El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas): Cristal

A la vista de la proliferación y defensa de determinadas prácticas preventivistas, especialmente en relación con el cáncer, el comentarista trata de reducirlas al absurdo, sobre todo porque apenas han demostrado algo y, en consecuencia, los cribados propugnados suelen ser inútiles.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Escribió el poeta que “nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. Será cierto. Pero no tan cierto cuando consideramos hechos. Por ejemplo, parece evidente que el Sol sale una vez al día por el Este. Es decir, parece que no hay dudas, ni verdad ni mentira, en el hecho de que el Sol salga a diario por el Este. Aquí no hay cristal con el que mirar. Aquí no hay color que permita interpretar. Si acaso es necesario fijar claramente las condiciones del “experimento”. Así, “dado un individuo de visión y capacidad mental normal situado en lugar despejado sobre la superficie de la Tierra, suponiendo que esté despierto a la hora en que sale el Sol, cada día podrá acreditar que el Sol sale por un punto cardinal que llamamos Este”. Por supuesto, si el observador es tal se dará cuenta de que el Este cambia, y que en invierno vira al Sur y en verano al Norte (el Este-Este es el del día del equinoccio de primavera y de otoño). Además, si el observador es culto, sabrá que el Sol realmente no “sale”. Ya lo hizo notar María Moliner en su “Diccionario del uso del español”. Tenemos la impresión de que el Sol “sale” pero en realidad es la Tierra la que gira y en su girar nos expone al Sol a diario. ¿Qué más da que sea incorrecto decir “salir” el Sol si es una impresión que todos compartimos?

Calar Alto

Fue otro poeta quien escribió “el ojo que ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve”. Y ambos ojos, el propio y el ajeno, ven en color por la descomposición de los pigmentos retinianos en los conos, neuronas receptoras de la retina. Son tres colores los que se mezclan en el cerebro para dar viveza a la imagen: rojo, verde y azul. Es decir, el ojo humano es sensible a determinada radiación, a un estrecho margen de todas las radiaciones posibles. No percibimos ni infrarrojos ni ultravioletas, ni ondas de radio ni rayos X ni ondas hache alfa. Nuestro mundo visual es un pequeño mundo, por más que parezca “el mundo”.

En la observación astronómica hay imágenes bellísimas. En muchos casos se toman “en falso color”, mezclando las que resultan de filtrar los colores, un poco en imitación del proceso de la visión humana. A veces el color original supera al falso color. Es el caso de la luz rosa que emite el hidrógeno ionizado de las estrellas recién nacidas, en ondas hache alfa. Buen ejemplo son las imágenes de la galaxia Remolino, M51, captadas en el Observatorio de Calar Alto.

Calar Alto es una meseta a más de dos mil metros de altitud en la Sierra de Filabres (Tabernas), muy cerca de Almería capital. Allí instalaron en 1975 un observatorio astronómico los alemanes del Instituto Max-Plank de Heilderbeg. Desde 2005 lo comparten al 50% con los españoles del Instituto Astrofísico de Granada.

50 por ciento

A la mitad. A la mitad dice la noticia. Dice que la noticia en la prensa profesional médica que la determinación cada dos años del PSA en varones de 50 a 64 años reduce a la mitad la mortalidad por cáncer de próstata. Por supuesto, tal impacto ayuda a justificar la implantación del cribado con PSA (ya implantado por la vía de los hechos). Y la noticia pesa con más fuerza por cuanto los datos proceden de un ensayo clínico sueco, realizado con todas las de la ley.

Si uno va al texto, publicado en The Lancet Oncology, puede comprobar la veracidad de la noticia. Pero sin mentir, el color del cristal permite dar la vuelta y ver la verdadera dimensión (pasar del falso color al verdadero). Es decir, la noticia no es mentirosa sino maliciosa. Tiene malicia sanitaria.

En realidad es cierto que la mortalidad por cáncer de próstata se reduce a la mitad (el 50%). Pero también es cierto el sufrimiento que significan 14 años de seguimiento de PSA (con sus falsos positivos y falsos negativos), con más intervenciones y más prostatectomía a más jóvenes varones (con las consiguientes muertes, incontinencias e impotencias). De estos efectos adversos no da cifras el texto.

Además, la reducción a la mitad es ridícula desde el punto de vista de las cifras absolutas, pues al cabo de 14 años la mortalidad baja del 0,8% al 0,4% (y, pues 0,4 es la mitad de 0,8, la mortalidad ¡baja el 50% famoso!). Es decir, pasamos del 99,2% al 99,6% de varones que no mueren de cáncer de próstata.

Salva vidas

La noticia iba encabezada por un titular también malicioso. Y falso. Decía “El test del cáncer de próstata sí salva vidas”.

El titular es doblemente falso. En el sentido profundo de la expresión, nadie salva vidas. Los médicos “retrasamos muertes”. Es decir, con las vacunas, con los antibióticos, con las operaciones en casos de apendicitis o colangitis, con el tratamiento del infarto agudo de miocardio, con el tratamiento de los linfomas y demás, todo lo que hacemos es “añadir años”. Pero no salvamos vidas propiamente dicho. Tampoco salva vidas el que logra llevar comida a los niños hambrientos. Los nacidos morirán siempre. Nuestro objetivo es que no mueran por causas evitables, como hambre o sarampión o apendicitis. Es una noble tarea que la sociedad debe complementar llenando de oportunidades de plenitud esas vidas “alargadas”.

Además, el titular es falso porque en el estudio, los varones mueren en la misma cantidad con independencia de pertenecer al grupo experimental (determinación del PSA cada dos años) o al control (dejados al cuidado habitual). Así, los pacientes “salvados” de morir de cáncer de próstata mueren por otra causa, pero no dejan de morir en el mismo periodo de estudio. Probablemente, será causa de mayor mortalidad en el grupo experimental la mayor intervención médica (más prostatetomías incluidas). Pero de ello no hay datos en el texto publicado.

Autoexploración prostática

Algunos urólogos empiezan a ser como algunos ginecólogos. Quieren “salvarnos de morir” a toda costa. Un empeño vano y peligroso, falto de ciencia. Sus programas de cribado de cáncer (de próstata unos y de cuello de útero y mama los otros) son manifiestamente inútiles, como poco. Algunos digestólogos se han sumado briosamente, con el cribado para el cáncer de colon. ¿Y qué decir de algunos dermatólogos, empeñados en hacer cribados de melanoma? Todos los estudios que aducen para justificar sus prácticas son del estilo del comentado más arriba.

Buen ejemplo de la irracionalidad de sus propuestas es la autoexploración mamaria, práctica que jamás tuvo ningún fundamento científico pero que se ha recomendado con aparente malicia. ¡Si al menos hubieran recomendado exploración mamaria por quien amas! (frecuencia mínima semanal). Es también ejemplo de disparate el cribado con tacto digital de la próstata, para la “prevención” del cáncer de próstata.

Tacto prostático, PSA, citología (Papanicolau), mamografía, sangre oculta en heces, fotografía de la piel… ¡una orgía de prevención sin fundamento, “coloreada” por intereses múltiples!

En esta locura maliciosa preventivista sólo falta la propuesta de “autoexploración prostática”. Llegará.

¡Si al menos recomendasen la exploración prostática por quien te ama!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

1 Comentario

  1. GABRIEL says:

    Riesgo relativo y absoluto . Intereses por todas partes. Filosofía y ética ausentes.

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