El mirador

El Mirador (de Juan Gérvas). 47 millones

La actualidad vista desde el punto sanitario provoca apuntes como los que se ofrecen en el presente comentario, en el que, con datos fehacientes en la mano, no siempre la depresión económica comporta peores niveles de salud, aunque conviertan los suicidios, como sucede en estos momentos, en una de las principales causas de muerte.

Juan Gérvas

Juan Gérvas

¿Es importante la edad para gobernar? En España tenemos hoy ambos extremos en puestos de responsabilidad: un anciano provecto dirigiendo la Corporación de RTVE y una madura joven de Ministra de Sanidad (Política Social e Igualdad). Por esas casualidades de la vida (¿o no?), el anciano provecto precedió en el cargo a la madura joven, en un Gobierno presidido por Adolfo Suárez. Por supuesto, los calificativos de provecto y madura son posibles viendo la edad de estos dos políticos desde la edad media de la vida de los españoles, que está en torno a los cuarenta años, de forma que los jóvenes lo son a los veinte y los ancianos a los sesenta. Desde los veinte años (y mucho antes), el espécimen humano sano es capaz de gobernarse a sí mismo y no parece esa tarea más simple que el gobernar a los demás. Y, desde luego, por más que haya una tendencia social a recluir a los ancianos en “residencias”, el espécimen humano sano puede gobernarse a sí mismo hasta los cien años (y más allá) y no parece que sea más difícil el gobernar a los demás. En todo caso la edad no es lo que cuenta, sino los méritos. Se trata de implantar una meritocracia y no una partitocracia, que es lo que nos gobierna.

Juventud divino tesoro…

Escribió el poeta la “Canción de Otoño en Primavera”, cuyos primeros versos dicen: “Juventud divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer”.

El clásico lo dijo mejor, más corto y por derecho: Tempus fugit.

Para gobernar da igual la edad, la calva, la altura, el porte, la gordura, la barba, el tamaño de las tetas o el bulto bajo la bragueta. Así, la crítica a la edad es aceptable sólo si la edad es un proxy (que dirían los economistas) de la ciencia, experiencia y formación, de los méritos del individuo. O, en sentido inverso, si la edad es un proxy de la partitocracia. Y esa es la situación en España, que da igual la edad, la ciencia, la experiencia y la formación, pues lo único que importa es la fidelidad al líder, la sumisión a la organización, la obediencia ciega y el cumplimiento de los objetivos del partido. Incluso los parlamentarios incumplen la Constitución y aceptan una “disciplina de partido” pues saben que, como dijo el Otro, ?el que se mueve no sale en la foto?. Para participar en el reparto del botín (y en las redes de intereses al perderlo) lo clave es la partitocracia. El debate sobre la edad de la Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad es irrelevante. El debate pertinente es la partitocracia, que palmariamente demuestra su nombramiento (y el del Presidente de la Corporación de RTVE). Una historia interminable.

Otra historia interminable

El reino de Fantasía va a ser destruido por el de la Nada. Ésta es la síntesis de la novela “La historia interminable”, para jóvenes, del alemán Michael Ende, que acaba con el protagonista descubriendo que el problema se puede resolver de varias maneras, en una circunferencia interminable.

Interminable es también la saga de la gripe. De Aviar a simple A, y vuelta a “A”menazar. Parece El Hombre del Saco en su peor representación real, en Gádor (Almería), en 1910. La gripe alcanza ya los niveles de El Coco y El Sacamantecas, personajes también populares de los cuentos infantiles con los que se asusta a los niños para que no salgan de noche ni se pierdan.

Perdidos estamos con la locura de la respuesta a la gripe A. En estos días de comienzo de 2011 se han subastado 47 millones de mascarillas que compró el Gobierno Vasco el mismo día en que la Directora de la OMS declaró que la epidemia de gripe procedente de Méjico era de la temible “A” (el 30 de abril de 2009). Hizo la compra el Consejero de Sanidad en funciones, del PNV (que había perdido las elecciones y cedió el mando a los pocos días al actual Consejero del PSOE). Hizo la compra por el procedimiento de emergencia, el indicado para catástrofes, sin concurso público (por “el sindicato de las prisas”). Compró 60 millones de mascarillas, a 28 por habitante, con un coste de algo más de dos millones y medio de euros. Hizo una compra a lo grande, no se sabe si por pánico, intereses, ignorancia o todo mezclado (¡o por la edad! ¡o por ser médico internista!). Fue compra a lo grande, pues en Galicia se adquirieron 10 mascarillas por habitante, en La Rioja seis y en Navarra sólo una (no se necesitaba ninguna, por supuesto). La empresa contratada suministró el mismo día del contrato 30.000 mascarillas, pero las siguientes hasta completar sesenta millones no empezaron a llegar hasta dos meses después (a pesar del pánico en la compra) y terminó el suministro en diciembre. Naturalmente, hubo que alquilar un almacén para contenerlas (50 camiones cargados a tope), a ocho mil euros el mes.

Pese a consumir mascarillas como churros, sobraron 47 millones. El precio de salida del concurso para intentar venderlas fue de 54.000 euros. Es decir, regaladas, apenas el precio del alquiler para almacenarlas durante siete meses.

Los millones de euros tirados ¿a dónde habrán ido?

Mortalidad y crisis

Pudiera ser que estemos entretenidos con la gripe A y la (sin)vergüenza del despilfarro consiguiente, hablando de la edad de la Ministra de Sanidad y del “irse de rositas” de la actual Ministra de Exteriores, para no ver los problemas que conllevan muerte.

La Gran Depresión de los años 1930 no se acompañó de mayor mortalidad en los EEUU (quizá por el programa New Deal del Presidente Roosevelt, de ayudas a pobres, inversión pública para dinamizar la economía y demás). En los mismos EEUU se ha demostrado que el paro de los años 1972-91 no se acompañó de mayor mortalidad global. La debacle en Rusia tras la caída de la URRS conllevó un impresionante aumento de la mortalidad de la población, especialmente de los varones de mediana edad, por consecuencia del alcoholismo, el tabaquismo, la pobreza y la falta de un programa de soporte social. En la II Guerra Mundial la salud de los niños ingleses alcanzó cotas nunca vistas (por el efecto beneficioso de las cartillas de racionamiento, de la justa distribución de la escasez que favoreció sobre todo a las familias pobres y a sus hijos). Los desastres de la Revolución Cultural de la China de Mao conllevaron mortalidad sin cuento. En la crisis de los 1990 en Finlandia no hubo aumento de la mortalidad, pese a los recortes en sanidad y servicios sociales (quizá por la corta duración de la debacle). En los mismos años los “tigres asiáticos” tuvieron una crisis financiera que se saldó con aumento de mortalidad de la población en Indonesia y Tailandia, pero no en Malasia (donde no se siguieron las indicaciones del Fondo Monetario Internacional de recortar gastos y apoyos sociales). En Nueva Zelanda la crisis conllevó el aumento de las muertes entre los maoríes desempleados. En estudios recientes sobre 26 países europeos, la crisis no se acompaña de aumento de la mortalidad global. En todos los casos lo que se demuestra es un aumento de las muertes por suicidio, sobre todo en los desempleados (y las políticas de apoyo al desempleo se asocian a menor incremento de la tasa de suicidio).

Suicidios

En conclusión, la mortalidad parece que es “procíclica” y no aumenta claramente con la disminución temporal de la actividad económica de un país, salvo excepciones. Parece que el comienzo del aumento de la actividad económica conlleva más muertes por más accidentes de tráfico y laborales, más consumo de alcohol y tabaco, peor alimentación y estilo de vida y otras causas no bien conocidas. El mejor ejemplo se estudia con datos del incremento de la mortalidad en la Alemania Democrática (comunista), súbitamente enriquecida tras la unión con la Alemania Federal.

Pero todos los estudios demuestran que las debacles económicas se acompañan de aumentos de suicidios. La mortalidad por suicidio es “contracíclica”. En España estamos viendo ese aumento, y los suicidios son ya la tercera causa de muerte, tras las cardiovasculares y el cáncer. En el mundo también y, por ejemplo, suicidarse es la segunda causa de muerte tras los accidentes de tráfico en los jóvenes entre 10 y 24 años.

El desempleo se asocia a suicidio. Hasta el 50% de aumento, en un estudio sueco. Los suicidios aumentan en jóvenes y en minorías varias con la crisis. ¿Seguiremos distraídos por la Ministra de Sanidad que, teniendo empleo, no parece candidata al suicidio por más que sea joven (madura)?

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es Médico General y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Acta Sanitaria

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