El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas): Burka permanente

Además de su uso habitual, como vestimenta, el burka puede servir de metáfora para la calificación de determinadas actuaciones como, en el caso de este comentario, para calificar como tal las prácticas de autoexploración mamaria con la finalidad de prevenir el cáncer de mama.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Nos vestimos de formas distintas, según sexos, caracteres y culturas. El vestido es expresión de la persona, del lugar y de la época. Por ejemplo, hace años la boina era el sombrero varonil universal en el campo y, salvo en el ambiente hogareño, era raro ver a una mujer sin pañuelo en la cabeza. En las visitas a domicilio, el paciente estaba en la cama con la boina puesta y a nadie le extrañaba, pues lo contrario hubiera sido estar más que desnudo. Existen costumbres extrañas respecto al cabello y así las mujeres judías ultraortodoxas se afeitan la cabeza y llevan peluca y los monjes budistas lucen un corte de pelo al cero que se ha convertido en moda en algunos ambientes. También llama la atención el pudor extremo de las mujeres hindúes que, sin embargo, lucen orgullosas partes del abdomen habitualmente ocultas por los vestidos en otras culturas.

Existe toda una historia de la vestimenta, cuyo uso no se relaciona estrictamente con la defensa frente a las inclemencias meteorológicas. Iban desnudos los fueguinos del Estrecho de Magallanes que abordaron el Beagle, el barco en que viajaba Darwin. En medio del frío y de la nieve sobre el mar, en diminutos botes, las mujeres fueguinas amamantaban desnudas a sus hijos desnudos. Además, el vestido expresa lugar en la sociedad, rango y poder económico. Los trajes de Armani o de Chanel, por ejemplo, no están al alcance de cualquiera. Tomás Moro describió en Utopía las risas y el desprecio que provocaban los ricos trajes de los embajadores entre los lugareños, acostumbrados a una vestimenta práctica y funcional.

En los países desarrollados, en el siglo XXI, en principio cada uno viste como quiere, por más que existan normas implícitas que imponen ciertos límites. Por ejemplo, no está permitido caminar desnudo en las ciudades, aunque se haya conquistado el derecho a tomar el sol y nadar desnudos en determinadas playas y piscinas. Se “acota” el terreno donde estar sin vestimenta alguna.

Burka

Los hombres del desierto se cubren íntegramente. Es más, los varones tuaregs ocultan su cara hasta el extremo de no quitarse el pañuelo para comer, de forma que llevan con una mano la comida a la boca mientras con la otra levantan levemente el pañuelo para permitir el acceso a la misma. Son usos y costumbres, que en parte se explican por las condiciones geográficas, por el sol inclemente y por la arena del desierto. En el caso de la mujer, además, el vestido íntegro “uniformaba” a viejas y jóvenes, y con ello protegía en caso de asalto a los asentamientos, con los raptos consiguientes (lo que se buscaban eran “hembras reproductoras”).

En el Corán sólo hay recomendaciones generales acerca de la vestimenta, que se recomienda humilde. El burka afgano que conocemos, de pies a cabeza con una mirilla a nivel de los ojos, es de implantación reciente y por fundamentalistas. Parece que, en principio, se difundió a principios del siglo XX entre las mujeres de clase alta, forzadas a su uso para protegerlas de las miradas (y deseos) de extraños. Con los talibanes su utilización se convirtió en obligatoria y universal, y el burka es santo y seña de esa versión ultraortodoxa musulmana. Los talibanes recibieron apoyo de EEUU, Arabia Saudí y otros países cuando lucharon con éxito contra la URRS, cuyos soldados habían invadido Afganistán. Los intereses geoestratégicos cambiaron las tornas y los mismos EEUU (con el apoyo de la OTAN, España incluida) han intentado expulsar a los talibanes de Afganistán. Ante el fracaso, hay negociaciones para hacer la paz y devolverles el poder. En cualquier caso, las mujeres de Afganistán siguen llevando por obligación el burka. Terrible.

Margaret Mead

La adolescencia es un periodo tormentoso que se suele extender desde los doce a los veinte años. El adolescente pasa de niño a adulto a través de un largo proceso en que afirma su identidad. En algunas culturas ese paso se simboliza con una ceremonia. Por ejemplo, entre los judíos se considera que se ha alcanzado la madurez personal y social a los 12 años para las chicas y a los 13 años para los varones, y se celebra una ceremonia (Bat/Bar Mitzvah, según el sexo) después de la cual se “adquieren” los derechos y obligaciones de los adultos.

Margaret Mead (Filadelfia 1901-Nueva York 1978) ha sido la antropóloga más famosa del mundo. Sus trabajos se centraron en el campo de la educación y en su interacción con la cultura, especialmente en torno a la adolescencia y el sexo. Demostró que dicho periodo tormentoso podía ser suave, por ejemplo entre los salvajes de Samoa. Allí estuvo en 1925 y recopiló material para su impactante libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa”, publicado en 1928. Se ha discutido si sus observaciones fueron sesgadas por sus opciones personales, de mujer libre, feminista y bisexual (tuvo tres maridos, además de dos amantes lesbianas). En todo caso no se puede negar su capacidad de observación y su obsesión por documentarse; por ejemplo, filmó el propio parto de su hija y realizó miles de fotografías y anotaciones sobre el crecimiento de la misma. Fueron también muy importantes su estudios sobre los papeles sociales de los sexos. Demostró con estudios en Papúa Nueva Guinea que los papeles de hombres y mujeres tienen un componente social y cultural enorme; es decir, que lo que es “femenino” en unas culturas puede ser “masculino” en otras. Así, hay tribus en las que las mujeres toman el papel occidental de varones y tribus en las que los varones toman el papel occidental de mujeres.

Encarnizamiento

Es encarnizamiento la crueldad con la que alguien se ceba en la desgracia de otro. Contra las mujeres hay un constante y creciente encarnizamiento médico preventivo, diagnóstico y terapéutico. También existe un encarnizamiento social. Lo peor es que muchas mujeres desarrollan un “síndrome de Estocolmo” y disfrutan con tal encarnizamiento. Buen ejemplo de encarnizamiento social es el sometimiento a normas de belleza que llevan a burkas permanentes. Es decir, a intervenciones quirúrgicas innecesarias, de “arreglo” de la cara, de las tetas o del culo. Si lo que se llevan son mamas llamativas, pues implantes a gogó por más que luego interfieran con dar de mamar, o con la interpretación de hallazgos clínicos.

Nada más encarnizado que recomendar pautas sin fundamento científico, que ofrezcan más perjuicios que beneficios. En las mujeres es cosa habitual, desde las respuestas médicas al aborto, al embarazo, al parto y a la menopausia, a vacunas específicas y actividades de cribado de cáncer. Buen ejemplo es la campaña The Pink Energy (“Pónte las pilas”), promovida por la Fundación contra el Cáncer (FEFOC), la Fundación Hospital de Madrid y la compañía de pilas Energizer. Cuentan con la cantante Cristina del Valle, de Amistades Peligrosas. Dicha campaña promueve la auto-exploración mamaria. Una práctica peligrosa, que aumenta el número de cánceres diagnosticados, dobla el número de biopsias y no disminuye las muertes.

Por supuesto, en todo el material de la campaña se muestran mujeres jóvenes y adolescentes, como si el cáncer de mama fuera “la” causa de muerte a esas edades. Se olvidan de las más frecuentes muertes por lesiones (accidentes) y por causa cardiovascular (ictus especialmente). Con la campaña “Ponte las pilas” (The Pink Energy) quiere imponerse otro burka a las mujeres, el burka de la auto-exploración mamaria (un burka permanente, por el riesgo de sentirse culpables si no lo hacen y desarrollan cáncer de mama). Los implicados son talibanes fundamentalistas “científicos”.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

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