El mirador

Colegios Invisibles

El desarrollo de la ciencia, y de la medicina, precisa de lo que el comentarista denomina ‘caldo de cultivo’, un entorno que, con el devenir del tiempo, se concretó en los calificados de ‘colegios invisibles’ y que, en estos momentos, puede encontrarse en las potentísimas redes sociales.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

De pronto, súbita e inesperadamente, una idea deslumbra. O una nueva idea brota literalmente en el cerebro, sin nada que lo advirtiera previamente. Suele suceder en caldos de cultivo singulares, en ambientes especiales, o en personas extraordinarias.

Es una especie de iluminación, algo que nos transforma y turba. No estoy hablando ni de sexo ni de amor, no, sino de ideas, de conceptos que literalmente nos deslumbran. Tampoco estoy hablando sólo de personas que difunden ideas o conceptos nuevos, pues muchas veces las ideas surgen de lo profundo de nuestro propio ser, aparentemente sin relación con temas o cuestiones previas. A veces conllevan la conversión a una nueva forma de vida, a un estilo científico distinto, a una religión milenaria, a una actitud filosófica antigua, a una perspectiva política rompedora… ¡o lo contrario! (la certeza conservadora del estilo de vida, la firmeza en las ideas científicas previas, una nueva religión, una filosofía moderna, una perspectiva política antigua…).

Lo clave es la conmoción ante la idea o el concepto nuevo, que frecuentemente tiene una historia que se puede trazar.

Las ideas más nuevas no suelen surgir en mentes incultas ni en ambientes degradados. Los nuevos conceptos, las nuevas ideas, suelen surgir en un caldo de cultivo, en círculos cultos, entre quienes comparten conocimientos.

Dión de Prusa

Fue Prusa ciudad del Imperio Romano, situada en la actual Turquía (con el nombre de Bursa). En ella nació Dión, en el siglo I dC. Fue contemporáneo de Plutarco y Tácito, entre otros, y convivió, sin probablemente conocerlos, con cristianos como Pablo de Tarso.

Se conocen casos clásicos de conversión por efecto de ideas filosóficas. Una muy llamativa, la del citado Dión de Prusa (40-120 dC), conmocionado por las ideas cínicas y sofistas, que terminó de asesor del emperador Trajano. Al parecer, Trajano se preciaba de llevar en su carro de general a un filósofo, por más que reconociera no entender nada de lo que decía, salvo apreciar la cadencia armoniosa de su discurso filosófico. Y es cierta la fama de Dión, pues sus contemporáneos le atribuyeron el sobrenombre con el que le conocemos, Dión Crisóstomo (por boca de oro, en alusión a sus dotes de orador). En sus textos empleó la diatriba, como mejor forma de expresión del diálogo platónico que pretendía educar y convencer.

Dión tuvo relaciones muy tensas con los emperadores anteriores a Trajano, tanto con Tito como con su sucesor, Domiciano. De hecho, Domiciano expulsó a Dión de Roma, y se cuenta que vagó por el Imperio en absoluta pobreza, viviendo del trabajo manual.

Dión de Prusa fue un filósofo excepcional, fruto de un caldo de cultivo iniciado siglos antes, y que ha continuado hasta la actualidad.

De Cicerón a Agustín de Hipona

Antón Costas recordaba en su artículo San Agustín y la política de la austeridad el pasaje de las Confesiones:

«Desde que en el año diecinueve de mi edad leí el Hortensius, me

sentí excitado al estudio de la sabiduría; pero difería despreciar la

felicidad terrena y entregarme a la investigación de la sabiduría, pues

no ya su posesión, sino incluso su investigación debería ser antepuesta

a los mayores tesoros y reinos del mundo y a la mayor abundancia

de placeres. Mas yo, joven miserable, sumamente miserable,

había llegado a pedirte en los comienzos de mi juventud la castidad,

diciéndote: ‘Dame la castidad y continencia, pero no ahora’, pues

temía que me escucharas pronto y me sanaras presto de la enfermedad

de mi concupiscencia, que entonces más quería yo saciar que

extinguir»

Castidad y continencia, pero no ahora. Antón Costas lo utilizaba para pedir en El País (páginas de economía) continencia en el gasto público, pero no justo ahora, en medio de la crisis económica.

El caldo de cultivo de Cicerón llegaba a El País, pues fue Cicerón el que escribió el Hortensius.

Se ha perdido la obra que deslumbró al joven Agustín, pero su impacto fue tremendo ya que la vida de Agustín era la típica del joven de éxito, mujeriego y presuntuoso y al final le llevó a aceptar una profunda conversión ascético-moral.

El Hortensius fue obra que suscitaba el amor por la verdad y el conocimiento, un camino arduo que implicaba la renuncia a la riqueza, el honor y el placer. En ese sentido Cicerón condensó en el siglo I aC gran parte de la filosofía griega y la pasó a generaciones futuras, como Agustín de Hipona, en los siglos IV y V dC.

De Agustín es la anécdota de ver a un niño intentando vaciar el agua del mar, quien interrogado acerca de su absurdo proceder rebatió al filósofo en espejo, haciéndole ver la imposible tarea de intentar comprender lo divino y lo humano.

Agustín murió en Hipona, en el 430 dC, durante el asedio de los vándalos al norte de África, pero su obra ha tenido impacto continuado, desde Petrarca a físicos de la Teoría de la Relatividad. Contribuyó, pues, a mantener el caldo de cultivo.

Invisible college

Robert Boyle utilizó por primera vez la locución invisible college en sus cartas a otros científicos de la época, en 1646 y 1647, para reconocer y reconocerse como un grupo que compartía ideas y conocimiento. De este invisible college nació en 1660 la inglesa Royal Society, bien en contra del halo de secreto, misterio, ocultismo, anonimato y otros términos que sugiere la locución. El mismo Robert Boyle fue alquimista, pero transformó una superchería en una ciencia, la química. Como ejemplo, suya es la Ley de Boyle, que establece la relación inversa entre presión y volumen para gases a la misma temperatura.

Fue una socióloga estadounidense, Diana Crave, la que volvió a utilizar el término colegio invisible para referirse a las comunidades informales de científicos que compartían ideas, conocimientos y proyectos. Publicó su libro en 1972, Invisible colleges: diffussion of knoledge in scientific communities.

Diana Crave tuvo gran influencia del iniciador moderno de los estudios de bibliometría, el sefardí británico Derek de Solla Price. Aunque matemático de formación, Price se dedicó a la historia de la ciencia, y estableció la Ley de Price (las publicaciones científicas se multiplican por dos cada diez años, y las citaciones de cada trabajo científico publicado se dividen por dos cada trece años).

De Robert Boyle a Diana Crave, pasando por Derek de Solla Price

Retomó la idea, ya en el siglo XXI, Caroline Wagner, quien publicó en 2008 The new invisible college:science for development.

Caroline Wagner fue miembro de la Office of Technology Assessment, del Congreso de los EEUU, donde se coció entre 1972 y 1995 el caldo de cultivo de la evaluación de las prácticas médicas, entre otras.

De Robert Boyle aCaroline Wagner, pasando por Diana Crave, pasando por Derek de Solla Price.

Los colegios invisibles son el caldo de cultivo de la ciencia y de los científicos (y filósofos) y promueven ambientes y culturas en los que brotan las nuevas ideas y los nuevos conceptos. Los colegios invisibles con comunidades informales de científicos (y médicos) que comparten ideas, teorías, conocimientos y proyectos, y que los debaten franca y honradamente, sin miedo a ser copiados o plagiados. Naturalmente, los miembros de un colegio invisible no siempre saben que pertenecen a tal colegio, pues no se formaliza la pertenencia ni siquiera la existencia de tal red. Pero pertenecer a un colegio invisible supone el reconocimiento por los pares, y en ese sentido también permite la incorporación de nuevos y prometedores miembros.

Los colegios invisibles son hoy redes mundiales potentísimas, en las que con muy bajo coste se promueven la mejor ciencia y la mejor medicina. No importa ser pobre o carecer de crédito académico, pues lo que importa es aportar algo al caldo de cultivo, y dejarse cocer en él.

¿Se cuece usted, amable lector/a, en algún colegio invisible?

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

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