El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas). Neotenia

La situación de una gran mayoría de jóvenes, maltratados por nuestra cultura y la sociedad, lleva al autor a preguntarse, más que a contestar, sobre las consecuencias de tal situación sobre la evolución de sus cerebros, para lo que recurre a lo que, en el tiempo, ha ocurrido en los seres vivos, con referencia específica a los humanos.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Hay experiencia acerca de criar simultáneamente un cachorro humano propio y un cachorro de chimpancé (ajeno, claro). Hasta los dos años las diferencias no son excesivas, pero en esos días comienza el despegue de la inteligencia humana y la divergencia se vuelve insuperable. Por supuesto, los grandes monos tienen inteligencia, como la tienen los perros y los caballos y casi todo ser vivo. Lo característico del hombre es la inteligencia en una cultura, el ser social que consideramos humano. Para lograr su desarrollo pleno, el niño tiene que crecer en el seno de un grupo familiar, sea la familia nuclear clásica sean otras formas diferentes.

El cachorro humano nace indefenso y no alcanza “el uso de la razón” hasta pasados muchos años, en torno a siete. Todavía el niño necesita otros tantos años para convertirse en adolescente pleno, y otros más para ser un adulto capaz de criar una prole. Sin embargo, en muchas culturas empobrecidas incluso los niños de tres años ayudan al trabajo familiar y se comportan como pequeños adultos explotados. Es una situación repugnante que sólo vemos en esas sociedades, pues preferimos ignorar el esclavismo a que se somete a nuestros jóvenes, con los contratos basura y la pérdida de facto de gran parte sus derechos laborales (sueldos miserables, horas extras no remuneradas, vacaciones postergadas sine die, prohibición de actividad sindical, sumisión al jefe y demás).

Salamandras

Las salamandras son anfibios caudados (con cola). Se distinguen de los anuros, como la rana, también por la falta de oído medio. No se encuentran salamandras ni en África ni en Australia y sobreabundan en América, especialmente del norte. Las salamandras tienen una fase de larva en la que exhiben branquias (externas) y al tornarse adultos se convierten en pulmones (internos).

En Méjico existe una salamandra curiosísima, el ajolote, que conserva sus características larvarias siendo adulto; es decir, parece una larva pero completa su desarrollo sexual y puede reproducirse. La hipófisis del ajolote no produce tirotropina y la consecuente falta de tiroxina conlleva esta “detención parcial de la maduración”. O, más bien, conservación en el adulto de características juveniles.

Por cuestión circunstancial distinta, también la salamandra tigre de los EEUU puede presentar esa disociación entre madurez sexual y madurez corporal. Ello sucede cuando las condiciones no son favorables, por frío o sequía, por ejemplo. Esta salamandra puede alcanzar tamaños espectaculares, de hasta 35 cm y no es raro que coma ratones y ranas. Son mayores los ejemplares que no maduran y que se conocen como “perros de agua” y se utilizan como mascotas, o para la pesca como cebo. La salamandra tigre puede ser caníbal, cuando en su fase larvaria convive con gran cantidad de ejemplares de su especie.

Es curioso este madurar sexual de las salamandras en un cuerpo juvenil larvario.

Stephen Jay Gould

Con cinco años vio por primera vez Stephen Jay Gould (1941-2002) un tiranosuaro rex, el esqueleto inmenso en el Museo Americano de la Ciencia, en Nueva York, a donde le llevó su padre de visita. Aquella visión le impactó de tal forma que decidió elegir la Paleontología como ciencia profesional. Fue, pues, paleontólogo y es recordado por la teoría del “equilibrio puntuado”, en la que se considera que la evolución va a saltos, con periodos largos sin cambios entre los que se intercalan tiempos de grandes y bruscos cambios (los críticos hablaron de ?evolución a tropezones? a lo que respondió Gould que la teoría gradualista era una “evolución de arrastre”).

Stephen Jay Gould tuvo un mesotelioma peritoneal en 1982. Se quedó espantado al saber que la supervivencia estaba en torno a los ocho meses. Pero como científico pronto descubrió que ese pronóstico era estadístico, y que por supuesto muchos pacientes superaban incluso por completo la enfermedad. Decidió que él sería uno de ellos, y así sucedió. Murió veinte años después de otro cáncer no relacionado con el mesotelioma. Además, contribuyó a difundir el uso terapéutico de la marihuana para los pacientes con cáncer.

Fue un activista de los derechos civiles, comprometido con los negros y otras minorías, muy influido por las ideas de Noam Chomsky. Además de investigar, escribir y difundir conocimiento, Stephen Jay Gould hizo cosas tan normales como cantar en un coro y aprender idiomas hasta hablar, además del inglés, alemán, francés, italiano y ruso. Se interesó por la arquitectura, y una de sus ideas clave sobre la evolución lleva el nombre de “enjuta” (o “pechina”), los espacios que surgen al montar una cúpula sobre arcos de medio punto. Son espacios ?subproductos? y así consideró que la evolución en sí misma no explica todo; por ejemplo, no explica algunas características mentales humanas o el orgasmo femenino.

El desarrollo cerebral humano es clave para la especie.

Neotenia

El neologismo “neotenia” lo creó un médico alemán, Arthur Kolhmann (1858-1941), estudioso de la huellas dactilares. Se refiere a ?teinein? ,que en griego significa “extenderse”. Define estas situaciones biológicas tipo las salamandras comentadas en las que se mantienen características juveniles en los individuos adultos (en cierta forma el periodo juvenil se expande, se extiende).

El término lo ha utilizado también José María Bermúdez de Castro, que se ha dedicado a la paleoantropología, es profesor en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid) y ha trabajado en los yacimientos pleistocénicos de Atapuerca (Burgos) y La Pinilla (valle del río Lozoya, Madrid). Ha empleado “neotenia” para destacar el lento desarrollo del cerebro humano, que conserva grandes posibilidades de establecimiento de conexiones y sinapsis a lo largo de la vida, gran plasticidad.

El cerebro humano tiene una “conectividad ralentizada” que se puede interpretar como “neotenia”, pues le lleva a conservar características infantiles y juveniles toda la vida, incluso de adulto. Parece que esa conservada conectividad ralentizada infantil explica lo fundamental de la especie humana, el carácter social del hombre, su capacidad cognitiva, su disfrute del juego por sí mismo, la transformación de los impulsos sexuales en vínculos imaginativos espirituales, la capacidad de aprendizaje en el adulto y demás.

El talento potencial del ser humano depende críticamente de los estímulos que reciba a lo largo de la vida pues existe capacidad para transformar esos estímulos en impulsos que provocan nuevas conexiones, que generan “inteligencia” (entendida como capacidad de respuesta al cambio del medio ambiente tanto natural como artificial).

¿Qué significa la neotenia para nuestros jóvenes? ¿Para esos jóvenes maltratados por nuestra cultura y sociedad, esos que o bien no superan la ESO (más del 30%) o bien siendo universitarios tienen trabajo con contratos basura (sobreeducados, sobreformados y maltratados), o bien no tienen ningún trabajo (el 40% está en paro)?

¿Qué conexiones se formarán en sus cerebros, en qué forma afectarán a su comportamiento, a su papel en la sociedad, a su respuesta a los impulsos sexuales, a su capacidad cognitiva, a su disfrute de la vida?

Sería humano e inteligente no malograr tanta masa cerebral, tantas vidas en flor.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Acta Sanitaria

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