo, el uso de medicamentos puede mejorarse con planes de calidad y seguridad que pretenden el uso en dosis correctas, con duración definida, valoración y evitación de las interacciones, detección precoz de los efectos adversos y demás. Ofrecer seguridad es importante tanto cuando se emplean antineoplásicos como cuando se emplea la vulgar aspirina, o un antihistamínico. Por ejemplo, por supuesto cabe siempre pensar en un posible embarazo en pacientes de sexo femenino y edad fértil.

Todo ello es justo y necesario, pero no suficiente. Es una seguridad sincopada, que evita la anécdota, el daño al paciente individual sometido a la actividad médica. Importante para el paciente, qué duda cabe, pero insuficiente para la sociedad.

Es como tener un Rolex y no saber qué hacer con el tiempo.

Dos millones y medio de tejanos cribados cada cinco años con TAC coronaria…

Los economistas de la salud advierten de que no hay nada peor que hacer bien una cosa que no hay que hacer. Suelen poner de ejemplo el servicio de cirugía que es capaz de extirpar limpiamente las orejas a toda la población, sin una infección, sin una complicación.

En el ejemplo de la TAC, nada como la legislación tejana que obliga a que todas las aseguradoras (públicas y privadas) ofrezcan una TAC coronaria cada cinco años a sus asegurados. Van a copiar esa norma en Florida, y llegará como mancha de aceite tóxico a España, seguro. Con la TAC coronaria se pretende seguir el proceso de calcificación y poder intervenir precozmente para tratar los factores de riesgo y evitar infartos y muertes por isquemia coronaria. Lo lamentable es que esa pauta preventiva carece de fundamento (que nadie ha demostrado su utilidad). Se radiará, pues, a la población sin ningún beneficio. Da igual que se eviten daños anecdóticos a cada paciente en particular y que la TAC se haga con una perfección inimaginable, con toda la seguridad del mundo. Si nos tomamos en serio la seguridad, lo lógico es evitar esa norma que producirá, por cada pasada quinquenal unos 200 cánceres y unos 200.000 falsos positivos (con los daños consiguientes).

Más valía regalar un Rolex a cada tejano. ¿O no?

¿O esta norma es expresión de prevención con corrupción y un Rolex?

¡Esto no es serio! ¡Esto no es seguridad en serio!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Acta Sanitaria

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