El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas): Neutrinos

Los ‘neutrinos’, las partículas subatómicas que contienen el 99 por ciento de la energía del mundo, ofrecen variaciones que, en interpretación de nuestro comentarista, también se registran en las personas, lo que le permite una aproximación a los cambios profesionales de algunos médicos y, sobre todo, a ver a los pacientes desde un punto de vista más comprensivo.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Los griegos creyeron en el átomo, el menor fragmento indivisible de la materia. En realidad ese fragmento se descompone en múltiples partículas subatómicas fundamentales, como quarks, bosones, mesones, bariones y leptones. Entre estos últimos se incluyen los neutrinos. Les dio el nombre Fermi, de “pequeño neutro”, en italiano. Pauli supuso su existencia, como complemento en la desintegración beta de los neutrones. En la misma se produce un protón, un electrón y un neutrino; los dos primeros con carga eléctrica y el neutrino sin ella. Inicialmente no se les atribuyó masa, pero el neutrino la tiene (diez mil veces menor que la del electrón). ¡Y en ellos se contiene el 99% de toda la energía del mundo!

Los neutrinos se desplazan a una velocidad cercana a la de la luz y por ello se incluyen entre la “materia caliente” (por tener masa y por desplazarse a velocidades próximas a la de la luz). Atraviesan la materia casi sin interaccionar, por su falta de carga eléctrica y su pequeña masa. Así, la Tierra es atravesada cada segundo por unos mil millones de neutrinos generados en el núcleo del Sol, sin que apenas una docena interaccione con la materia terráquea. Se pueden detectar los neutrinos de distintas formas, pero la más común es a través del “efecto Cherenkov”, la emisión de luz en inmensos depósitos de agua (natural o pesada) cuando un neutrino interacciona por casualidad con un electrón, al que desplaza a enorme velocidad que conlleva la emisión de luz, cuyo destello se puede registrar.

Oscilación de neutrinos

Los neutrinos existen en tres versiones: neutrino electrónico, neutrino muónico y neutrino tauónico. Son lo que se llama “sabores” del neutrino. Además, cada tipo de neutrino tiene una masa distinta, sin que sepamos bien cuál. Es decir, un neutrino de un sabor determinado tiene una masa aleatoria. Para comparar, el neutrino de un tipo concreto tiene unas veces la masa de una pelota de baloncesto, otras veces la de un balón de fútbol y otras las de una pelota de tenis. Por ello, los neutrinos violan nuestra intuición básica acerca de la materia, cuya masa es constante en nuestra experiencia. Se dice que los neutrinos “oscilan”.

Cuando el neutrino viaja, el sabor carece de importancia y lo clave es su masa oscilante. Por el contrario, cuando el neutrino interacciona con la materia lo que cuenta es el sabor, el tipo de neutrino. Lo característico es que a medida que se propaga el neutrino “oscile”, cambie de tipo, de sabor. Así, en el Sol se generan sólo neutrinos electrónicos, pero antes de llegar a la Tierra han “oscilado” y se han convertido en una mezcla de los tres sabores: electrónico, muónico y tauónico.

En otro ejemplo, hay neutrinos que se originan en las capas altas de la atmósfera, por la interacción de los rayos cósmicos con átomos que generan piones, partículas inestables que se descomponen en neutrinos electrónicos y muónicos. Pues bien, al viajar estos neutrinos oscilan y cambian de sabor, y a mayor distancia mayor número de neutrinos tauónicos. Por ello, en un detector de neutrinos, los de “abajo” (los que llegan del lado opuesto del planeta) tienen la mitad del contenido de neutrinos muónicos que los de “arriba” (directos al suelo desde las capas altas de la atmósfera).

Oscilación amorosa

Al igual que los neutrinos, el ser humano “oscila” en el amor, y uno nunca puede saber ni el “sabor” ni la “masa” del mismo. Hoy te levantas amorosa, cariñosa, tierna, rebosante de lujuria, ardiente y apasionada sin saber muy bien porqué. A lo largo del día, en el viaje en el tiempo, “oscilas” y llegas cansada a casa harta, hastiada y huraña. ¡De una pelota de baloncesto pasas a una de tenis! ¡De una intensidad amorosa cósmica pasa a la frialdad de la ceniza! En realidad sigues queriendo todo el día, no dejas de ser “polvo enamorado”, pero con distinto “sabor”, distinta “masa”. Quien te quiere quizá no lo entienda, quizá no sepa aprovechar el momento. Ya lo dijo Pardo Bazán, que “si el hombre supiera tan bien el cuándo como el cómo no habría mujer honrada”. Es esa explosión inexplicable e inesperada abajo, con incluso liberación de jugos lubrificantes, que sorprende a la propia mujer y la deja apta y dispuesta al encuentro amoroso. Es ese varón que empieza como un niño tímido, pasa al estado de bestia felina peligrosa y termina de hombre amoroso comprensivo, todo en menos de media hora de cama.

Oscilación amorosa, complejidades profundas, permanencia con variaciones y cambios que violan nuestra intuición básica de constancia. Amor, “materia caliente”, sin duda.

Oscilación profesional

Médicos somos todos. Es decir, compartimos una inquietud común por el sufrimiento humano. Pero hay médicos clínicos, médicos salubristas, médicos anatomopatólogos, médicos gestores, médicos profesores, médicos políticos, médicos industriales, médicos sindicalistas, médicos investigadores, médicos escritores, médicos negociantes y otros muchos tipos más. Hay también, desde luego, “médicos neutrinos”. Son aquellos que “oscilan” en su viaje a través del tiempo, y hora se dedican a la clínica, hora a la gestión, hora a la política, hora a la docencia. En cada situación tienen un “sabor” y una “masa” distinta, y también violan la intuición básica acerca del médico-médico, el médico clínico. Incluso cambian de especialidad y/o cambian de lugar de trabajo, y/o cambian de país. Es bonito que haya “médicos neutrinos”, pues ellos tienen el mestizaje necesario para entender con más facilidad el sufrimiento humano y la respuesta técnica al mismo. Así, un Josep Casajuana, actual gerente de Atención Primaria en Barcelona, que ha sido y volverá a ser médico clínico, o un Luís Pisco, en Portugal, que ha vuelto desde el Ministerio de Sanidad a su humilde consulta de médico general, con orgullo y satisfacción. Ya digo, “médicos neutrinos”, mestizos, materia caliente, líderes clínicos.

La oscilación de los pacientes

Lo que vemos del Sol es su superficie, de donde procede la luz que “escapa” después de billones de “rebotes” desde el núcleo, donde también se producen los neutrinos, que escapan de inmediato. La luz no se altera, los neutrinos oscilan. Con nuestros pacientes pasa lo mismo. Hay signos y síntomas que los traen a nosotros y que apenas cambian, como la luz. Otros rasgos cambian, tipo valentía, temores, pánico, optimismo, miedos, incertidumbres, fantasías, expectativas, desasosiego y agobios; a lo largo del tiempo se modifican, pues tienen “sabor” y “masa” oscilante. Es “materia caliente”, en la que muchas veces los médicos no queremos meternos, para no quemarnos. Es curioso, pues como humanos nosotros mismos también oscilamos, también vibramos, también nos vemos sorprendidos por una metamorfosis, por una maduración, por una inevitable incertidumbre que cambia nuestro “sabor” y “masa”. Los pacientes oscilan, no son inmutables, son humanos. Donde hoy hay un niño alegre que sobrelleva su asma sin problemas, mañana hay un adolescente agobiado por sus dificultades cuando nada en el mar durante el verano (y raramente confesará que su “adorada” nada como un pez, y le mira con ojos tiernos por lo bien que él mismo nada…). Hoy es una mujer entera que escucha el diagnóstico de enfermedad de Parkinson casi sin inmutarse; mañana es una mujer acobardada por la dificultad para llevarse la cuchara a la boca. Oscilación, metamorfosis, cambio, “sabor” variable y “masa” incierta,… ¡vida que precisa comprensión!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

Deja un comentario