El mirador

EL MIRADOR (de Juan Gérvas). Aborto a domicilio

Frente al aborto quirúrgico, que considera absurdo, Juan Gérvas reclama la legalización del que, con menos medios y más barato, puede llevarse a cabo en casa, para lo que deben utilizarse medicamentos disponibles en el mercado y recetados por el médico de cabecera.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

Es difícil entender la existencia de un Ministerio de Igualdad dedicado en exclusiva a promover políticas tan desiguales que llevan a considerar la violencia entre sexos (“de género”) exclusivamente como violencia contra la mujer. Es decir, si una mujer mata a su marido se le aplica un rasero completamente distinto que si el marido le mata a ella. Incluso, aunque en ambos casos no haya habido superioridad física pues, por ejemplo, se trate de un asesinato químico (con medicamentos, matarratas o similares). Por cierto, ésta es la forma de matar esperable en la mujer, pues es la forma en que se suicida (la violencia femenina suele ser amarga, pasiva y silenciosa). El hombre es brutal para todo, para matar a la mujer y para suicidarse (la violencia masculina suele ser activa, escandalosa y explosiva). Por eso se nota más la violencia del varón. De hecho, me imagino cientos de asesinatos de varones a manos de sus mujeres y amantes mediante el método químico en esta España nuestra, pero de eso sabemos poco por las facilidades para su consecución “casi legal” en cuanto la mujer tenga dos dedos de frente. En fin, cuestiones de “género” que dicen en el susodicho Ministerio.

Es también asombroso que haya sido llevada por ese Ministerio la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, aprobada el pasado mes de marzo y en vigor desde julio. El aborto es cuestión de salud y como mucho de justicia, y no parece que tenga nada que ver con la igualdad entre sexos pues, por ahora, es problema que afecta en lo biológico sólo a las poseedoras de útero en edad fértil (y fértiles de facto). En buena lógica el aborto concierne a los dos progenitores, pero las cuestiones concretas y las intervenciones médicas en torno al mismo sólo afectan a las mujeres, obviamente. Cosas de la política, pero en todo caso se ha logrado una ley del aborto más lógica que la previa.

Ecografía

En la ecografía se emplean ultrasonidos cuyo eco permite elaborar una imagen en tiempo real del campo examinado, bien abdomen, bien corazón, bien otras cavidades y órganos. La técnica ecográfica deriva de las técnicas guerreras navales para la localización de submarinos, desarrolladas en la Primera Guerra Mundial y perfeccionadas en la Segunda. Dio lugar al SONAR (“Sound Navigation And Ranging”), la navegación por sonido, que llevó a la ecografía en tiempo real y a su aplicación al diagnóstico médico en los años setenta del pasado siglo. En la Naturaleza, los delfines emplean en el mar también los ultrasonidos, como hacen en el aire los murciélagos. El hombre parece que hizo un primer uso en los experimentos de Leonardo da Vinci.

Aparte de “los rayos”, que tienen historia centenaria, no hay técnica diagnóstica más popular que la ecografía. Los pacientes la viven como segura y sencilla. Pero hubo unos suecos que se preguntaron si la ecografía en el embarazo no tendría consecuencias a posteriori (al menos en su estudio pudieron demostrar que no conllevaba ningún efecto adverso a largo plazo). A las mujeres les encanta la ecografía que les permite adelantar unos meses el conocimiento sobre el sexo del bebé.

Para poco más sirve la ecografía. Unos daneses compararon su efectividad para fijar la fecha de embarazo y parto y no tuvo superioridad sobre el cálculo según la última fecha de la regla en mujeres de menstruación regular. Tampoco sirven las ecografías (en plural, pues lo mínimo son tres y muchas veces seis y más) de rutina en el embarazo para mejorar el resultado sanitario ni del propio embarazo ni del parto, ni para la madre ni para el bebé. Pero eso no le quita popularidad a la ecografía de rutina en el embarazo.

Aborto y encarnizamiento médico

Probablemente acaben en aborto muchos, si no la mayoría, de los embarazos espontáneos. Es una forma de “selección de la especie” que la Naturaleza ejerce con rigor.

Respecto a los embarazos “percibidos” (por la mujer), aproximadamente el 10% acaba en aborto espontáneo, no voluntario. El aborto espontáneo es un proceso autorregulado y, aunque suele ser muy escandaloso, por la hemorragia, en casi el 80% de los casos se puede resolver por sí mismo, sin la intervención médica (y sin necesidad de reposo), bien como aborto consumado, bien como embarazo continuado. Por desgracia, el encarnizamiento diagnóstico y terapéutico con las mujeres suele llevarlas a las urgencias hospitalarias y al legrado tras la oportuna ecografía, o al reposo absoluto. De nuevo, ecografía de rutina innecesaria. Ni siquiera en Holanda se logra la atención científica al aborto espontáneo, por más que su Colegio de Médicos Generales la promueva de mil maneras. Lo popular y habitual es el legrado tras la ecografía, y eso se convierte en norma.

Aborto médico

En la imagen popular española el aborto voluntario se asociaba a un viaje rápido a Londres, o a la intervención en clínicas clandestinas y/o por profesionales con escasa cualificación, si alguna. El panorama cambió con la primera aprobación de una ley de supuestos, que en la imagen popular se ha asociado a hipocresía y a mentiras (para justificar la intervención). En todo caso, el aborto voluntario legal se asociaba y se asocia a quirófanos, a clínicas y a ginecólogos.

Esta imagen del aborto quirúrgico quizá sea cierta para un dos/cinco por ciento del total de los abortos. Pero en los demás casos es absurda. El aborto voluntario es hoy una opción personal que precisa de poco ginecólogo, de poca intervención quirúrgica y de poca clínica. Basta con el contacto con el médico de cabecera.

En la práctica, y sobre todo para embarazos de menos de 9 semanas, el simple y barato misoprostol (tres dosis intravaginales de 0,8 mg, a intervalos de ocho, o de veinticuatro horas) lleva a una tasa de aborto completo de más del 95%, con algo de dolor y con algo de mayor hemorragia que el aborto quirúrgico. A cambio da autonomía e independencia a la mujer, elimina riesgos (anestesia, perforación uterina, infecciones y demás) y es menos traumático por tener lugar en el propio hogar y con las actividades diarias sin cambios. Por supuesto, no se precisa ni ecografía ni análisis alguno, salvo excepciones. Tiene sus contraindicaciones, como es natural (alergia, embarazo ectópico, insuficiencia suprarrenal, embarazo con DIU, etc).

Con la mifrepistona (RU-486), la dosis oral es de 200 mg seguida a las 48 horas de misoprostol, 0,4 mg por vía oral o 0,8 mg por vía intravaginal. Su eficacia es del 98% y produce menos dolor y hemorragia.

También se pueden combinar el metrotexate, 50 mg vía oral, con 0,8 mg de misoprostol vía intravaginal, con una eficacia del 99%.

Para hacerlo bien y cumplir con la ley, esta prestación habría que incluirla en la cartera de servicios de atención primaria (e incentivarla). ¿Lo veremos algún día?.

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y Promotor del Equipo CESCA

Acta Sanitaria

3 Comentarios

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