Política y Sociedad

El mirador (de Juan Gérvas): Crimea

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Es difícil ser médico, por contraste con ser político sanitario. El primero permanece, el segundo pasa y desaparece, como una estrella fugaz, como un meteorito que brilla y se olvida. El médico está ahí, mientras ejerce al lado de sus pacientes, hoy, mañana y pasadomañana. Con los pacientes presentes y a cuestas, con los aciertos y errores enfrente, y en la memoria y en el corazón (y en los tribunales y no por corrupción). El político sanitario hoy habla y habla sobre giro a la prevención, del sistema sanitario como “exportable”, de la atención primaria como eje del sistema, y de bondades miles de vacunas contra la gripe (y contra la cocaína o contra lo que sea) y mañana cambia de responsabilidades, de panorama y de paisaje y habla de inmigración, o del Producto Interior Bruto (o se pasa a la privada en campos de su previa competencia). Lo único que le puede perseguir es ser un corrupto (y que se descubra). El político sanitario no irá a los tribunales por errar, sólo por robar. Pasa por la política como un irresponsable, incapaz de dar cuentas, de enfrentarse a errores y daños. Parecería que se le aplica el estatuto que le atribuye la Constitución al Rey, salvo que podemos “botarlo” cada cuatro años.

Por supuesto, puede ser un buen político, por haber hecho mucho bien puede ser recordado con afecto por médicos y pacientes. Haberlos los hay, pero duran incluso menos de lo normal En todo caso, su paso es siempre fugaz, para lo bueno y para lo malo. Eso desanima y consuela a partes iguales, comprobar año tras año que los políticos sanitarios son siempre ?interinos?, que no duran a veces ni una legislatura, casi siempre al servicio de quienes les mandan (no de quienes les eligen).

Votar y democracia

Nos dejan votar cada cuatro años y lo llaman democracia, con los partidos políticos antidemocráticos en su funcionamiento interno, con sus listas cerradas y con su Ley Electoral que bien conviene al PSOE y al PP y a los nacionalistas (y bien tergiversa la voluntad popular). Democracia estreñida por intereses ocultos, ahora que no está peor, vigilada por los milicos. Es mejor que la dictadura, claro, pero eso no justifica sus imperfecciones, ni a los que las mantienen por conveniencia.

Crimea

Europa parece acabar en Grecia, en el Mar Egeo (al menos vista desde este lado, el occidental, el de la España que nos toca vivir). Pero Europa llega más allá, hasta incluir parte de Rusia y Turquía, hasta el Cáucaso y los Urales. De hecho desconocemos el origen del nombre Europa, pero podría aludir al atardecer, vista Europa con ojos fenicios, desde el Asia Menor. Fue Heródoto quien por primera vez registró una división del mundo, visto con ojos griegos, en que se distinguía Europa, con Asia y Libia (África). Para los griegos pasar al Mar de Mármara desde el Egeo, a través del estrecho de Dardanelos, llevaba prontamente al Mar Negro a través del estrecho del Bósforo. Por ello colonizaron el Ponto Euxino, el Mar Negro, el “mar hospitalario”, y fundaron entre otras ciudades la actual Sebastopol, en la península de Crimea.

En el Mar Negro desemboca el Danubio lo que explica, además, su conexión con la Europa central y del este. El Mar Negro acogió el primer reino cristiano, la antigua Armenia. El Cáucaso separa el Mar Negro del Mar Caspio, y en el Cáucaso sur hay tres repúblicas, dos cristianas (Armenia y Georgia) y una mulsumana (Arzebaiyán), En el Cáucaso norte hay varias repúblicas autónomas integradas en Rusia, entre ellas la bien conocida, para su mal, Chechenia. El monte más alto de Europa se encuentra en esa vertiente rusa, el Elbrus, con 5.642 metros (hay otros tres de más de cinco mil metros en el Cáucaso).

La península de Crimea tiene una larga historia de ocupación humana, con oleadas varias que en el momento actual llevan a una población rusa y ucraniana, pero también tártara y de otras etnias. Con todo, Crimea se incluye en Ucrania, aunque la existencia de la flota rusa, atracada y en movimiento, conlleva problemas no bien resueltos.

Crimea fue turca, pero se integró en Rusia en 1783, tras una guerra que perdió Turquía. En 1854-6 hubo de nuevo guerra en Crimea, contra Rusia, de una liga entre Francia, Reino Unido y Turquía. A cambio, tras la Segunda Guerra Mundial, Crimea acogió en Yalta la conferencia de paz (en la que EEUU y la URRS se repartieron el mundo).

Resultados sanitarios

En la guerra de Crimea participó como enfermera Florence Nightingale. En sus esfuerzos por introducir orden, concierto e higiene para mejorar la salud de los soldados heridos, se dio cuenta de que lo verdaderamente importante eran las condiciones de alojamiento, las aguas y la nutrición. Posteriormente estudió en Londres las condiciones de atención a los pacientes ingresados en los hospitales. En este mismo campo, pero ya a comienzos del siglo XX, investigó y pasó a la acción un cirujano, Ernest Amory Codman, en Boston, en el Massachussets General Hospital, que tuvo que dejar por la oposición a sus simples y directos métodos de medir la supervivencia y complicaciones de los pacientes con distintos pacientes. Murió en 1940 sin haber disfrutado del reconocimiento de colegas y científicos. En cierta forma, le continuó Avedis Donabedian, quien en 1966 publicó un clásico artículo sobre calidad y estructura, proceso y resultado. Es resultado sanitario el cambio del estado de salud atribuible al antecedente del proceso sanitario (puede ser un cambio a mejor o a peor, o no haber cambio). El resultado sanitario permite medir a los médicos, y a los políticos sanitarios.

Diabetes

Podemos medir el resultado sanitario a través de algunos pocos indicadores, del estilo de evitación de amputaciones y cegueras en diabéticos, alivio del dolor en pacientes terminales y evitación de muertes por neumonía (todo ello según edad, sexo, clase social y lugar habitual de residencia). Pero ello se nos presenta como difícil, casi como imposible.

Es más fácil centrarse en la discusión del correcto uso de los nuevos medicamentos para el tratamiento de la diabetes, como la sitagliptina y la rosiglitazona. En consideraciones sobre sus efectos beneficiosos y perjudiciales acabamos como en la fábula, perdiendo el tiempo sobre si son galgos o podencos. Y los pacientes diabéticos acaban amputados de sus extremidades inferiores. En España, el 26,5 por cien mil. Casi el doble que la media de los países desarrollados (14,9), casi el cuádruplo que en Austria (6,6) y el triple que en el Reino Unido (9,0). Sirve de tonto consuelo el mal papel de EEUU (35,7) siempre en la cola de la salud.

¿Y nuestros políticos sanitarios? Bien, bien. Preocupados con la crisis, podando a diestro y siniestro el gasto sanitario después de haber quemado cientos de millones de euros con la gripe A. Es decir, a lo suyo, a los intereses que les interesan. ¿Las amputaciones de los diabéticos? Fuera del foco, fuera de la agenda. Una pena.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA

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