El mirador

Ironías de la vida

Algunas prácticas médicas, con especial referencia en el ámbito de las especialidades, ofrecen un aspecto irónico pues, en ocasiones, roban salud, como nuestro comentarista reitera en su análisis de esta semana, consideración totalmente contradictoria con el principio que debe inspirar toda actuación médica.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Dicen que dios castiga sin piedra ni palo. Dicen que los ricos también lloran. Dicen que no hay descanso para el criminal. Dicen que al cielo van los buenos, y los malos al infierno. Dicen tantas cosas para consolarnos ante lo injusto que uno no sabe si creerlo. Lo cierto es que la riqueza consuela mucho. Y por ello dicen que con pan los males son menos. Y que donde no hay harina todo se vuelve polvorina. Dicen, salud, dinero y amor. El dinero va en posición central, como se ve.

Dicen que la riqueza conlleva salud (y a veces amor, el que a uno lo quieran). Y la causa de mejor salud no es riqueza propiamente dicha, sino justa distribución de la riqueza (o de la propiedad). Sobre todo, no es la riqueza sino la educación. La mejor forma de lograr salud es dar educación formal a las mujeres. Es lo que han hecho siempre en Kerala (India). En Kerala, con sus 91 millones de habitantes, la pobreza es casi la de la India legendaria, pero se administra bien. Han tenido gobiernos comunistas democráticamente elegidos durante décadas y su historia es milenaria e incluye la quema por los romanos del Templo de los judíos en Jerusalén, cuando muchos de estos emigraron a Kerala. Después emigraron los cristianos sirios, durante la expansión musulmana. Contó incluso con una marajá influida por las ideas de la Ilustración. El resultado final es un Estado indio en que la alfabetización es completa, y donde la proporción entre mujeres y hombres es la de un país occidental (no hay, pues, feminicidio en ninguna de sus formas). La salud de Kerala puede compararse, desde luego, a la de los EEUU. Kerala es ejemplar en muchas cosas, que ha estudiado entre otros el premio Nobel de Economía Amartya Sen.

Índice de Gini

Las sociedades tienden a la igualdad. Es decir, existe una aspiración social para que todo el mundo logre un mínimo y para que las diferencias no sean excesivas. La pobreza y la desigualdad provocan violencia. La violencia es una externalidad de la injusticia. Si queremos un país violento no tenemos más que fomentar la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, Brasil. ¿Otro ejemplo? EEUU. Donde hay violencia hay injusticia, como fundamento y sostén de los violentos. Los países que tienden a la igualdad son menos violentos.

La desigualdad puede medirse con el Coeficiente de Gini. Si la igualdad en la distribución de la riqueza es perfecta, todos los individuos cuentan con la misma cantidad de recursos. Así, por ejemplo, el 50% de la población poseerá el 50% de la riqueza, el 80% de los individuos el 80% de la riqueza, etc. En el extremo opuesto, cuando la injusticia es máxima, un sólo individuo tendrá toda la riqueza, el 100%. En el Coeficiente de Gini los valores van del cero (0) al uno (1). Si la distribución de la riqueza es perfecta, el valor es cero (todos los individuos comparten el mismo nivel de riqueza); si la distribución de la riqueza es opuesta, el valor es uno (existe un solo individuo que posee toda la riqueza).

Para que sea más cómodo se suele emplear el Índice de Gini, en porcentaje. Así, se mueve el Índice de Gini entre 0% y 100%. El país del mundo con mayor igualdad es Dinamarca, con un índice de Gini de 24,9%. En España es del 34,7%. En Alemania, del 28,3%. En Suecia, del 25%, como en Japón. En Rusia del 41%, como en los EEUU. El país más desigual del mundo es Namibia, con un Índice de Gini de 74,3%. En Brasil, es del 55%. En esa desigualdad se genera la violencia. Es decir, en general, la escala de los países según el Coeficiente de Gini se corresponde con la escala de los países según violencia.

Hay una asociación inversamente proporcional entre pobreza y distribución de la riqueza. Así, existe una correlación negativa entre el PIB per capita y el Coeficiente de Gini. A menor PIB per capita, más desigualdad, mayor Coeficiente de Gini. Los países más pobres son más desiguales, y por eso están en la “cola” Namibia, Guatemala, Botsuana, Lesoto, Honduras y demás.

La justa distribución de la riqueza mejora la convivencia, la salud y la violencia.

Robin Hood

Han existido siempre leyendas que ponen la justicia en la Tierra, para no tener que esperar a morirnos. Está bien eso de ir al cielo si eres bueno, pero tampoco pasaría nada porque las cosas cambiasen un poco antes, que luego no hay seguridad en las promesas. Pero aquí, en la Tierra, las cosas son duras, y bien lo está demostrando la crisis económica actual. Para resolver la crisis se castiga a las víctimas por los errores de los culpables. Es decir, no pasan penalidades los banqueros e inversores usureros y felones, ni los políticos que con ellos cohabitan, y comen en su manita, sino los ciudadanos de a pie, puros espectadores del enriquecimiento ilícito de los que de verdad mandan.

Robín Hood es la leyenda rural para entretener el tiempo mientras nos morimos y llegamos al cielo. Se trata de un noble venido a menos por los abusos de su señor, Juan Sin Tierra. Al héroe le sigue una heroína, Mariana, a la que desea el señor (ordena quemar el castillo de su padre, cuando la heroína logra consolar al héroe en lo profundo del bosque…). Robin Hood ataca y despluma a los ricos, comerciantes, eclesiásticos y nobles, y reparte parte del botín entre los pobres. Era su forma de revertir la injusta distribución de la riqueza, de ajustar el Coeficiente de Gini. Finalmente, el regreso de Ricardo Corazón de León pone las cosas en su sitio. Robín Hood recupera su título y todos son felices. Se relata en 30 baladas, escritas por primera vez en el siglo XIV, pero probablemente con tres siglos previos de tradición oral.

Ladrones de salud (y dinero)

La parte noble de la labor de Robín Hood la hacen hoy en día los Inspectores de Hacienda del Estado, pero cumpliendo órdenes como si siguiéramos bajo el gobierno de Juan Sin Tierra. Es decir, con políticas regresivas que engordan el bolsillo de los que ya los tienen llenos (y sin fondo). En la duda, analiza las SICAV.

Hay una parte innoble de la labor de Robín Hood que nos toca a los médicos, especialmente a los especialistas. Ahora robamos salud a los ricos. No todos, ni todos con la misma intensidad, pero el esfuerzo logra su objetivo. Por ejemplo, en los EEUU los resultados en torno al parto empiezan a ser mejores para los pobres que para los ricos. ¿Por qué? Porque los pobres se ven libres de tocólogos y ginecólogos, en manos de matronas y médicos generales. Aquellos, los especialistas, roban salud a las mujeres ricas embarazadas, a base de pruebas y pruebas pre-natales sin fundamento, y de partos con cesáreas innecesarias. Sucede lo mismo con los urólogos y su frenético uso del PSA y del tacto rectal, que deja una estela de septicemias (buen ejemplo, el candidato a Jefe de la Oposición, tras las próximas elecciones generales), impotencias, incontinencias y muertes. ¿Qué decir de los reumatólogos, con sus medicamentos para prevenir fracturas que provocan fracturas en la osteoporosis? ¿Y de los endocrinólogos, con su búsqueda de niveles de hemoglobina glucosilada, que matan por comas hipoglucémicos? ¿Y de los traumatólogos que operan incansablemente rodilla tras rodilla, espalda tras espalda, hasta provocar una epidemia silenciosa de lisiados ricos? ¿Y los cánceres de mama, embolias pulmonares e infartos de miocardio en mujeres ricas provocados por los parches para la menopausia? ¿Y los pobres niños ricos con platicefalia, torturados con cascos inhumanos? ¿Y los daños de estatinas en prevención primaria, de vacunas innecesarias y de recomendaciones insanas?

En todo ello hay negocio, qué duda cabe. Y pérdida de salud.

¡Lástima que tanta salud robada a buen precio a los ricos no llegue a los pobres, y si llega sea sólo para ampliar el negocio…!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Acta Sanitaria

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