El mirador

EL MIRADOR (de Juan Gérvas): ENTORNO TÓXICO

Está claro que, a pesar de los entornos tóxicos, existen bacterias que logran sobrevivir, lo que lleva a nuestro comentarista a lo que puede suceder con algunos políticos, a quienes debe sacárseles de tales entornos, que precisan para sobrevivir, y “transplantarlos” a los ambientes en que vivimos los que les damos el poder de administrar las riquezas comunes.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

La endogamia es mal biológico que conlleva problemas genéticos. Pero la endogamia es también mal cultural y social con graves consecuencias. Por ejemplo, puede verse el nacionalismo como una endogamia política que empobrece al ciudadano. El individuo pertenece más al mundo y a la Humanidad que a un trocito de terreno y comunidad, por muy grande que éstos sean: pueblo, región, nación, continente y demás. Así, por ejemplo, da risa, por no llorar, ver los vanos intentos de distinguir el ladrido del perro en el límite entre Cataluña y Aragón, o entre Francia y España, o entre Eurasia y África. Es curioso además que el deseo de diferenciarse sea entre los más iguales, justo por estar cerca y muchas veces fuertemente mezclados.

Pero endogamia endogamia, lo que se dice endogamia, nada como la endogamia de la universidad española. ¡Eso es una endogamia de libro! Una endogamia con graves consecuencias para la salud científica y cultural de la sociedad española.

Por supuesto, hay diferencias notables entre las especies alejadas geográficamente, que llevan con la deriva genética al desarrollo de nuevas especies, de la misma forma que hay diferencias notables entre las culturas de sociedades muy separadas en el tiempo y en el espacio. De ahí el interés de la antropología, por mucho que a veces nos duela. Como dolió en el Reino Unido el lúcido, espantoso y cierto “Informe Collings”, publicado por el australiano Joseph S Collings en la revista Lancet. Collings no hizo otra cosa que visitar consultas y entrevistar a médicos generales ingleses que trabajaban después de la Segunda Guerra Mundial en circunstancias penosas, también respecto a su cualificación y a sus recursos. La British Medical Association calificó el informe de “antropología de nulo interés”, pero tuvo tal impacto el verse reflejado en el espejo de la ignominia que facilitó el cambio a una Medicina General que llegó luego a ser ejemplo en el mundo. El entorno cultural, científico y social cambió y fue más fácil ser buen médico general tras el “Informe Collings”.

Bacterias extremófilas

La vida necesita un entorno definido, respecto a salinidad, acidez, temperatura, presión, humedad, oxigenación y otras circunstancias. En este sentido el hombre es como la rata, capaz de sobrevivir casi en cualquier ambiente. Pero quienes sobreviven en entornos tóxicos, imposibles casi para la vida, son las bacterias. Hay bacterias que soportan las presiones de los fondos abisales, y las temperaturas de sus fumarolas y la ausencia de oxígeno y de luz de esos mares profundos. Las hay que soportan la acidez del salfumán o la alcalinidad de las sosa cáustica. Hay bacterias en los hielos eternos prehistóricos de la Antártida. Algunas desarrollan mecanismos que concentran potasio en su citoplasma para mantener el balance osmótico en ambientes de salinidad extrema, como las salinas (además adquieren pigmentos rojizos que les protegen de la luminosidad intensa en las mismas). Existen bacterias que resisten años en el espacio, donde el vacío es casi absoluto, no hay atmósfera, ni oxígeno, las temperaturas varían intensamente y están expuestas a los rayos cósmicos y a la radiación ultravioleta. Hay bacterias, procedentes de la cuenca del Río Tinto, que son capaces de sobrevivir a ambientes experimentales que simulan el del planeta Marte. Se habla de bacterias “quimiolitioautotróficas”, o sencillamente de bacterias “mineras” para referirse a las que pueden alimentarse de estos minerales férricos, y de otros. Por haber, hay bacterias que resisten sin inmutarse radiaciones ionizantes (radiología) mil veces superior a la que mataría al hombre.

No cabe duda, las bacterias extemófilas son un filón para aprender cómo superar las condiciones que parecen limitar las posibilidades de la vida.

Mineros resistentes

El 5 de agosto de 2010 hubo un derrumbe en una mina ruinosa, con escasas condiciones de seguridad, la mina San José, de Minera San Esteban. Muchos santos, tantos que lograron la supervivencia de 33 mineros que estuvieron 17 días “perdidos” en el fondo de esa mina, a 700 metros de profundidad, en el desierto de Atacama (Chile), tan rico en cobre, oro y plata. En la superficie otros 317 compañeros estaban despedidos, y sin cobrar sus salarios. El rescate de los mineros se ha convertido en cuestión nacional, que ha dado inmenso prestigio al ministro del ramo, y al presidente actual de Chile. Hay esperanzas ciertas de lograr rescatar con vida a los mineros, que reciben material y comunicaciones a través de estrechas perforaciones de diez centímetros de diámetro. El rescate habrá que hacerlo de noche (pare evitar el deslumbramiento), de uno en uno y en angostas canastillas. Su incorporación a la vida rutinaria de la superficie no será fácil.

Tampoco es fácil la huelga de hambre que están realizando desde el 12 de julio 35 mapuches presos en aplicación de una ley antiterrorista de los tiempos de la dictadura de Pinochet. Defienden su espacio natural, sus tierras hoy reducidas a la quinta parte de lo que fueron. No son noticia, no son “cuestión nacional”. Son simples indios y piden lo imposible, como si lo posible no fuera horrible. Por ejemplo, la rapiña de multinacionales europeas (alguna española) y estadounidense del territorio mapuche. No cabe duda, los mapuches tienen un entorno económico y social tóxico, por los intereses que generan sus tierras.

Políticos dóciles

Los políticos se han convertido en la tercera plaga nacional, después del paro y del terrorismo. Pero continúan con sus actividades impertérritos. Persisten en la falta de democracia de los partidos, en su partitocracia que considera la consecución del poder como oportunidad de reparto de un botín y antesala de favores para cuando lo pierdan. Los políticos se rodean de una corte de intereses que cuadran con los suyos. Van al Hotel Ritz (Madrid), a escuchar y tomar café con los poderosos, por ejemplo. No a La Mina (Barcelona) a escuchar a la asociación de vecinos.

Es decir, los políticos son como las bacterias extremófilas y resisten el ambiente tóxico que generan los que sólo tienen interés en poner sus asuntos en la agenda, y de señalar la alta prioridad de sus deseos. Resisten ese ambiente tóxico cambiando los intereses públicos por los privados, a cambio de favores presentes y sobre todo futuros. También desarrollan pigmentos muy especiales que les libran de la vergüenza de verse en ningún espejo tal como son. Cuando terminan su vida profesional (se puede ser político de “profesión”, por increíble que parezca) hay que sacarlos también de noche y en cestillos, para que puedan adaptarse a la rutina que los demás vivimos como normal. Pero no lo aguantan y en seguida pasan a algún consejo de administración, o similar.

Puesto que necesitamos una buena política sanitaria para tener una buena gestión, tenemos que lograr sacar a los políticos de los entornos tóxicos que precisan para vivir y “transplantarlos” a los ambientes en que vivimos los que les damos el poder de administrar las riquezas comunes. ¿Lo lograremos?.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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