El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas): Sadomasoquismo sanitario

Para el autor resultan sadomasoquistas, y contraproducentes para la defensa de la Medicina científica, determinadas prácticas médicas innecesarias a las que algunos profesionales someten a los pacientes, como sucede con la realización de cesáreas a tontas y a locas o la determinación del PSA en sangre.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

El mundo es ancho y ajeno, como bien tituló Ciro Alegría, escritor americano indigenista. El mundo es al tiempo ancho y estrecho, ajeno y próximo, y para comprobarlo nada como viajar. Al viajar, sobre todo si uno no es un simple turista sino un viajero propiamente dicho, asombra la variabilidad humana al tiempo que la uniformidad. Por ejemplo, la alimentación es esencial para todos nosotros, pero la cocina es extraordinariamente cambiante. Otro sí, el amor y la amistad se expresan de forma muy distinta según culturas. En comprobar esta variación y al tiempo repetición está el encanto de viajar y de conocer mundo. Nos hace universales, nos hace pequeños y grandes simultáneamente y, en todo caso, nos hace tolerantes con los que “no son iguales”. El peligro de ser viajero es no volver. El peligro de viajar es el vértigo que nos atrae para seguir descubriendo cosas, para convertir en rutina ese deambular sin mucho rumbo. Es un placer viajar.

Los 129 días de Sodoma

El Marqués de Sade (1740-1814) escribió una obra brutal, sobre la violencia sexual de un degenerado que disfrutaba matando a adolescentes. No se publicó hasta 1905, y es lectura que escandalizó y escandaliza a muchos. Sin embargo, hay algo maligno en la naturaleza humana que lleva al placer a través de actos de crueldad o dominio. Ha sido una constante en la historia de la Humanidad que todavía tiene un buen reflejo en la exhibición pública del cumplimiento de la pena de muerte. Por ejemplo, la asistencia de la Ministra de Justicia de Japón al ahorcamiento de la última aplicación allí de la pena máxima (en Japón es legal, pero ha sido muy infrecuente, y de hecho la actual Ministra es abolicionista). Es, también, la exhibición impúdica en televisión y vídeos de escenas en las que hay enorme sufrimiento humano o animal, vistas con fruición por quien disfruta y al tiempo se escandaliza. ¿Qué otra cosa es sino sadismo “la fiesta nacional”, el toreo? Es el disfrute con el acto salvaje de torturar y matar al toro, pero también la “secreta esperanza” de ver alguna escena brutal del torero corneado.

El Marqués de Sade publicó en vida “Justine o los infortunios de la virtud”, con una protagonista virtuosa sometida a todas las desgracias imaginables, mientras su hermana Juliette se libraba de tales males por ser lasciva y corrupta. Es, pues, un sadismo moral, que también existe en nuestra sociedad.

La Venus de las Pieles

Leopold von Sacher-Masoch (1836-1893) escribió sobre su patria chica, un emplazamiento que ahora pertenece a Ucrania, aunque cuando nació formaba parte del Imperio Austrohúngaro. Le dio la fama una novela, “La Venus de las Pieles”, en la que se presenta tal venus como una mujer corpulenta cubierta de pieles que ata, azota y humilla al protagonista. Al parecer el propio autor disfrutaba con tales prácticas sexuales en las que se obtiene placer al ser víctima de actos de crueldad y dominio.

El sadomasoquismo recibió tal nombre en 1913, por Isidor Isaac Sadger, pero ha existido probablemente siempre. No sólo en su vertiente sexual, sino también en la política y social. Hay quien mantiene que la sociedad no sería posible sin esa sumisión obligada que tan bien representa el papel de la mujer en la sociedad patriarcal. O la del residente actual, que rota por servicios y servicios siendo objeto más de una vez de actos directamente crueles y de desprecio que exigen su sumisión y silencio. Terminan desarrollando un “síndrome de Estocolmo”, de agradecimiento y defensa de los que los torturan. Bien se demuestra con tantos y tanto médicos de familia que acaban dedicándose a urgencias, el extremo opuesto de lo que se pretendía con su formación.

Hay, claro, un masoquismo religioso que bien se ve en algunas escenas todavía actuales en la Semana Santa, con derramamiento de sangre por cofrades a través de métodos diversos. Tales prácticas se ven en otras religiones, por ejemplo entre los musulmanes que esperan a Alí. Vienen de la antigüedad, pues están descritas, por ejemplo, las flagelaciones de las sacerdotisas de Artemisa.

Entre los masoquistas más conocidos, Lawrence de Arabia, homosexual, valiente, capaz de sufrir hasta el extremo con tal de cumplir sus objetivos, pero también para lograr excitación sexual.

Sadomasoquismo como enfermedad

Sigmund Freud estudió algunos casos de sadomasoquismo y analizó esa pulsión de destrucción y muerte que anida en lo profundo de nuestros corazones. A veces el deseo de sumisión y humillación tiene que ver con culpas no purgadas o con antiguas prácticas infantiles y juveniles tan típicas como las que se daban con frecuencia en la Inglaterra victoriana de Lawrence de Arabia. En todo caso no resultan fáciles de entender ni de aceptar tales pulsiones.

Por supuesto, los psiquiatras incluyeron el sadomasoquismo consensuado entre las “enfermedades” descritas en la DSM. Sólo en su cuarta versión, en 1994, consideraron que esas prácticas sexuales eran variaciones de la normalidad y les quitaron la etiqueta de enfermedad.

Otra cosa es el sadomasoquismo no consentido, las violaciones, la violencia sexual con menores y adultos, y toda una panoplia de excesos que no son más que formas extremas de crueldad y por tanto antisociales. Muy frecuentes y “medio” consentidas; por ejemplo, con todo un turismo sexual que busca satisfacer a los ricos de los países desarrollados con los pobres de los países pobres.

Sadomasoquismo en la práctica clínica

Hasta ahora, los investigadores sociales, los antropólogos y los economistas podían discernir lo que tenía fundamento científico porque los médicos se lo aplicaban a ellos mismos. Por ejemplo, se demostró que la amigdalectomía se hacía con mucha menor frecuencia a los hijos de los médicos que a la población en general. Es decir, había un cierto sadismo con los niños ajenos, que no se aplicaba a los propios, pues la amigdalectomía es en general innecesaria.

Las cosas están cambiando. Por ejemplo, las ginecólogas que hacen cesáreas a tontas y a locas, también esperan terminar su embarazo con cesárea, y así sucede. En otro ejemplo, los urólogos que recomiendan la revisión prostática anual con tacto rectal y determinación del PSA en sangre, también se someten a tal rito sin fundamento. ¡Qué decir de los médicos que se hacen análisis de colesterol, como “prevención primaria”, sin haber tenido problemas de coronarias!

Con este sadomaquismo en la práctica clínica estamos perdiendo la última línea de defensa de una Medicina científica y humana. ¡Qué venga Sigmund Freud a explicarlo!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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