El mirador

Rojo

Con la cadencia que nos tiene acostumbrados, Juan Gérvas recurre al rojo no sólo como color de pasión, sino por su vinculación con la sangre, en la que termina todo aborto y contra el que reclama a Sanidad medidas que realmente ayuden a evitar los embarazos no deseados.

 

Los daltónicos tienen dificultades para ver los colores. John Dalton fue químico inglés daltónico, y de ahí el nombre de la enfermedad. Es enfermedad que deja vivir, como tantas otras (casi todas, si se cuenta con fortaleza personal y con apoyo social). El daltónico habitual tiene dificultades para distinguir el rojo del verde. Si tiene protanopía no ve en absoluto el rojo. Naturalmente, el problema es de los conos de la retina, las neuronas especializadas en receptores de la luz.

El daltonismo es enfermedad genética, por un alelo recesivo ligado al cromosoma X. Por eso la padecen dieciséis veces más los varones (basta que tengan un alelo recesivo para manifestar la enfermedad; las mujeres suelen ser portadoras, más que enfermas). En ese sentido es enfermedad parecida a la hemofilia A y B. Pero estas hemofilias son enfermedades mucho menos frecuentes en la población que el daltonismo. Hay un cierto tipo de daltonismo en que sólo funcionan los bastones, y todo lo que se ve es gris, blanco o negro. Curioso mundo el de estos pacientes, que puede estar lleno de ternura y amor sin color.

El rojo en China

El color rojo es la sensación que genera la luz visible en unos 700 nm de longitud de onda. Por debajo del rojo están los infrarrojos, con mayor longitud de onda. Los cuerpos calientes emiten infrarrojos.

El rojo sugiere cuidado y advierte de peligro. Por ejemplo, la bandera roja en las playas para indicar que es mejor no bañarse. El rojo es también pasión, deseo, amor, emoción y erotismo; de ahí, por ejemplo, el atractivo de los provocativos sensuales labios pintados de rojo, de los elegantes pies cubiertos de zapatos de alto tacón de charol rojo y de las rotundas curvas femeninas de un cuerpo vestido con un traje de seda roja. Atractivo y peligroso rojo que, al tiempo que pide cuidado, clama cercanía y pasión. Sábanas rojas y ambiente rojo, tan típicos de los puticlubs y los sex-shop (me cuentan los pacientes).

Roja es la sangre, por los eritrocitos (en griego rojo es eritro). Mejor dicho, por la hemoglobina. La sangre es muy escandalosa, por poca que sea. La sangre se derrama muchas veces muy innecesariamente. A veces algunos escupen sangre para que otros vivan mejor (y de eso nosotros, europeos, sabemos mucho, por vivir mejor).

El rojo sugiere calor, optimismo, confianza, decisión, y determinación. Para crear ambientes relajados no se utiliza el rojo. En cierta forma el rojo se opone al verde, relajante en sus tonos suaves. Los “rojos” se opusieron a los “blancos” en las guerras de Finlandia y de Rusia. En la de España se opusieron los “rojos” y los “azules”.

En China las novias se pueden vestir de rojo. Allí el rojo significa buena suerte, felicidad y prosperidad. Los regalos se suelen envolver en papel de color rojo. Y roja es la bandera comunista que todavía hoy simboliza a China.

Azul, blanco, rojo

La bandera francesa tiene tres colores: azul por la libertad, blanco por la igualdad y rojo por la fraternidad. En honor de esta bandera dirigió tres películas Krzysztof Kieslowski (nacido y muerto en Varsovia, 1941-1996).

Kieslowski terminó dicha trilogía en 1994 y se retiró como director de cine. Su determinación pareció incluso una puesta en escena para futuras películas, pero algo sabría de su cuerpo Kieslowski, pues murió bruscamente un año después, con 54 años.

Kieslowski responde a la típica imagen del polaco, imbuido de la religión católica. Así, pudo decir que “no creo en dios, pero mantengo una buena relación con él”. Su serie para televisión, Decálogo, dedica una película a cada mandamiento, lo que le sirve de excusa en su revisión de la intimidad personal y de la transcendencia de la vida diaria. Expresó con imágenes grandes problemas abstractos, influido por Ingmar Bergman y Albert Camus.

En “Rojo”, la última película de la trilogía, hay un intercambio amoroso ardiente y pasional, que empieza en Ginebra con el atropello de una perrita y acaba en el Canal de la Mancha, con una tragedia (o no, según se quiera ver). En todo caso, son las mujeres las que llevan las riendas.

China, India y Corea del Sur

Por increíble que parezca, no da igual tener hijos varones que tener hijas hembras. Los varones están mejor valorados en algunas sociedades (¿sólo en algunas?). Por ejemplo, en las sociedades del Extremo Oriente.

La tasa normal de varones en el nacimiento es de 105 sobre 100 hembras. La Naturaleza provee de más varones, pues mueren más durante la infancia y la adolescencia, de forma que al comienzo de la edad reproductiva, sobre los 18 años, se logra un equilibrio natural entre ambos sexos.

De siempre ha habido más varones que mujeres en las sociedades chinas, indias y coreanas. Sencillamente por el menor cuidado de las niñas, desde el nacimiento. Pero las nuevas tecnologías permiten ahora incluso evitar el nacimiento de niñas, y a ello se aplican con denuedo los ecografistas. Tras el diagnóstico prenatal se procede al aborto.

Así, la razón de nacidos llega a ser de hasta 140 varones, especialmente si se trata del segundo embarazo (la pareja se asegura de que si el primero ha sido niña el segundo sea “obligatoriamente” varón). En China la tasa general es de 130. En la India, depende del Estado; en el norte, en Punjab, Delhi y Guyarat, de 125; en el sur, en Kerala, de 105 (en este sentido Kerala es un Estado “normal”, muy singular para todo en la India). En Corea del Sur llegó a ser de 125 pero ha disminuido a 110, a través de acciones gubernamentales.

En China se calcula que cada año “no nacen” un millón de niñas por los abortos según sexo. En China, entre los menores de 20 años faltan casi 32 millones de mujeres. Naturalmente, ello conlleva un desastre poblacional y social, con varones solterones y solos, con violencia, raptos, violaciones y puterío a granel.

De todo esto habla un artículo recién publicado en el Canadian Journal of de Medical Association.

En ese artículo no se cita a España. España, con sus políticas, luz del mundo, a favor del aborto (sin discriminación de sexo del embrión). Aquí la discriminación es contra la mujer, sin más. Pues mujer es la que aborta y sufre, aunque sea voluntariamente. Con aborto pagado con fondos públicos, pero aborto al fin, sangre al final, sangre roja escandalosa. Aborto que no se evita con algo tan sencillo como la financiación pública de la píldora (los anticonceptivos orales). En Brasil, por ejemplo, la dispensación de los preservativos es gratuita; la píldora también. Si queremos evitar abortos voluntarios (la solución extrema que debe ser legal) hay que evitar embarazos.

Estaría bien que la Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad dejara de dedicar su tiempo a poner palos en las ruedas de las CCAA que hacen cosas lógicas (por ejemplo, Galicia con su financiación selectiva de fármacos) y se dedicara a lo suyo, a promover la salud, y a evitar embarazos no deseados. ¿Para cuándo la financiación pública de la píldora y de los preservativos, Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad?

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Acta Sanitaria

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